Organicismo y argucias tributarias

 Por Gabriel Boragina ©

La tesis organicista reaparece en esta otra errada expresión: "conjunto del cuerpo social" con lo que se ve que la necesidad de hacer pasar al gobierno por un ente corpóreo como de carne y hueso es el único recurso que tienen los estafadores estatales.

No existe "cuerpo social" alguno, de tal suerte que, los únicos que inventan e imponen impuestos son un grupo de vividores que se van turnando en el poder y se hacen llamar "el estado", y que no podrían hacerlo si no tuvieran el respaldo teórico de sujetos que se hacen llamar tratadistas y "expertos" en tributación.

En el impuesto la única "contribución" que existe es entre los burócratas para crearlos, imponerlos, cobrarlos y castigar a los que no pueden o no quieren pagarlos. No hay ninguna otra "contribución".

"El economista italiano Cossa, establece: "Impuesto es una cuota determinada y proporcionada de la riqueza de los particulares, que la autoridad del Estado, de la provincia y del municipio se reservan para proveer a una parte de los gastos públicos hechos en ventaja de la generalidad de los contribuyentes" "[1]

Esta definición adolece de los mismos defectos que las anteriores, a los que hay que agregar que la proporcionalidad no es una característica del impuesto, porque a los tributos progresivos también los burócratas y sus teóricos los consideran impuestos. En algún sentido, es más realista que las anteriores, al menos en un punto, ya que, en lugar de aludir al mítico "estado", este autor nos habla de la autoridad del "estado" tema también difuso a la luz de la teoría política, pero que -en última instancia- tiene como sujeto al gobierno, punto discutible desde la teoría de la "representación democrática" que suele sostener que la autoridad (soberanía) reside en el pueblo y este delega en el gobierno. Pero es poco probable que este sea el sentido que se le quiere dar, porque si no, deberíamos caer en el contrasentido de que el pueblo se estaría imponiendo a si mismo cargas ("reserva" dice en este caso la cita). Sin embargo, la "democracia" nos vende una falacia: no es el pueblo -como tal- el que se impone a si mismo tributos, sino que es una mayoría que lo hace sobre una minoría que supone "rica”, con lo cual se termina empobreciendo más a los pobres.

"Mirbach-Rheinfeld, definen: "Los impuestos son, desde el punto de vista jurídico, prestaciones pecuniarias a las personas públicas, que la ley impone en virtud de ciertas hipótesis determinadas, sin que haya necesidad de ningún otro tributo para dar nacimiento a la obligación""[2]

Ya vimos que no son ni prestaciones, ni contribuciones, sino que son simplemente exacciones, despojos, desfalcos. Es decir, la definición es ambigua porque califica de "prestaciones" lo que seguidamente dice "la ley impone" y decimos que agrega confusión, porque la palabra "prestación" tiene en el diccionario de Real Academia Española al menos seis acepciones diferentes, una de las cuales (tercera) corresponde al tributo. Por lo que, la palabra "prestación" puede referirse tanto a la voluntaria como a la coactiva. Pero dado que el impuesto siempre es coactivo no le cabe una palabra tan ambigua como "prestación", siendo más ajustada a su esencia y sentido la de exacción, sobre todo en la segunda acepción de esta.

"El ilustre autor italiano Flora, por su parte, expresa: "La cuota individual del costo de producción de los servicios públicos requeridos de modo indistinto e indivisible por toda la población o por grande e indeterminada parte de ella y coactivamente detraída por los entes públicos territoriales c institucionales sobre la riqueza de tocios sus miembros". A esta definición que conceptúa errónea por "limitar la aplicación del producido de los impuestos al costo de los servicios públicos —afirma Ruzzo— incorpora a su definición, un concepto que es inseparable de la doctrina contemporánea sobre impuestos, al referirse a cuota parte."[3]

En este punto es necesario reiterar algo que ya dijimos muchas veces: en el mercado todos los bienes y servicios que se ofrecen son públicos en el sentido de que se ofrecen al público. Existe una confusión terminológica entre público y estatal que habitualmente se usan como sinónimos sin serlo. Si se desea más precisión digamos que el mercado es aquel proceso por el cual la iniciativa privada produce y provee de bienes y servicios al público. Entonces esos bienes y servicios también son públicos.

El gobierno no ofrece nunca ni "servicios", ni bienes "públicos". Lo que si ofrece son bienes y servicios de los que ha despojado primero al sector privado y luego los ofrece al público como si fueran "producidos por" el gobierno. Por esta misma razón aclaramos antes que no existen capitales "públicos" o "nacionales" sino solamente capitales privados.

Si con dineros de Juan -que Pedro le ha robado a este último- se compra Pedro un coche, este no es de Pedro sino de Juan, porque la propiedad del dinero con que Pedro hizo la compra es de Juan y no de Pedro. Juan podrá exigir a Pedro el automóvil o el dinero más los intereses.

Si en lugar de Juan decimos "ciudadanos" y en lugar de Pedro decimos "el gobierno" se verá claramente la cuestión y el engaño de estos "tratadistas". Pero, en este caso, Juan no podrá ya exigir al gobierno ni la devolución del dinero con sus intereses ni el vehículo.

Que los estatistas se hayan apropiado de la palabra "público" para aludir exclusivamente al "estado" y sus supuestos "servicios" es una demostración más del creciente avance del pulpo estatal, y la labor de sus "teóricos", fructífera en la misión de lavar cerebros ingenuos.

Por lo demás, los estatistas no sólo se apropiaron de la palabra "público" sino que también se apropiaron de la producción de esos bienes y servicios que el mercado engendra y reparte entre el público. De allí que, los peores monopolios y los más dañinos sean los monopolios estatales, porque cuentan con la protección de la ley que les da existencia y sustento a la vez que excluye la competencia del sector privado en la tradicional provisión de bienes y servicios que fueron de origen privado: carreteras, transportes, correos, caminos, telefonía, electricidad, energía (y muchas cosas más) fueron creadas, inventadas o descubiertas -según su caso- por la iniciativa privada.


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

Soberanía y solidaridad fiscal

Por Gabriel Boragina ©

Podría entenderse que las definiciones de impuestos habituales que se leen en los manuales de finanzas se hayan armado para justificar los cargos de los profesores en sus universidades y rellenar así sus planes de estudio, o bien nutrir las páginas de sus libros de texto y manuales, pero con ello no se hace ningún homenaje ni a la verdad ni mucho menos a la honestidad intelectual, que es lo que por lo menos a nosotros si nos interesa.

Por caso, no es cierto que hubiera "necesidades colectivas", lo que es un mito colectivista. Las necesidades siempre son humanas y son individuales, y -por otra parte- es imposible para otro saber cuáles son las necesidades de uno. Psicológicamente, puede proyectar sus propias necesidades personales, y creer subjetivamente que los demás participan de las mismas necesidades que él. Pero esto siempre será algo que solo anida en su imaginación y que no tiene corroboración ni forma de ella alguna en la práctica. Es imposible para mi saber cuáles son las necesidades del lector, pasadas, presentes y futuras. Lo cual implica que todos esos sujetos que inventan definiciones, como las de los impuestos de los profesores de finanzas del mainstream, presumen conocer cuáles serían las necesidades de los demás o -lo que es lo mismo- que el gobierno ya las conoce, o puede conocerlas. Pero el gobierno no es más que el nombre que se le da a otras personas que carecen de omnisciencia y premonición igual que los gobernados. Y se proponen algo que saben (o deberían saberlo) que es imposible. Son tiranos en potencia (pequeños o grandes) y de poseer alguna cuota de poder la ejercerían para lograr dar cauce a sus instintos despóticos.

Resumiendo, este punto entonces, la mejor definición del impuesto es la que reconoce el elemento coactivo que faculta a unas personas llamadas burócratas para despojar impunemente ("legalmente" dirían ellos) a otras personas de sus pertenencias en la cuantía que el burócrata exija, ley mediante.

"El francés P. Leroy-Beaulieu dice: "Impuesto es la contribución exigida de cada ciudadano por su parte en los gastos del gobierno". "El impuesto —agrega—, es el precio de los servicios rendidos por el Estado y representa además, la parte que como aplicación del principio de solidaridad nacional debe soportar cada ciudadano en las cargas de toda especie y de todo origen que pesan sobre el Estado”."[1]

Se desconoce en la cita que el único sistema solidario es el del mercado, no existe otro al momento. La expresión "solidaridad nacional" es una contradictio in adjecto, porque nadie puede ser solidario con el fruto del trabajo ajeno. En consecuencia, si "A" le quita a "B" para darle a "C" so pretexto de solidaridad en realidad lo que hay ahí es un robo donde "A" y "C" son los victimarios o sujetos activos y "B" es la víctima en la medida que "C" acepte el fruto del botín, ya que sabe que lo que está recibiendo no es algo que haya producido el antes.

Si los servicios estatales no han sido demandados previamente no puede aplicarse lo dicho por el autor, porque estaría admitiendo que la ley de oferta y demanda no estaría funcionando en el caso. Si la ley de oferta y demanda no opera, o lo hace parcialmente entonces no hay precio, de donde la definición anterior cae por su propio peso. Hay precio si hay previamente oferta y demanda, pero se está diciendo que el servicio estatal se impone, ergo no se demanda, siendo así, el obligado al pago es -en realidad- un esclavo del fisco, porque tiene que pagar por algo que no ha requerido. No se fundamenta, además, el porqué de ese "deber", salvo el capricho del gobernante.

"Cauwés, por su parte, define: "Impuesto es el precio que la soberanía exige al ciudadano en virtud del principio de la solidaridad nacional para la remuneración de los servicios de interés general y el pago de las cargas resultantes de las deudas del Estado."[2]

Otro "lindo" invento. Una vez más, se recurre a hipóstasis con los términos "soberanía", "solidaridad nacional", "interés general", fórmulas vacuas para exculpar y darle visos de legalidad al latrocinio estatal.

Curioso que se diga "que la soberanía exige al ciudadano" cuando desde el derecho político se acostumbraba a decir (y se tiene aceptado) que la soberanía reside en el ciudadano. Este autor parece afirmar que hay una soberanía superior y por encima del ciudadano, que la autorizaría a exigirle a este el impuesto. No se puede sin contradecirse oponerse la soberanía al ciudadano, porque si hay un ciudadano que no tiene soberanía no podrá afirmarse -al mismo tiempo- que el "pueblo" es "soberano". Pero lo que quiere decir la cita es que esa "soberanía" no la ejerce el ciudadano sino el gobierno en quien la mayoría hace recaer la soberanía, y en función de este artilugio se pretende justificar la existencia del tributo.

Por lo demás, el gobierno no presta ningún servicio, sino que son los ciudadanos quienes lo hacen a otros, siendo que el gobierno todo lo que hace es usar el dinero de una parte de los ciudadanos para prestar servicios a la otra parte. El que -en última instancia- está prestando el servicio es el dueño del dinero, y el gobierno no lo es, siendo "un cuento chino" eso del "capital nacional" inventado por Wagner.

"H. Denis define: "Impuesto es la contribución obligatoria del individuo a las cargas que la conservación y el desenvolvimiento del conjunto del cuerpo social impusieron a las generaciones pasadas y en pago de los servicios públicos que exigen de la generación presente""[3]

"contribución obligatoria" es otra contradicción en términos. Si es obligatoria no es contribución es exacción. Recordemos la definición del término:

exacción. Del lat. exactio, -ōnis.

1. f. Acción y efecto de exigir impuestos, prestaciones, multas, deudas, etc.

2. f. Cobro injusto y violento.

(Real Academia Española © Todos los derechos reservados)

En el caso del impuesto las acepciones 1 y 2 son complementarias, o sea, no se excluyen mutuamente. La misma definición transcripta nos da cuenta de cuan errado es usar el termino "contribuyente" y hablar de "contribución". Esta es una manera por la cual los desfalcadores intentan suavizar y disimular (hasta donde es posible) su carácter de ladrones.


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

Capital y reforma social "fiscal"

 Por Gabriel Boragina ©

"En cuanto al "origen del capital", señala Wagner, este puede originarse en el trabajo o en el ahorro, o puede haberse obtenido gratuitamente sin esfuerzo alguno. En lo que respecta a estos últimos capitales, la imposición es indispensable, pues traduce un propósito fiscal con miras de reforma social.

Relacionado con el "empleo" del capital menciona que puede ser improductivo, es decir, no destinarse a la producción de nuevas riquezas, en cuyo caso debe ser gravado como si fuera una porción de la renta. Por último, referente al "empleo del producto del capital", cuando en lugar de ser destinado a gastos de consumo se destina a gastos de establecimientos, es gravable porque no destruye al capital, sino que transforma el capital "individual" en "capital nacional". Verbigracia: cuando se destina el producto de los impuestos sobre el capital a la construcción de ferrocarriles, caminos, canales, etcétera."[1]

¿De que "reforma social" habla Wagner? Bastante probablemente de la que tenía en mente él. Su propia "reforma social". Cada socialista -es muy sabido- quiere modelar la sociedad a su gusto, ningún socialista ha escapado a esta tentación. Proudhon, Sismondi, Marx, Engels, Lenin. Stalin, Pol Pot, Castro, etc. todos ellos pretendieron "reformar" la sociedad de acuerdo a sus ideas. Es decir, imponer sus opiniones por sobre la voluntad de los demás mediante la fuerza o la amenaza de aplicarla. Y este autor no es una excepción como se puede apreciar. Obviamente que la fiscalidad es el remedio infalible para que cada ingeniero social de estos pueda amoldar la sociedad a su gusto y placer. Pero ello implica violar las preferencias de todos los demás, es decir, de aquellos a quienes aspiran a dirigir. Hitler y Mussolini, también fueron "reformadores sociales", querían una sociedad aria, libre de impurezas raciales. Lenin, Stalin y sus sucesores en el poder deseaban una sociedad sin burguesía, donde sólo reinara el proletariado. No importa que proyecto tenga en mente el "reformador social", siempre necesitará de acudir a la violencia para ver su sueño plasmado en la realidad social. Y los autores que venimos comentando no son excepciones a ese espíritu totalitario.

En el mercado, cuando el capital es improductivo deja de ser capital, o bien pasa a otras manos por medio del mercado libre que lo empleará productivamente. Si se lo grava se impide la acción productiva del mercado, y una vez en posesión de los burócratas fiscales dejará definitivamente de ser capital, porque el capital -por definición- sólo puede ser privado, nunca estatal. También únicamente el mercado puede decidir y definir qué es y no es riqueza, nunca el burócrata ni el sr. Wagner.

Cuando se grava el beneficio del capital se está gravando al capital indirectamente, por lo que es falso lo que afirma Wagner. El establecimiento forma parte del capital (o Wagner no sabe cómo se conforma el capital). El capital tiene que ser lo suficientemente grande como para que dé sus frutos, el propietario pueda abastecer sus consumos y los de su familia, salarios con los cuales posibilita el consumo de sus empleados y -además- reinvertir los beneficios, para que su capital pueda seguir rindiendo esos frutos y cumpliendo con esas metas.

El impuesto que propone Wagner (y todos aquellos que celebran sus ideas) impide todo este circuito. Parece que Wagner cree que el capital "crece en los árboles”, o que "el árbol" es el capital y que el árbol no nació, ni se formó nunca, sino que siempre estuvo plantado allí. No sabe que del fruto sale la semilla y de esta nace el árbol.

Pero el árbol no siempre estuvo allí, alguien primero debió plantarlo, abonar la tierra, fertilizarla, regarla constantemente. El impuesto es al capital como la sequía y la falta de cuidado del agricultor es al árbol. Terminan destruyéndolo.

No es posible saber si dicha visión socialista es ingenua o realmente malintencionada.

"3. Definición de los impuestos. Depende del contenido que se le asigne al impuesto, del objeto que grava, de su repercusión, la definición que la doctrina le ha dado. Desde la antigua definición de Montesquieu que dice que "las rentas del Estado (comprendiendo en ellas, naturalmente, al impuesto) son las partes de sus bienes que da cada ciudadano para tener seguro el resto o gozar de él agradablemente", con lo que retrata la teoría del seguro, a la que ya nos hemos referido, hasta la novísima, como la de Eheberg que considera al impuesto como "las exacciones del Estado y demás corporaciones de derecho público que se perciben de un modo y en una cuantía unilateralmente determinada por el poder público, con el fin de satisfacer las necesidades colectivas" —hay definiciones de las más variadas y dignas de satisfacer los gustos más exigentes. Así, el español Colmeiro, expresa: "Llámase impuesto o contribución la cuotaparte de su fortuna, que el ciudadano pone en las manos del gobierno para atender a las cargas del Estado". Carreras y González, del mismo origen, establece: "Llámase contribución, pecho, talla, tributo o subsidio aquella parte del haber de los particulares que se destina directamente a satisfacer las necesidades del Estado" y Piernas y Hurtado, define: "El impuesto puede definirse: la participación que legalmente toma la sociedad en los fines del Estado" (*)."[2]

Todas estas definiciones pecan de un mismo defecto. Tratan del "estado" como un ente "real" cuando es mítico y, por consiguiente, los mitos no pueden adolecer de "necesidades"; en segundo lugar ,todas dan por sentado la "necesidad" de que unos individuos (que a sí mismos se atribuyen la condición de "estado" cuando no son más que meros burócratas) violenten la propiedad de terceros (a quienes designan como "contribuyentes") para robarles recursos que usufructuarán esos burócratas bajo la excusa de estar cumpliendo los fines del "estado" que -por lo ya visto- no puede tener "fines" ya que no es un ser real dotado de mente ni voluntad. Ellos usan la palabra "estado" para no tener que utilizar el vocablo "gobierno”, rótulo este que designa al conjunto de burócratas que mediante la potestad de dictar leyes y reglamentaciones persiguen someter al resto de son congéneres a sus dictados para satisfacer los deseos y voluntades de esos burócratas.


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

El impuesto al capital y a la renta

Por Gabriel Boragina ©

"4' Teoría: el impuesto goza de determinados fines de reforma social. Pertenece a la escuela del socialismo de Estado y su expositor más encumbrado es Adolfo Wagner. Para este tratadista, son los impuestos un instrumento fiscal y un instrumento de política social. Como instrumento fiscal tienen los impuestos la finalidad de crear el patrimonio del Estado para afrontar las cargas públicas; como instrumentos de política social deben ser aprovechados por el Estado para intervenir en la distribución de riquezas y modificarlo para hacerlo más ecuánime. Lo que esencialmente anhela el socialismo de Estado es un "justo medio", un "terreno de conciliación" entre el individualismo y el socialismo."[1]

Como se podrá apreciar, no existe -salvo algunas pequeñas diferencias semánticas- ninguna disimilitud con la teoría expuesta y criticada anteriormente (es decir la 3° teoría, que hemos llamado marxismo fiscal). Reformar o transformar el régimen económico es exactamente lo mismo a reformar o transformar el régimen social, no existe ninguna desemejanza entre uno y otro, por la sencilla razón de que la economía es una ciencia social. No hay una economía animal, vegetal o mineral, la economía siempre es una ciencia social. Separar economía de sociedad es un error tan absurdo como frecuente, tal -por ejemplo- lo hacen los autores en estudio. Y los socialistas son los más entusiastas partidarios de este yerro. Creen que la economía es una especie de "fenómeno extraño" a la sociedad que, quizás, imaginen viene impuesto por seres sobrenaturales o extraterrestres, porque hablan de una y otra como si fueran cosas desiguales y -particularmente- de la economía como si se tratara de un cuerpo extraño dentro de la sociedad.

Digamos también (como ya lo hubiéramos aclarado en otras partes) que el "socialismo de estado" no tiene -en lo sustancial- ninguna disparidad con el socialismo sin calificativos. Todas las variantes del socialismo persiguen el mismo objetivo: abolir la propiedad privada, y sus discrepancias son nada más que de estilo y metodología. El socialismo marxista -que es el paradigma del socialismo- proponía un método de implementación por las vías violentas. Los restantes socialismos propician rutas más "moderadas" o sutiles, pero todos los socialismos apuntan siempre al mismo fin: a la abolición completa de la propiedad privada.

Sin duda que, como ya dijimos, el impuesto cumple un rol clave en los socialismos "moderados"; es la forma más tenue e inadvertida de derogar, gradual y paulatinamente, toda propiedad, e implantar el socialismo completo. Por eso los socialistas actuales la prefieren a cualquier otra clase de revolución violenta. Es el mecanismo más "indoloro" para expoliar a la gente.

Luego, sobre la falacia acerca de la existencia de "algo" llamado "estado" y sus supuestas "necesidades" como ente orgánico vivo, con voluntad e inteligencia propia con independencia de los individuos que lo componen, ya hemos dicho suficiente en los párrafos precedentes. Nada de eso existe.

Recordemos también que el "estado" no puede distribuir riqueza, sólo puede redistribuirla, ya que la distribución de la misma se hace (y sólo puede hacerse) a través del mercado.

"Wagner es, en esta tendencia, una fuente de sugestiones vasta y compacta. Considera la renta como fuente normal y principal del impuesto, aunque no desecha del todo los impuestos sobre el capital. En efecto, admite este tratadista que los impuestos sobre el capital establecido de una manera permanente terminarían por perturbar la producción, reducir los salarios y arruinar las industrias. Pero, ello, no obstante, debe tenerse en cuenta: a) Hay casos en los que está justificada la gravación del capital; b) Que no debe identificarse, como suele hacerse, la imposición sobre el capital "nacional", con la imposición sobre el capital "individual*. Según este autor, para saber en qué casos se puede y debe acudir al capital individual como fuente de impuestos, es preciso considerar: el "origen" del capital; el "empleo" del capital, y el "empleo del producto del impuesto sobre el capital"."[2]

Nada de lo que Wagner diga tiene antagonismo alguno con lo que han predicado -salvo matices más o menos fuertes- todos los socialistas del pasado y del presente.

Padece de los mismos errores que -del lado opuesto- sufrían los autores clásicos cuando se inquietaban por encontrar una explicación plausible a la fuente de la renta y no la hallaron, creyendo -en suma- que era una suerte de composición entre el trabajo y "otra cosa" que no dieron en la tecla en descubrir. Quedó, pues, diseminada la falsedad que la renta era una suerte de entelequia, cuya existencia no podía darse con prescindencia del trabajo.

Naturalmente, la renta no es "fuente" del impuesto, lo cual es una aberración conceptual, sino que es objeto de rapiña por parte del impuesto. Sea que el impuesto se cobre sobre el capital o sobre la renta sus efectos destructivos son análogos en un caso o en el otro. En su proporción, el impuesto no deja piedra sobre piedra en rentas, capitales y todo bien o servicio que resulte gravado, con independencia de los rótulos y calificativos que se le quieran dar. El impuesto siempre es demoledor, nunca constructivo. No interesa si el impuesto es "permanente o transitorio"; la perturbación que Wagner admite para un impuesto permanente es la misma que la de un impuesto transitorio. La única distinción es que, en un caso la perturbación es permanente y en el otro es transitoria. Por lo demás, los impuestos al capital -una vez adoptados y legislados- difícilmente sean derogados posteriormente. En Argentina -por ejemplo- el impuesto a las ganancias fue instituido en el año 1935. En la ley de creación, se hacía énfasis en la transitoriedad del impuesto, lo que nunca sucedió posteriormente hasta la fecha en que estas líneas se escriben.

En ningún caso se justifica la gravación del capital, y menos aún existen pretendidos contrastes entre capital nacional e individual. El capital sólo puede ser individual, porque únicamente los individuos (solos o asociados entre sí) lo pueden crear. El origen de todo capital siempre es individual, porque en el mundo natural y social los únicos que existen son los individuos.


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

Organicismo y argucias tributarias

 Por Gabriel Boragina © La tesis organicista reaparece en esta otra errada expresión: "conjunto del cuerpo social" con lo que s...