La Escuela Austríaca de Economía


Por Gabriel Boragina ©

"La Escuela Austriaca de economía fue fundada en el año 1871 con la publicación de los Principios de economía de Carl Menger. Menger, junto con William Stanley Jevons y León Walras, desarrolló la revolución marginalista en el análisis económico. Menger dedicó sus Principios de economía a su colega alemán William Roscher, la figura principal en la Escuela Histórica Alemana de economía. La Escuela Histórica dominaba el pensamiento económico en los países de habla alemana. En su libro, Menger postuló que el análisis económico era susceptible de aplicación universal y que la unidad de análisis apropiada la constituía el ser humano y sus elecciones. Estas elecciones, sostenía Menger, están determinadas por las preferencias subjetivas individuales y por el marco en el cual estas decisiones son llevadas a cabo. La lógica de la elección, creía Menger, es el elemento esencial para el desarrollo de una teoría económica de validez universal."[1]

A pesar de la gran importancia del descubrimiento de Menger su idea no tuvo general aceptación, ni en el campo académico ni -menos aun- en el del pensamiento económico vulgar y general, ni en su tiempo ni hasta la actualidad. La Escuela Austríaca de Economía comenzó siendo (y continúa siéndolo hasta el día de hoy) una posición minoritaria en el espacio del saber económico y -por desgracia- poco conocida y menos difundida todavía.
Es cierto que su divulgación es mayor hoy día que lo fue desde su aparición hasta no hace poco, pero, con todo, sus principios y postulados no ha logrado imponerse en dichos sectores y su enseñanza sigue acotada -comparativamente en relación a las escuelas económicas restantes- a muy pocos centros académicos, prestigiosos por cierto entre los cultores de la escuela, pero ignotos para los dominantes, que continúan siendo los sucesores de aquella famosa Escuela Histórica Alemana de economía, muchos de ellos hoy devenidos en entusiastas keynesianos e intervencionistas de toda laya, que han logrado no sólo imponer su paradigma, sino mantenerlo y "renovarlo" con "nuevos" sofismas para presentar como algo "innovador" lo que tiene muy antigua raigambre. Aunque los teoremas de nuestra escuela son de una lógica irrefutable, lo contraintuitivo de la ciencia económica -como enseñó Friedrich A. von Hayek- hace que no sean evidentes por sí mismos.

"La Escuela Histórica, por el contrario, sostenía que la ciencia económica es incapaz de generar principios de validez universal y que, por tanto, la investigación científica debía estar enfocada hacia análisis minuciosos de las circunstancias históricas. La Escuela Histórica pensaba que los economistas clásicos ingleses estaban equivocados al creer que existían leyes económicas que trascendían el tiempo y las fronteras nacionales (national boundaries). La obra de Menger venía a restablecer el punto de vista clásico de la economía política, que afirmaba la existencia de leyes universales; y para su demostración apeló al análisis marginal. Los estudiantes de Roscher, especialmente Gustav Schmoller, se opusieron totalmente a la defensa que Menger hizo de la “teoría” y etiquetaron la obra de Menger –y por extensión a sus seguidores Eugen Böhm-Bawerk y Friedrich Wieser–, con el término peyorativo de “Escuela Austriaca”, debido a que la mayoría de los profesorados implicados ejercían la docencia en la Universidad de Viena. Con el paso del tiempo, el término se impuso."[2]

También es conocida con otros nombres, tales como "Escuela Marginalista" o "Escuela de Viena". No obstante, es cierto que la denominación más utilizada es la de Escuela Austríaca de Economía. El carácter peyorativo de la designación (que bien se reseña en la cita) continuó durante muchos años hasta que se perdió memoria del debate entre los seguidores de Menger y los de Roscher. Hoy en día sólo para los pocos que conocen la escuela, sus orígenes y su historia, pero son adversos a la misma, el rótulo siegue conservando su carácter peyorativo. Naturalmente, para los partidarios de la Escuela, tal estigma no existe. Cabe puntualizar que la Escuela Histórica aplica a la economía los postulados historicistas que, en el ámbito de la filosofía, alcanza su máxima expresión con el pensamiento de Hegel, del cual los historicistas alemanes han extendido al área de la economía. Resultaba, pues, ser una tendencia propia de un pensamiento que estaba en boga entre los autores alemanes.
Lo peyorativo era obvio, por cuanto la Escuela Histórica era la de mayor prestigio de la época, y no querían verse confundidos con los austriacos que, por lo visto (a su criterio) merecían un tratamiento aparte. Lo más correcto -como se pudo apreciar por el devenir de la Escuela Austríaca de Economía- era y es haberla denominado Escuela Marginalista a pesar de que Jevons y Walras fueron marginalistas, pero no adherían a la Escuela Austríaca de Economía.

"Sin embargo, desde la década del ‘30, ningún economista de la Universidad de Viena ni de ninguna otra universidad austriaca ha sido una figura relevante de la Escuela Austriaca de economía[2] Durante los años treinta y cuarenta, la Escuela Austriaca se trasladó a Inglaterra y a los Estados Unidos, y los académicos asociados con esta línea de pensamiento económico se encontraban principalmente en la London School of Economics (1931-1950), en la New York University (1944-), en Auburn University (1983-) y en la George Mason University (1981-)."[3]

Resulta de importancia aclarar los motivos fundamentales de esta emigración, y que no son del todo explícitos en la cita (como hubiera sido de desear) y consisten en que la naturaleza de las ideas de la Escuela Austríaca de Economía tenía implicancias políticas que iban en contra de las tendencias del pensamiento dominante del momento, que no eran otras que las del comunismo, el fascismo y el nazismo que se extendían de manera vertiginosa a través de todo el mapa europeo. Los autores de la Escuela no contaban, pues, con ambientes que garantizaran el clima apropiado para continuar con sus estudios e investigaciones e, incluso, podían ver amenazadas su libertad personal y sus vidas mismas en alto grado. Tal era el clima del periodo que el autor que estamos comentando omite y que hubiera sido sumamente importante poner de relieve.

[1] Peter J. Boettke. *Hacia una Robusta Antropología de la Economía**La Economía Austriaca en 10 Principios* Instituto Acton Argentina. Trad: Mario Šilar.
[2] Boettke, ibidem.
[3] Boettke, ibidem

Cristo y las riquezas (3° parte)

Por Gabriel Boragina ©

Nótese como la actitud de Zaqueo contrasta con la del joven rico, que invitado por Jesús a desprenderse de sus bienes y darlo a los pobres se puso "muy triste":
Mat 19:22 Pero al oír el joven estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes.
Mar 10:22 Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes.
Luc 18:23 Pero al oír esto, se puso muy triste, pues era sumamente rico.
No obstante, ni se negó ni se comprometió a hacerlo. Fue su actitud lo que lo que el Señor evaluó. Cristo no rechazó a ninguno de ellos, sino que ambos adoptaron posturas diferentes ante sus riquezas. Zaqueo las puso por debajo de su fe cristiana, en tanto que el joven rico por encima. Y es bastante probable (aunque no se dice en la Biblia) que el joven rico también hubiera sido un publicano, ya que estos eran muy, pero muy ricos.
"El sentido de crisis estaba ahondándose; entró en una fase aguda después de que Judea fue anexionada directamente por el Estado romano y quedó sometida a los procedimientos fiscales romanos.
Éstos en definitiva fueron mucho menos populares que lo que había previsto el partido favorable a los romanos; se ha calculado que en la Palestina del siglo I, la suma de los impuestos romanos y judíos pudo haber alcanzado hasta el 25 por ciento (no progresivo) de los ingresos, en una economía que en algunos aspectos y en ciertas áreas no estaba muy lejos del nivel de la subsistencia."[1]

En realidad, toda la economía "no estaba muy lejos del nivel de la subsistencia". Para comerciar se necesitaba ser dueño, o de tierras cultivables (que escasean en Palestina) o de ganado, cuya adquisición y crianza era muy costosa, salvo que se dispusiera de esclavos, que había que comprarlos, vestirlos y alimentarlos. Pocos eran los que podían darse esos lujos. Y luego de todos estos costos, debían pagar altos impuestos, ya que, sobre una producción escasa, un 25% representaba grandes sumas. Si el precio de venta del producto era inferior a los costos de producción el productor ya estaba incurriendo en pérdidas, y si sobre ese precio de venta debía tributar un 25%, sus pérdidas no hacían más que verse agravadas. Lo mismo sucedía si la producción total no era vendida o solo lo era en parte. Aun suponiendo una venta exitosa el productor perdía después de la aplicación del impuesto. Supongamos esta situación de un agricultor cualquiera:

PRODUCCIÓN
10
kilos
COSTO POR KILO
10
denarios
COSTO TOTAL
100
denarios
PRECIO DE VENTA
12
denarios
CANTIDAD VENDIDA
10
kilos
GANANCIA ANTES DE IMPUESTOS
120
denarios
IMPUESTOS
25%

IMPUESTOS EN DINERO
30
denarios
GANANCIA NETA FINAL
90
denarios

En el ejemplo hipotético, el agricultor logró vender toda su producción, y antes de impuestos consiguió obtener una ganancia que, después de la aplicación del impuesto y en el balance final, se transformó en una pérdida. Y ello suponiendo que efectivamente -como dice el autor citado- el impuesto solo fuera del 25%. Existen muchas razones para inferir que el impuesto real era mucho mayor si tenemos en cuenta las numerosas referencias bíblicas a las estafas que los recaudadores de impuestos (los odiados publicanos) cometían contra el pueblo.
Súmese a ello que las cosechas están expuestas a los vaivenes del clima (inundaciones y sequias según fuere el caso) y la del ganado dependía enteramente de las anteriores y las condiciones del suelo. El cuadro de miseria era el dominante.
En estas desesperantes circunstancias económicas, y dado el sistema de producción primitivo propio de la época, a Cristo no le quedaba más remedio que apelar continuamente al llamado a la caridad para con los pobres, ya que, en vista del sistema económico imperante, no había otra manera de paliar su miserable situación.
Extrapolar aquella critica economía social de tiempos tan remotos y rudimentarios hasta nuestros días para sacar de ella conclusiones morales aplicables a la era actual es un grosero error, de momento que, en el siglo XVIII aparece el capitalismo que -desde entonces hasta hoy- ha venido reduciendo la pobreza mundial de manera espectacular. De donde, creo que el capitalismo ha sido una de las más maravillosas revelaciones divinas que se haya hecho al hombre, ya que hizo de lo que comenzó siendo algo posible solo a través de la caridad, un sistema de producción y distribución de riquezas de dimensiones mayúsculas y masivo, que ha reducido la caridad a algo muy puntual y poco frecuente. Vienen a cuento las siguientes reflexiones:
"Luego de la parábola de los talentos, que es sobre buenas y malas inversiones, viene la parte sobre solidaridad e insolidaridad, donde los versos 35 y 36 dicen: “tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.” Las implicaciones son claras: la solidaridad ha de seguir a la productividad. Sin producción no hay riqueza, ¿de dónde va a salir el dinero para solidaridad?
´Por otra parte, la caridad no es la única forma de ser solidarios. Un capitalista que invierte produce muchos bienes y servicios para el mercado, y crea muchos empleos. ¿No es solidario? Después de todo, los fabricantes de ropa y calzado, ¿no visten y calzan a los desnudos? Y los productores y vendedores de alimentos ¿no dan de comer a los hambrientos? Las cadenas hoteleras, ¿no dan alojamiento a los viajeros?"[2]
Es decir: lo que permite la solidaridad es precisamente el capitalismo. De donde se deriva que sin capitalismo la solidaridad (ya sea particular o masiva) sería imposible.
Pero en tiempos de Cristo el capitalismo no existía, la explotación económica de los pobres por parte de los poderosos era moneda corriente. Ante ese cuadro de situación el Señor debió apelar insistentemente a exhortar a la caridad para los menesterosos, que eran mayorías enormes.
Los elementos de la economía en tiempo bíblicos y neotestamentarios pueden resumirse en estos puntos:
1.                        El sistema económico mundial era de suma cero.
2.                        Como derivación de la primera premisa toda economía era de subsistencia.
3.                        La pobreza entonces era la regla y la riqueza la excepción.
4.                        Los impuestos agravaban el cuadro anterior. Maxime se dice en muchas partes que era altamente excesivos.
5.                        Las deudas se pagaban con la cárcel o a la esclavitud lo que naturalmente aumentaba la pobreza en lugar de reducirla.

[1] Paul Johnson, La historia de los judíos. Ediciones B, S. A., 2010 para el sello Zeta Bolsillo. Pág. 35
[2] Alberto Mansueti. Las leyes malas (y el camino de salida). Guatemala, octubre de 2009. Pág. 121

La Escuela Austríaca de Economía

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