Por Gabriel Boragina ©
Días atrás escuchaba a Lilia Lemoine, una diputada de LLA que, en el marco de los hechos de corrupción que se le atribuyen al jefe de gabinete, Manuel Adorni, intentaba una (mala) defensa del mismo. Dijo que ella -como ''libertaria''- consideraba los impuestos como ''un robo'', argumento mediante el cual trataba de desvirtuar las denuncias contra Adorni por evasión de impuestos.
Es cierto que según la tesis anarcocapitalista sostiene que los impuestos ''son un robo'', pero también lo es que no se compadece con esa corriente de pensamiento el hecho de que un gobierno que pretende estar adhiriendo a la misma mantenga un ente oficial como la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (A.R.C.A.) y yendo más a fondo, ni siquiera se compadece con la existencia misma del gobierno, la que sin impuestos directamente no sería posible, como tampoco lo sería que la diputada en cuestión (de muy pocas luces) pudiera cobrar su dieta como tal.
Varias veces expuse la contradicción entre la tesis libertaria (inspirada en el pensador libertario Murray N. Rothbard) y el hecho de un ''gobierno libertario'', ya que desde el propio punto de vista de estos pensadores que postulan la aniquilación del ''estado'' resulta un contrasentido mayúsculo pretender liderar el mismo organismo cuya destrucción predican como su objetivo central. Lo que, en los hechos, implicaría auto aniquilarse.
Cuando los fariseos acusaron a Jesús de echar demonios en nombre de satanás, el Señor les respondió lo absurdo de la acusación, porque supondría que satanás estaría dividido contra sí mismo, y de ser cierto el cargo indicaría que satanás estaría autodestruyéndose.
Salvando las distancias, la respuesta sería la misma para el absurdo libertario de pretender gobernar el mal que tratan de destruir, ya que el hecho de procurar gobernarlo significaría darle vida, y no quitársela. No es conforme a la naturaleza la búsqueda del suicidio, lo que vale tanto para los organismos vivos como para los ideales (usando la terminología del primer codificador argentino Dalmacio Vélez Sarsfield) o jurídicos. Su postura es similar a querer apagar un incendio con kerosene o cualquier otro material combustible.
La diputada no pareció darse cuenta tampoco que su postura implicaba reconocer implícitamente el fracaso de su gobierno, porque a la fecha de su alocución existía no sólo el organismo recaudador mencionado antes, sino también una pléyade de leyes tributarias las que, incluso, su propio gobierno propuso aumentar junto con el gasto público en el último presupuesto de este año enviado al Congreso y aprobado por la misma cámara que ella integra.
Esto es sólo una pequeña muestra de la más completa ignorancia de los miembros del gobierno de LLA: un conglomerado de improvisados, ignorantes, advenedizos y otros impresentables sin la menor formación o preparación académica, y ni siquiera una superficial introducción en cuestiones básicas que tengan por referencia a liberalismo ni a la corriente que dicen defender: el libertarianismo o anarcocapitalismo. Su misma permanencia en el poder los descalifica como tales, hecho del que tampoco parecen darse cuenta.
Por desgracia, ya ha calado en la opinión pública la autodenominación que ellos mismos se dan, que los llama impropiamente ''libertarios'', sin caer en la cuenta que no lo son, porque (como tantas veces dijimos) el grueso de la población argentina no tiene ni la más remota idea qué cosa realmente sea el libertarianismo o anarcocapitalismo, y ni siquiera el liberalismo, término que los impresentables del gobierno a veces también en forma ignorante y desaprensiva se dan a sí mismos, contribuyendo a una confusión todavía más grande de la ya desconcertada ciudadanía.
La realidad es que un auténtico proyecto libertario debería tender a la abolición del estado-nación, lo que incluye, claro está, al propio gobierno. Y esto sólo podría darse por una fuerza externa y contraria al gobierno. Jamás por el gobierno mismo por el principio natural de auto conservación ya explicado.
Hasta Rothbard admite que el gobierno tiende naturalmente a su propia expansión y eliminación de todo poder competitivo o alternativo al suyo propio. Por su propia dinámica, el gobierno tiende hacia el monopolio, lo que implícitamente auto refuta su propia teoría anarcocapitalista o libertaria.
Y esto ocurre por la sencilla razón de que la gente, en su comportamiento individual y social, hace lo mismo. Busca expandir su área de influencia o dominación sobre los demás hasta el límite que encuentra en idéntica propensión de sus semejantes. El límite de la ampliación del poder se halla en otro poder similar o superior al primero.
Me resultó evidente que todas estas cosas están muy lejos del conocimiento o de la información de la señorita diputada entrevistada, y su alocución completamente alejada de la realidad como, en rigor, todo su gobierno lo está, viviendo otra distinta, paralela y ficticia.
Pero lo peor de todo, quizás, sea que la diputada en cuestión, como legisladora, desconociera que la existencia de los impuestos encuentra su consagración y origen legal en la misma Constitución Nacional que, sería de suponer, una legisladora debería conocer al dedillo. Y si no hubiera ninguna otra razón valedera para su existencia, los tributos deben existir porque así lo ordena la Carta Magna, cosa que también dejaba ver que ignoraba.
Estas realidades deberían haberle explicado que su discurso era fallido y con él también lo era el de su gobierno falso libertario, cuyo fiasco quedaba revelado al no haber cambiado todas estas normas que se contraponen con su relato.
En efecto, si el relato partidario dice que el impuesto ''es un robo'' deberían haberlo eliminado de la letra de la Constitución Nacional, pero no lo hicieron.
Deberían también haber eliminado -al menos- el ente recaudador (la ex AFIP, ahora ARCA) pero tampoco lo hicieron y lo mantienen.
Ninguno de ellos (dando el ejemplo de lo que predican) debería cobrar dineros provenientes de impuestos, pero nadie en el gobierno pseudo libertario ha dejado de cobrar sus emolumentos fruto de la expoliación fiscal de los contribuyentes.
Así, se asemejan en un todo a los fariseos que criticaban al Señor Jesucristo cuando lo acusaban de estar en colusión con satanás. Y vale también para ellos la misma respuesta que el Señor Jesucristo les daba a sus críticos: hipócritas, que coláis el mosquito y os tragáis el camello.
Si su excusa es que no pudieron cumplir con sus promesas electorales porque la ciudadanía no las apoya, siguen confesando indirectamente su falta de adhesión y derrota en convencer al pueblo de la bondad de sus propuestas.
La legisladora ensayó (a modo de disculpa) el remanido y gastado argumento acusando a la oposición de sus fracasos. Lo que, de nuevo, denota la falta de capacidad del gobernante en lograr consensos entre esa supuesta hostil oposición, es decir, en resumidas cuentas, su ineptitud para ejercer el poder.
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