Por Gabriel Boragina
Hace poco me reuní con un amigo liberal muy calificado (profesor de filosofía) a tomar un café y a charlar sobre varios temas. Uno de ellos fue el de aclarar mi posición respecto del tránsito de un sistema intervencionista a otro liberal. Asumiendo que en los artículos publicados al respecto no logré el objetivo, traté de hacerlo en ese momento. Sin embargo, conservo la preocupación por mi falta de claridad y por eso me decidí a volver intentarlo otra vez por escrito. Aquí voy de nuevo pues.
Por empezar, he de recordar que fueron varios los autores de la Escuela Austríaca de Economía que se pronunciaron sobre el tema de la transición desde distintos ángulos. Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek y Murray N. Rothbard en distintas obras lo hicieron. El denominador común de todos ellos es que el tráfico de un sistema estatista a otro liberal debe hacerse subitáneamente y sin gradualismo. En este lugar, hemos citado los distintos pasajes donde en forma concreta los nombrados se expiden en contra de una transición gradual. Mises dice que carece de sentido denominar determinado periodo histórico como de transición (ver Sobre modales y ''transiciones'' [1])
Debe ser por este mismo motivo que Hayek y Rothbard ni siquiera se ocupan de delimitar el concepto de transición dando por sentado lo que Mises enseñó al respecto, y directamente abordan el tema del traspaso del intervencionismo al liberalismo como algo que debe hacerse sin demora alguna, ni fingiendo o planificando etapas para pasar del estatismo al liberalismo (en el caso de Rothbard al libertarianismo).
Pero, en el caso de Argentina, ¿se está verificando ese pasaje?. No. Excepto en el discurso político y las declamaciones de tribuna no hay tal camino hacia una economía de mercado. La duda es si no lo hay por incompetencia, incapacidad, ignorancia o malevolencia (conscientemente se divulga estar haciendo algo ''X'' (liberalismo) cuando se sabe y se quiere un resultado ''Y'' (estatismo).)
¿Cómo identificar si el objetivo del gobierno es (en los hechos) pasar del intervencionismo al liberalismo?
Si imaginamos una secuencia de pasos donde, por ejemplo, gradualmente y en una escala ordinal estos fueran:
1. Liberar el precio de la leche.
2. Liberar el precio de los zapatos.
3. Liberal el tipo de cambio.
4. Liberar el precio de los pasajes aéreos.
5. Liberar el precio de los pasajes terrestres.
6. Bajar impuestos.
7. Etc.
En tal caso, sería necio negar que se está tratando de transitar desde una economía intervenida hacia otra libre.
Pero, si como ocurre en la Argentina, lo que se viene observando es (en otro ejemplo):
1. Liberar el precio de la leche.
2. Controlar o mantener controlado el de los zapatos.
3. Controlar o mantener controlado el del tipo de cambio.
4. Bajar algunos impuestos mientras subo otros.
5. Liberar ciertos pasajes (p. ej. aéreos)
6. Controlar o mantener controlados otros (p. ej. terrestres)
7. Etc.
En este caso, lo necio seria llegar a la misma conclusión que en el primer ejemplo. Y no a la contraria.
Es decir, ni siquiera admitiendo (lo que los autores indicados niegan) que fuera posible separar una transición como algo distinto a la acción humana corriente, podría en este último supuesto afirmarse que en el segundo caso se está tratando de pasar de un estado intervencionista a otro liberal. Claramente en el segundo caso se está manteniendo una economía intervenida o estatista. Y esta es la economía real que en Argentina está ensayando LLA[2].
¿Entonces, como creo debería ser la transición desde el intervencionismo al liberalismo?
Fue Ludwig von Mises quien, a mi juicio, dio la respuesta correcta tempranamente en su obra Liberalismo.
Con otras palabras, dijo que si la opinión pública no es liberal no se podía esperar que el gobierno en ese lugar lo fuera. La sociedad no opera en un plano de ideas diferente al de gobierno que elige. Una sociedad liberal con un gobierno opresor seria ingobernable o caótica. Lo mismo ocurriría a la inversa. Si eventualmente gobernara un grupo de liberales en medio de una sociedad que demanda mayor opresión para las minorías o privilegios, el gobierno o se vería forzado a cambiar de signo ideológico para perdurar, o debería dimitir tarde o temprano si insistiera en mantener una política de libertades para todos.
La moraleja que se desprende de la enseñanza miseana es que, si el gobierno y el pueblo no se sincronizan ambos en la misma dirección de ideas, el caos y el conflicto sobrevendrá más temprano que tarde.
Para los que prefieren seguir hablando de ''transición'' podríamos decir que la verdadera transición debe darse del siguiente modo y estricto orden:
1. Transición social de las ideas (desde las estatistas a las liberales, o viceversa)
2. La primera llevará a la segunda: transición política (también en uno u otro sentido).
3. Y recién en un tercer paso, la segunda llevará a la tercera: transición económica (también en una u otra dirección).
Esta es la conclusión a la que arribamos siguiendo las enseñanzas de la Escuela Austríaca de Economía en lo que brevemente hemos descripto arriba.
Aquí el orden de los factores SI altera el producto. No es posible que el paso 3 se quiera dar en el lugar del paso 1. Tampoco el 2 en lugar del 3 ni, obviamente, reemplazarlo por el 1. Porque el paso 1 es la base sobre la cual se edifican 2 y 3, de la misma manera que se construye un edificio: primero sobre sus cimientos y luego sobre ellos los diferentes pisos y salas.
¿Y cuáles serían las herramientas y maquinarias con las que debería construirse este edificio? También estos autores nos enseñaron al respecto: la educación (formal e informal).
¿En cuál de las tres etapas estaría hoy la Argentina de LLA?: En ninguna de ellas. El país permanece compenetrado en su forma de ser populista y estatista. Pese a que no fueron pocos los que lo intentaron, aun ni siquiera se empezó a ''correr el eje del debate'' si por esta expresión se quiere significar la transferencia mental popular del estatismo al liberalismo.
La argentina sigue siendo una sociedad impregnada por una cultura populista que (como tantas veces explicamos) tiene, pese a varios antecedentes históricos, su punto de partida expansivo con el primer peronismo aun hoy vigente y lejos de desaparecer.
Al contrario de la mayoría de los argentinos, yo no separo al matrimonio Kirchner como si fuera un movimiento autónomo e independiente del peronismo. Tampoco creo y me parece artificiosa la supuesta distinción entre un ''peronismo histórico o irracional'' y un ''peronismo racional''. Reconozco que el peronismo es un movimiento troncal con varias ramificaciones o sectas como prefiero llamarlas. Pero ninguna de ellas con una identidad propia y separada a la del peronismo de Perón (valga en esta época el pleonasmo).
[2] Siglas del partido gobernante ''La libertad avanza''.
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