Accion Humana

Accion Humana
Revista Digital
Mostrando las entradas con la etiqueta Trabajo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Trabajo. Mostrar todas las entradas

Las medidas económicas.

 


Por Gabriel Boragina ©)

 

Los primeros pasos del nuevo gobierno (supuestamente ''liberal'') son realmente preocupantes.

Como liberal esperaría de un auto rotulado ‘’gobierno liberal’’ medidas de corte liberal.

Sin embargo, los anuncios del ministro Caputo (que, dicho sea de paso, también extraña a un liberal su incorporación a un aparente gobierno liberal, ya que se trata de un miembro de la ‘‘casta’’ política, ‘‘casta’’ permanentemente defenestrada por el jefe del partido hoy gobernante) van justamente en una dirección opuesta a lo que los principios básicos del liberalismo enseñan.

Es que, en campaña electoral se había prometido hasta el hartazgo un ajuste drástico al sector público. Se proclamó a los cuatro vientos (y formó parte del slogan de campaña) el ''ajuste de la política'’.

No obstante, y como decíamos, lo que se anunció fue un incremento importante en las subvenciones a las asignaciones familiares (AUH) oficialmente llamadas ''Asignación universal por hijo'', planes sociales (que no son más que subsidios distintos grupos, entre los cuales destacan los ‘’piqueteros’’ (eufemísticamente llamados organizaciones sociales que, en rigor, son conjuntos de personas cuya única actividad destacable es el corte de caminos, rutas, calles, manifestándose en forma ruidosa e impidiendo el tránsito que es una conducta tipificada como delito por el Código Penal argentino. Y, paradójicamente, la eliminación de la baja del impuesto a las ganancias que había sido dispuesta por el gobierno saliente peronista (partido de signo populista de izquierda).

Y aquí viene la decepción del liberal de verdad, que dichas disposiciones siempre fueron (desde un punto de vista liberal) de corte antiliberal. Y no podrían jamás considerarse liberales, exclusivamente por el simple hecho de tomarlas un gobierno que gusta ponerse a sí mismo ese rótulo.

Como han señalado relevantes economistas, de la talla por ejemplo, de Roberto Cachanosky, en los hechos representa tal propósito un castigo a la clase media y un premio a los sectores improductivos, además de contener errores conceptuales de economía por parte del gobierno, paradójicamente encabezado por un economista.

Otras de las medidas adoptadas consistirán en una quita de subsidios a los servicios públicos. Los principales usuarios de estos servicios públicos son primariamente las familias popularmente denominadas como de clase media (si no nos gusta la palabra ''clase'' por considerarla demasiado marxista, podemos hablar de ingresos medios, pero para mí es una cuestión menor y una discusión sobre términos que no conduce a nada, excepto en el plano académico).

Es que si se hubiera encarado un plan liberal como el prometido durante la campaña electoral que representara un genuino ajuste al sector público, la baja del gasto en este sector hubiera implicado una transferencia de ingresos hacia el sector privado de la economía, con lo cual el efecto ''tarifazo'' desaparecería.

Esto sucede porque, el aumento del ingreso en el sector privado licua cualquier posible incremento de los precios. Por definición, toda baja del gasto público involucra una reducción de precios, porque ya no responden a una demanda agregada.

Lo anterior, se puede decir que forma parte del ABC de la economía, y decepciona a un liberal que un gobierno que llegó al poder mediante un programa '’libertario'' inicie al revés de lo prometido. ¿Corregirá el rumbo? Es realmente una incógnita, pero si esa fuera su intención no se entiende porque comenzar a la inversa cuando el elector votó otra cosa a lo que se está haciendo o se promete hacer mejor dicho.

También preocupa la designación de familiares directos en altos cargos del gobierno. Claramente el nepotismo que se le criticó al gobierno saliente no es el mejor ejemplo a seguir por el entrante. Es decir, si se van a preservar prácticas que expresamente se condenaron en la campaña electoral, hay una clara traición al votante.

Digamos que los comienzos del nuevo gobierno no son muy alentadores sino que más bien son muy alarmantes.

Es que una de las cosas que los actuales gobernantes criticaron acerbamente al ex presidente Mauricio Macri fue su gradualismo hacia políticas que se suponían de corte más liberalizador. Resulta pues una enorme incoherencia que quienes le reprocharon durante todo el periodo de Cambiemos en el poder ese gradualismo, se encaucen por el mismo camino que le censuraron implacable e impiadosamente.

Se le reprendió su tibieza, sus concesiones a los grupos piqueteros, el mantener subsidios ¿y ahora este gobierno nuevo no sólo los conserva sino que se los aumenta?.

Deberíamos estar acostumbrados a las discordancias de los políticos argentinos, pero quienes han criticado furiosamente esas incongruencias llamándolos despectivamente la ‘‘casta política'' deberían al menos demostrar una mínima coherencia con los slogans hartamente utilizados durante la campaña electoral.

En suma, no se advierte, por ahora, ni en sus anuncios tampoco, conductas diferentes a las tomadas por la denostada ‘‘casta’’ política.

Si este camino se confirma, va de suyo que poco o nada tiene que ver no solamente con lo prometido en campaña sino que nada que ver con un programa liberal.

Ahora bien, si eventualmente hubiera un cambio de vía sería muy difícil hacerlo si las medidas iniciales fueron las anunciadas, porque siempre es más costoso revertir lo que se hizo mal cuando el que lo hizo mal fue precisamente el mismo que prometió hacer lo contrario (supuestamente se sabía lo que se debía hacer).

Entre los sectores macristas (ahora eventuales ''aliados'' con el partido gobernante) se dice que hay apoyar a este gobierno para que no vuelva el peronismo K.

No parecen comprender que si se va a continuar la senda que condujo a los gobiernos del peronismo K se está avalando esa dirección, y muy probablemente los que vuelvan sean ellos, porque son profesionales del destruccionismo.

Es decir, la Argentina sigue debatiéndose en su eterno infantilismo en materia política y el cinismo de sus políticos (reflejo de quienes los votan, recordemos siempre) sean del signo que fuere.

A ello ahora hay que sumarle la barbaridad ideológica de un partido que se autodenomina a si mismo ''libertario'' y (salvo que estemos en lo cierto en que lo libertario y lo liberal no tienen mucho en común, o casi nada) no se vislumbra de qué manera con estos anuncios el país se dirija en dirección de ese itinerario.

 

El salario ¿‘’no es ganancia’’?

                                                                                                                                              Por Gabriel Boragina ©

 

El jueves último fui honrado con la invitación del admirable economista Roberto Cachanosky para participar de su programa por Radio Cultura con motivo de mi libro titulado Argentina, historia de un drama.

Antes de mi tema, uno de los tópicos de debate con el resto de los invitados fue el del impuesto a las ganancias, su aplicación a los jueces, y si se debe o no gravar con dicho impuesto los salarios.

Se analizaron –en rasgos generales y en formato de radio- las aristas constitucionales de la cuestión y las económicas. Aquí quiero detenerme brevemente sobre estas últimas.

La problemática de fondo giraba sobre si el salario es una ganancia o no lo es, porque dirimir ese concepto definía (de algún modo) el punto sobre la procedencia de su gravamen o no a los salarios.

Mi postura (expuesta apretadamente en el lógico límite de la falta de espacio temporal que el medio radiofónico impone) es que el salario puede o no ser ganancia dependiendo de otros factores coadyuvantes que concurren con él.

Quizás un ejemplo sirva, como suele ocurrir, para aclarar el tópico. Veamos esquemáticamente:

CUADRO 1


CASO 1

CASO 2

CASO 3

TRABAJO

10

10

10

PRODUCCIÓN

10

20

5

SALARIO

10

10

10

En el caso 1 estamos suponiendo un trabajador cualquiera que trabaja –digamos- unas 10 horas. En esas 10 horas produce 10 (con los ceros a la derecha que se quieran) tornillos, y que por esa producción recibe un salario de $ 10 (también con los ceros que se quieran a la derecha).

En este supuesto, el salario compensa el trabajo invertido, por lo que manifiestamente no representa ni ganancia ni pérdida para el trabajador sino que sencillamente sale compensado. Pasemos al segundo escenario.

En el caso 2 el mismo (u otro) trabajador también dedica 10 horas al trabajo pero (a diferencia del empleado anterior) produce 20 tornillos (o lo que fuera). De todos modos, a fin de mes o de la quincena o del día (como fuere) también recibe $ 10 por esa mayor producción.

En este ejemplo, resulta muy claro que está teniendo una pérdida de 10, por cuanto está recibiendo lo mismo que por su anterior producción de 10 o -en otros términos- está cobrando menos por haber producido más. En este caso –y en el balance total- resulta compensado por 10 y desfavorecido en otros 10, siendo claro que aquí el salario no es ganancia sino pérdida.

Yendo ahora al último ejemplo (el número 3). El trabajador (siempre el mismo u otro) sigue trabajando 10 horas, pero (a diferencia de los casos 1 y 2) produce 5 tornillos (quizás por lo que le pasó en el momento 2, aunque también podría ser porque la máquina de hacer tornillos no andaba bien ese día, o porque él mismo se impuso ese límite) pese a lo cual el empleador le sigue pagando $ 10.

En este caso, resulta claro que hay una ganancia de 5 para el empleado, porque cobra exactamente lo mismo que si produjera más de 5 (10 o 20). Estamos suponiendo una relación constante entre horas de trabajo y producción, porque las conclusiones serían las mismas si ajustáramos en más o en menos las horas de trabajo. Si cobro lo mismo por menor producción es evidente que estoy ganando más que si la situación fuera la inversa.

Es decir, sólo en este último caso se puede expresar que el salario es ganancia pero no en los dos anteriores, donde, o es compensación o es pura pérdida.

Lo mismo seguirá sucediendo si, en lugar de modificar los valores del renglón producción, cambiamos los de los renglones TRABAJO y SALARIO.

CUADRO 2


CASO 1

CASO 2

CASO 3

TRABAJO

10

10

10

PRODUCCIÓN

10

20

5

SALARIO

10

25

10

En el cuadro anterior (2) hay ganancia en los Casos 2 y 3 y compensación en el 1, en donde las respectivas producciones siguen siendo las mismas que en el CUADRO 1, pero el empleador paga más en el Caso 2.

Ahora bien, si dejamos de lado el aspecto producción y sólo tomamos el tiempo de trabajo, vemos otra vez que los resultados vuelven a ser distintos.

En este supuesto, conjeturando que la relación es de $ 1 por 1 hora, sólo en el Caso 2 el salario es ganancia, en los Casos 1 y 3 no es ganancia, ni pérdida sino pura compensación.

CUADRO 3


CASO 1

CASO 2

CASO 3

TRABAJO

10

10

20

PRODUCCIÓN

10

20

5

SALARIO

20

25

10

En el cuadro 3, siguiendo la misma relación (hora/salario) hay ganancia en C-1 y C-2 y pérdida en C-3. Pero si la relación es producción/salario hay ganancia en los tres casos.

Todo lo cual muestra la relatividad del concepto y evita caer en soluciones simplistas y generales.

Se dejan deliberadamente de lado otros factores no menos importantes, como la habilidad del trabajador para fabricar tornillos, o el empleo de la maquinaria, la calidad de esta última, etc.

Si introducimos esos componentes adicionales, la relatividad del tema es mucho mayor aun, y determinar si hay ganancia, pérdida o compensación se complejiza todavía más.

En suma, lo único que se puede indicar del salario es que se trata de un ingreso que también denominamos el precio del trabajo. Si ese ingreso compensa, beneficia o perjudica a su titular sólo puede establecerse relacionándolo con las restantes variables de donde ese ingreso surgió. Pero no se puede señalar a priori si es o no es ganancia. La respuesta correcta es que, depende del resto de esas variables.

Esta es una nueva demostración que los salarios funcionan exactamente de la misma manera que cualquier otro precio de bienes o servicios cualesquiera.

Entonces, el debate subsecuente sobre si debe ser gravado o no, no presenta diferencias tampoco con el relacionado al del resto de los ingresos de todos los demás bienes y servicios de la economía, cuestión que hemos abordado nosotros en varios libros[1].

Sobre emigrar (2º parte)

Por Gabriel Boragina ©

 

Se suele indicar como una de las causas de la emigración que muchos jóvenes ''se rompen la cabeza'' estudiando y luego no encuentran trabajo de lo que estudiaron.

Mi experiencia como profesor y educador de varios años me permite decir que acá -de un buen tiempo a esta parte- nadie ''se rompe la cabeza'' estudiando. Eso era hace mucho. Pero en los tiempos que corren doy plena fe que en el sistema argentino se llega a tener un título muy fácil. Hay varias causas que -a mi modo de ver- lo explican:

1.                  Hay muchos más centros de estudios hoy que antes.

2.                  La mayor competencia aumenta la oferta y baja el precio.

3.                  La elección estudiantil se orienta a la oferta de menor costo para recibirse más rápido.

4.                  Se sacrifica la calidad por la cantidad de títulos a expedir.

5.                  Reina el facilismo por doquier, tanto en el campo educativo como en el laboral.

6.                  Abundan universitarios en desmedro de otras actividades menos cualificadas.

7.                  Los que están dispuestos a pagar más por recibir una educación de calidad cada vez son menos y no más.

8.                  Todos los institutos educativos están regulados por el gobierno, lo que deteriora agigantadamente la calidad en contenidos y resultados.

9.                  Las profesiones tienden pues a proletarizarse.

Es verdad que hay una cierta tradición por la cual es un orgullo que uno reciba un título universitario a una edad muy joven. Sin embargo, recibir un título universitario a los pocos años de haber terminado el ciclo secundario no transforma por sí mismo al egresado en un profesional. Hay algo muy devaluado y -por ende- soslayado en la sociedad de nuestro tiempo que se llama experiencia. Y a esa edad ni siquiera se tiene experiencia de vida.

En tanto, nos guste o no, lo que el mercado paga no es el título sino la experiencia. Y los jóvenes no la tienen. Hay que hacerla. Es una realidad hasta natural.

Esa es la parte que les disgusta. La mayoría quiere sueldos gerenciales sin experiencia, ni siquiera de vida. Siempre les digo a mis alumnos: no se apuren en recibirse. Mientras estudian busquen adquirir experiencia.

Pero el argentino promedio quiere todo junto: títulos, mucho dinero, lujo, vacaciones pagas, aguinaldos, premios, bonificaciones, prebendas, pero poco o nada de esfuerzo, y si no le dan eso dicen que sus empleadores son unos negreros explotadores, y se van afuera del país pensando que en el exterior no hay negreros explotadores que sólo viven en su imaginación. La mayoría de los que emigran son socialistas.

Y también soy empleador. Y como empleador también puedo dar fe que es muy poca la gente (al menos en Buenos Aires) que quiere trabajar. Pese a las restricciones gubernamentales (que son ciertas y muy fuertes) siempre hay áreas en donde el trabajo sobra. Sin embargo, el argentino promedio quiere ''la fácil''.

El problema de fondo de los que defienden la emigración no es económico, ni político sino cultural.

En rigor de verdad, el teletrabajo ha venido a suprimir o reducir en gran volumen la necesidad de emigrar.

Salvo algunos poco rubros, sobre todo en las tareas eminentemente manuales, el resto de los trabajos se pueden hacen en modo remoto.

Redes sociales laborales -como LinkedIn- muestran a menudo avisos de empresas extranjeras que contratan personal en diferentes países para que trabajen cómodamente desde sus hogares nativos con sueldos en dólares o euros, como si estuvieran trabajando en el exterior, pero con la gran ventaja de hacerlo sin moverse de la silla de sus casas en su país de origen.

Entonces, ¿cuáles son las verdaderas causas de la emigración en los tiempos que corren?

Estimo que hay que buscarlas entre las psicológicas.

Y creo que de ellas la más importante es las crisis en las familias, donde entran a jugar cuestiones de índole emocional.

La ruptura familiar es cada vez más frecuente. Hijos que quieren separarse de sus padres u otros familiares convivientes poniendo cada vez mayores distancias físicas entre ellos.

No son temas económicos, por cuanto los jóvenes que emigran son en su gran mayoría de familias acomodadas o de la mal llamada ''clase media''. No podría ser de otra manera, porque los costos de emigrar son muy altos, sobre todo en los países de menores recursos. No son los pobres los que emigran actualmente porque, sencillamente, si aún quisieran hacerlo, carecen de los medios para ello.

Lo que precisamente ha hecho que los costos de emigrar se eleven es la irrupción de internet y el teletrabajo, que hacen de la emigración algo antieconómico, aun desde el propio punto de vista del emigrante.

Y tampoco, en general, son dificultades políticas, salvo en los países con verdaderas dictaduras como Cuba y Venezuela. En el resto de la región no se ha llegado a esos extremos.

Por supuesto que las razones familiares que atribuimos como causa de los que emigran no son aceptadas en la mayoría de los casos, ni por las familias de los emigrantes ni por estos mismos. Y es -de alguna manera- comprensible que así sea, porque son cuestiones dolorosas, que muchas veces se prefieren ocultar y no hacer explícitas aunque si implícitas.

A ninguna familia le gusta reconocer esta realidad y-nuevamente- es entendible. Entonces recurren a excusas típicas en estos casos: le echan la culpa ‘’al país’’, a los gobiernos, a la mala suerte, al hado, en fin, a todo aquello que no tenga que ver con la verdadera causa: ellos mismos. Sirve también para que los partidos de la oposición le echen la culpa a los partidos en el poder, como a menudo se escucha.

De nuevo reiteramos que, estos conceptos no aplican a los casos límites de países como Cuba o Venezuela, pero, si son enteramente adaptables a otros países como, por ejemplo, la Argentina.

Y esta causa familiar es un problema cultural y de educación que trasciende (y en mucho) lo meramente político y económico.

Los que acusan a la economía y a la política de ser ‘’causantes’’ de la emigración, olvidan que ellos votaron a esos gobiernos que están acusando. Lo que les quita toda seriedad.

El estatismo avanza

Por Gabriel Boragina ©   Lejos del paraíso libertario que continuamente trata de instalar en la ciudadanía el relato oficial de LLA [1...

Lo más leído