Progresividad, exenciones y desigualdad

 Por Gabriel Boragina ©

3°) La progresividad de la cuota del impuesto es gradual, limitada; 4°) Exime de imposición a las rentas mínimas, comenzando por la base de 180 libras; 5°) A partir de 1907 se admitió la discriminación […] 6°) Por último, constituye una interesante particularidad del régimen británico, la de que la percepción del impuesto a la renta se practica en la misma fuente."[1]

En cuanto a la "progresividad de la cuota del impuesto" siempre es gradual por lo que no se entiende que quiere decir el autor. Como agrega la palabra "limitada" quizás quiera decir que llegado a un cierto punto la progresividad se detendría, pero -en rigor- como no lo explica no se puede decir más sobre tan oscura frase. La exención (punto 4°) viola el "principio de igualdad" como se explicó, pero, por otro lado -desde lo económico- ya hemos expuesto de muchas maneras diferentes que nadie está exento de pagar impuestos, y también aplica esta regla a este impuesto. El apartado 5° alude al principio de discriminación que viola el de igualdad ya explicado. Son manifiestamente antitéticos. Y el punto 6° tampoco es claro, pero parece apuntar a lo que hoy se conoce como el agente de retención (una especie de "empleado" gratuito y ad hoc del fisco). Si es así, el impuesto lo retendría el agente pagador de la renta y liquidaría la misma ya deducido el impuesto. Seguidamente, el autor pasa a tratar el caso alemán del impuesto a la renta:

"En Alemania, el impuesto existe desde 1870 en que la guerra contra Francia provocó la institución y en 1891, sancionóse la primera ley definitiva del impuesto a las rentas. Caracterizan su régimen los elementos que a continuación esbozamos: 1°) Se excluyen de la imposición las rentas del Estado central, del provincial, de las municipalidades, de las sociedades de beneficencia, de las cooperativas y de aquellas corporaciones que tengan por objeto acordar pensiones a la ancianidad. 2') Determínase las rentas que deben gravarse, estableciéndose un mínimum y se fijan 26 categorías de renta a cada una de las cuales corresponde una cuota especial; es esto lo que se denomina "la progresividad por grados". 3«) Determínanse las deducciones por cargas de familia, y siempre que la renta del padre no sea inferior al mínimum legal, que la misma ley determina, para poder gozar del beneficio de la discriminación del impuesto. 4') Se establece, en punto a las profesiones, rebajas en concepto de compensación de los gastos inherentes; v. g., conservación de máquinas industriales, indemnización del riesgo profesional en los accidentes del trabajo, jubilación o retiro de los obreros. 5') El impuesto recae sobre el importe total de los ingresos expresados en dinero y deducidos los gastos de producción y ciertas cargas personales. Constituyen, pues, la renta imponible de los ingresos procedentes de propiedades territoriales, explotaciones industriales, capitales inmobiliarios, rentas de trabajo personal y los demás ingresos, cualquiera que sea su naturaleza."[2]

Es sintomático -dijimos antes- que todos los impuestos han comenzado con guerras, y las leyes que los crearon coincidían en establecer que lo eran con carácter "excepcional". Se daba a entender que una vez concluida la guerra el impuesto cesaba. Pero, bien nos muestra la historia que nunca ha sido definitivamente así. Las explicaciones que se daban eran que se establecían por lo dicho antes, se mantendrían mientras durase la guerra, y finalizada la misma también se los conservarían para reparar las consecuencias de la guerra, y luego de reparadas se los mantiene -por si las dudas- volviera a ocurrir otra guerra en el futuro. De este modo engañoso los gobiernos justificaban sus imposiciones "transitorias" (en un comienzo) transformándolas en permanentes y con "justificaciones" (pueriles y pésimas) para todos los casos en cualquier tiempo que fuera.

Modernamente donde -a diferencia de los tiempos antiguos en que se vivía en un estado de belicismo casi permanente- las guerras no existen o son muy localizadas y muy fugaces, el argumento (con la misma finalidad) ha variado por el las "emergencias económicas" como sucede en países como la Argentina donde cada gobierno que asume inventa una que, en los hechos se traduce en conferir al presidente de la república la suma del poder público para que dicte leyes a la par o por sobre el poder legislativo. Salvo raras excepciones (como la del gobierno de Mauricio Macri) todos los demás gobiernos "democráticos" han echado mano a estas facultades extraordinarias claramente inconstitucionales. En los hechos, lo expresado implica otorgarle al poder ejecutivo la facultad de crear impuestos, algo que constitucionalmente esta exclusivamente reservado al legislativo.

Entrando en el análisis punto por punto del párrafo citado, notamos que en el primero (el 1°) el recaudador fiscal se excluye a si mismo de la obligación de pagar el impuesto a la renta junto con otras entidades no estatales violando el principio de "igualdad" que se dice "respetar" y -por consiguiente- discriminando a ciertos contribuyentes de otros preferidos. Otro tanto puede decirse del punto 2° que también divide las rentas en castas ("categorías" queda más agradable a la vista y al oído). En este caso, es muy discriminatorio porque son -nada menos y nada más- que 26 castas o "categorías" cada una con distintas alícuotas. Aparentemente, con distintas alícuota de progresión o un sistema de progresión diferencial. El punto 3° es otro ítem oscuro, porque parecería que esas deducciones sólo operarían siempre que el padre de familia supere o iguale el mínimo legal de donde se infiere que por debajo de ese mínimo nada debería tributar. Nada se nos aclara de cuanto seria ese mínimo. El punto 4 parece aludir a las profesiones industriales a tenor de los ejemplos que se introducen. Son -en suma- deducciones que también violentan el principio de igualdad fiscal. Y la numeración que sigue nos indica que, en general, el impuesto se extendía a casi todos, pero de manera discriminada como se explicó en los apartados anteriores, y violando el "sagrado" principio de "igualdad" fiscal.


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05..

[2] Goldstein, M. ibidem.

Discriminación fiscal y evasión

 Por Gabriel Boragina ©

Las guerras son posibles simplemente porque hay gente cree que es "su deber" pagar los impuestos. Están convencidos de esta falsedad. O bien temen represalias por no hacerlo. Pero si el gobierno no puede recaudar impuestos ¿con que va a pagar los sueldos de la policía, del ejército y demás fuerzas armadas para reprimir al pueblo? Porque -en resumidas a cuentas- estos son mercenarios del gobierno en su mayoría. Una masiva rebelión fiscal impediría a cualquier gobierno tanto hacer guerras contra otras naciones como reprimir a sus propios ciudadanos. Hablando del impuesto a la renta dice Goldstein:

"El intervalo de la inexistencia se prolongó hasta 1842, en cuya oportunidad fue enérgicamente propiciado por Robert Peel. Bajo esta presión se sancionó nuevamente en la misma forma que según la ley de 1806, con carácter temporaria y la cuota era de 3 y 4 para Inglaterra y 2 y 3% para Escocia. Así fue incorporado año tras año, en forma temporaria y con cuota leve, constituyendo uno de los mejores impuestos de Gran Bretaña"[1]

No está claro él porque del doble porcentaje, ni porque la diferencia para uno y otro pais. Tampoco está claro porque se dice "constituyendo uno de los mejores impuestos de Gran Bretaña" pero si lo consideramos desde el punto de vista del expoliado no se puede negar que las cuotas eran muy bajas y, naturalmente, siempre es mejor pagar menos porque se daña menos el patrimonio. Una alícuota baja estimula a pagar -si no queda más remedio- y desincentiva la evasión. En ese sentido podríamos aceptar -pese a nuestra postura- que un impuesto que reúne dichas características es menos perjudicial que otro que no las tiene. Es menos dañoso que el ladrón robe 10 que 100000.

Si no hay más alternativa que tener que pagar impuestos (sea por convicción o por temor) lo mejor es que el impuesto sea uno (o dos como mucho) y que la alícuota sea la más baja posible. De todas maneras, no parece ser que fuera el único impuesto de Inglaterra a juzgar por lo que se venía diciendo en los párrafos previos.

"En 1894 bajo los influjos de la legislación italiana y alemana, que ya habían adoptado en el impuesto a la renta los principios de la discriminación y de la progresividad de la cuota, se inició un movimiento renovador en Gran Bretaña que había de expresarse diez años después adoptándose la regla de la progresividad. En definitiva, hasta el año 1907 el impuesto sobre la renta en Gran Bretaña asumió las características siguientes: 1°) Ha sido siempre temporario y aparecía cada vez que una circunstancia excepcional lo provoca; 2°) Se divide en cédulas correspondientes a diversas clases de rentas, a cada una de las cuales se aplica la imposición en forma especial; 3°) La progresividad de la cuota del impuesto es gradual, limitada; 4°) Exime de imposición a las rentas mínimas, comenzando por la base de 180 libras; 5°) A partir de 1907 se admitió la discriminación que fue planteada por Mr. Asquiht en estos términos: puso como ejemplo la situación de dos habitantes del Estado: "el uno que retira 1.000 libras por año de capitales perfectamente colocados en fondos públicos, producto de economías, que pueden provenir de sus ascendientes, y el otro que obtiene la misma suma nominal de su trabajo personal, del ejercicio de una profesión liberal, que puede ser precaria, o de cualquier empresa" y agrega: "Pretender, del punto de vista del Estado, que esas dos personas deben ser gravadas del mismo modo, es a mi entender, un desafío a la justicia y al buen sentido" 6°) Por último, constituye una interesante particularidad del régimen británico, la de que la percepción del impuesto a la renta se practica en la misma fuente."[2]

"los principios de la discriminación y de la progresividad de la cuota" son las características más negativas de los impuestos. El de discriminación rompe el principio de "igualdad", por lo que es contradictorio con la misma doctrina que avala la imposición. El autor que estamos criticando se ufanaba (en los primeros párrafos de su trabajo) de que el gran logro de la doctrina "moderna" era haber alcanzado el principio de "igualdad" en materia fiscal. Aquí, contradictoriamente, aparece aplaudiendo el de discriminación que se opone frontalmente al de "igualdad". Y la progresividad del impuesto lo transforma en su contrario: regresivo.

La discriminación es el incentivo más poderoso para la evasión fiscal. Es muy sencillo de demostrar. Si dos personas pagan diferentes cantidades de impuestos, o sobre el mismo impuesto una tiene una alícuota más baja que la otra, el que paga más impuestos que otro tenderá -naturalmente- a evadirlos y, asimismo, el que paga una alícuota más alta que otro sobre el mismo impuesto también es incentivado a evadirlo. Y esto, más allá de todas las distorsiones que el impuesto implica como tal en la economía.

Pero si hay impuesto habrá discriminación porque la igualdad no existe. Pero si no hubiera impuesto no habría discriminación. En consecuencia, la solución de fondo sigue siendo la eliminación del mal de fondo: el impuesto.

Como se observa, los británicos adoptan el impuesto porque ya lo habían hecho los italianos y los alemanes, es decir, por la simple razón de que "otros" lo hicieron. Con lo que reaparece la falacia ad populum ("lo hago porque otros o la mayoría lo hace") criterio absurdo, ilógico y antirracional.

Cuando del gobierno se trata, ni siquiera hace falta que sigan la falacia antedicha, cualquier pretexto es bueno para recaudar y crear impuestos gravosos sin necesidad de que nadie lo haya hecho antes. Pero si alguien ya lo hizo es el pretexto magnifico para que ese otro gobierno lo imite. Y este parece ser el caso que en la cita se narra.

Lo único positivo que el párrafo nos muestra -en el tema que estudia- es la transitoriedad del impuesto, dado que dividir en cédulas por diversas clases de rentas viola el principio de igualdad ya referido. También lo viola aplicar el impuesto en forma "especial", habida cuenta que, en rigor, se están creando una suerte de castas impositivas que pretenden dividir a la gente en "clases" conforme a criterios que solamente son de interés y provecho del fisco y de nadie más.


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

Las guerras y los impuestos

 Por Gabriel Boragina ©

"Alcanzó este impuesto su culminación en el régimen impositivo británico, donde cuenta con una historia que lo acredita. Apareció como recurso heroico para salvar los apremios del fisco inglés aligerado por las guerras con Francia. Los impuestos agobiadores que soportaba la población, eran impotentes para solventar los problemas económicos del Tesoro nacional: fue entonces cuando el famoso ministro Pitt propuso al Parlamento el assessed taxes que comprendía una serie de impuestos directos sobre las casas y el lujo en diversas manifestaciones, tomándose como base la renta. El Parlamento se agitó enormemente con esas propuestas extraordinarias, pero la ley fue sancionada en 1798 bajo el nombre de Aid and contribution Act. Conforme a este ordenamiento, la ciudadanía se divide en tres categorías; según la importancia económica de cada uno de los sectores. En 1799 se promovió una reforma a Ja de Pitt, debido al descontento que se mantenía latente contra ella, ya que según Seligman se la consideraba, entonces, "falso en sus bases, destructor en su desarrollo, erróneo en su realización. Este no es un impuesto —proclamaba un autor—, sino una extorsión; es una experiencia detestable y dañosa"."[1]

En realidad, como se ve, los impuestos han nacido con las guerras y las estimulan, porque es la mejor ocasión que tienen los burócratas de incrementar sus arcas: en las situaciones de "emergencia" bajo consignas por lo general patrióticas, o explotando el temor de la gente es más fácil que entreguen sin resistencia sus pertenencias al gobierno. Esta es la lectura correcta a darle al párrafo que hemos transcripto arriba.

Era lógico ese descontento contra una nueva ley que establecía un impuesto a la renta territorial (casas) toda vez que antes se dijo que el pueblo ya venía soportando agobiadores impuestos. Según parece (no es clara la cita) a los impuestos sobre el capital se agregaron impuestos sobre las rentas. Puede entenderse entonces como lógica la agitación del Parlamento británico si así hubiera sido. Podemos imaginar cómo se exprimía al ciudadano pues en su patrimonio.

Es que todo impuesto es efectivamente -como decía ese autor- "una extorsión; es una experiencia detestable y dañosa", pero la visión romántica del impuesto permanece hasta hoy y, por lo visto, también estaba en la mente del autor de esa frase que había caído bajo su influjo.

Y también asiste razón al que dijo que es "falso en sus bases, destructor en su desarrollo, erróneo en su realización" con lo que nosotros no hemos descubierto nada "nuevo", simplemente que la historia registra muchas opiniones similares a la nuestra, pero la posición contraria ha prevalecido y hoy resulta extraño a la gente que se le hable de la superfluidad del impuesto, y más chocante les parece que se proponga su eliminación lisa y llana, y su reemplazo por un sistema de pagos voluntarios y donaciones para mantener un gobierno si es que la comunidad lo reputa necesario.

Hay una suerte de servidumbre mental que facilita que la gente sea fiscalizada, y lo más triste de todo, que vea como "natural" que el Gran Hermano Estatal vigile primero sus bienes y más tarde toda su vida. El estatismo no sólo está arraigado en los que ansían el poder sino -y quizás más aun- en quienes viven y medran a su sombra. Y esto tanto en las épocas a las que se refiere el autor como en pleno siglo XXI.

"La resistencia al impuesto no cejó y en 1802 se logró, después de empeñosos esfuerzos, la supresión. Al año siguiente vuelve a plantearse en el Parlamento, aunque con otras proporciones y con carácter meramente transitorio. El ministro Addington dijo, al fundamentarlo: "Deseo que se comprenda bien que considero este impuesto solamente como aplicable a la guerra, y entiendo proponerlo con la condición de que se le suprima seis meses después de restablecida la paz". Se consideró como "una contribución sobre las ganancias provenientes de capitales profesionales, oficios y funciones", lo que ha hecho decir que en realidad se trata del primer impuesto a la renta. En 1805, siempre bajo la imposición de las circunstancias se elevó la cuota proporcional del 5 % se elevó al 6 y 8 %; el impuesto subsistió hasta el año 1816 y fue nuevamente suprimido."[2]

Se infiere del texto de la cita que el impuesto que se derogó se había establecido con carácter de permanente, lo que justifica -aún más- las resistencias que -se narra- había despertado. Existía -por lo menos en aquella época- una conciencia más clara de lo dañoso del impuesto en general al parecer que la que existe ahora.

Es sintomático que al proponerse un nuevo impuesto los gobiernos recurrentemente aludan a dudosas "circunstancias excepcionales" y en segundo lugar a la transitoriedad del mismo.

En la cita de arriba se nos dice que el "nuevo" impuesto al que se alude se impuso en el año 1803 y que el ministro proponente pidió que se lo suprima seis meses después de lograda la paz. Llama la atención que aquí se diga que "se trata del primer impuesto a la renta" cuando en el párrafo anterior se había dicho lo mismo del impuesto propuesto por Pitt. Quizás alude a que el anterior impuesto lo era sobre las rentas territoriales y este otro sobre "las ganancias provenientes de capitales profesionales, oficios y funciones".

Ahora bien, yendo al fondo de la cuestión: las guerras, en general, son creaciones gubernamentales a las que el pueblo resulta ajeno, y esto vale tanto para el pais invadido como para el invasor: quienes promueven las guerras son los gobiernos. Pero el costo de las guerras se carga sobre las espaldas de los pueblos cuyos gobiernos están envueltos en la contienda por decisión -repitamos- exclusivamente gubernamental. Si algún gobernante quiere hacer una guerra debería financiarla con sus propios recursos y no con los de sus gobernados. En tal caso, si el gobierno del pais "A" declara la guerra al país "B", la situación justificaría una rebelión fiscal por parte de los ciudadanos del pais "A", ya que la decisión de agredir a otro país vecino provino de sus gobernantes y no de sus ciudadanos. Si fuera así, el gobierno agresor no contaría con fondos para la aventura bélica, y no habría guerra alguna, y si la rebelión fiscal se prolonga ese gobierno agresor caería.


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

El mérito y la generalidad del impuesto

 Por Gabriel Boragina ©

"El mayor mérito de este tipo de impuesto es haber logrado el principio de la generalidad, lo cual no ocurre con los otros impuestos. ¿Quiénes resultan los sujetos de esta clase de imposición? Los jefes de familia, los que gozan de rentas propias y todas las entidades de carácter jurídico gocen o no de personería legal. Entre estas últimas cabe englobar a todas las corporaciones organizadas bajo la forma de sociedades por acciones o anónimas, las empresas comerciales que se establezcan de acuerdo a cualquiera de los sistemas que reconoce el Código de comercio: sociedades colectivas, cooperativas, de capital e industria, en participación, etcétera. Debe establecerse que, en este rubro, como en cualquier otro tipo de imposición no se debe afirmar nada en forma absoluta, como lo hacen los partidarios del "impuesto único" sobre el capital; a su vez, los que admiten en forma absoluta el impuesto a la renta, rechazan categóricamente el otro. Wagner, preconizador entusiasta del segundo impuesto, no desconoce la importancia del impuesto sobre el capital. Por eso se limita a sostener, juiciosamente, que el de la renta es fuente "normal" y "principal", pero no única."[1]

No sabemos de qué se ufana el autor. Cuanto más general es el impuesto significa que sus efectos dañinos se expanden de la misma manera. Y esos efectos dañosos ya los hemos probado y comprobado. Si los impuestos generan pobreza -como hemos mostrado- un impuesto generalizado lo que hace es generalizar esa pobreza. Pero claro, desde el punto de vista del fisco va de suyo que un impuesto general implica mayor recaudación lo que naturalmente el fisco busca, quiere y lo beneficia a él, no a la gente. Mientras se generaliza la pobreza del pueblo, también se generaliza la riqueza del gobierno. Y desde este ángulo de visión es una buena noticia para la burocracia en su conjunto y muy mala para los gobernados "contribuyentes".

El mérito de un impuesto no es ser general sino ser de bajo impacto para la economía doméstica del expoliado, dejando de lado que el mérito supremo de un impuesto es que no exista impuesto alguno.

Pero esa generalidad ya existía como también hemos dejado en claro en todas estas notas. Sucede que el autor es un jurista y habla desde lo jurídico y nosotros lo hacemos desde la economía y fundamentalmente desde lo praxeológico. Simplemente el jurista ignora en este punto la distinción dentro el expoliado de hecho y de derecho y esto se da con cualquier tipo de impuestos sea sobre la renta o sobre los capitales, temas a los que hemos aludido antes.

Repitámoslo una vez más: aunque un impuesto afecte de iure a unas pocas personas (contribuyentes de derecho) ese mismo impuesto perjudicará a un número mucho más amplio de personas (contribuyentes de hecho). Sean rentas o capitales gravados siempre fue, es y será así en la medida que se mantenga el elemento coactivo del impuesto. El secreto consiste en entender cómo funciona la ley de oferta y demanda y de qué manera el impuesto altera su correcto mecanismo.

Todos, desde el multimillonario más empinado en la escala económica hasta el mendigo que pide limosna en la calle pagarán ese impuesto. Ninguno podrá eludirlo por muchas leyes que se dicten que digan lo contrario.

Pero nuestro autor sigue preocupado en efectuar calificaciones y clasificaciones, agrupar a los expoliados en categorías, grupos, etc. eludiendo el fondo del asunto y evitando a toda costa entrar en el mismo.

Dice el autor que en materia de impuestos "no se debe afirmar nada en forma absoluta". Naturalmente el autor es un estatista, y a los estatistas no les conviene que se cierre la discusión sobre la positividad o negatividad del impuesto, de este, o de aquel otro, o de todos, porque de esa manera el estatista desea dejar abierta la posibilidad de multiplicar impuestos o crear novedosos. En cambio, sí se demuestra -como lo hemos hecho nosotros y otros antes que nosotros- que el impuesto es un robo, allí quedaría cerrado el debate, cosa que el estatista fiscal no puede permitir, porque quedaría cercenada la posibilidad de sumar impuestos tras impuestos según sus conveniencias.

Sobre la referencia a Wagner (preferido del autor citado por la cantidad de veces que lo menciona) poniendo de ejemplo de una persona que no descarta ningún impuesto a priori, sus falacias ya las hemos refutado antes. Wagner cree que el impuesto a la renta no afecta al capital, y ya hemos demostrado con ejemplos numéricos incluso que su idea es falsa.

"Sintetizando los puntos de vista sobre las ventajas del impuesto sobre la renta, pueden destacarse las siguientes: a) La generalidad con que alcanza a todos los patrimonios, b) La equidad con que se hace proporcional a las diversas condiciones económicas, c) Su elasticidad, d) Su repercusión sobre las riquezas disponibles, sobre las destinadas a gastos y consumas, sin afectar a los capitales."[2]

Todos los puntos ya los hemos refutado, son todos falsos. El problema es constante: el jurista ignora economía y cree que toda realidad parte de la ley jurídica y no de la ley económica. Si se le puede decir "ventaja" la única que podría tener es la de ser menos pernicioso que el impuesto sobre el capital, pero sólo en el sentido que perturba menos al capital que un impuesto directo sobre este. Pero si eso es una "ventaja" realmente no hemos entendido "que es" una "ventaja".

La "generalidad" no es una ventaja, es una desgracia, porque que muchos sean más pobres que pocos no pueden llamarse "ventaja", sería una broma de mal gusto hacerlo.

Además, que quite todo o parte del fruto del trabajo de otra persona sin su consentimiento no es equitativo. Ya nos hemos explayado también sobre este punto. Y también sorprende que se considere "ventaja" que el impuesto reduce el consumo. Cualquier escolar sabe que lo ventajoso es aumentar el consumo no reducirlo y menos por la vía fiscal.



[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

 

El impuesto a la renta consume capital

 Por Gabriel Boragina ©

"La doctrina y la legislación en general, reconocen la siguiente clasificación de las rentas: a) Rentas temporarias; b) Rentas permanentes. Otra división las distingue en a) Rentas ganadas; b) Rentas no ganadas o perezosas y, por fin, c) Rentas espontáneas y d) Rentas fijas. Todavía hay quien introduce una cuarta clasificación, en a) Rentas precarias y b) Rentas seguras. Aquí surge la pregunta de cómo determinar las rentas, habiendo la doctrina coincidido en afirmar que esta determinación puede practicarse, a los fines de la imposición, de tres maneras diferentes: mediante la declaración jurada del contribuyente, por investigaciones directas del Estado y por la compulsa de indicios."[1]

Tal como se advierte, el fisco no ha dejado ninguna renta sin clasificar en su voracidad de poder captarlas todas. Nunca tiene límites como lo ha demostrado a lo largo de la historia. Pero bueno, más allá de las categorías y clasificaciones (que podrán quizás tener interés académico o jurídico) lo que nos interesa a nosotros son los efectos económicos de los impuestos.

Sea como se pretenda, clasificar la renta y lo que se quiera entender por ella, lo cierto es que gravarla lejos está de no afectar al capital que le ha dado origen como se procura hacer creer por parte de los tributaristas que reputan que gravando la renta no se conmueve al capital. Sucede que ese tipo de personas tienen una visión estática, no sólo del capital sino de la economía en su conjunto, y por ello son tan apasionados por fundar clasificaciones que las toman como una especie de "fotografía" a la cual intentan "darle vida".

Pero la economía no es una foto sino una película en movimiento constante. Y lo mismo el capital y la renta.

El concepto de capital es dinámico, no estático e impactar sobre la renta -de cualquier modo- perjudica al capital futuro, porque la reproducción de este depende de la porción de la renta que se destina para su formación. Los tributaristas que estamos aquí estudiando entienden -por el contrario- que el capital se regenera a si mismo periódicamente y que, por lo tanto, su constante crecimiento y existencia estarían "asegurados". Marx participaba de esta creencia. En sus fantasías, profesaba que misteriosas "fuerzas materiales de producción" -a las que les daba categoría histórica- formarían permanentemente al capital, con lo cual este estaba "consolidado" en cuanto a su existencia e incremento. La cuestión -pensaba- residía en manos de quién debería estar ese capital, si de la burguesía o del proletariado, decidiéndose arbitrariamente por este último.

El más negativamente perturbado por el impuesto es el capital intelectual por la sensación de desazón que siente el autor de una idea brillante sobre algo que el mercado está demandando al materializar su idea, llevarla a la práctica invirtiendo sobre ella, con gran esfuerzo, pero a la vez con entusiasmo, tiempo y dinero y -finalmente- comprobar que el fisco voraz clava sus garras sobre el producto de su inteligencia. Al capitalista intelectual le invade una sensación de desánimo y frustración que desestimula el poder creativo de su mente. Pero, naturalmente, al burócrata fiscal voraz le tiene sin cuidado el tema, y eso cuando lo comprende, porque -en la mayoría de los casos- el burócrata fiscal voraz desconoce lo que es el capital intelectual, y que resulta la verdadera base imponible.

En suma, concluye su párrafo el fiscalista diciendo que, o el expoliado colabora mediante su declaración jurada o será víctima de investigaciones detectivescas para que el Leviatán averigüe en detalle cuál es su patrimonio, y poder saber así cuanto podrá sustraerle al trabajador.

Un simple ejemplo numérico de como atacar a la renta es agredir al capital nos aclarará definitivamente el tema.

Supongamos esta situación:

MOMENTO

CAPITAL

RENTA

REINVERSIÓN

M1

$1.000,00

$1.000,00

$1.000,00

M2

$2.000,00

300

300

M3

$2.300,00

90

90

M4

$2.090,00

27

27

M5

$2.027,00

8,1

8,1

M6

$2.008,10

2,43

2,43

M7

$2.002,43

0,729

0,729

M8

$2.000,73

0,2187

0,2187

 Conjeturemos un capitalista que reinvierte toda su renta. Es decir, no consume nada de ella, porque sus otros costos los cubre con ahorros previos o con reservas destinadas al consumo. O sea, está en condiciones de reinvertir el 100% de su renta.

Es lo que hace en M1 (libre de impuestos) con lo cual su nuevo capital en M2 será de $ 2000.- Pero en ese mismo momento el fisco le aplica un impuesto sobre la renta del 30 %.

La renta para reinvertir en M3 debería ser de $ 300.- (ya que el fisco calcula el impuesto sobre la renta de M1 que fue de $ 1000.-). Pero como la renta de M2 fue de $ 300.- el fisco aplica sobre ese importe el impuesto del 30 %, lo que arroja una nueva renta de $ 90.- para M3, con lo cual, al contribuyente le queda para reinvertir de esa renta $ 90.- (recordemos que el capitalista siempre reinvierte el 100 % de su renta).

El mecanismo se repite mes tras mes, o año tras año según como se liquide el impuesto en ese pais.

Y acá viene algo muy importante: el ejemplo muestra el caso más benigno, es decir, no hay un impuesto directo sobre el capital sino sobre la renta exclusivamente, y -además- suponemos en el impuesto una tasa proporcional, no progresiva. Vale decir, el caso menos dañoso para el ciudadano.

Sin embargo, al contrario de lo que sostienen la mayoría de los tributaristas, no sólo la renta se va reduciendo, sino que también el capital, con lo cual queda demostrado que un impuesto proporcional sobre solamente la renta, no sólo consume la renta, sino que también consume capital.

Si continuamos con la progresión dada en el ejemplo, el capital -al tiempo- volverá a ser de $ 1000.- Y si el fisco insiste en su tarea expoliatoria (como siempre lo hace) el capital y su renta continuarán reduciéndose, hasta desaparecer.

Con esto, quedan destruidos todos los pseudoargumentos de los autores citados en el curso de estas notas.


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

Superposición, utilidades e impuesto justo

 Por Gabriel Boragina ©

"3. La renta como fuente de imposición. Esta forma de obtener recursos, aunque ha podido ser objeto de discusión doctrinaria, se ha universalizado de tal modo que toda controversia resulta obvia. El problema se ha desplazado desde el punto de origen, de si conviene o no imponer la renta, hasta las diversas formas y proporciones que debe alcanzar tal imposición. Otro aspecto de la polémica suscitada entre los autores y estadistas radica en las cuestiones que se promueven por la superposición de este gravamen sobre otros que responden a otras fuentes de imposición, por ejemplo, el impuesto sobre el capital. Y debe establecerse que, si bien este tributo elimina los inconvenientes atribuibles a otras formas impositivas, no se descarta de que los argumentos de los opositores al impuesto sobre la renta, están justificados en determinadas circunstancias. Desde luego, cabe subrayar, que el concepto de renta no está claramente definido y se confunde con frecuencia, ya que existe una serie de bienes que pertenecen a las personas físicas o a las personas jurídicas y legales que si bien proporcionan beneficios materiales, resulta difícil establecer su avaluación. En primer término, debe tenerse en cuenta que la renta, como utilidad o beneficio, jamás debe llegar a destruir el capital."[1]

Arriba el autor a un punto interesante: el de la superposición de tributos "por ejemplo, el impuesto sobre el capital". Lo que le preocupa a aquel son los inconvenientes que tiene el fisco en cobrar el tributo, es decir, las molestias que le ocasiona al recaudador el hecho de que la gente trabajadora quiera defenderse de la voracidad fiscal y proteger sus patrimonios de los garfios fiscales. Basa su interés en la burocracia y sus corifeos y desprecia la violación de la que es objeto el expoliado. Realmente el comentario que hace la cita en este apartado es, desde todo punto de vista, detestable. Pero concede algo de razón (no mucha) a los que se quejan de la doble imposición.

Admite que el concepto de renta no está "claramente definido y se confunde con frecuencia" porque "resulta difícil establecer su avaluación" sobre "una serie de bienes que pertenecen a las personas físicas o a las personas jurídicas y legales", pero omite que el fisco ha inventado la forma de solventar esta nuevamente, y ha creado "mágicamente" al teoría de la renta presunta que brevemente podríamos explicar que consiste en decirse el fisco a sí mismo: "Bien, si no tengo forma de determinar la renta de ciertos bienes, me la imagino y le impongo el gravamen de todas maneras a esa cifra que estimo ha de ganar el contribuyente". Es decir, la renta -en dicho caso- queda al libre arbitrio, imaginación y capacidad de fantasía del recaudador, y sobre eso se grava, aunque -en los hechos- no exista renta alguna, o esta sea negativa.

Y finaliza su párrafo con esta declaración de ignorancia económica: "debe tenerse en cuenta que la renta, como utilidad o beneficio, jamás debe llegar a destruir el capital", cuando la renta jamás puede destruir al capital ya que es su fruto. Lo que destruye tanto al capital como a la renta y -a la larga- a toda la economía es el impuesto.

"Además, la renta se produce generalmente en periodos determinados, siéndole atribuibles las características de regularidad y periodicidad. Las leyes se refieren casi siempre, señala un autor, a la renta anual, pero del punto de vista financiero el concepto de la renta anual difiere del económico. Las leyes de impuesto hacen objeto del gravamen, no sólo a la utilidad, que se repite todos los años, sino al total de los ingresos, inclusive las entradas eventuales, porque ésta es la forma de que el impuesto resulte realmente justo y consulte la capacidad contributiva del sujeto. Es también la forma de compensar las rebajas, para llevar a la práctica los principios de la discriminación."[2]

¿A qué se refiere el autor con la palabra utilidad y como sabe que se repite todos los años? Veamos la definición del término: "utilidad. En economía se llama utilidad a la capacidad que tiene una mercancía o servicio de dar satisfacción a una necesidad. La ciencia económica hace abstracción de consideraciones éticas o morales en cuanto a definir lo que es una necesidad: se considera por tal cualquier deseo de bienes o servicios que tenga de hecho el consumidor. En un sentido más amplio utilidad es equivalente a bienestar, satisfacción, etc. Se dice que un bien o servicio tiene utilidad para alguien si esta persona prefiere poseerlo a no poseerlo. A partir de esta idea se construye la llamada función de utilidad que indica que la utilidad total de un individuo depende de los bienes que consume y de las cantidades consumidas de cada uno."[3]

La definición nos confirma, de paso, que una necesidad solo puede ser experimentada por un ser humano, nunca por el "estado". Pero sigue en pie nuestra pregunta anterior ¿Cómo cuantifica el fisco esa satisfacción? y ¿cómo sabe que ese bienestar se repite "todos los años”? Por la parte final de la definición parece que se refiere a la función de utilidad "que indica que la utilidad total de un individuo depende de los bienes que consume y de las cantidades consumidas de cada uno". Pero si es así, entonces se estaría hablando de un impuesto al consumo y no a la renta. Todo parece indicar que Goldstein tiene los conceptos bastante mezclados y confusos.

Si realmente cabria hablar de algún impuesto "justo" lo cual es difícil porque sería como querer aludir al "robo justo" (cuando -por definición- toda exacción es injusta) aquel no debería ser el que más puede quitarle a la víctima sino el que menos. Si la "capacidad contributiva" de un sujeto es de 1000.- difícilmente podría aceptarse que el impuesto "justo" a cobrarle debe ser igual a su capacidad contributiva, porque en este caso el impuesto -conforme a esta "regla"- debería ser igual a 1000.- con lo cual después del impuesto su capacidad contributiva quedará reducida a cero.

Luego ¿cómo se mide la "justicia" del impuesto? Resultará imposible llegar a un acuerdo entre ambas partes, porque, para el fisco el impuesto "justo" será aquel que más y mejor llene sus arcas, en tanto que para el expoliado será exactamente lo contrario. Y dado que los únicos que producen riquezas son los expoliados, no cabe duda que objetivamente el impuesto más justo es el que menos riqueza confisca.



[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela.

El caso Trump y la libertad de expresión y de prensa

 Por Gabriel Boragina ©

 

Los temas de coyuntura no son los que prefiero tratar (como ya sabe quién me leyó en alguna oportunidad). Pero a raíz de un debate generado en torno al candidato a la reelección a la presidencia de los Estados Unidos, Mr. Donald Trump, me parece oportuno dar mi punto de vista sobre el particular.

El razonamiento por el cual se arguye que si alguien (cualquier persona) es censurado en la libre expresión de sus ideas por un medio privado asiste derecho a este último a tal proceder en virtud de ser el titular del medio, es válido en tanto y en cuanto nos halláramos en un contexto de economía de mercado o mercado libre.

Pero ¿es igual de válido en un entorno de economía intervencionista como el actual? Concretamente las Big Tech ¿son monopolios de libre mercado, o lo son artificiales creados o favorecidos por las políticas económicas de tales o cuales gobiernos? ¿es pertinente argumentar lo primero si la respuesta a la primera pregunta fuera la segunda?

Si el mercado de las comunicaciones y de la información esta intervenido y es monopólico en función de esta intervención el primer argumento pierde fuerza, porque siguiendo el razonamiento de F. Bastiat lo que se ve es el monopolio artificial y lo que no se ve son todas las empresas o emprendimientos de telecomunicaciones (y etc.) que hubieran surgido si el monopolio u oligopolio artificial (legal) no existiera. No interesa si el monopolio artificial actual es originario o derivado. Muchas empresas empiezan siendo pequeñas y no monopólicas, y en cuanto adquieren un tamaño considerable piden al gobierno alguna exclusividad en uno, muchos o todos los productos que genera, y -a menudo- obtiene ese monopolio, lo que implica que a partir de allí otros emprendimientos similares privados no podrán llevarse a cabo ni iniciarse, y si estaban en marcha estarán condenados a desaparecer. De donde no habrá fuentes alternativas para expresar ideas diferentes a la que el monopolio artificial acepte entre sus "políticas".

De igual manera opera la legislación que impone serias restricciones a la producción de tal o cual articulo o por parte de tal o cual empresa. Implica que el gobierno está decidiendo que lo que no hace A lo hará B. No porque A no pueda hacerlo sino porque el gobierno no quiere que lo haga, y para que no queden dudas de ello, por encima lo prohíbe legalmente.

¿Existe alguna razón que impida que en el mundo de las ideas los gobiernos y sus leyes intervengan de la misma manera?

Descartando que la economía estadounidense sea una de libre mercado (aunque tampoco lo es socialista, claro) no veo motivos para excluir a las empresas periodísticas y a las Big Tech del razonamiento anterior. Por eso, creo que no se puede admitir afirmar ni proponer "soluciones" de libre mercado a la censura que ciertos medios en apariencia "privados" (en rigor, monopolios artíficamente privados) imponen a determinadas personas en detrimento de otras. En el caso, si se alega que en el pais X no existe la censura previa, y -por contrapartida- un monopolio de esta índole (semiprivado) la impone, está violando la ley que garantiza la libertad de opinión y expresión. Cualquier otra conclusión contraria implica hacer análisis fuera de la realidad de un contexto mundial de economías intervenidas gubernamentalmente.

Pretender que el censurado abra su propio medio de difusión en un pais donde existen leyes "de medios" que -en rigor- pretextando "regular" la actividad periodística lo que hacen es practicar la censura previa imponiendo condiciones restrictivas, irrazonables y hasta absurdas a la inauguración de canales de TV emisoras de radio, periódicos o sitios web, es del todo fuera de foco y alejado del núcleo de la discusión.

No interesa "quien" es el personaje censurado. Este análisis que hago prescinde de la calidad, investidura o títulos que, revista el sujeto, ni las simpatías o antipatías, odios, pasiones o adhesiones que genere en otras personas.

El monopolio artificial o legal privilegia la propiedad privada de ciertos medios (monopolizados) en perjuicio de la de otros que no se verán ni siquiera surgir en algunos casos, en virtud precisamente de la existencia de los medios predilectos estatalmente. Recordemos nuevamente a Bastiat (lo que se ve y lo que no se ve). Tampoco es necesario que el medio llegue a ser un gran monopolio, ya que quien recibe un subsidio está absorbiendo fondos que se quitaron a otros. Lo que se toma como un estímulo para que forme un monopolio artificial.

Otra manera de subsidiar a un medio periodístico o una red social es a través de exenciones fiscales. Quien goza de una exención fiscal está en una situación de prerrogativa respecto de demás competidores que, al no gozar de dicha prebenda "corren la carrera" en franca desventaja. Por ello, hablar de un periodismo "independiente" tiene sentido -como dijimos al principio- en un contexto de mercado libre, pero -nuevamente- no parece que sea el escenario actual, ni siquiera en los Estados Unidos. Las exenciones fiscales como modo de subsidiar empresas son promonopolio.

A través de estas exenciones lo que antes de ellas era un medio privado periodístico de cierta envergadura puede convertirse después de ella en un valioso agente de propaganda gubernamental a cambio de la exención y en la extensión de esta.

A esta altura, todos sabemos que los gobiernos no necesitan canales ni radios oficiales (aunque de todos modos no renuncian a poseerlos) para transmitir su ideología y propaganda, ya que echan mano a vías más sutiles y eficaces, como las tristemente célebres pautas publicitarias que ofrecen a canales de TV, emisoras de radio, diarios (supuestamente "privados") y -con toda seguridad- a las masivas redes sociales que se han insertado como un medio más de comunicación, y que cuentan con millones de usuarios más que otros medios periodísticos de menor tamaño. La pauta publicitaria es una competencia desleal del estado-gobierno contra demás auspiciantes privados, ya que el costo de la pauta estatal sale de impuestos que pagan incluso sus competidores auspiciantes.

Estas pautas publicitarias son jugosas y tentadoras para cualquier medio periodístico o red cibernética, tanto que hace sumamente difícil rechazarlas, ya que además de privar al medio periodístico de apetitosos fondos, lo hace correr el riesgo de represalias o boicots gubernamentales de diverso grado.

Todo esto excede al candidato Juan o Pedro, ya que son estructuras legales armadas hace décadas y que forman parte del sistema económico político de cualquier nación de hoy en día.

En todo caso, la sumatoria de los factores antedichos, y otros no mencionados por razones de espacio, nos permiten concluir en un análisis realista por el cual, lejos de gozar de un periodismo o prensa "independiente" lo que tenemos hoy en mayor o menor medida es un periodismo político y económico oficialista u opositor concentrado y repartido entre los grandes medios. La única información realmente "independiente" de estos enormes conglomerados podría hallarse, quizás, en las secciones de deportes, espectáculos y modas, y esto con dudas y hasta cierto punto.

El verdadero periodismo independiente esta atomizado en miles de medios pequeños y, en la mayoría de los casos, muy chicos a nivel local, con un alcance y una envergadura muy reducida, casi a la insignificancia. Dado un contexto de economía monopolística de diseño artificial/gubernamental, estos órganos de prensa independiente carecen de posibilidad alguna de crecer, a excepción de que renuncien a su independencia y cedan a ingresar en el mercado de las pautas publicitarias estatales.

Progresividad, exenciones y desigualdad

 Por Gabriel Boragina © 3°) La progresividad de la cuota del impuesto es gradual, limitada; 4°) Exime de imposición a las rentas mínimas, ...