Menger y los bienes económicos


Por Gabriel Boragina ©

"Así pues, la economía humana y la propiedad tienen un mismo y común origen económico, ya que ambos se fundamentan, en definitiva, en el hecho de que la cantidad disponible de algunos bienes es inferior a la necesidad humana. Por consiguiente, la propiedad, al igual que la economía humana, no es una invención caprichosa, sino más bien la única solución práctica posible del problema con que nos enfrenta la naturaleza misma de las cosas, es decir, la antes mencionada defectuosa relación entre necesidad y masa de bienes disponibles en el ámbito de los bienes económicos."[1]
En otras palabras, nos dice Menger que la economía y la propiedad nacen en forma simultánea de un único fenómeno causal: el de la escasez de bienes. Notemos que dice "algunos bienes", dado que los bienes libres también satisfacen necesidades, pero estos últimos no interesan al estudio de la economía; solo los bienes escasos esto es los bienes económicos son relevantes a nuestra ciencia. En abierto desafío a las teorías socialistas que expresan lo contrario, el genial Menger nos explica que la economía y la propiedad que aparecen al unísono no son fruto de capricho humano. Por el contrario, economía y propiedad aparecen como la única y exclusiva solución viable para paliar la realidad de la escasez de bienes en relación a la necesidad que existe de ellos. Va de suyo que, si las necesidades fueran inferiores a la cantidad existente de bienes desatinadas a satisfacerlas, ni la economía ni la propiedad hubieran sido necesarias, ergo, ni siquiera hubieran aparecido.
"Por esto mismo, es también imposible eliminar la institución de la propiedad sin eliminar al mismo tiempo las causas que llevan forzosamente a ella, es decir, sin multiplicar al mismo tiempo las cantidades disponibles de todos los bienes económicos hasta tal punto que pueda quedar realmente cubierta la necesidad de todos los miembros de la sociedad o sin disminuir hasta tal extremo les necesidades de los hombres que los bienes de que de hecho disponen basten para cubrir aquellas necesidades.
Si no se consigue un equilibrio de este tipo entre necesidad y masa disponible, un nuevo orden social podrá conseguir, sin duda, que sean otras personas —en vez de las actuales— las que pueden utilizar las cantidades disponibles de bienes económicos para la satisfacción de sus necesidades, pero nada ni nadie podrá impedir que siga habiendo personas cuyas necesidades de bienes económicos no son cubiertas, o lo son incompletamente, y frente a cuyas siempre posibles acciones violentas tendrán que ser defendidos los nuevos propietarios. La propiedad, en el sentido mencionado, es, pues, inseparable de la economía en su forma social y todos los planes de reforma social sólo pueden tender, si quieren ser razonables, a una distribución adecuada de los bienes económicos, no a la supresión de la institución de la propiedad."[2]
Reafirmando que la propiedad surge de la escasez de bienes suficientes para satisfacer las necesidades humanas, Menger contesta a quienes postulan la abolición de la propiedad explicándoles que la única manera de lograrlo es multiplicando la totalidad de los bienes existentes en tal extensión que permita cubrir perfectamente todas las necesidades humanas. Alude –recordemos- a bienes económicos como sinónimo de bienes escasos. La otra manera por la cual podría llegarse a la supresión de la propiedad sería operando en forma inversa, es decir reduciendo todas las necesidades de todas las personas hasta un punto tal que solamente queden las necesidades que puedan ser cubiertas con la cantidad total de los bienes existentes hasta ese momento. Exclusivamente en estos dos casos, o sea, logrando estos objetivos, la propiedad podría llegar a desaparecer. Va de suyo la imposibilidad fáctica de ambas hipótesis, pese a que no han faltado experimentos en la historia económica en los que se haya intentado tanto un extremo como el otro, y en donde los fracasos en dicho sentido no han dejado de ser recurrentes.
Seguidamente, apunta Menger que de no poderse obtener ninguno de los dos objetivos antes esbozados, lo único que le queda a quien aspira a suprimir la propiedad es a despojar a los actuales propietarios de sus bienes económicos para entregárselos a lo no propietarios, con lo cual quienes pasarán a satisfacer todas sus necesidades serán los nuevos propietarios, en tanto los anteriores expoliados propietarios pasarán a padecer de las mismas necesidades que antes sufrían los ahora nuevos "propietarios". Como sabemos, esto es lo que en la práctica ha hecho siempre el socialismo: un simple pasaje de términos, en lo que Alberto Benegas Lynch (h) ha resumido en la acertadísima fórmula: "quitar a unos de lo que les pertenece para darles a otros lo que no les pertenece", es decir, la fórmula en la que se sintetiza la llamada "justicia social". Finalmente, en este párrafo, Menger llama la atención sobre la posible violencia que producirá tal tipo de despojo, lo que nuevamente hemos visto verificado en la práctica, en todos los regímenes socialistas habidos y existentes a hoy.
"En las dos secciones precedentes hemos considerado la naturaleza y el origen de la economía humana y hemos defendido la opinión de que la diferencia entre los bienes económicos y no económicos se fundamenta, en definitiva y en el más exacto sentido de la palabra, en la diferente relación existente entre la necesidad y la cantidad disponible de dichos bienes."[3]
Menger remarca una y otra vez la característica de escasez que distingue a los bienes económicos de los no económicos, si bien lo hace –al decir de F. A. v. Hayek- sin emplear (entendemos que en el original en alemán) la palabra escasez (en la traducción española si, aparece a menudo esta palabra, seguramente por obra del traductor, como ya hemos apuntado más arriba). En la cita precedente se refiere a la escasez cuando alude a "la diferente relación existente entre la necesidad y la cantidad disponible de dichos bienes."[4]. Los "bienes no económicos" –como recordaremos- también se designan como "bienes libres" en la jerga económica.

[1] Carl Menger. Principios de economía política. Introducción de F. A. v. Hayek. Ediciones Orbis. Hyspamerica. pág. 69
[2] Menger Carl. Principios…ob. cit. pág. 69
[3] Menger Carl. Principios…ob. cit. pág. 71
[4] Menger Carl. Principios…ob. cit. Pág. 71

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