Por Gabriel Boragina ©
En un programa televisivo veía hace unos días a un político oficialista, miembro de LLA[1], lamentarse de que la repercusión periodística dada al caso de corrupción que tiene por protagonista al jefe de gabinete del gobierno argentino, Manuel Adorni, estaría opacando y minimizando el extraordinario "milagro económico'' -según él- llevado a cabo por parte del gobierno al que el entrevistado pertenecía.
Si no fuera porque conozco al entrevistado, hubiera pensado que tal declaración sólo podría provenir de un completo despistado o de un fanático irrecuperable. Pero como nunca lo consideré como ni una cosa ni como la otra no pude menos que quedar estupefacto ante semejante desatino proferido por alguien a quien siempre tuve por altamente calificado académicamente.
Está claro que la primera cuestión a plantearle y que (hasta donde pude ver) el periodista no le planteó, seria haberle preguntado ¿de qué ''milagro'' económico estaba hablando si por tal expresión quería referirse a algún supuesto logro o éxito económico del gobierno al que, desproporcionadamente a mi juicio, elogiaba?
¿Quizás a una ''reducción'' de la inflación que, la realidad cotidiana, a quien comercia o sencillamente consume, le demuestra con cada compra o venta que hace que no pasa de ser otra cosa más que un mero eslogan político?
¿Quizás -en otro supuesto- a una ''baja'' del gasto público, contradicha por el propio gobierno al presentar y serle aprobado en el Congreso un presupuesto nacional para el año en curso en donde tanto los gastos proyectados como los impuestos necesarios para financiarlo implicaron una suba significativa respecto al mismo presupuesto nacional aprobado para el ejercicio anterior?
Si el entrevistado quería referirse a estos hechos (por todos conocidos) como ''milagro económico'' esta más que claro que en ese caso fueron muchos los gobiernos anteriores que tuvieron el mismo ''milagro'' y superando con creces al de este gobierno que continúa predicando lo contrario a lo que ejecuta día a día; que no reconoce ninguna falencia -por mínima que sea- en su gestión , que insulta a quien se anima a disentir con su relato y sacrifica impiadosamente a quien osa en hacer conocer la menor sugerencia de corrección de rumbo o mejora de las políticas que dice defender. Ni que decir de aquellos que se atreven a cuestionar a su ''sagrado'' líder mesiánico indiscutido, a los que exigen absoluta sumisión y reverencia, so pena (en caso contrario) de ser condenados al ostracismo cívico-político.
Pero desde otro ángulo, si en Argentina LLA hubiera producido un verdadero ''milagro económico'' y el mismo fuera de la magnitud que el gobierno no se cansa de propagandear, de existir realmente -y no ser tan solo un relato más de un partido político más- y de ser tan espectacular , sería tan manifiesto y notorio que nadie se estaría ocupando (ni los noticieros, ni la ciudadanía) de cuestiones tales como ''el caso Adorni'', ya que la bonanza económica ( en ese imaginario supuesto) lo habría transformado instantáneamente en una cuestión nimia e insignificante.
Si fuera cierto que la gente nadara en la abundancia (como todos los días dice el gobierno), la riqueza mal habida de Adorni seria socialmente un tema tan secundario que todos los medios periodísticos estarían hablando todo el día de lo bien que le va a la gente y lo mal que la pasan los políticos. Ya que si esto realmente pasara algún día en la Argentina ¿quién dudaría que sería un ''notición''?
Si, en cambio, el periodismo trata la situación inversa (lo mal que le va a la gente y lo bien que la pasan los políticos), si el caso Adorni es noticia y tapa de diarios es, precisamente, porque la gente el único ''milagro económico'' que percibe es el meteórico e injustificado enriquecimiento relámpago del funcionario mencionado, quien en tan solo dos años pasó de una relativa pobreza a una riqueza superlativa tan ostentosa que resultó imposible de ocultar y que en la actualidad, tanto el cómo el gobierno que lo respalda, hace verdaderos malabares para intentar justificarla. Está claro que si el ciudadano promedio pudiera -en el mismo plazo que lo logró Adorni- centuplicar su patrimonio, no sería para nadie noticia la fortuna de Adorni, porque en esa ficticia Argentina opulenta que pinta el gobierno, cualquier ciudadano promedio podría obtenerla con idéntica velocidad que él y todos estarían muy ocupados disfrutando de ella.
En un escenario como ese de supuesta bonanza ciudadana, la corrupción de Adorni podría quizá preocupar a algunos pocos moralistas o cultores de la ética, si es que en Argentina queda alguno hoy en día (los que yo conozco personalmente son contados con los dedos de una mano).
Si, en cambio, Adorni sigue siendo tapa de diarios y noticieros es porque su meteórico enriquecimiento destaca y brilla sobre un país que, en realidad, esta empobrecido y estancado, fruto -y esto es cierto- de muchas malas políticas de gobiernos previos, que el actual de LLA no ha sabido, querido o no ha podido revertir y, como lo hizo y hace aun el peronismo ''K'', no ha encontrado mejor manera de justificar y ocultar su fracaso a través de la fabricación de un relato tan increíble e inaudito como el de aquella secta de delincuentes políticos. Y todo, pese a haber prometido en campaña que rápidamente revertiría la triste y decadente situación argentina, ya que su líder era ''experto en crecimiento con o sin dinero'' según el mismo personaje había presumido.
La evasiva del gobierno por la cual afirma que existe una misteriosa conspiración del periodismo contra él es tan gastada y pueril como increíble. La necesidad de estar excusándose en irreales ''operaciones'' de prensa equivale por tomar la ciudadanía por estúpida, y si bien es cierto que la elección de este gobierno fue fruto de un repentino ataque de estupidez mayoritaria, (en muchos casos momentánea, porque me consta de varios electores que, al poco tiempo, reconocieron su error al haber votado a esta gente) eso no implica que el votante mantenga su estado de estupidez ad infinitum
En el caso argentino, el verdadero milagro económico es el de la obstinada persistencia en el error. No se trata del pueblo que tropieza dos veces con la misma piedra, sino de uno que parece sentirse orgulloso de lo que ya es un verdadero historial de tropiezos y torpezas económicas, que se ensayan en diferentes periodos y elencos partidarios disimiles, pero con idénticos o muy parecidos resultados.
Esta gente parece haber olvidado (o quizás nunca lo supo) que cuando un gobierno acierta no hace falta decirlo, y menos con tanta insistencia. La realidad diaria se encarga de demostrar si un gobierno es exitoso o desastroso, y el actual de LLA parece decidido a enfilarse hacia la segunda categoría.
[1] Siglas del partido gobernante ''La libertad avanza''.
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