Por Gabriel Boragina ©
¿Qué papel está jugando el ''PRO'', el partido fundado por el ex presidente argentino Mauricio Macri, en la política actual dominada por el partido gobernante LLA[1]?
Mis lectores saben qué hace tiempo sostengo la tesis de que el argentino es cultural, política y económicamente un pueblo populista, con una larga tradición atrás en el tiempo de ese movimiento y tendencia. El acceso de Macri al poder, puede decirse, que es una extraña excepción a ese principio general, quizás solo similar a la de Fernando de la Rúa, aunque los estilos y las personalidades de uno y otro fueron diferentes, pero las similitudes también las encuentro en varios aspectos de las gestiones de ambos.
Uno y otro compartieron temperamentos educados, contemporizadores y respetuosos de las instituciones republicanas. En lo que nos interesa, ninguno de ellos fue populista en sus respectivos gobiernos y, en una medida importante, el no compartir esta forma de ser populista tan argentina, le valió al primero ser desplazado del poder apenas transcurridos dos años de su mandato, y al segundo, si bien logró completar su periodo de cuatro años constitucionalmente fijado, se le rechazó en las urnas la reelección para un segundo mandato.
En las redes sociales y comentarios, quienes en su momento lo apoyaron y luego le retiraron ese sostén suelen justificarse diciendo que no lo volvieron a elegir por ser ''demasiado tibio''. Aunque no se encuentra una explicación académica a qué se refieren con ser ''tibio'' está claro para mí que se busca con esa palabra significar el rechazo de Macri a ser otro líder populista como tanto aprecian los argentinos ese rasgo en sus dirigentes políticos, a juzgar por los resultados de sus últimas votaciones.
El populismo instaurado por Juan Domingo Perón en la década del 40 fue el denominador común de los gobiernos que siguieron a sus dos primeras presidencias, ya fueran estas civiles como militares.
El rasgo fundamental con que se nutre el populismo es la presencia dominante de un líder fuerte y carismático (en ese mismo orden, siendo el segundo menos trascendente e incluso inexistente según el caso).
Otro aspecto a tener en cuenta es el poco o nulo respeto del populismo por las instituciones republicanas[2]. Claramente, la personalidad y el carácter de Mauricio Macri era y sigue siendo ajeno y distante a esta corriente, y su triunfo electoral representó una clara reacción a las casi dos décadas de gobiernos de los Kirchner que llevaron al populismo argentino a su paroxismo. Sin embargo, con esa elección, lo que realmente la ciudadanía buscaba no era precisamente un gobierno de corte republicano, sino otro populista, pero de signo opuesto al peronismo ''K'' precedente.
El populismo del ''Frente para la Victoria'' primero y el del ''Frente de Todos'' después (sectas ambas del peronismo histórico), se definía y entendía popularmente como un ''populismo de izquierda'', cuya debacle económica fue leída por la ciudadanía como el ''agotamiento de un modelo'' (de izquierda) y la necesidad de su reemplazo por otro de signo contrario (en la jerga popular denominado ''de derecha''). Y Macri surgía en la opinión pública como el nuevo líder que ''lo realizaría''.
¿Qué ocurrió en la realidad? Macri nunca se vio a sí mismo como ''un líder'' de esa clase. Siempre ponderó el trabajo de equipo. Como empresario que es, quiso trasladar a la política su experiencia como organizador y coordinador de equipos de trabajo, mientras que en lo económico siempre se identificó con el pensamiento desarrollista que, en la Argentina, pretendió poner en práctica otro expresidente en los años 60 (Arturo Frondizi) a quien más de una vez describió como su referente económico. Tanto su pensamiento, como obrar, estuvo y sigue estando muy lejos del populismo porque, además, remarcaba que todo eso podía lograrse por medios no-populistas y republicanos.
Así transcurrió su gobierno, y la falta de los resultados inmediatos que demandada el populista pueblo argentino lo castigó cuando buscó su reelección en 2019 donde el electorado impaciente volvió a optar por el populismo de izquierda anterior, esta vez en las personas de Alberto Fernández y C. Fernández de Kirchner.
Producido un repetido fracaso de estos últimos, las condiciones parecían dadas para una vuelta de ''la derecha'' macrista (como la definía ''la izquierda''). Pero, sin embargo, en contra de las expectativas de todos, Macri anunció no postularse a la presidencia en 2023, dejando en su lugar a dos candidatos que disputarían una interna agresiva verbalmente, vergonzosa y desgastante (me refiero a Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta) ninguno de ellos con el perfil populista que agrada al argentino promedio.
Fue desde ese momento que percibí que el ''PRO'' se partía en varios pedazos, y esa destrucción interna fue aprovechada electoralmente por un candidato mediático, sin nivel intelectual alguno, pero con un perfil claramente populista y un discurso ''de derecha'' que agradó los oídos de quienes estaban decididos a dar la espalda al peronismo ''K'' y su modelo populista ''de izquierda''.
Los peores errores de Macri -sostengo- no los cometió durante su presidencia, sino después de ella y a partir de noviembre de 2023 al dar su apoyo implícito (o explícito a veces) en favor de LLA y mantenerse como su aliado hasta el día que se escriben estas líneas.
Ello, por ser víctima de otro error mayor aun: el de creer que LLA no es un partido populista y (basado en esa falsa convicción) seguir entendiendo que no está haciendo un gobierno populista cuando si lo hace.
Es esta gruesa falencia lo que hizo y hace que Macri nunca se declarara explícita y públicamente como opositor al gobierno de LLA. Además, no es un dato menor que gran parte de quienes fueran sus colaboradores o participaran del gobierno de ''Juntos por el Cambio'' se hayan traspasado masivamente a las filas de LLA (por mencionar solo unos pocos, Patricia Bullrich -ex ministra de seguridad y hoy senadora-, Luis ''Toto'' Caputo -actual ministro de economía- (y también del gobierno de Macri), Federico Sturzzeneger -ministro de ''desregulación''-, Luis Petri, Diego Santilli -actual jefe de gabinete-, Cristian Ritondo -formalmente jefe de bancada del PRO en la Cámara de diputados pero, en los hechos, funcional a LLA- y muchos otros más que fueran ''espadas'' del ex JxC[3], y hoy militantes, aliados o funcionarios de LLA.
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