Accion Humana

Accion Humana
Revista Digital

Un gobierno sin oposición

 Por Gabriel Boragina ©

 Contrariamente a lo que se dice, el gobierno de LLA[1] carece de una genuina oposición en el sentido político del término. Ya dejamos sentado que un gobierno constituido como tal constitucionalmente no puede tener oposición. La única oposición posible puede venir desde fuera de la Constitución de la Nación, es decir de la propia ciudadanía, ya sea por sí misma o bien mediante el uso de la prensa. Pero entre las tres ramas del gobierno (ejecutiva, legislativa y judicial) carece de sentido hablar de oposición. Si existiera, el enfrenamiento entre las ramas opuestas haría imposible gobernar. 

Pero aun si mantenemos el sentido que coloquialmente los medios periodísticos y las charlas políticas dan al término oposición, tampoco en este último sentido el actual gobierno de LLA se ve impedido en su actuar por ninguna clase de oposición. 

Hasta el momento de escribir estas líneas todas las leyes enviadas al Congreso, en lo sustancial, le han sido aprobadas. De haber tenido una genuina oposición legislativa no hubiera sido así. Pero no es el caso.

Tampoco han prosperado iniciativas de juicio político a su titular que, de existir una verdadera oposición, hubieran arreciado, ya que motivos y fundamentos para el mismo sobran. Es decir, puede que el poder ejecutivo no haya hecho todo lo que desea hacer, e incluso lo que prometió en campaña hacer, pero no pueden atribuirse esas carencias a la presencia de una férrea o tibia oposición, sino a sus propias falencias, inhabilidades e incapacidades, las que en el caso de la LLA abundan

Según el propio gobierno, existiría una supuesta oposición fuera del gobierno y localizada en la prensa (en un 95% según dichos de su mismo titular). Pero constitucionalmente el gobierno no tiene oposición. Y la supuesta atribuida por el a la prensa parece no conmover ni modificar su conducta. Además, es inocua por tratarse de una oposición meramente verbal y no institucional. 

Lo que decimos respecto a que el gobierno no tiene oposición no significa, desde luego, ni mucho menos, que las cosas las esté haciendo bien ni que tampoco la opinión pública suponga que el rumbo es el correcto ni el deseado. No oponerse no es lo mismo que aprobar o apoyar automáticamente.

El que se abstiene de actuar contra algo o alguien no siempre lo hace porque aprueba aquello que es objeto de la abstención. De la misma manera que no votar a X no significa ''votar'' o ''elegir'' a Z en una elección en la que solamente compiten X y Z. En dicho escenario, quizás mi candidato sea en realidad ''W'' que simplemente decidió no competir, y ni Z ni X lo igualan o lo superan. Esto refuta la frecuente demonización corriente contra el voto en blanco. Votar en blanco (más allá de posibles lecturas personales) simplemente es rechazar todas las opciones ofrecidas al momento, porque si se prefiriera alguna de las demás, sencillamente se votaría por ella. Si no se lo hace es porque también se la rechaza.

En general, la sociedad argentina no es una sociedad políticamente opositora o activamente opositora, excepto en la palabra. La oposición argentina no suele traspasar la barrera de lo verbal sin pasar a la acción. Puede definirse como la sociedad de la queja o la sociedad quejosa. Lo que claramente no conmueve a sus dirigentes políticos, que bien saben de la pasividad política del argentino medio que, incluso, hasta se ha acostumbrado a ver los hechos de corrupción constantes a su alrededor inmutable contemplándolos solamente como un espectáculo más incorporado al folclore sociológico criollo.

¿A qué atribuyo este espíritu indolente del argentino promedio en materia política? En gran parte a la historia del país que durante largos periodos vivió al margen de toda institucionalidad por considerarla solamente un aspecto meramente formal alejado de la cotidianidad del diario vivir.

Este fenómeno comenzó en la década del 30 y se consolidó a lo largo del siglo XX en el cotidiano existir político argentino.

La llamada democracia argentina es una democracia formal, como decir una democracia que no se vive internamente, sino que se toma como un elemento decorativo, gráficamente la democracia argentina no es nada más que una pose. No es algo que se viva individualmente. No es ni se siente como tal (democrático) sino una palabra que queda bien utilizar para representar algo que el argentino no es, pero que le gusta engañarse a sí mismo pensando que si lo es (democrático). Algo que se cree ser, sabiendo en el fondo que no se es. Queda bien creer (consigo mismo) que se es democrático, y queda mejor ufanarse de ello diciéndoselo ''a los cuatro vientos'' a los demás. Pero (como en tantas otras cosas) el decir, actuar y pensar del argentino medio va en contra de sus acciones y hechos cotidianos. Y eso se expresa, obviamente, al momento de poner el voto en la urna.

LLA[2] y sus seguidores y adictos tampoco creen en la democracia, de la que -en cambio- si se llenan la boca y se pavonean.

Pero volviendo al tema de la oposición: no la hay, y no porque el gobierno acierte, sino porque el argentino está acostumbrado a ser gobernado por lo menos malo, o lo más tolerable posible. Es otra forma de decir que se ha renunciado a la excelencia política. Es más, los comentarios demuestran que esa excelencia en materia política es imposible. Ni siquiera como ideal. Se ha perdido (si alguna vez se la concibió).

Acostumbrado a manejarse por las simples apariencias (y creer en ellas) el promedio de los argentinos cree que los encendidos discursos entre políticos o simpatizantes de partidos en el gobierno y fuera de él, son oposición. No son oposiciones. Las oposiciones meramente verbales son inefectivas. Pura retorica. De acuerdo al antiguo adagio ''Las palabras se las llevas el viento''. Esta es la única realidad.

Los gobiernos en Argentina gobiernan por resignación de los que tendrían que ser opositores cuando las conductas políticas son regulares o malas como en el caso de LLA.


[1] Siglas del partido gobernante ''La libertad avanza''

[2] Ver la nota anterior.

No hay comentarios.:

Un gobierno sin oposición

  Por Gabriel Boragina ©  Contrariamente a lo que se dice, el gobierno de LLA [1] carece de una genuina oposición en el sentido político de...

Lo más leído