Por Gabriel Boragina ©
Existe la creencia entre muchos que la salida de Manuel Adorni del gobierno será suficiente como para dar punto final a la mala gestión del gobierno y que el rumbo se enderezará una vez que aquella suceda.
Es el grave error de creer que el desastre económico que LLA significa para la Argentina es solamente producto de lo más o menos corrupto que sea un funcionario y que la solución a la mala praxis económica se resuelve simplemente eliminando la corrupción.
Pero esto es como pretender mezclar el agua con el aceite. Mala gestión económica y corrupción son fenómenos distintos, malos ambos es cierto, pero no se confunden. Si se combinan el resultado sólo empeora, pero no es eliminando sólo la corrupción que la economía mejorará. Es innegable que la corrupción es un componente que empeora la gestión económica, pero aun imaginando un gobierno de gente excelente en honestidad si estos carecen de la mínima competencia económica la gestión también fracasará.
Y profundizando más el tema, el problema de los buenos resultados económicos tampoco depende de la mayor o menor cantidad y competencia en los conocimientos económicos de los gobernantes, sino en la ignorancia que representa que el gobierno y sus integrantes tienen ''algo que hacer'' en materia económica. Aunque también es cierto que los políticos tienen ''algo que hacer'' en materia económica y es una sola cosa: abstenerse de inmiscuirse en temas económicos.
Esto es, en suma, lo que imposibilita que un gobierno haga una buena gestión económica: no es papel, ni función del gobierno tomar parte en cuestiones económicas. Eso es tarea del mercado y cualquier gobierno que quiere inmiscuirse en temas económicos está invadiendo funciones y competencias que sólo afectan al mercado. Es lo que Ludwig von Mises llamó con acierto intervencionismo.
Y también enseñó el maestro austríaco que el intervencionismo conduce, tarde o temprano, al socialismo, se lo quiera o no. Ese camino al socialismo es inevitable en la medida que se insista con el derrotero intervencionista. Y esto es lo que no parece comprenderse en el gobierno de LLA. Si insisten con la ruta intervencionista, por muchos discursos que se dediquen a abominar del socialismo, sin darse cuenta, irán derrotero a él. Y este es el verdadero peligro: no el tener un corrupto entre sus filas. Esto es sólo un componente necesario de un problema mucho mayor.
No le estoy quitando importancia a la corrupción, ni a la gravedad que el tema ''Adorni'' tiene. Tan grave como los casos de $LIBRA, Andis, etc. que involucran al mismísimo jefe de estado y su hermana. Pero estos casos puntuales sólo son síntomas que, como también explicaron los autores de la Escuela Austríaca de Economía, son manifestaciones de un problema más de fondo: el intervencionismo.
Entonces, es deseable que el gobierno se libere de elementos corruptos dentro de su seno. Pero sólo hacer énfasis en este aspecto es como sólo ver ''el árbol sin ver el bosque'' o, peor aún, negando que exista el bosque. Y ''el árbol'' es ahora Adorni y ''el bosque'' es el intervencionismo. El problema está en ''el bosque'' de LLA, no en Adorni. Este es sólo el producto del mal mayor: el intervencionismo. Mientras el sistema que mantiene el gobierno siga siendo el intervencionismo, echar a ''un Adorni'' nunca será la solución, porque aparecerán muchos más ''Adorni´s'' en un mecanismo que los crea y los alimenta.
Recordemos otra vez a Mises: donde el sistema reparte privilegios (o tiene la facultad legal de hacerlo) origina, quizás sin saberlo, incentivos para que aparezcan sus cazadores, y es hasta lógico suponer que los primeros en la lista para captar esos privilegios serán los mismos que tienen la potestad de otorgarlos y decidir quienes los recibirán y quienes no, poniéndose ellos en el primer lugar de la fila de los beneficiarios. Recordemos el sabio dicho popular rimado: ''El que reparte se queda con la mejor parte'' (se cumple siempre).
Adorni es culpable (socialmente por ahora, la justicia se expedirá en sus tiempos) de haberse puesto entre los primeros lugares de los beneficiarios de las dadivas estatales dirigiéndolas hacia sí mismo, es totalmente cierto, pero el problema de fondo (suponiendo ya fuera del gobierno a Adorni) será la permanencia de un gobierno en una práctica que siga repartiendo privilegios, fruto de la toma de decisiones económicas. Si este es el camino elegido y mantenido, explica a la perfección que los candidatos y funcionarios a obtener prebendas formen fila para ser los primeros en hacerse de ellas.
Por eso, quienes se escandalizan del caso Adorni, sin dejar de tener razón, hacen un análisis incompleto del problema, tal vez por desconocimiento y no por aversión personal hacia el personaje. Sería exagerado decir que Adorni es una ''víctima'' del plan económico y político, y más aún cuando se ha aprovechado del mismo de la manera más amplia y extensa posible, ya que el incremento exponencial de su patrimonio no habla de un perjuicio personal, sino de un beneficio económico extraordinario para él y su familia. Lo censurable es haberlo logrado a costa de los otros, los contribuyentes. Y esto ha sido siempre lo que el liberalismo ha denunciado como reprochable.
El daño viene, además, por otro lado: en lo doctrinario, cuando los autores de este delito económico delinquen en nombre del liberalismo, proclamando ideas en las que demuestran no creer o no conocer (dejo al lector el elegir qué es lo peor).
Esta no es una defensa de los corruptos, ni de la corrupción en sí mismos, sino solamente un intento de dimensionar exactamente un orden: el de causas y efectos para comprender mejor el problema y eliminar ambos males, a saber: la causa: el intervencionismo y su efecto: la corrupción. Y no invertir el orden causal, que es lo que se está haciendo a nivel periodístico (que tanto influye en la opinión pública).
Si queremos eliminar la corrupción hay que seguir el método correcto. El orden es lo primero. Y primero es eliminar el intervencionismo. Lo demás se dará por añadidura.
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