Acerca del uso y abuso de saludos estereotipados


Por Gabriel Boragina ©

Daría la impresión que se ha extendido una moda por la cual cada vez que uno pregunta o contesta algo por un medio electrónico (chat de WhatsApp, correo electrónico, foros o redes sociales) empieza escribiendo “buenos días” o “tardes” o “noches” como si estuviera hablándole a la persona en presencia de ella o telefónicamente y no a través de un medio asincrónico como son los señalados.
Es bastante probable que quien así escribe (casi todo el mundo, en rigor) lo haga creyendo que es algo “debido” como un gesto de buena educación. Es cierto que es de buena educación saludar, pero el saludo ha de adecuarse al medio a través del cual se lo hace.
Si estoy empezando a escribir un mail, un chat de WhatsApp, o un mensaje en alguna red social, a menos que tenga la certeza y confirmación que el destinatario está en ese mismo instante en línea, es correcto -según sea la hora en que lo hago- saludarlo con un “buen día…tardes…o noches”, pero si este no es el caso (y en el 99 % de las situaciones no lo es) es -por el contrario- un gesto de soberbia y altanería presuponer que el destinatario debería estar pendiente en ese mismo momento de mi mensaje para recibirlo y leerlo (e incluso responderlo).
Normalmente, no tengo tiempo de leer todos los correos, mensajes o chats en el mismo momento o al momento siguiente en que me los envían o recibo. Y me resulta bastante ridículo si lo abro a la noche encontrarme con un mensaje en que mi remitente me saluda con un “buenos días” sin pensar que podría recién leer su mensaje por la tarde o por la noche. Inmediatamente pienso que significa que mi remitente suponía que iba a estar toda la mañana esperando su mensaje para que yo lo leyera durante ese lapso horario, sin cavilar que yo podría leerlo mucho más tarde, o incluso en días subsiguientes.
Tan ridículo y descolocado me parece lo anterior como un mensaje que comienza con un “buenos días” tener que contestarlo con un “buenas noches” como respuesta, habida cuenta que estoy respondiendo por la noche un mensaje que está encabezado con un “buenos días”. Realmente me resulta grotesco.
Es decir, (y desde un análisis psicológico) el remitente tuvo en cuenta al momento de redactarlo su contexto y no el mío. Pensó en él y no en mi al escribir su saludo inicial. Al menos, esa es la impresión que me produce una cosa así.
Por lo demás, es sobreabundante, cuando casi todos los medios informáticos señalados -incluyendo teléfonos celulares- dejan expresa constancia numérica del día hora, minuto y segundo del mensaje emitido, que el remitente “aclare” (además) el momento del día (mañana, tarde o noche) en el que está escribiendo. ¿para qué, si ya lo tengo fechado en día, hora, minutos y segundos en el mail o el chat del mensaje? ¿supone acaso el remitente que no se leer el horario que figura en el mensaje de manera predeterminada, que además “tiene” que o “debe” aclararme si está escribiendo a la mañana, a la tarde o a la noche? ¿me subestima? Es por todo esto que me resulta algo arrogante en lugar de “educado” o “formal”, contrariamente a lo que los demás opinan.
Por eso, yo cuando dirijo un mensaje de ese tipo a alguien, lo encabezo saludándolo con un simple, sencillo, simpático, enfático y cordial “¡Hola!” que es atemporal, porque parto de la base que mi destinatario no necesariamente va a (ni mucho menos “debe”) leer mi mensaje de manera instantánea y ni siquiera inmediata, y que podría hacerlo recién bastante más tarde, a varias horas transcurridas del mensaje emitido o, incluso, al día siguiente, o subsiguientes. Y si quiere saber en qué momento del día lo escribí, pues ya el sistema se lo está informando en pantalla con detalle de fecha, día, hora, minuto y segundos en que el mensaje fue enviado. Es decir, pienso en el otro y no en mí.
Entonces, un llano, afable y cordial “¡Hola!” sirve para cualquier hora del día…mañana, tarde o noche. Es un saludo respetuoso, distendido y -además- pensado en el otro, en función de los tiempos ajenos y no propios. Si se lo complementa con un “¡Hola! ¿Qué tal?” y el nombre del receptor da la señal de mayor cordialidad, a mi gusto.
Como es imposible saber en qué momento del día mi destinatario va a leer mi mensaje, lo verdaderamente considerado (y ante la posibilidad de que pueda leerlo en cualquier parte del día y no justamente en la hora que yo le escribo) es saludarlo con un sencillo y atento “Hola”, que es funcional a cualquier hora del día que fuere y es tan amable como los acartonados y gélidos “buenos días… tardes…noches” de los cuales no sólo se hace uso, sino abuso.
También es adecuado el cortés y formal saludo con el cual encabezan sus mensajes muchos latinoamericanos del norte andino o caribeño (“¡Cordial saludo!”) que es asimismo atemporal como el clásico “hola”.
Todo lo dicho -claro está- exceptuando la conversación telefónica o en persona y en tiempo sincrónico, que sí, justifica los formales “buenos días…tardes…noches”, porque mi interlocutor está ahí conmigo personalmente, o sino hablando telefónicamente, pero de modo sincrónico. Caso contrario, saludar dando precisión del tiempo en que se lo hace en un medio asincrónico, es de pedante o despistado (en el mejor de los casos).
Es posible que alguien crea que le doy demasiada importancia a algo que no la tiene, y probablemente tenga razón. En realidad, no es que le de importancia, de hecho, no dejo de contestar ni de tratar a nadie por la curiosidad de lo que aquí describo. Y tampoco es algo que me ofenda, me altere, ni mucho menos. Sólo que, en ocasiones, me llaman la atención estas modas verbales que se imponen, y quizás -puede ser- este demasiado expectante a la forma en que los demás se expresan y me tratan, pero bueno, no puedo evitarlo, y a veces me gusta comentar estas rarezas que encuentro en la gente… y eso es todo.

"Ricos y famosos"


 Por Gabriel Boragina ©

Puede decirse que la gran mayoría de las personas quieren ser conocidas por diferentes razones:
1.                        Los empresarios, vendedores y profesionales para captar clientes.
2.                        Los políticos para lo mismo, pero traducidos en votos.
3.                        Los empleados para conseguir empleo.
4.                        Los religiosos para tener a quienes predicar.
5.                        Los docentes a quienes enseñar.
6.                        Etc.
Es decir, que prácticamente todos queremos ser -más o menos- conocidos por muy disímiles razones cada uno.
Pero ¿existe gente que quiera ser conocida simplemente por el hecho de ser conocida, con independencia de lo que la gente opine de ella?
Muchas personas buscan protagonismo para hacerse ver. Es verdad. Pero siempre hay una finalidad detrás de esa búsqueda, aunque no aparezca explícita a primera vista, ni sea evidente por sí misma.
Y los famosos no siempre consiguen una excelente opinión de ellos por parte de la gente que los conoce.
La fama no es algo que otorgue la opinión pública de manera gratuita. Quien quiera ser famoso debe dar algo a cambio de su fama. Ni más ni menos que como todo en la vida.
La fama -cuando crece- genera casi en partes iguales tantos "amores" como "odios” a los famosos. No sólo se goza de fama como se suele decir, sino que también se sufre de ella.
Cuando la ecuación se desbalancea hacia el lado de los odios, la fama no es tan agradable y apetecible como suponen normalmente quienes la persiguen afanosamente.
Hitler fue un hombre "amado" por millones, lo que revela su ascenso y permanencia en el poder (de otra forma no podría ser explicado), sin embargo, ese "amor" y apoyo popular se fue transformando lentamente en odio a medida que su opresión y agresividad aumentaban. Es probable que cuando tuvo certeza de que había sido definitivamente derrotado no hubiera deseado llegar a ser tan famoso.
Otros tiranos y personajes sinestros tuvieron mejor suerte y salieron indemnes y famosos de la historia pese a sus masacres y miserias generadas (Stalin, Mao Tsé Tung, Perón, el Che Guevara, Fidel Castro, Chávez, etc.). Para sus enemigos fueron famosos por sus crímenes, para sus partidarios por sus "ideales". Para cuál de los dos bandos fueron más famosos es imposible saberlo.
Existe la creencia de que todo el mundo quiere que los demás tengan una alta opinión de ellos. Este deseo es bastante difícil de plasmar en la práctica, por no decir imposible. A veces, hasta en la propia familia hay severas desavenencias como ya advertía Jesús durante su paso terrenal por este mundo.
Pero hay otras personas para las cuales la fama está por encima de cualquier otra cosa, inclusive de sus afectos personales. Posiblemente porque se cree que la fama trae dinero con independencia del amor o del odio que se tenga por el famoso. Sin embargo, parece que aquello de que la fama trae por si misma fortuna no siempre es así si se piensa en casos como -por ejemplo- el de la Madre Teresa de Calcuta, que pese a su fama era pobre. O el ejemplo mismo de Nuestro Señor Jesucristo, a quien su fama no sólo no le reportó riqueza (que nunca la buscó) sino que le llevó a la cruz.
Algunos opinan que la fama se procura porque se considera que otorga poder al que la ostenta. Un poder que no siempre se traduce en algo monetario. Para tener poder hay primero que ser conocido. Hablamos naturalmente de poder sobre los demás, porque para tener poder sobre sí mismo basta con conocerse a uno mismo, por supuesto.
Algunos anhelan el poder para ser famosos, invirtiendo la ecuación, porque para tener poder primero uno tiene que ser conocido, y cuanto más conocido más famoso, y a mayor fama mayor poder (para bien o para mal). Poder que incluye el ser "amado" u "odiado".
Y aunque deliberadamente se busque el poder para ser famoso ese no el orden en que se lo genera, sino que primero viene la fama y después el poder. ¿Poder para qué? El poder puede quererse con diferentes finalidades. Por ejemplo, para tener dinero ¿y para qué sirve le dinero?, básicamente para comprar bienes o servicios. No olvidando que la fama no depende del que la ambiciona, sino del que la concede. No hay famoso sin alguien que lo afame. Y afamar a quien no merece ser afamado es un gravísimo error, pero muy común en nuestro tiempo. Muchos de los famosos de hoy no merecen la fama que se les otorga.
Sin embargo, esto no siempre funciona así. Muchos poderosos se esconden detrás de testaferros creando la ilusión que el poder está en estos últimos y no en quienes los contratan. Y los primeros pagan para hacer "famosos" a sus substitutos, en tanto ellos permanecen en el anonimato y conservan todo su poder. Así, muchos supuestos "ricos y famosos" sólo son famosos, y no verdaderamente "ricos". Simplemente "otros" (los verdaderos ricos) han pagado la publicidad suficiente para hacerlos pasar por ricos en lugar de ellos.
Esto no siempre tiene fines delictivos, sino que a veces se hace con fines preventivos, para no ser víctima de delitos. La riqueza ajena no sólo atrae a gente decente, sino también a delincuentes de todo tipo. Y una manera eficaz de protegerse de estos últimos es simulando que la riqueza no pertenece a su auténtico dueño, sino a un tercero que -en realidad- tiene su patrimonio en cero.
Cierta vez conocí a un hombre muy acaudalado que poseía una flotilla de los mejores coches últimos modelos de las marcas más costosas. Pero, en sus movimientos diarios usaba un desvencijado automóvil usado, muy antiguo y en mal estado, sólo para evitar llamar la atención de los ladrones y que intentaran robarle los mejores y más caros. Ningún "amigo de lo ajeno" repararía en alguien conduciendo un cascajo de cuatro ruedas.
Así también, hay ricos que esconden sus riquezas poniéndolas a nombre de personas de escasos recursos, o de sociedades que -en los papeles- son gerenciadas por indigentes.
Porque la riqueza cuando se divulga trae fama, y atrae a todo tipo de personas, tanto honestas como no. Y la riqueza genera para el rico dos tipos de reclamos por parte de la sociedad: uno, que se la done a los pobres, y otro de parte de los ladrones, que quieren tomarla para si, por el fraude o por la fuerza (igual como hace el gobierno cuando cobra impuestos). Por lo que ser "rico y famoso" no es tan buen negocio como se supone. Algunos valoran más ser ricos anónimos. Otros ser famosos, aunque no ricos.

San Pablo víctima de la mafia sindical


Por Gabriel Boragina ©

No nos estamos refiriendo -como algún lector podría pensar- a la populosa ciudad brasileña. Sino que nos referimos al apóstol con el cual se le diera su nombre. El Libro bíblico de los Hechos de los Apóstoles registra quizás uno de los casos más antiguos de lo que hoy llamaríamos la mafia sindical con sus típicos "aprietes". Veamos el pasaje al que aludimos en detalle:

Hch 19:21 Pasadas estas cosas, Pablo decidió en el espíritu ir a Jerusalén después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya estado allí, debo visitar también Roma.
Hch 19:22 Y habiendo enviado a Macedonia a dos de sus ayudantes, Timoteo y Erasto, él se quedó en Asia por algún tiempo.
Hch 19:23 Por aquel tiempo se produjo un alboroto no pequeño por motivo del Camino.
Hch 19:24 Porque cierto platero que se llamaba Demetrio, que labraba templecillos de plata de Diana y producía no pocas ganancias a los artífices,
Hch 19:25 reunió a éstos junto con los obreros de oficios semejantes, y dijo: Compañeros, sabéis que nuestra prosperidad depende de este comercio.
Hch 19:26 Y veis y oís que no sólo en Éfeso, sino en casi toda Asia, este Pablo ha persuadido a una gran cantidad de gente, y la ha apartado, diciendo que los dioses hechos con las manos no son dioses verdaderos.
Hch 19:27 Y no sólo corremos el peligro de que nuestro oficio caiga en descrédito, sino también de que el templo de la gran diosa Diana se considere sin valor, y que ella, a quien adora toda Asia y el mundo entero, sea despojada de su grandeza.
Hch 19:28 Cuando oyeron esto, se llenaron de ira, y gritaban, diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios!
Hch 19:29 Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se precipitaron en el teatro, arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, los compañeros de viaje de Pablo, que eran de Macedonia.
Hch 19:30 Cuando Pablo quiso ir a la asamblea, los discípulos no se lo permitieron.
Hch 19:31 También algunos de los asiarcas, que eran amigos de Pablo, enviaron a él y repetidamente le rogaron que no se aventurara a presentarse en el teatro.
Hch 19:32 Así que unos gritaban una cosa y otros otra, porque había confusión en la asamblea, y la mayoría no sabía por qué razón se habían reunido.
Hch 19:33 Y algunos de la multitud dedujeron que se trataba de Alejandro, puesto que los judíos lo habían empujado hacia adelante. Entonces Alejandro, haciendo señal de silencio con la mano, quería hacer su defensa ante la asamblea.
Hch 19:34 Mas cuando se dieron cuenta de que era judío, un clamor se levantó de todos ellos, gritando como por dos horas: ¡Grande es Diana de los efesios!

Si uno compara la "argumentación" de Demetrio y la de nuestros modernos líderes sindicales es difícil encontrar grandes diferencias, excepto en cuanto ya los gremios no se dedican a fabricar estatuillas de plata de templos o de dioses antiguos. Pero la mecánica del pretenso "razonamiento" de Demetrio es idéntica en el tiempo a la de los dirigentes sindicales actuales. Quizás pueda considerarse que San Pablo fue la primera víctima de la extorsión y las amenazas del sindicato más poderoso que existía en Asia de su época.
Nótese la astucia de Demetrio, que primero "arguye" sobre la pérdida de ganancias que la doctrina de Pablo estaba produciéndoles (versículo 19:25).
Subyace en el discurso de Demetrio una apelación directa al "peligro" de "la desaparición de las fuentes de trabajo" de los miembros de su oficio (versículo 19:27) lo que es un calco de las mismas demandas demagógicas a las que echan mano los sindicatos presentes. En este idéntico versículo el proto-sindicalista Demetrio hace una especie de apología que tiene un paralelo notable con las continuas coartadas de los atropellos sindicales escudados en la defensa de la "justicia social".
Demetrio -en su época- aludía a la "justicia social" de aquellos años, que estaba representada por el templo de la gran diosa Diana […] a quien adora toda Asia y el mundo entero, y proclama -como fin noble de su actuar mafioso- evitar que la diosa sea despojada de su grandeza. Diana (simbólicamente) vendría a ser algo así como el antecedente de la justicia social de hoy, es decir, la excusa perfecta para justificar cualquier abuso de quien invoque su nombre. Como vemos, los sindicalistas de todas las eras han venido manteniendo una estructura discursiva constante, invocando los emblemas de cada época para que les sirvieran de broquel santificador.
Otra analogía más con la actualidad: comienza su arenga Demetrio con la palabra Compañeros (versículo 19:25) con lo que Demetrio (hace más de 20 siglos) viene a convertirse en el precedente más remoto de Juan Domingo Perón.
Los versículos 19:32 y 33 respectivamente recuerdan las marchas sindicales de ahora en día, donde muchos de los que concurren ni siquiera saben a qué van, ni para qué, tal como testimonian los múltiples reportajes que los movileros periodísticos les hacen en plena calle. Así que hoy -como ayer los efesios del periodo de San Pablo- en las marchas y asambleas sindicales unos gritaban una cosa y otros otra, porque había confusión en la asamblea, y la mayoría no sabía por qué razón se habían reunido.
Impresionante el paralelismo del relato de San Lucas (autor del Libro de los Hechos de los Apóstoles que estamos comentando) con lo que a diario vemos en los tumultos convocados por los capitostes gremiales de nuestros días.
Finalmente, en la escena, no faltó el nacionalismo proteccionista de los revoltosos trabajadores de la orfebrería efesia, ya que…cuando se dieron cuenta de que era judío, un clamor se levantó de todos ellos, gritando como por dos horas: ¡Grande es Diana de los efesios! (Hch 19:34). No es dificultoso tampoco imaginar el cuadro, porque ese es el tiempo de duración aproximado de las aburridas peroratas sindicales en mítines, actos y asambleas también modernas.
En fin, luego de examinar este texto escrito hace más de dos mil años atrás, parece que al menos en este tema resulta -una vez más- ser cierto aquel célebre dicho "No hay nada nuevo bajo el sol".

Acerca del uso y abuso de saludos estereotipados

Por Gabriel Boragina © Daría la impresión que se ha extendido una moda por la cual cada vez que uno pregunta o contesta algo por un ...