Industrialización

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Diferencia entre anticomunistas, antisocialistas y liberales


 

 Por Gabriel Boragina ©

 

Lamentablemente, son confundidos con frecuencia y son muchas las personas las que creen que se tratan de términos sinónimos. Sin embargo, no es así, y si bien los tres vocablos no se excluyen en algunos supuestos, tampoco se incluyen en todos los casos y situaciones, de donde es necesario formular las pertinentes distinciones, para que el común de las personas no los identifiquen tan a menudo como lo hacen. Comencemos por los anticomunistas.

Un anticomunista no es necesariamente un liberal, y frecuentemente no lo es. Es más, puede ser -al mismo tiempo- anticomunista y antiliberal a la vez. El ejemplo más inmediato de esto último está constituido por los nacionalistas, que -normalmente- atacan cada vez que pueden tanto al liberalismo como al comunismo por igual, y llegado a extremos, en pocos casos, los identifican.

Existen si, por cierto, muchos rasgos en común entre un anticomunista antiliberal y un nacionalista. Ambos suelen compartir a menudo su militarismo, con profundas inclinaciones hacia el fascismo, que curiosamente, como tantas veces hemos señalado, este último ha tenido su origen en el socialismo marxista.

En última instancia y analizada a fondo la doctrina nacionalista, de lo que se trata en ella es de imponer un socialismo nacional, es decir, un socialismo con fronteras claramente delimitadas. De allí que, a la estatización de empresas le llaman nacionalización, palabra esta última que hace la medida más "respetable" en su visión.

En una primera fase, la nacionalización no necesariamente supone una estatización de lo que se nacionaliza. Nacionalizar implica -en pocas palabras- transferir la propiedad de activos extranjeros transformándolos en nacionales. Pero para poder implementar esta medida, el estado debe recurrir a medios que implican una estatización de lo expropiado al extranjero, para -en una segunda fase- transferirlo al nacional. Excepto que por ley se faculte de modo directo al nacional a expropiar al extranjero, lo que impide, también en este caso, hablar de un proceso de nacionalización pura es el hecho de que sin una ley del estado que lo faculte, ninguna persona o empresa local estaría habilitada por sí misma para despojar de sus bienes a otra persona o empresa extranjera, lo que lleva -en última instancia- a concluir que resulta imposible un proceso de nacionalización sin otro previo de estatización, por breve que este pudiera resultar en el tiempo.

El estatismo puede asumir dos formas básicas: socialista o nacionalista, aunque en la experiencia histórica estas dos formas terminan asociándose por su identidad intrínseca.

Veamos la siguiente tabla de equivalencias:

Socialismo

Nacionalismo

Socializar

Nacionalizar

De esta manera, podemos advertir como la misma acción recibe diferentes nombres según la ideología que se sostenga. Todas, en último término, se reducen a lo mismo: socializar. Lo que difiere entre ellas es la forma de hacerlo y los destinatarios finales de las medidas.

El anticomunista verá con buenos ojos la estatización de bienes como medio hacia el fin que propende: la nacionalización de los mismos.

El anticomunista se opone al comunismo y al socialismo solo en la medida en que estos dos últimos asumen un carácter internacional y no nacional. Por ejemplo, un típico eslogan anticomunista se resume en la frase: "no queremos ser como Cuba" u "otra Cuba" argumento que acerca mucho más a los anticomunistas a los nacionalistas, y en donde el problema principal reside en no ser, o no tratar de ser, como otros países.

En el mismo sentido, difícilmente se oirá a un anticomunista decir: "queremos ser como los EEUU" por la misma razón. El anticomunista está más próximo al nacionalismo y más lejos del liberalismo, que tiene en su esencia un carácter cosmopolita, rasgo este último que el anticomunista rechaza.

El liberalismo no es militarista, ni nacionalista, porque no justifica los regímenes de fuerza, ya que parte de la profunda convicción que el liberalismo no puede ni debe imponerse por las armas, sino que estas deben reservarse exclusivamente para defenderse de la agresión de acciones totalitarias. Tampoco es nacionalista, porque el liberalismo no es, en esencia, una doctrina nacional, ni se deriva de ninguna de las pretendidas "doctrinas" nacionales.

Por sus propios principios, el liberalismo puede aplicarse en cualquier parte del mundo, sin limitaciones artificiales de fronteras, las que no modifican, en modo alguno, tales principios, de lo que también se deriva que no se opone ni se contrapone con posibles sentimientos nacionalistas o patrióticos, siempre y cuando estos no pretendan imponerse por sobre las ideas liberales, ya que si fuera el caso esto último, habilitaría al liberal a defenderse de la agresión por las mismas vías y con los mismos medios en que la agresión le es impuesta.

En tanto el anticomunismo tiene como misión suya fundamental combatir al comunismo atacándolo donde quiera que el último se encuentre, el liberalismo, por el contrario, solo opondrá resistencia defensiva en cuanto el comunismo (o cualquier otra secta nacionalista o fascista) intentara agredirlo o suprimirlo. La aproximación de los anticomunistas a los militares hace que, con reiteración, mucha gente confunda al liberalismo con el militarismo, desconociendo que el liberalismo es en principio antimilitarista.

Como decíamos, el liberalismo no tiene nada en contra del sentimiento de nacionalidad o de patriotismo, pero no hace un culto de ellos como lo hacen los nacionalistas confesos.

El liberal tiene en claro que, su liberalismo por un lado, y su posible amor a la patria, por el otro, no se derivan el uno del otro, y que ambos son independientes entre sí, es decir, pueden existir el uno sin el otro, del mismo modo que pueden convivir en armonía. Pero el nacionalismo como doctrina o ideología política y económica, no tiene nada en común con el liberalismo, por eso es de suma importancia distinguir lo que se llama el sentimiento nacionalista o patriótico del nacionalismo como doctrina política y económica. El primero no se opone y es compatible con el liberalismo. El segundo no lo es.

Los anticomunistas suelen, en esta línea de ideas, adherir al nacionalismo como doctrina política y económica, lo que los aleja aún más de los liberales. Y el nacionalismo, en resumidas cuentas, termina siendo militarista, por la sencilla razón de que en su sistema ocupan un primerísimo lugar la importancia de sus fronteras, que delimitan lo que un nacionalista llama el "ser nacional”; la frontera le da una suerte de "identidad" a la nación y hace que, en la mente del nacionalista, el concepto de nación cobre "vida". Y como todos bien sabemos, las fronteras territoriales se defienden mediante el uso de las armas, que implican ejércitos y cuarteles, en una palabra las fuerzas militares. He aquí la profunda interrelación e interdependencia entre el nacionalísimo y el militarismo.

Todo esto no pretende ser más que un esbozo del tema, y de ningún modo tiene la intención de ser un estudio concluido, ni nada por el estilo. Se trata de presentar ideas para irlas trabajando, y fundamentalmente, alimentar el debate, delimitando cada una de las áreas temáticas.

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