La Escuela Austríaca de Economía (4° parte)


Por Gabriel Boragina ©

"Las ciencias de la acción humana son distintas de las ciencias naturales y nosotros empobrecemos nuestra comprensión de las ciencias humanas cuando las forzamos para amoldarlas a los criterios y cánones del modelo filosófico-científico propio de las ciencias naturales."[1]
De acuerdo a lo que expresábamos -y pese a los intentos que han existido y aún hay para asimilar ambos campos de estudios en una ciencia unificada- la realidad misma impone la evidencia de la necesidad de un método de estudio diferente para las ciencias puramente físicas y las sociales. De cualquier manera, no hay que perder de vista que la ciencia es un concepto (o mejor dicho un conjunto de conceptos) de elaboración humana, una concepción teórica, que se divide en distintos ámbitos y disciplinas para su mejor y más ordenado estudio. La diferencia a la que se alude es siempre referida al método de estudio y no al objeto de estudio. Resulta evidente que el comportamiento humano no puede analizarse ni abordarse de la misma manera en que se lo hace con el comportamiento (si es que existe tal cosa) de los animales y vegetales 
"*Microeconomía*. Proposición 4: La utilidad y el costo son subjetivos. Todos los fenómenos económicos son filtrados por el tamiz de la mente humana. Desde 1870 los economistas han coincidido en que el valor es subjetivo, sin embargo, siguiendo a Alfred Marshall, muchos sostuvieron que el lado del costo de la ecuación estaba determinado por condiciones objetivas. Marshall insistía que así como las dos hojas del filo de una tijera son necesarias para cortar un pedazo de papel, del mismo modo el valor subjetivo y los costos objetivos son necesarios para determinar el precio de los bienes."[2]
Lo que en realidad estaba haciendo Marshall, al expresar que los costos eran objetivos, era aplicar su propia subjetividad personal a los costos que estaba considerando. Es decir, el los llamaba "objetivos" solamente porque en su subjetividad (la de Marshall) así los creía. Pero, al fin de cuentas, la apreciación de Marshall sobre la condición de los costos era subjetiva (no se trataba más que de su propia opinión al respecto). Marshall tampoco -en el fondo- era original en cuanto a su teoría. La objetividad de los costos ya había sido sostenida, incluso por muchos autores clásicos, lo que incluía al propio Adam Smith y a David Ricardo, entre otros distinguidos nombres. La idea de que los costos determinan los precios estuvo también presente en pensadores como Marx y Engels sobre cuya base formularon a la teoría del "valor-trabajo", falsa por donde se la mire.
"Pero Marshall se equivocó al no entender que los costos también son subjetivos, dado que ellos mismos también son determinados por el valor de los usos alternativos de los recursos escasos. Es cierto que ambas hojas de la tijera son necesarias para cortar un papel, pero la hoja de la oferta es determinada por las valoraciones subjetivas de los individuos."[3]
No existen "costos intrínsecos" a las cosas, lo cual -a poco que se lo medite- resulta un completo contrasentido. Que una cosa pueda valorarse a si misma, y que después pueda transmitir su "propio" valor a un ente humano es algo inherente al campo de la ciencia ficción. Las cosas sólo pueden ser valoradas por sujetos, y esto hace que ese valor sea siempre subjetivo, dado que el ente valorante es un sujeto. Por otra parte, si lo costos fueran objetivos serian estáticos y no variables. El hecho de que los costos -de hecho- cambien implica que hay un sujeto que los hace mutar, lo que -a su turno- vuelve a demostrar que los costos son subjetivos y no objetivos.
 "Al decidir cursos de acción uno debe decidir; es decir, uno debe elegir un curso de acción y no otros. La atención a las distintas alternativas en las elecciones conduce a uno de los conceptos centrales del modo de pensar económico: la noción de costo de oportunidad."[4]
No es posible hacer todo al mismo tiempo. Siempre se opta, elige, por cursos de acción alternativos. Por muy rápido que se pueda ser, el hombre siempre actúa sucesivamente y no simultáneamente. Por mucho apetito que tenga y por muy rápido que pueda comer, si me ponen cuatro platos al mismo tiempo sobre la mesa no podré devorarlos todos al mismo tiempo y de una sola vez. Deberé seleccionar por un orden entre ellos, pero si el mozo sigue sirviéndome platos sobre la mesa llegará un punto en que el apetito desaparecerá, y los platos que haya resignado serán mi costo de oportunidad incurrido en el caso.
"El costo de cualquier acción es el valor que tiene la alternativa más valorada a la que se ha renunciado, a la hora de realizar esa acción. En tanto que la acción que no se elige es, por definición, una acción que nunca se llevará a cabo, cuando uno decide, lo que hace es ponderar las expectativas de beneficios de una acción respecto de las expectativas de beneficio de otros cursos de acción alternativos."[5]
Si, en el ejemplo del restaurante, el mozo me sirve un plato con pavo y otro con pastas, por lo que me cobrará lo mismo, pero sólo tengo tiempo para comer un plato de los dos, porque luego debo irme a toda prisa al trabajo, el plato que me quede sin comer será mi costo. Significará que he valorado más ingerir el pavo asado que las pastas, o a la inversa. Ese será mi costo de oportunidad, que debe distinguirse del costo contable o monetario, que es el que me significa lo que debo pagar en dinero por el menú que efectivamente consumí. En el caso, mi elección se basó en que me produciría más satisfacción comer el pavo que las pastas que la elección contraria. Sin perjuicio que, de haber contado con el tiempo y el apetito suficiente, hubiera almorzado los dos platos, ya que el costo (monetario) por ambas comidas (el contable) era idéntico.

[1] Peter J. Boettke. *Hacia una Robusta Antropología de la Economía**La Economía Austriaca en 10 Principios* Instituto Acton Argentina. Trad: Mario Šilar
[2] Boettke, P. ibidem.
[3] Boettke, P. ibidem
[4] Boettke, P. ibidem
[5] Boettke, P. ibidem

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