Por Gabriel Boragina ©
En una reciente entrevista que el periodista Luis Novaresio le hizo al pre candidato a presidente por el PRO, Hernán Lacunza, este se explayó sobre varios temas.
Hernán Lacunza, economista y exministro de Hacienda (nacional 2019 bajo Macri y provincial en Buenos Aires), ofrece un diagnóstico de la economía argentina centrado en el balance entre estabilización lograda y riesgos de estancamiento productivo y social de cara a 2027.
Tengo varias diferencias con el enfoque de Lacunza, las que iré exponiendo luego de ir enumerando sus opiniones sobre cada tema. Para mayor claridad, colocaré la palabra Diferencias separando las ideas de Lacunza de las mías propias.
Logros que reconoce
Valora el fuerte descenso de la inflación (de más de 200% anual a alrededor del 30% anual / ~2% mensual), el equilibrio fiscal (“no se puede gastar más de lo que ingresa”), el fin de la emisión monetaria para financiar al Tesoro y una mayor previsibilidad del tipo de cambio y las tasas. Considera que esto redujo distorsiones y el riesgo país, y que constituye el principal legado del gobierno de LLA[1]: la idea de que “la maquinita de imprimir billetes no existe”.
Diferencias: repetidamente he dicho y demostrado que la baja de la inflación no es más que un mito. En este mismo sitio, el lector interesado podrá encontrar muchas notas mías al respecto. Hasta la fecha ha quedado como una de las tantas promesas electorales incumplidas. No sólo yo pienso así sino importantes economistas, imparciales y muy calificados son de la misma opinión. Tipo de cambio y tasas están fijadas por el gobierno en nombre de la ''economía de libre mercado'' cuando una genuina economía de libre mercado no interviene estas variables, sino que -precisamente- las deja libres. Por ende, las distorsiones continúan, quizás a menor velocidad que la de un intervencionismo explicito, pero muy lejos de una economía libre.
Es de lamentar que Lacunza ''haya comprado'' el relato de que ha dejado de existir ''la maquinita de imprimir billetes”. No sólo existe, sino que sigue funcionando, y a la perfección.
“Luces amarillas” y riesgos
Señala una economía a dos velocidades:
· Sectores dinámicos (agro, energía/Vaca Muerta, minería) crecen con fuerza, pero generan pocos empleos directos (~250.000).
· Industria, construcción y comercio (que concentran varios millones de puestos) están planchados o en retroceso, especialmente en áreas urbanas.
Destaca el subestimado impacto en empleo y pymes (menciona alrededor de 30.000 cerradas), el deterioro del ingreso disponible, el aumento de la morosidad crediticia (cifras cercanas a 5,8 millones de personas con problemas de pago) y la incompleta normalización del mercado cambiario (cepo todavía vigente para empresas).
Diferencias: si bien todo esto es cierto, es increíble que Lacunza no advierta la relación causal de este fenómeno con lo que él llama ''logros'' del gobierno. La economía, como ha enseñado la Escuela Austríaca de Economía, funciona como un sistema de vasos comunicantes. No hay tal cosa en la economía como compartimientos estancos. Todos los fenómenos económicos están vinculados entre sí, en todos ellos hay relaciones causales, si bien algunas remotas e indirectas y otras más próximas y directas, dependiendo de qué sector en particular se esté estudiando. Estas ''luces amarillas'' y riesgos el economista capacitado ya sabe cómo se solucionan: mercados libres: cero intervencionismo estatal. No está claro que Lacunza adhiera a la solución austriaca a los problemas que bien identifica. Por ejemplo, si hay deterioro del ingreso es un hecho revelador que la pérdida del poder adquisitivo del salario es consecuencia de un proceso inflacionario vigente. Que sea menor que los históricos es a los efectos que interesan, irrelevante. El objetivo liberal austriaco no es apuntar a menor inflación, sino a una inflación igual a cero, no tendiendo a cero, sino igual a cero.
Lacunza advierte que bajar la inflación del 200% al 30% es más fácil que llevarla del 30% a niveles bajos o cero, y que sin crecimiento la estabilidad no es sostenible social ni políticamente. Entra el riesgo de que, si el gobierno “sigue así”, el kirchnerismo pueda recuperar terreno en 2027. También alerta sobre reservas netas aún débiles y un tipo de cambio potencialmente atrasado de cara al año electoral, lo que podría generar dolarización de carteras.
Diferencias: fue Ludwig von Mises el que también enseño que no hay tal cosa como estabilidad en economía (ver http://www.accionhumana.com/2026/08/una-esperanza-para-el-pro-y-el-pais.html[2]). Es más, el mismo concepto de crecimiento contradice lógicamente el de estabilidad. Tanto si hay crecimiento como decrecimiento ello implica los contrarios a estabilidad, ya sea si se avanza o si se retrocede hay cambio, no estabilidad. Estabilidad es sinónimo de inmovilidad. Si bien yo no reconozco al régimen del matrimonio Kirchner ningún ''ismo'' que los distinga de lo que (en corrección política) no fue más que otro populismo de izquierda como también (los hubo y hay) de derecha, Lacunza pierde de vista la cantidad grande de integrantes de aquella facción que hoy forman parte de LLA. También desde esta columna hemos tratado muchas veces este punto. Y respecto a ''bajar la inflación'' es lo más sencillo de todo: dejar de emitir y liberar precios, asignaturas pendientes de todo gobierno argentino pasado y presente.
Propuestas y secuencia que prioriza
Lacunza plantea un enfoque de centro-derecha liberal-republicano y desarrollista: abrir mercados, pero con “alarmas” ante la caída del empleo o el cierre de empresas.
Diferencias: claramente no es un liberalismo austriaco (Escuela Austríaca de Economía). Se parece más a una ''Economía social de mercado'' (ESM) en la versión argentina que propició el Ing. Álvaro Alsogaray y sus distintos partidos (el último la UCeDe).
Sus recetas principales incluyen:
- Completar la normalización del mercado de cambios (levantar el cepo residual a empresas) para atraer inversión.
- Avanzar hacia un esquema monetario más convencional, con objetivo de tasa de interés.
- Generar condiciones para el crecimiento sostenido e inversión; recién después bajar impuestos de forma más ambiciosa.
- Reactivar la obra pública (sin déficit) para impulsar construcción y empleo.
- Pactos fiscales con provincias (incentivos a buena administración, baja de Ingresos Brutos a cambio de parámetros de empleo público) y discusión de la coparticipación para mayor equidad federal.
Diferencias: ninguna de estas ''recetas'' es acorde con la Escuela Austríaca de Economía a la que adherimos en lo personal. La receta de esta escuela de pensamiento es mucho más sencilla y más realista: mercados libres, sin distinciones académicas o políticas. De alguna manera las ''recetas'' de Lacunza revelan ese intervencionismo moderado aludido antes (el de la ESM)
En síntesis, Lacunza celebra la estabilización macro como condición necesaria, pero insiste en que el desafío actual es traducirla en crecimiento, empleo y productividad. Sin esa transición, advierte, el programa corre riesgo de agotarse políticamente. Su visión se diferencia del oficialismo al priorizar el “camino” y los matices productivos/sociales por sobre un enfoque que considera más dogmático en la estabilidad.
Diferencias: confunde estancamiento con estabilización (sobre esto ver aquí: El estancamiento no es liberal [3]). No hay pues nada que celebrar. Sería mejor reconocer con valentía que hay que salir del populismo de derecha de LLA y hacer un cambio decisivo hacia una ESM (más potable y asequible políticamente hablando). Lo que Lacunza llama ''logros'' de LLA no son tales. Reconocer que son buenos propósitos que LLA no cumplió (ni está en condiciones de cumplir) y de allí que se necesite otra cosa. La ESM que es lo que en realidad está proponiendo Lacunza (sin darle ese nombre) es algo infinitamente superior al populismo de derecha de LLA.
''crecimiento, empleo y productividad'‘: solamente llegan a través del mercado libre (la ESM es un camino, pero el objetivo debería apuntar a realizar las medidas propuestas por la Escuela Austríaca de Economía).
Personalmente, pienso que Lacunza puede darle un cambio al estilo de gobierno (por sí mismo esto solo sería un gran éxito) y entiendo que políticamente no le convenga adoptar un discurso austriaco (ya muy desprestigiado por el manoseo -y uso contrario- que le diera al mismo la LLA) lo que le haría perder votos y no al revés. Políticamente, un discurso más del tipo ESM es más asequible a los castigados oídos del electorado.
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