Por Gabriel Boragina ©
El acceso al poder de LLA[1] agrupación que se presenta como defensora de las Ideas liberales y libertarias, ha permitido visualizar un fenómeno común en la política argentina entre los partidos políticos tradicionales, pero curiosa para quienes estén familiarizados con las ideas liberales y las libertarias.
Este suceso está representado por la repentina, sospechosa y extraña ''conversión'' de figuras políticas que tradicionalmente han militado en las filas de otras agrupaciones en momentos previos, hostiles en algunos casos a las ideas liberales, y -en otros- indiferentes, sarcásticos o irónicos a las mismas.
Ya he dicho otras veces que, en esencia, LLA es un grupo minúsculo que, en realidad, se reduce a su titular, su hermana, y un circulo selecto y cerrado de allegados que pueden contarse con los dedos. Su acceso al poder es un hecho coyuntural y accidental : la emergencia de evitar un nuevo triunfo del peronismo en su última vertiente, la denominada ''K'' (por el matrimonio Kirchner) pero cuyas designaciones oficiales bajo las cuales gobernaron desde 2003 y hasta el 2023 con excepción del breve lapso del periodo bajo la presidencia de Mauricio Macri, fueron ''Frente para la Victoria'' y ``Frente de Todos`` de los que sus gobiernos estuvieron signados por gravísimos hechos de corrupción, otros delitos comunes, y una debacle económica fenomenal casi sin precedentes en la historia política argentina.
Ese verdadero apurón electoral del 2023 que determinó su infortunado (a la postre) acceso al poder hizo que se viera forzado a integrar sus cuadros de gobierno con figuras de los partidos políticos que ya habían gobernado el país, lo que derivó en una colonización de cargos políticos ocupados por ex funcionarios tanto de ‘‘Juntos por el Cambio’’ como del ``Frente de Todos`` ambas agrupaciones muy alejadas de las ideas liberales que LLA dice ''defender''. Macri económicamente hizo un gobierno al estilo desarrollista parecido al que décadas atrás intentó hacer el ex presidente Arturo Frondizi, pero, en su caso, orientado más hacia la obra pública y la infraestructura vial, con un intervencionismo económico moderado y políticamente respetuoso de la institucionalidad. El peronismo del ``Frente de Todos`` decididamente antiliberal, implemento un populismo de centroizquierda con un intervencionismo agudo. Y estas son hoy las mismas fuerzas que siguen integrando el gobierno de LLA. Curiosamente ahora todas alineadas al discurso oficial ''liberal/libertario''.
Es dudoso que personas que durante tanto tiempo y desde la función pública hayan experimentado esta meteórica ''conversión''. Sobre todo en casos como el de Daniel Scioli, ex vicepresidente de Néstor Kirchner por el PJ, luego gobernador de la provincia de Buenos Aires por el partido de C. F. Kirchner, candidato a presidente por el mismo partido (enfrentando al ingeniero Mauricio Macri), funcionario de alto rango del ''Frente de Todos'' (sucesor del ``Frente para la Victoria``) y hoy en LLA simulando ser un fervoroso ''liberal'' de la ''primera hora'', conviviendo con Patricia Bullrich de larga trayectoria política en partidos tradicionalmente anti o no-liberales (peronismo montonero primero, peronismo moderado con Menem, anti peronismo con De La Rúa, peronismo ''racional'' en alianza con Macri, y hoy también (como Scioli) ''ferviente libertaria'' pese a que en campaña política criticara y hasta ridiculizara las ideas libertarias de M. N. Rothbard, las que su actual jefe político decía (y sigue mintiendo) afirma ''defender''.
Pero quizás lo más sorprendente de este fenómeno sea (del lado opuesto) la concomitante conversión de los contados ''liberales'' (o quizás habría que llamarlos ex liberales) de un liberalismo al que otrora defendían desde las aulas, los libros, artículos o las tribunas académicas con aparente convicción y conocimiento de causa, pasando (desde su incorporación o adhesión al actual gobierno) a defender el presente populismo de derecha que -en los hechos- ejerce LLA, y que insisten en confundir con el liberalismo que en el pasado abrazaban (o al menos eso simulaban).
Tenemos entonces hoy este patético cuadro: anti o no liberales de ayer que ahora se autodenominan ''liberales'' o ''libertarios'' por un lado, y los otrora liberales que actualmente insisten en seguirse llamando ''liberales'' pero que -en los hechos- pasaron a predicar las ideas contrarias al liberalismo clásico en el que se enrolaban o -peor aún- al libertarianismo con el que se identificaban, y que, para peor de males, insisten en seguirlas llamando ''liberales''. La mezcolanza teórica creada no puede ser peor y difícil de imaginar antes de la irrupción en el poder de LLA.
Quienes siempre han tenido en claro las distinciones conceptuales y las siguen manteniendo así, si bien aún más escasos en número que antes, no corren riesgos intelectuales de confusión frente al caos teórico arriba descripto. No puede decirse lo mismo de aquellos que nunca tuvieron la oportunidad o el interés necesario de ahondar en estas disciplinas, sea por estar abocados a otros menesteres más pedestres, cosas consideradas más importantes, o por cualquier otro motivo reputado como válido.
En este último grupo, esta especie de miscelánea intelectual es particularmente dañosa para la auténtica tradición liberal (y Ludwig von Mises, por ejemplo, diría que lo de ''autentica'' sería un pleonasmo, pero se podría disculpar al eminente profesor austriaco que, probablemente, no pudo imaginar el grado de alta tergiversación que en la actualidad alcanzaría el ideario liberal que el defendía). Y es dañosa, porque la distancia de aquella auténtica tradición liberal, teniéndola por lo opuesto a lo que realmente es: lo que enseñaron los mentores de la Escuela Austríaca de Economía y sus predecesores, es enorme.
Políticamente esta coloreada mixtura se refleja en la heterogénea composición ideológica de los integrantes de LLA donde no hay liberales de cátedra sino ''liberales'' de ocasión o de conveniencia, es decir, falsos ''liberales''. Liberales que no renunciaron a sus etiquetas, pero si renegaron del contenido de la palabra liberal, que sostienen teorías liberales que no llevan a la práctica, de la misma manera que una botella de buen vino puede vaciarse y rellenarse con una gaseosa de baja calidad, ellos usan la etiqueta de ''liberalismo'' para el envase de lo que ofrecen, pero al probarse el contenido nos damos cuenta que la botella no es de liberalismo sino de rancio socialismo o intervencionismo, y pretenden engañarnos con la etiqueta del envase. Muchos caen en la trampa y creen el engaño, y al contemplar que este grupo es el mayoritario no se puede sentir sino una enorme desazón para los que estudiaron seriamente y con genuino interés el liberalismo de los clásicos y de los modernos austriacos.
[1] Siglas del partido gobernante argentino ''La libertad avanza''
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