Caos planificado


Por Gabriel Boragina ©

Pocas obras conservan una actualidad tan impactante como todas la de ese autor genial que fue Ludwig von Mises. La que hoy nos proponemos comentar es la titulada Caos planificado[1] escrita en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y cuyos conceptos y principios son, sin embargo, casi completamente aplicables a nuestros días. Allí el fenomenal maestro austriaco comienza la misma con estas palabras:
"Lo característico de esta época de dictadores, guerras y revoluciones es su inclinación anticapitalista. La mayoría de los gobiernos y partidos políticos ansían restringir la esfera de la iniciativa privada y la libre empresa. Es un dogma casi indiscutido que el capitalismo está acabado y que el advenimiento de una completa disciplina de las actividades económicas es al tiempo inevitable y altamente deseable."[2]
Pese a que Hitler y Mussolini habían caído, todavía sobrevivían las ideas que los habían inspirado a crear sus respectivos movimientos y a declarar al capitalismo como el enemigo supremo a combatir. Es de recordar que ambos dictadores (tanto como el soviético Stalin) consideraban ser los únicos verdaderos representantes del socialismo, basta a tal fin rememorar que el nombre completo del partido nazi de Hitler era el de "Partido Nacional Socialista Obrero Alemán" y que Mussolini en sus comienzos militaba en el partido comunista italiano de donde, finalmente, fue excluido.
Ayer como -con poca diferencia- también hoy, en Europa la atmósfera que se respiraba era de un anticapitalismo a ultranza, algo que se ha extendido paulatinamente desde entonces hasta la fecha en América y que abraza todo el orbe.
"Aun así el capitalismo sigue siendo muy vigoroso en el hemisferio occidental. La producción capitalista ha hecho progresos muy notables incluso en estos últimos años. Se han mejorado mucho los métodos de producción. Los consumidores han recibido bienes mejores y más baratos y muchos artículos nuevos inauditos hace poco tiempo. Muchos países han expandido el tamaño y mejorado la calidad de sus manufacturas. A pesar de las políticas anticapitalistas de todos los gobiernos y de casi todos los partidos políticos, el modo capitalista de producción sigue en muchos países cumpliendo su función social de proporcionar a los consumidores más bienes, mejores y más baratos."[3]
A pesar de lo desigual de la lucha entre el capitalismo y el anticapitalismo de gobiernos y partidos políticos, el capitalismo supo mantenerse activo y productivo (características ambas esenciales del mismo) durante todas las épocas habidas desde su aparición en las postrimerías del siglo XVIII hasta nuestros días.
En la época en la que L. v. Mises escribe este ensayo, el capitalismo había sufrido golpes terribles de la mano de las dictaduras nazi-fascistas y comunistas, inclusive después de la finalización de la Gran Guerra el imperio soviético anexó a los países de la Europa oriental dentro de su órbita.
Aun así, y de la mano de ideas promercado, Alemania occidental emergía como el Gran Milagro Alemán como se lo denominó en aquella época. Las señales que el capitalismo surgía victorioso estaban dadas por el hecho que "Los consumidores han recibido bienes mejores y más baratos y muchos artículos nuevos inauditos hace poco tiempo" y todo ello cada vez en mayor cantidad.
"Indudablemente no es un mérito de gobiernos, políticos y sindicalistas que los niveles de vida estén mejorando en los países comprometidos con el principio de la propiedad privada de los medios de producción. No son los negociados ni los funcionarios, sino las grandes empresas las que tienen el mérito de que la mayoría de las familias en Estados Unidos posean un automóvil o una radio. El aumento en el consumo por cabeza en Estados Unidos, comparado con las condiciones hace un cuarto de siglo no es un logro de leyes y decretos. Es un logro de empresarios que aumentaron el tamaño de sus fábricas o construyeron otras nuevas."[4]
Este párrafo es de suma importancia por cuanto aquí L. v. Mises identifica por completo el sistema capitalista con el del "principio de la propiedad privada de los medios de producción", con lo que queda demostrado que sin propiedad privada no hay capitalismo y viceversa. Son dos componentes inseparables e inescindibles.
Resulta claro que el capitalismo no es mérito de ningún gobierno, ni movimiento político, dado que no ha sido creado por ninguno de ellos, sino que ha surgido de manera espontánea por la acción emprendedora de muchos individuos inspirados en su propio espíritu creativo y elaborativo.
No obstante, hay que alertar que el capitalismo es un producto lógico de la libertad, donde la filosofía de libertad impera y se la respeta es bastante seguro que allí brotará el espíritu capitalista y quizás también -en palabras de Michael Novak- el espíritu del capitalismo democrático.
Recordemos que en la época en que L. v. Mises escribe no existía ni la TV ni mucho menos Internet. Y los automóviles y la radio eran considerados artículos de lujo a los que sólo las personas ricas podían acceder. Es por eso que L. v. Mises hace hincapié que la producción capitalista haya permitido que en ese entonces la mayoría de las familias norteamericanas pudieran disponer de bienes que, en otras partes del mundo, eran tenidos por artículos suntuarios (automóviles y radios). Hoy en dia el capitalismo ha popularizado el uso de Internet y teléfonos móviles, algo impensado en épocas de L. v. Mises y no hace mucho tiempo atrás incluso.
"Uno debe destacar este punto porque nuestros contemporáneos se inclinan por ignorarlo. Enredados en las supersticiones del estatismo y la omnipotencia del gobierno, están preocupados exclusivamente con las medidas gubernamentales. Esperan todo de la acción autoritaria y muy poco de la iniciativa de los ciudadanos emprendedores. Aun así, el único medio para aumentar el bienestar es aumentar la cantidad de productos. Eso es lo que buscan las empresas."[5]
Nos hemos referido a esta verdad como la del paternalismo estatal. Nos comportamos como súbditos del emperador estado y esperamos todo de él. Esto no ha cambiado con el tiempo, y las palabras de L. v. Mises se han vuelto proféticas describiendo tanto a sus contemporáneos como a los nuestros.
Pero, a su vez, hay que destacar que a los partidarios de la libertad le preocupan las medidas estatales porque precisamente afectan negativamente el campo de la libertad y de las autonomías individuales que -como en los días en los que L. v. Mises escribía estas iluminadas palabras- acotan la libertad individual y el campo de la iniciativa privada, lo que impide nuevos emprendimientos al tiempo que obstaculizan los pocos que aún se encuentran en marcha.
Es un error popular creer que los gobiernos pueden mejorar la situación de las personas que están bajo sus esferas. Sino que son solamente esas mismas personas las que pueden resolver sus propios problemas y ayudar a solucionar los problemas del resto de sus conciudadanos.

[1] Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007).
[2] L. v. Mises ibidem, pág. 3.
[3] L. v. Mises ibidem, pág. 3/4.
[4] L. v. Mises ibidem, pág. 4
[5] L. v. Mises ibidem, pág. 4.

El futuro inmediato


Por Gabriel Boragina ©

Quedan pocas dudas que el futuro inmediato en materia política y económica sería bastante diferente de ganar una de las dos fuerzas mayoritarias en pugna, por un lado, el peronismo (representado por la secta denominada ahora "Frente de Todos" (FdT) y, por el otro, Juntos por el Cambio (JxC). Para decir esto no nos basamos tanto en los discursos de campaña, los que en precisión poco nos dicen de lo que realmente hará en el gobierno el partido que se alce con el poder, sino más bien los antecedentes de ambas facciones partidarias que ya ejercieron el poder,
Nunca nos parecieron profundas las críticas que se le han hecho al gobierno, y no digo por parte de la oposición sino de los medios e incluso las de analistas que merecen nuestro respeto. Una de esas críticas, sobre las cuales se ha insistido desde distintos sectores, dice que la mala gestión de Cambiemos residió preponderantemente en no haber explicado a la gente claramente cuál era la "herencia" recibida del anterior. No obstante, fueron muchas las ocasiones en las que -al menos- el presidente Macri lo hizo luego de asumir la primera magistratura, y suponiendo que no se hubiera expuesto después de obtener el poder, seguir sosteniendo esa falacia importa tanto como subestimar al votante de Cambiemos, porque si en la anterior elección nacional la gente votó por Macri y no por el candidato del -entonces- oficialismo era porque el electorado tenía bien en claro que la gestión del anterior gobierno fue lo suficientemente mala como para votar por algo distinto a lo que había, y de esa conclusión salieron los votos en favor de Cambiemos. Pretender que después de asumido el poder Cambiemos declarara a sus electores que lo habían elegido cuál era la situación del país al momento de la elección, importaba tanto como tener que manifestar al votante de Cambiemos porque había votado a Cambiemos, cosa que el elector ya sabía (si no, no hubiera votado a Cambiemos). Es decir, quienes sostienen como un error que el gobierno no hubiera revelado a la gente (post elecciones) la situación del país al momento de la elección que le diera el triunfo, implica tanto como creer que la gente que elige a quien en definitiva resulta ganador no sabe porque lo vota o porque lo votó, lo que significa tanto como conjeturar que es estúpida.
Otra crítica fútil me parece la que se le hace al "gradualismo" del gobierno. Aquí hay un fenomenal mal entendido a mi modo de ver. Con la palabra gradualismo, en rigor, no se dice mucho más que se procede o se va a proceder a realizar un cambio de manera pausada o por fases espaciadas en el tiempo. Pero esto no tiene en sí mismo ningún significado si en realidad no se sabe explícita o implícitamente hacia donde se piensa o se desea dirigir ese cambio gradual (o gradualista).
La lectura que se hace de esto último es bastante diferente cuando la hace un liberal a la que le da un antiliberal o no-liberal. Todo parece que indicar que muchos liberales han entendido que cuando el gobierno hablaba de gradualismo se refería a dirigirse hacia una economía liberal o de mercado. Yo siempre he insistido que el presidente Macri es un desarrollista no un liberal, y cuando el habla de gradualismo lo hace no refiriéndose al camino a seguir hacia una economía liberal o de mercado, sino hacia otro tipo de economía más afín con su desarrollismo. O sea, gradualismo hacia una economía desarrollista (sobre lo que nos hemos explayado en otras ocasiones). Y al momento actual consideramos que esta sigue siendo la idea y proyecto del presidente Macri. Quizás los liberales tengamos cierta arrogancia en pensar que todo político debería (por el mero hecho de llegar al poder) de insertarse en nuestras ideas y dirigirse en forma automática del modo en que los liberales estamos convencidos que debe actuarse y, asimismo, casi de forma mecánica, que cuando el presidente hablaba de gradualismo se estaba refiriendo a ir hacia una economía de mercado o liberal. Pero -yo al menos- nunca creí que el presidente hablara de eso y que fuera su intención. El aludía y sigue haciéndolo de salir de una economía de tipo populista y recorrer el camino del gradualismo hacia otra economía de carácter desarrollista (cosa que hizo en su gestión enfocada en la obra pública y de infraestructura industrial). Opiné y sigo opinando que a este gradualismo apunta el presidente, y no como muchos liberales creen que la meta que él tiene es una economía de libre mercado absoluta. Nada más lejos de la realidad.
Otra cuestión en la que no coincidimos con muchos analistas es en que el gobierno no tuviera un plan económico. Creemos que siempre lo tuvo como gobierno desarrollista, ya que el desarrollismo implica un proyecto económico. Esto tiene conexión con lo que dijimos al comienzo cuando manifestamos cual fue la razón por la que el electorado eligió a Macri presidente. Si no subestimamos a la gente tenemos que concluir que fue escogido porque quienes lo hicieron sabían o presumían que el nuevo gobierno llevaría a cabo una política económica diferente a la del gobierno que se descartaba. Seria infravalorar al elector del nuevo gobierno insistir en que estaba eligiendo lo mismo en materia económica a de lo que se pretendía salir o, más absurdo, algo peor. Por lo demás, una cosa es no anunciar un plan económico y otra diferente es tenerlo y llevarlo a la practica en hechos concretos. La política de obras públicas y de infraestructura encarada por el actual gobierno responde claramente a un plan económico, sólo que, de tipo desarrollista, no liberal. Claro que, como liberal, hubiera preferido que Macri tuviera un plan económico liberal, pero no se le puede pedir a un desarrollista que haga cosas de liberales. Y eso es lo que -me parece- muchos liberales no terminan de comprender.
Ahora bien, ante la alternativa electoral próxima, se enfrentan dos modelos emparentados en algunas cuestiones menores, pero con diferencias cruciales en cuanto a sus respectivos esquemas: por un lado, el desarrollismo de Cambiemos (o ahora JxC) y por el otro, el populismo extremo del peronismo (nunca consideré pertinente diferenciar por sus distintas etiquetas tanto al anterior "Frente para la Victoria" como ahora e este "nuevo" "Frente de Todos" de lo que son en esencia : peronismo puro, con todo lo negativo que este último término implica y resume).
Y aunque son cosas diferentes desarrollismo y liberalismo, mi opción electoral ha de ser por aquella a la que más se acerque a la liberal y, por muy lejos que el desarrollismo este del liberalismo no me cabe duda que la distancia que separa al liberalismo del populismo es todavía muchísimo mayor, y esa distancia es insalvable, y si bien hay una alternativa liberal en la oferta electiva también es cierto que no tiene ninguna chance de arrimar los votos mínimos para acceder a un ballotage, lo que me lleva -en esta hora decisiva donde están en juego las libertades individuales, la propiedad y aun la vida de los argentinos- a optar (al menos electoralmente aunque no en el terreno de la pura economía) por el actual gobierno, que se perfila -al momento- como la única candidatura capaz de rivalizar con el monstruo populista y dirigista que siempre fue y sigue siendo el peronismo (K o no K).

Peronismo y elecciones


Por Gabriel Boragina ©

Las masivas marchas en apoyo al presidente Macri llaman la atención sobre la altísima probabilidad de la existencia de un fraude fenomenal en las últimas elecciones celebradas en Argentina denominadas por sus siglas PASO (Primarias Abiertas, Simultaneas y Obligatorias).  El fraude electoral no es nuevo en este país, salvo raras ocasiones se ha venido practicando en distintos grados desde el mismo comienzo de la vida electoral argentina. Sin embargo, no debe creerse tampoco que el fraude explica totalmente el resultado adverso del oficialismo en aquellas elecciones que no tienen vinculación legal alguna con el resultado que arrojen las votaciones definitivas próximas.
Hemos insistido desde antes que las fuerzas en pugna -ahora "Juntos por el Cambio" (Macri) y el "Frente de Todos" (Fernández)- representan en su conjunto el pensar político de la población en su más amplio espectro.
Hemos expuesto en ocasiones anteriores que -a nuestro juicio- la sociedad argentina se divide políticamente en tres extensos sectores que denominamos "P" (peronistas), "AP" (antiperonistas) y "NP" (no peronistas). Es decir, el eje de pensamiento político argentino depende (en buena medida) de cuál sea la posición del elector frente a este desgraciado fenómeno que se ha dado en llamar peronismo en Argentina.
Sostuve también en aquella ocasión que, estos -a grandes rasgos- tres sectores conformaban (cada uno de ellos) aproximadamente un tercio del electorado total. También dedicamos muchos trabajos a explicar que el peronismo (P) es ideológicamente autoritario y con tendencias totalitarias para lo cual, le es indiferente adoptar políticas "de izquierda" o "de derecha", si es que se quieren entender estos inapropiados términos como socialistas o nazis fascistas. Dado que pensamos y estamos convencidos que el nazi fascismo no es más que un producto del socialismo, para nosotros es fútil hablar de "izquierdas" o "derechas", porque -en última instancia- no se está aludiendo sino de la misma cosa.
El tercio NP que es el más híbrido -nos parece- ideológicamente de los dos restantes, es el que define todas, absolutamente todas, las elecciones políticas. Dentro de este grupo encontramos a los famosos "indecisos", gente que dice que no profesa "ninguna" ideología política ni partidaria, ni sigue a ningún candidato en particular: son los que pueden tanto votar en blanco, no votar, abstenerse, como votar hoy a un peronista y mañana a un antiperonista si las circunstancias (según su particular punto de vista) lo justifica. En este grupo están los que presumen de ser "hombres prácticos" o pragmáticos, y manejarse conforme a los dictados de la coyuntura del momento. Pero aquí también se albergan socialistas y nacionalistas (tanto de los de extrema izquierda como de extrema derecha, según la nomenclatura típica en la jerga periodística) que -para su gusto- el peronismo representa un movimiento "moderado" a la par que ven a los AP como "fascistas".
Este es, por consiguiente, el grupo electoralmente  tanto más peligroso como el más beneficioso de los tres, no sólo por su heterogeneidad sino por cuanto -en el primer caso- son los que, por negligencia, ignorancia, fanatismo, odio, temor, o cualquier otro motivo por el estilo pueden darle la victoria a un sector como el peronismo que nació de un golpe de estado y utilizó métodos similares a los de Hitler para alzarse con el poder, sobre todo conforme enseña la historia de los dos primeros gobiernos de Juan D. Perón.
En el segundo caso, dado que también forman parte de este conjunto elementos no radicalizados sino "neutros" (si es posible tal cosa, lo que dificultamos) en materia de posturas políticas (a sí mismos se llaman "moderados" o también "apolíticos", "a partidarios", etc.) pueden votar candidatos AP tanto como NP, y aun P si fuera necesario según ellos.
El tercio NP se puede aún dividir en dos: en el que "tiene las ideas prendidas con alfileres" como se dice en la jerga habitual, por un lado, y minorías exacerbadas como las extremas izquierdas y derechas, por el otro. En tanto, los AP tienen perfectamente en claro que el peronismo es un movimiento autoritario y pro-totalitario. Pero, atención, entre estos últimos también podrían existir individuos que prefieran dictaduras de otro tipo.
Fueron circunstancias puramente históricas -ajenas a la voluntad del peronismo- las que determinaron que este no se convirtiera en un régimen idéntico al de Hitler y Mussolini.
Hoy, el candidato peronista Alberto Fernández y su compañera de fórmula tienen (y han demostrado en el pasado) un discurso por completo favorable a los regímenes más autocráticos que existen en el mundo, como son los de Cuba, Venezuela en América, Irán y demás países del Medio Oriente que cobijan grupos terroristas con gran peso en el poder político de sus naciones, o bien gobiernos dictatoriales de distinto signo (inclusive religioso). Pero no nos cabe ninguna duda que, si hoy en dia existieran todavía países con gobiernos nazis o fascistas como los habidos en el siglo XX, adherirían con gran beneplácito a los mismos y los mostrarían como modelos a seguir.
El ejemplo más alarmante actual en América lo tenemos en Venezuela donde impera una tiranía militar comunista con pretensiones de pseudodemocracia por la sola circunstancia de haber accedido al poder a través de elecciones por completo fraudulentas.  Pero aun así las elecciones venezolanas hubieran sido legitimas nada justifica que un gobierno elegido en votaciones limpias se transforme -más tarde o más temprano- en una dictadura, como lo es la imperante en Venezuela.
Evidentemente, este sería el destino que la espera a la Argentina de resultar victorioso el mal llamado "Frente de Todos" que no es más que el frente de algunos, es decir de los que tal conocemos y que durante una larga década sometieron al país a una de las dictaduras más solapadas, pero no menos destructiva que las dictaduras que formalmente se declaran y se reconocen como tales.
En lo económico está más que demostrado, tanto por la teoría como la práctica, que regímenes como el peronista -en cualquiera de sus versiones (extremas o edulcoradas)- generan pobreza y miseria por doquier, lo cual es una consecuencia lógica de un sistema económico dirigista y centralizado por y en el aparato estatal como es el que ha caracterizado a todos los gobiernos peronistas a nivel nacional y provincial.

Caos planificado

Por Gabriel Boragina © Pocas obras conservan una actualidad tan impactante como todas la de ese autor genial que fue Ludwig von Mise...