Por Gabriel Boragina ©
La paradoja de un país donde nadie se considera populista, todos dicen ''condenarlo y aborrecerlo''. Pero, sin embargo, la realidad es que, desde lo cultural hasta los más ínfimos detalles de la vida de la mayoría de los argentinos el populismo brota en cada expresión, en cada acto, en cada manifestación, y en 8 o 9 de cada 10 palabras entre las conversaciones escuchadas.
El sueño de los constituyentes del siglo XIX al sancionar la Constitución Nacional de inspiración Alberdiana se fue derrumbando de a poco a medida que avanzaba el siglo siguiente.
El populismo de Europa, iniciado con los movimientos que derivaron en los partidos fascistas de Italia y el nazi de Alemania, y en América el New Deal de Roosevelt en EEUU, sumado al creciente intervencionismo mundial al que fueron arrastradas la gran mayoría de las naciones restantes no podían dejar de sentir sus efectos en el lejano país del sur que hasta entonces se creía inmune y aislado de todas aquellas malsanas influencias.
El golpe de Estado del Gral. José Félix Uriburu contra el presidente constitucional Hipólito Irigoyen en 1930 marcó el punto de partida no solamente de una nueva modalidad política sino el inicio de un nuevo modelo cultural que sobrevivió a aquel siglo y llegó hasta nuestros días, y en cual el país se continúa debatiendo hoy.
Populismo y popular no son exactamente sinónimos, y a explicarlo hemos dedicado una obra completa (¿Qué es el populismo?)[1]. La identificación entre lo populista y lo popular es precisamente una creación del populismo y es un intento deliberado con el propósito de travestir lo perverso del populismo con lo innocuo que representa lo popular.
Para demostrarlo, bastará citar la definición que nos da la Real Academia Española de ambos términos:
popular
Del lat. populāris.
adj. Perteneciente o relativo al pueblo.
adj. Que es peculiar del pueblo o procede de él. Lírica popular.
Sin.: folclórico, tradicional.
adj. Perteneciente o relativo a la parte menos favorecida del pueblo. Apl. a pers., era u. t. c. s.
adj. Que está al alcance de la gente con menos recursos económicos o con menos desarrollo cultural. Precios populares.
Sin.: económico, barato, asequible.
Ant.: caro, inasequible, prohibitivo.
adj. Que es estimado o, al menos, conocido por el público en general.
Sin.: conocido, famoso, célebre, afamado1, renombrado, nombrado, ilustre, insigne.
Ant.: impopular.
https://dle.rae.es/popular?m=form#Tfbc80Q
Como vemos, ninguna de las acepciones del término ''popular'' es sinónimo de ''populismo''.
El mismo diccionario de la RAE da una definición mucho más acotada de ''populismo'‘:
populismo
m. popularismo.
Sin.: popularismo.
m. Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares. U. m. en sent. despect.
Esta tendencia política no es patrimonio de ningún partido, ni siquiera de ninguna ideología como también lo explicamos en nuestro libro[2].
De allí que populistas puedan ser tanto socialistas, nacionalistas, fascistas, comunistas, y (de hecho) en la historia, los adherentes a estas ideologías practicaron muy a menudo el populismo.
El populismo tampoco es una escuela o movimiento económico, sino que (como la misma definición lo deja entrever) se trata de un mecanismo de captación política que busca el beneplácito y la atracción de las clases populares en la conciencia que estas constituyen la parte más numerosa de la población, lo que adquiere relevancia en aquellos países donde los gobiernos se eligen a través del voto mayoritario. Por ello, explicamos que el populismo es, por, sobre todo, una forma o manera preferida de sus adictos de llegar al poder.
No se vaya a creer que el populismo solo se halla entre los dirigentes, sino que es requisito que los dirigidos comulguen con dicha tendencia. Justamente, el populismo tiene como meta hacerle creer a esas clases populares que son ellas las que gobiernan y no sus dirigentes. Y esto es exactamente así. Sólo si el pueblo es populista puede elegir gobiernos populistas, es decir, del mismo signo.
¿Por qué el liberalismo no puede ser populista? En parte, la misma definición de la Real Academia Española que trascribimos antes nos da la respuesta. El liberalismo no cree en categorías tales como ''clases populares'' o ''castas'', sino que su visión filosófica se dirige hacia los individuos.
Además, el liberalismo no es una tendencia política, sino una filosofía que no abomina de la política. pero que no pretende atraer políticamente a nadie para concentrar poder, sino más bien enseñar a la gente en general (no a ''clases'' especificas) a ser libres y responsables. Es lo que los liberales llamamos individualismo. En otros términos: el liberalismo, lejos de concentrar poder, busca diluirlo, o difuminarlo entre todos los individuos. Si los individuos tienen más poder el gobierno tendrá menos, y esa es la meta del liberal en materia política. Y esto es justamente lo contrario a lo que pretende el populismo: la concentración del poder en pocas manos.
El populismo no abomina del poder, sino que se sirve de él. Pero para no repetir cosas que ya expusimos en nuestro libro[3] volvamos a nuestro título.
Yo creo que -en lo inmediato- no es posible una Argentina sin populismo, porque la cultura y educación argentina ya es populista y no de ahora, sino de hace muchas décadas. Las suficientes como para haber consolidado una tradición firmemente populista que impregna todo el entramado social.
Aun el único ''líder'' político de hoy que habla con suficiente convicción contra el populismo y cuyo gobierno no fue populista (me refiero al ingeniero Mauricio Macri) fue desplazado del poder precisamente por ese segundo motivo. Y presumo que fue por esa misma razón que abdicó de seguir postulándose para volver a la presidencia del país.
¿Entonces? ¿Qué le queda a la Argentina como futuro político? En el corto y mediano plazo, seguir fluctuando entre gobiernos más o menos populistas de izquierda unas veces y de derecha (como el de LLA[4]) otras, alternándose entre sí, como ha venido sucediendo desde el primer peronismo hasta la fecha.
¿Y a los liberales que les queda? En el mismo periodo estimo que seguir clamando en el desierto: es nuestro destino. Como enseñaba Hayek (y parafraseándolo): seguir predicando nuestra verdad con total independencia de la cantidad de gente que quiera escucharla.
[1] http://www.lulu.com/shop/gabriel-boragina/qu%C3%A9-es-el-populismo/paperback/product-22585961.html
[2] Ver en la nota anterior ¿Qué es el populismo?
[3] Ver la primera nota.
[4] Siglas de ''La libertad avanza'' el conglomerado populista que hoy gobierna el país.
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