Por Gabriel Boragina ©
La deshonestidad intelectual es la actitud de quien no busca sinceramente conocer, comprender o expresar la verdad, sino que utiliza el razonamiento, la información o los argumentos de manera deliberadamente parcial, manipuladora o engañosa para defender una conclusión previamente decidida.
No significa simplemente equivocarse. Una persona puede estar equivocada y ser intelectualmente honesta. La deshonestidad aparece cuando, por ejemplo, sabe —o razonablemente debería saber— que un argumento es falso, incompleto o engañoso, pero lo utiliza igualmente.
Algunos ejemplos
1. Ocultar deliberadamente información relevante
Una persona afirma:
“La medida redujo la inflación”.
Pero sabe que, aunque la inflación bajó, el poder adquisitivo cayó drásticamente. Presenta sólo el dato favorable y oculta el otro porque perjudica su argumento.
No necesariamente está diciendo una falsedad literal, pero está construyendo una imagen engañosa de la realidad.
Aplica especialmente a los que carecen de conocimientos económicos o los deforman deliberadamente, ya que si realmente la inflación bajara el poder adquisitivo aumentaría. En Argentina, la caída del poder adquisitivo responde, en realidad, a un aumento de la inflación pese a que el discurso oficial es el contrario.
2. Utilizar una doble vara
Alguien sostiene:
“Cuando mi partido aumenta el gasto público, es una inversión social. Cuando lo hace el partido contrario, es populismo y despilfarro”.
La deshonestidad consiste en aplicar criterios diferentes según quién realiza la misma conducta.
LLA[1] suele decir lo mismo, pero a la inversa, hablando de ''reducción'' del gasto cuando, en realidad, no lo reduce, sólo lo afirma.
3. Atacar una versión deformada del argumento contrario
A sostiene:
“El Estado debería reducir ciertos impuestos”.
B responde:
“A quiere eliminar completamente el Estado y dejar a los pobres abandonados”.
B no está respondiendo al argumento real de A, sino a una versión exagerada y más fácil de atacar. Es la conocida falacia del hombre de paja, que puede ser una forma de deshonestidad intelectual cuando la deformación es deliberada.
Otro caso en que LLA dice lo que no hace: habla de ''reducción'' cuando mantiene o aumenta impuestos. Por ejemplo, el aumento del impuesto a los combustibles, que los cobra, pero no los emplea para obras viales. En este caso ni A ni B expresan una verdad. Ambos mienten.
4. Cambiar de criterio cuando la evidencia contradice la propia posición
Una persona sostiene:
“Los expertos siempre tienen razón”.
Cuando los expertos contradicen su opinión, responde:
“Los expertos no saben nada; yo pienso por mí mismo”.
En realidad, no está aplicando un principio coherente. Está cambiando el criterio según el resultado que le conviene.
LLA lo aplica en ambos sentidos según le conviene la primera afirmación o la segunda.
5. Exigir pruebas imposibles al adversario
Alguien dice:
“No existe ninguna prueba de que mi teoría sea falsa”.
Cuando se le presenta una evidencia contraria, responde:
“Eso no demuestra nada”.
Pero, al mismo tiempo, exige que su adversario pruebe absolutamente todo lo que afirma.
Esto puede convertirse en una forma de razonamiento asimétrico: la propia posición recibe el beneficio de la duda, mientras que la posición contraria debe superar un nivel de prueba prácticamente imposible.
Muy usado por LLA cuando recibe críticas.
6. Citar autores de manera selectiva
Por ejemplo, alguien invoca a Locke, Montesquieu o Alberdi para respaldar una tesis, pero omite deliberadamente que esos mismos autores sostienen principios que contradicen otra parte fundamental de su argumento.
No es deshonesto resumir a un autor. Sí puede serlo presentar una selección parcial como si representara la totalidad de su pensamiento.
Recurso muy empleado por el jefe de LLA cuando invoca a autores de la Escuela Austríaca de Economía o afines.
7. Confundir deliberadamente una crítica a una idea con un ataque personal
Alguien sostiene:
“La política económica del gobierno es incorrecta”.
Y su adversario responde:
“Lo criticás porque sos un resentido”.
La cuestión económica desaparece y se atribuye al crítico una motivación psicológica que no ha sido demostrada.
Es la forma típica en que LLA responde a sus críticos propios o ajenos. Se trata del conocido argumento ad hominem
8. Usar una verdad para producir una conclusión falsa
Por ejemplo:
“El desempleo aumentó durante el gobierno de X”.
La afirmación puede ser verdadera. Pero si el desempleo ya venía aumentando desde varios años antes, presentar el dato como si necesariamente demostrara que el gobierno X fue el único responsable puede ser intelectualmente deshonesto.
La verdad de un dato aislado no garantiza la honestidad de la conclusión.
LLA lo utiliza mucho, no sólo en relación al desempleo, sino a todo: los gobiernos anteriores -afirma- fueron peores en todo. Sólo el de ellos (LLA) es bueno en todo. En realidad, con LLA todo empeoró en promedio.
La diferencia entre error, ignorancia y deshonestidad
Podríamos resumirlo así:
· Ignorancia: no sé.
· Error: creo algo falso, pero sinceramente pienso que es verdadero.
· Mala argumentación: razono deficientemente, aunque no necesariamente con intención de engañar.
· Deshonestidad intelectual: manipulo, oculto, deformo o tergiverso la información para sostener una conclusión que quiero defender.
Una fórmula sencilla sería:
La honestidad intelectual consiste en permitir que los hechos modifiquen nuestras conclusiones. La deshonestidad intelectual consiste en modificar, seleccionar o deformar los hechos para conservar nuestras conclusiones.
En el debate político, la deshonestidad intelectual es especialmente frecuente porque muchas personas no defienden realmente una idea, sino una identidad, un partido o un líder. En ese caso, el razonamiento deja de ser una herramienta para descubrir qué es verdadero y se convierte en una herramienta para justificar aquello que previamente se decidió creer.
En realidad, en el caso de LLA es difícil distinguir entre la ignorancia, el error, la mala argumentación y la deshonestidad intelectual, según sean sus miembros todas ellas están representadas y mezcladas. Parece haber una combinación de las cuatro, distribuidas de manera asimétrica según el funcionario que se trate o el simpatizante que apoye al partido. Quizás entre la población adicta, las tres primeras sean las mas frecuentes, y la deshonestidad intelectual quede reservada para funcionarios de los dos poderes: legislativo y ejecutivo (con especial énfasis en este último)
[1] Siglas del partido gobernante ‘’La libertad avanza’’
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