Accion Humana

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Revista Digital

El triunfo de un estilo

 

Por Gabriel Boragina ©

 

En estos últimos días he tenido algunos intercambios con amigos del exterior sobre los resultados de las últimas elecciones en la Argentina. 

Me sorprendió lo tergiversada de la información y la percepción que tiene el mundo sobre el argentino. Su comportamiento político y, sobre todo, electoral.

Noté que, tanto en América como en Europa, se han percibido estos comicios como que el argentino repentinamente se volvió (de golpe y porrazo) '''liberal'' simplemente porque eligieron a un candidato que dice serlo, pero que da señales de no serlo. No conocen ni al candidato electo, ni tampoco al argentino medio. Esta fue mi conclusión.

''La libertad avanza'' (en adelante LLA) ha sostenido durante toda su campaña un programa libertario que (en gran parte) sigue la filosofía del economista norteamericano Murray Newton Rothbard, que inauguró una corriente que es conocida, en el ambiente libertario, como anarcocapitalismo.

Entre sus propuestas fundamentales están: la abolición del estado-nación, la supresión de todas las instituciones políticas y jurídicas establecidas, la liberación de la portación de armas, la despenalización del aborto, la comercialización libre de órganos humanos, de niños, etc.

Estas propuestas, desde que empezaron a difundirse en forma masiva por los medios de difusión, siempre han sido ridiculizadas por el argentino promedio.

Es más, en las redes sociales (que son un excelente termómetro para medir la temperatura de la opinión pública del momento) el candidato hoy ganador fue fuertemente demonizado, criticado y ridiculizado por sostener lo que la gente mantenía que eran puras sandeces de un desequilibrado mental.

Esta postura fue casi unánime, hasta que se conoció que el partido más moderado (entre la oferta populista de izquierda y la de derecha, es decir, ''Juntos por el Cambio'' encabezado por la señora Patricia Bullrich) quedó en el mes de octubre fuera del ballotage. 

Que a partir de fines de octubre y principios de noviembre, fue que el clima en las redes sociales giró en 180° y lo que antes se le criticaba en términos inmisericordes a ‘’LLA’’ pasó automáticamente a ensalzarse como si siempre se hubiera aprobado.

La explicación era, no que los argentinos en 24 horas cambiaron de opinión, y lo que antes condenaban enfáticamente pasarían (de la noche a la mañana) a predicarlo como un himno de salvación, sino que la opción que quedaba para el ballotage de noviembre era la continuidad de un conocido ladrón, corrupto, inmoral, rastrero y servil como lo es el ministro de economía Sergio Massa y el (por descarte) candidato de la ‘’LLA’’.

Digamos que, la opción no era difícil. Cualquiera que hubiera quedado en un ballotage frente a semejante competidor hubiera ganado por amplia cantidad de votos. Hubiera dado igual, a tal efecto, que la segunda vuelta hubiera sido entre un actor cómico de TV (el ganador se le parece mucho) y Massa.

Entonces, queridos amigos del exterior, no es que el argentino se volvió en menos de 24 hs. liberal y -menos aún- anarcocapitalista, sino que no había opciones racionales para elegir entre dos impresentables.

Se escogió, simplemente, por tratar de eliminar al más corrupto, inmoral, desvergonzado y osado de los dos. La opción restante, fue elegir a un incompetente, inexperto, delirante, etc. y descartar a un delincuente reconocido.

Esto por un lado, y por el otro, lo que ya hemos explicado muchas veces del ciclo izquierda-derecha que observamos en las elecciones políticas del continente y del mundo, allí donde las hay, como modo de balancear las tendencias políticas en el imaginario popular.

Nunca estuvo entre las tradiciones argentinas acoger las recetas anarcocapitalistas sostenidas con ardor por ‘’LLA’’.

La gran incógnita reside en cómo reaccionará la gente cuando el partido ganador intente llevar a cabo estas recetas para abolir el estado-nación, o cómo reaccionará la gente cuando este ponga en marcha su famosa (en palabras de su jefe) motosierra (símbolo con el cual ejemplificó como destruirá las instituciones).

Luego, influyó en el resultado el factor sociológico, al que también referimos anteriormente.

El argentino cuando vota, lo último que vota es una ideología, porque, en el fondo, poco le importa y poco comprende las ideologías, salvo lo que en su inconsciente entiende como derecha/izquierda, que es lo más complejo que (en términos medios) puede percibir.

Lo que más pesa en su decisión de voto es el tipo social del candidato que más se asemeje al suyo propio.

Y este tipo social que más representa al argentino promedio es el del estilo de un carácter violento y agresivo, que se caracterice por rasgos externos como el grito y el insulto. Este tipo social fue el que ganó las elecciones.

Este tipo social siempre fue el preferido, y no es nuevo tampoco en el mundo político argentino. Puede decirse que lo inauguró Perón durante sus dos primeros gobiernos.

Los insultos que usaba en esa época, pueden parecer inocuos y hasta graciosos hoy en día. Ser reaccionario, gorila, oligarca, explotador etc. podría ser un insulto muy ofensivo en tiempos del primer Perón. Hoy por hoy, sin duda, han perdido aquel efecto tan injurioso.

Parte de la involución argentina está marcada por haber empeorado los agravios a través del tiempo, y hacerlos cada vez más vejatorios e hirientes.

El matrimonio Kirchner, echó mano con entusiasmo al modo del grito, el insulto y la amenaza empleado por Perón, y lo sofisticó aún más.

Esta, es parte de la explicación que esta pareja fuera electa tres veces en sus distintas personas (marido/esposa) para la presidencia de la nación.

La ''señora'' se destacó por su mal gusto, gestos desagradables, extravagancia, los gritos esporádicos o continuos, y los insultos que, en su condición de mujer, trataba (no sin esfuerzo) de contener, sin éxito.

Pero el punto es que, este estilo gustó al argentino mayoritario, y le hizo ganar (nada menos y nada más) que cuatro elecciones presidenciales: una del marido, dos de la esposa y una cuarta de esta, pero como vicepresidente, que es la del gobierno actual.

Mauricio Macri, con su manera educada, sobria, respetuosa, cortés, dialogante, fue estrepitosamente derrotado. Tanto en 2019, como su candidata la señora Patricia Bullrich en esta ocasión.

Esta forma moderada, republicana, educada, considerada, evidentemente no representa a la mayoría que, al menos políticamente, prefiere la grosería, la mala educación, el ultraje y la amenaza. Hasta en esto los políticos argentinos siguen el modelo de Perón. Véase cuan grande es aún su influencia.

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