Bastiat y la competencia (3° parte)


Por Gabriel Boragina ©

"de verdad propone alguien en serio poner en lugar de esta vigilancia general de las personas afectadas una autoridad social - acaso la del propio reformador del mundo - que tendría entonces que fijar las condiciones infinitamente delicadas de los incontables cambios que acaecieran en todos los puntos de la tierra. ¿Es tan difícil de comprender que esto significaría crear el más falible, más universal y más intolerante de los despotismos; uno que tocaría en lo más vivo y se entrometería en todo, pero que sería también, felizmente, el más imposible de todos, ¿comparable sólo al que alguna vez pudo engendrar la mente de un bajá o un muftí?"[1]
Vemos en este párrafo un extraordinario anticipo a la teoría de Friedrich A. von Hayek sobre el conocimiento disperso y la fatal arrogancia del planificador de pretender concentrarlo en sus propias decisiones. También está implícita la teoría hayekiana del orden espontáneo que, en realidad, ya reconocía su antecedente en el padre de la economía, el profesor escocés Adam Smith. Cabe notar que la expresión "autoridad social" no parece limitarse a la política (como puede ser un gobierno) sino que, al utilizar también la palabra "reformadores del mundo" puede estar aludiendo a los planificadores sociales que se desempeñan en otros campos ajenos al político (como pueden ser los educadores de todos los niveles, o filósofos, economistas, y otro tipo de pensadores). Lo medular de este pasaje, no obstante, nos parece el mensaje que nos deja sobre la imposibilidad de una planificación centralizada, como un siglo más tarde desarrollaría Hayek con sus magníficos aportes teóricos al proceso competitivo.
"Pero si la competencia no consiste en otra cosa que en la ausencia de una autoridad arbitraria que tuviera que decidir en los cambios en lugar de los permutantes, podemos ya concluir sin lugar a duda que ella es indestructible. También es verdad que el poder abusivo puede limitar e impedir la permutabilidad del mismo modo que la libertad de andar, pero no puede destruir ni la una ni la otra sin destruir al hombre. De lo que se trata es, pues, sólo de si la competencia contribuye a la felicidad o a la infelicidad de la humanidad, o, dicho de otra manera, si la humanidad progresa naturalmente o retrocede."[2]
 Debe entenderse que ella es indestructible en tanto no interfiera esa "autoridad arbitraria" (ahora si, en un claro sentido de gobierno). Caben aquí nuestras anteriores reflexiones en cuanto a que la competencia -en rigor- es un hecho de la naturaleza, que está determinado por dos únicos factores: la infinitud de necesidades frente a la escasez de los recursos necesarios para poder satisfacerlas todas. Todas las limitaciones a la competencia son -con buen criterio- para Bastiat restricciones a la libertad, de la manera que él las entiende, como una sola y misma cosa. De allí que, resulta lógico que concluya que, coartando la competencia se va suprimiendo la libertad, y con ella se encamina hacia la destrucción del hombre mismo. Finalmente, se cuestiona que lo verdaderamente relevante es establecer si la competencia (que asume como indestructible) se orienta hacia "la felicidad o infelicidad de la humanidad".
"La competencia, que con mucha razón podríamos llamar pura y simplemente "libertad", es, a pesar de la hostilidad que soporta día a día, efectivamente la ley propiamente democrática. De todas las fuerzas que impulsan el progreso de la humanidad, ella es la más eficaz, la que más hace por nivelar las diferencias en la sociedad, la que antes que ninguna otra da origen a una verdadera comunidad en el seno de la misma."[3]
Bastiat insiste en la sinonimia entre competencia y libertad. Pero ahora le agrega una característica más: la llama "la ley propiamente democrática". Naturalmente, el término "ley" no está siendo utilizado en el mismo sentido en el que, lamentablemente, se le entiende hoy, es decir como "ley" positiva, sino como ley en un sentido natural. ¿Con qué significación estaría utilizando aquí nuestro autor la palabra "democrática”? El contexto parece indicar que el concepto de democracia que maneja Bastiat es el de la democracia igualitaria. La clave para esta conclusión la dan sus palabras: "nivelar las diferencias en la sociedad". Y, efectivamente, desde un punto de vista también praxeológico, la competencia produce ese efecto de nivelación entre los distintos sectores de la sociedad. Sin embargo, la ausencia de competencia también nivela a los individuos, pero contrariamente, en el sentido de que nadie puede competir.
“Ella generaliza paulatinamente el consumo de todos los bienes que la naturaleza parecía haber concedido gratuitamente sólo a ciertas regiones. Ella convierte en bien común todas las conquistas del espíritu que en cada siglo vienen a aumentar la riqueza de la humanidad, dejando para el intercambio sólo los trabajos adicionales, sin que éstos lleguen, como quisieran, a hacerse pagar también por la cooperación de las fuerzas naturales; y cuando estos trabajos, como siempre ocurre al principio, tienen un precio demasiado elevado en proporción a su valor intrínseco, es de nuevo la competencia la que con su acción imperceptible pero incesante establece un equilibrio justo y más exacto que el que nunca podría conseguir ninguna agencia gubernamental.”[4]
El párrafo ilustra, con elegante prosa, como la competencia es el mejor antídoto a los monopolios. El secreto -como tantas veces se ha dicho- es que las mayores ganancias que se obtienen con los bienes y servicios que comienzan siendo monopolísticos la competencia -a través del proceso de mercado- empieza a abaratar sus precios y, de tal suerte, los hace más accesibles a cada vez mayores mercados. Inicia Bastiat exponiendo -en primer término- lo que podrían denominarse monopolios naturales en el pleno y literal sentido de la expresión. Es decir, aquellos monopolios que están dados por la naturaleza geográfica de las riquezas que producen. Evoca la Teoría de las ventajas comparativas del genial David Ricardo. La competencia facilita el intercambio cada vez a menor costo de ciertos tipos de artículos elaborados en regiones que tienen ventajas comparativas recíprocas pero inversas, lo que facilita el acceso de un mayor número de ellos a gentes que -de otro modo- no podrían obtenerlos, dada su ubicación geográfica. 

[1] Frédéric Bastiat "LIBERTAD COMO COMPETENCIA". Este artículo pertenece a su libro "Armonías Económicas", publicado en el año 1849.
[2] Bastiat, Frédéric. ibidem
[3] Bastiat, Frédéric. ibidem
[4] Bastiat, Frédéric. ibidem

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