Industrialización

Industrialización

La división del trabajo aumenta la producción (2º parte)

Por Gabriel Boragina ©

 ‘’Como ambos ganan 1 pan, también podemos medir la ganancia en tiempo ahorrado: Pedro ha ganado 1 hora y Juan 2. Si medimos la ganancia en términos de ropa, Pedro habrá ganado 1/2 R y Juan 1/3 R. ¿Hay alguna manera justa de medir la ganancia?’’[1]

Si la pregunta se refiere a si existe una forma objetiva para determinar la justicia de la ganancia, la respuesta lógica debería ser de que no la hay.

Sí, hay maneras relativas para un observador externo de hacer esa medición, lo que -debemos recordar- nada dice acerca de las valoraciones subjetivas de los agentes que intervienen en el caso del ejemplo el de Pedro y Juan.

Desde nuestra personal manera de ver las cosas, una ganancia es justa cuando ha sido libremente querida y llevada a cabo por las partes contratantes. Y, en este sentido, lo que es justo para ellos puede ser muy injusto a los ojos de un tercero.

‘’Nótese que las ganancias de Pedro y de Juan cambian según como se midan:
• Si medimos en pan, la ganancia fue igual, pues los dos ganaron 1 pan.

• Si medimos en tiempo ahorrado, Juan ganó más, pues para él 1 pan equivale a 2 horas, y para Pedro a 1 hora.

• Si medimos en ropa, Pedro ganó más, pues para él 1 pan equivale a un 1/2 de ropa, y para Juan a un 1/3 de ropa’’[2]

Es por eso que, la medición objetiva de ganancias y pérdidas es relativa y va variando de conformidad con el punto de referencia que se tome para comparar, y ello aun desde el propio punto de vista de los sujetos intercambiantes.

Por supuesto, no podemos saber cuál es subjetivamente la combinación que los negociantes consideren más importante desde la cual valúen qué ganaron más. Sólo podemos decir que en el momento del intercambio ambos pretendían y suponían estar beneficiándose personalmente, de otro modo no hubiera habido trato.

‘’Aunque es obvio que las personas no hacen este ejercicio cuando intercambian, intuitivamente llevan a cabo lo que los economistas llaman análisis de costo-beneficio, porque ellas siempre son conscientes de aquello a lo que deben renunciar (su costo de oportunidad) para recibir lo que cada cual puede obtener a cambio’’[3]

Es decr, siempre se valúan los usos alternativos que se le podría haber dado a aquello que se renuncia a cambio de lo que se adquiere. Y esto se estima de manera diferente, ya sea en cuanto al tiempo o cosas materiales que se sacrifican para obtener otra.

En otra parte, hemos diferenciado el costo de oportunidad del costo contable, dado que este último es la noción más divulgada y (quizás) la más simple de entender para todos. Porque cada vez que se habla de costo, intuitivamente la gente piensa en qué cantidad de dinero debe extraer de la billetera para comprar algo. Este, en realidad, es el costo contable o dinerario, y el costo de oportunidad consiste en todo aquello que se pudo haber comprado con ese dinero y que no se va a adquirir en el caso puntual.

‘’Otra forma utilizada para explicar este fenómeno es tomando en cuenta que el costo de oportunidad de tener una cosa en vez de otra -su tasa de sustitución- es diferente para Pedro que para Juan, porque sus respectivas productividades son diferentes. Es decir: mientras que a Pedro 1R le "cuesta" 2P, a Juan le "cuesta" 3P. ’’[4]

Se podría decir que, resulta una consecuencia natural de las disimilitudes que nos separan a todos los seres humanos, y la desigualdad existente en el mundo material. En el ejemplo, a Juan le cuesta más porque su productividad en materia de panes es menor que la de Pedro. Juan tiene que invertir más para poder comprar lo que a Pedro le cuesta menos.

‘’En resumen, sus tasas de sustitución son las siguientes:

Para Pedro

1 R = 2 P (ó 1 P = 1/2 R)

Para Juan

1 R = 3 P (ó 1 P = 1/3 R)

Esas diferencias de costos son las que permiten que las partes que intercambian se beneficien del intercambio. De ahí viene el nombre de '’costos comparados’’".[5]

Va de suyo que si esos costos fueran idénticos o inexistentes para ambos, no habría intercambio de ninguna índole.

‘’Supongamos que -subjetivamente- Pedro desea tener más pan en vez de más ropa. Si él es mejor produciendo todo (pan y ropa), la solución intuitiva sería que hiciera más pan. Sin embargo, si él produce 12 panes, su costo de oportunidad es de 6 ropas: pero en el ejemplo del intercambio Pedro puede obtener de Juan los mismos 12 panes, con un costo de oportunidad de solo 5 ropas, ganando 1 ropa, mientras que Juan también gana 1 ropa en el intercambio’’.[6]

Puede darse otro ejemplo para comprender como funciona el sistema. Supongamos que un comerciante necesita realizar 10 trámites administrativos que le llevarían 5 horas. En esas 5 horas el vende en su negocio 10 artículos a $ 20. Este sería su costo de oportunidad.

Si en vez de hacerlo él personalmente contrata a un cadete que por $ 5 hace los 10 trámites, el comerciante pasaría a ganar $ 15 con lo que su costo de oportunidad se reduce a $ 5.

SINT=CDO= 20

CINT=CDO= 5

 En su caso, el intercambio reduce el costo de oportunidad de 20 a 5 y –además- ‘’gana’’ los 10 trámites que necesitaba. Sin el intercambio, ‘’ganaba’’ los 10 tramites ($ 5) pero perdía $ 20. Su saldo final hubiera sido –$ 15.

‘’Los dos terminan con más bienes, sin aumentar la productividad individual, porque ambos incurren en un menor costo de oportunidad para obtener lo que más valoran. Obviamente, si Juan no pensara que viviría mejor con el intercambio, no habría comercio’’

En nuestro ejemplo del párrafo anterior, el cadete gana $ 5 que antes no tenía. Es decir, también termina con más bienes, en el sentido que su situación es mejor a que otra de ocio. Si hubiera valorado más el ocio que el trabajo de cadetería no hubiera aceptado el trato. Si lo aceptó es porque estimó ganancias.


[1] Manuel F. Ayau Cordón Un juego que no suma cero La lógica del intercambio y los derechos de propiedad. Biblioteca Ludwig von Mises. Universidad Francisco Marroquín. Edición. ISBN: 99922-50-03-8. Centro de Estudios Económico-Sociales. Impreso en Guatemala. Pág. 29

[2] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 30

[3] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 30

[4] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 30

[5] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 30

[6] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 30

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