Accion Humana

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Revista Digital

El estatismo avanza

Por Gabriel Boragina ©

 

Lejos del paraíso libertario que continuamente trata de instalar en la ciudadanía el relato oficial de LLA[1], la realidad es que lo único que avanza en la Argentina es el estatismo y no la libertad incesantemente propagandeada. 

Los mercados siguen tan intervenidos como siempre. Las reparticiones estatales rebosan de trámites burocráticos para cuestiones que en un mercado libre serian sencillas y expeditivas. La diferencia consiste -y no por obra de este gobierno- en que la burocracia se ha informatizado, es decir, se ha traslado a los teléfonos celulares y computadoras con lo único que se ha ahorrado son gastos de transportes y desplazamientos físicos, pero lo que se ha ganado en este terreno se ha perdido en fallas de apps, actualizaciones de soft constantes con pérdidas de datos, registros web inacabables o repetitivos, generación de cientos de claves y validaciones que caducan en pocas horas o minutos (incluso segundos) y deben volver a crearse, y nuevas dificultades nacidas de la tecnología (en rigor del mal uso de ella) que, en los hechos, significa un simple traslado de la burocracia tradicional (de siempre) de lo presencial a lo digital. Agravado porque nos han obligado a tratar en la mayoría de los casos con bots, que pese a la IA la generalidad de las veces no entienden el lenguaje humano, no pueden interpretarlo o lo hacen confusa o erróneamente. Todo lo cual genera una pérdida de tiempo adicional equivalente (o en algunos casos mayor) al que otrora debía invertirse en una oficina publica a la espera de que algún empleado nos atendiera. Es muy argentino aquello de que, tratando de hacer las cosas más fáciles, terminamos haciéndolas más difíciles de lo que eran o deberían haber sido. 

Siempre cito el ejemplo paradigmático de que en lugar de abreviar nuestro lenguaje, lo ampliamos de manera redundante e innecesaria. Y el ejemplo que acostumbro a dar es el de la Capital Federal que antes denominábamos con dos palabras, las dichas, o simplemente ''Buenos Aires'', para complicarlo con la ampulosa e inexacta expresión actual de ''Ciudad Autónoma de Buenos Aires'', que además de una complicación y extensión inútil es -como dije- errónea, porque constitucionalmente Buenos Aires no es una ciudad autónoma, sino que la Constitución Argentina es clara cuando expresa que lo ''autónomo'' no es la ciudad, sino su gobierno. Donde lo correcto sería denominar gobierno autónomo de la ciudad de Buenos Aires (GADEBA) y seguir llamando a la ciudad como siempre lo hicimos ''Buenos Aires'', o simplemente Capital Federal, que es lo políticamente correcto y sabiendo todos de que es de lo que estamos hablando. 

Lo más sintomático del estatismo es su ramificación e invasión de ámbitos y sectores que otrora estaban reservados a lo privado. El fruto es lo que se ha denominado una burocracia privada. Todo lo cual en lo económico deriva en un evidente aumento de costos y reducción de beneficios.

Pero el síntoma preocupante, a mi modo de ver, es la naturalización por parte de la población de esta invasión silenciosa de la burocracia tecnológica en perímetros tradicionalmente privados, infiltración que incluso resulta violatoria del derecho a la intimidad consagrado en nuestra legislación, pero, en los hechos, superado por este fenómeno de tecnología burocrática.

Es grave que en espacios teóricamente ‘’privados’’ para abrir una cuenta bancaria, pedir un crédito privado, o realizar la compraventa de un automóvil o inmueble o, incluso, de bienes menores, se considere natural que el vendedor o prestador del servicio exija al adquirente exhibir o demostrar sus declaraciones jurídica fiscales o ingresos tributarios como condicionante al acuerdo de la operación. ¡como si estar al día con el fisco fuera garantía de solvencia!

Incluso prácticas que antes estaban reservadas a tramitaciones en la esfera estatal como la presentación o exhibición de documentos de identidad hoy en día se ha generalizado hasta tal extremo que no está lejos el día que para comprar un simple paquete de caramelos en un kiosco urbano el vendedor del quiosco exija al comprador la exhibición de su DNI. Aunque esto ahora pueda sonar como una exageración, la amplificación de esta práctica (otrora limitada a requisito de oficinas publicas) a contrataciones privadas de bienes y servicios incluso de poca monta, a mí en lo personal, me resuelta preocupante.

Pero lo peor, insisto, es la sumisa aceptación mental que acompaña e impregna este proceso de burocratización privada. Algo impensable en otros tiempos no muy lejanos. 

El cuadro asemeja bastante al trazado en la distopía de George Orwell en su novela 1984.

Aclaro que siempre fui un entusiasta de la tecnología, y que de modo aficionado incursiono en ella hasta dónde puedo. Pero persistentemente me ha preocupado cuando veo apenas ella cae en manos de gente de mentalidad estatista. Y ahora me alarma el grado de estatismo mental que ha hecho arraigo en la población argentina, donde se ha hecho costumbre firmar un chat o un email consignando al pie el número de documento de identidad como si alguien lo hubiera requerido.

Vana es mi prédica a amigos, conocidos o clientes en que no exhiban suelta y generosamente sus números de documentos en mensajes que pueden filtrarse y caer en manos de los ladrones de identidad (la nueva modalidad delictiva denominada phishing, que, por cierto, existía antes de la llamada revolución cibernética, pero a la que esta le ha brindado enorme facilidad y herramientas de excelencia para difundirse).

Pero tan peligroso o más aun (como pensaba Alberdi) que el ladrón privado lo es el estatal. Ya que la situación de poder en la que este último se encuentra convierte estas herramientas creadas para aumentar el bienestar de la gente, en armas de un dominio letal difícil de imaginar.

El estatismo económico y político es un mal, pero no lo habría si no hubiera quienes mentalmente lo avalan, consienten y naturalizan en sus pequeñas prácticas cotidianas, que es donde lo habitual y periódico se extiende a áreas mayores, hasta convertirse en comportamiento público.

Lejos entonces de avanzar la libertad como nos quiere engañar el partido hoy gobernante, lo único que avanza en la cultura y costumbres argentinas es el estatismo manifestado en pequeñas expresiones cotidianas que no son más que un ejemplo a escala de lo que ocurre a nivel macro.


[1] Siglas del partido gobernante ‘’La libertad avanza’’.

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