"Teoría y práctica" del populismo

Por Gabriel Boragina ©

 

Como ha ocurrido antes con el socialismo, no faltan ahora quienes digan que el populismo es en "esencia bueno" pero, para que sea fructífero, ha de ser "bien aplicado", lo que equivale a afirmar que "en teoría" funciona, pero que "en la práctica" no lo hace. Subyacente a esta falacia, se esconde la errónea dicotomía entre la teoría y la práctica:

"Muchas veces hemos oído decir "una cosa es la teoría y otra la práctica”. Tomado al pie de la letra esta afirmación no es más que una estúpida perogrullada. Decir que una cosa es la comida y otra la olla no agrega mucho al conocimiento. No pasa de ser una observación trivial. Pero en realidad con la citada afirmación sobre teoría y práctica se quiere decir algo bien distinto. Se pretende sostener que una teoría puede ser buena pero en la práctica no sirve. Esta última afirmación carece de validez. Es incorrecta por donde se la mire. La teoría es para interpretar los nexos causales subyacentes en la realidad. Si la interpreta bien, la teoría debe ser adoptada. Si no la interpreta, debe ser rechazada. Entonces, una teoría no puede ser buena y no servir en la práctica puesto que el ejercicio práctico exitoso, precisamente, significa la adopción de una buena teoría. La teoría por la cual se sostiene que no debe haber teoría, es una muy mala teoría, puesto que implica que debemos dar palos de ciego sin tener idea qué estamos haciendo ni adónde apuntamos. Por esto es que se ha dicho que nada hay más práctico que una buena teoría."[1]

Respecto de que el populismo representara una ideología, o que supuestamente tuviera alguna, es cuestionado por los autores más serios que lo han estudiado en detalle, cómo surge de la siguiente cita:

"Los populismos de nuestra región -el plural resulta apropiado, dada la diversidad de las experiencias- se caracterizan por sus imprecisiones ideológicas y por su dependencia de liderazgos personales fuertes y determinantes, lo cual los complementa y a veces hasta los hace indistinguibles de otro fenómeno muy característico de América Latina, el caudillismo, más identificado con la historia del siglo XIX. Esto impidió que llegaran a alcanzar el grado de estructuración ideológica de otros movimientos, por lo que la relación líder-masa adquirió un valor fundamental. En ausencia de una línea política clara y precisa el líder se asemejó al caudillo de otros tiempos, llevando al movimiento por las aguas turbulentas de la cambiante política, acercándose a la derecha o a la izquierda según lo aconsejaran las cambiantes circunstancias de la hora. "[2]

En condición, el populismo es un movimiento personalista, donde su fundamento último es el culto al líder y la reverencia a sus caprichos, aun a los más aberrantes. Los ejemplos más cercanos son los vividos en la Argentina con los Kirchner, Ecuador con Correa, Bolivia con Morales y el castrochavismo comunista venezolano.

"Entre las primeras manifestaciones del populismo latinoamericano se cuentan las de Brasil y Argentina, donde aparecen dos poderosas personalidades políticas, Getulio Vargas y el Gral. Juan Domingo Perón, que llegaron a dominar la escena de sus países durante muchos años. El mensaje de estos y otros líderes, si bien teóricamente confuso y hasta manifiestamente contradictorio, se distinguió sin embargo por dos rasgos notables: a) lo que podríamos llamar el tercerismo y, b) una vocación de cambio que respondía de algún modo al momento que se vivía en cada país. En un contexto en el que capitalismo y socialismo se enfrentaban de plano en un combate ideológico incesante y donde las dos grandes potencias del mundo estaban comprometidas en la Guerra Fría, el mensaje populista trató de navegar entre las aguas de los sistemas contrapuestos, elaborando fórmulas que, si bien carecían casi siempre de un contenido preciso o aún de viabilidad práctica, resultaban impactantes y capaces de movilizar los sentimientos y las energías latentes en amplios sectores de la población."[3]

Desde luego que el populismo no es ninguna "teoría científica", ni puede catalogárselo como integrante de la ciencia política ni mucho menos:

"Las teorías científicas pueden ser verificadas por sus consecuencias prácticas. El hombre de ciencia es responsable, en su propia esfera, de lo que dice; lo podemos juzgar por sus obras y distinguirlo, así, de los falsos profetas." Uno de los pocos pensadores que han sabido valorar este aspecto de la ciencia es el filósofo cristiano J. Macmurray...:"La ciencia misma -expresa-, emplea en sus propios campos específicos de investigación un método de comprensión que restaura la rota integración de teoría y práctica». Esta es, a mi juicio, la razón de que la ciencia constituya una ofensa a los ojos del misticismo, que elude la práctica creando mitos en su lugar"[4]

 

Precisamente, el populismo encaja dentro de esa concepción de misticismo, porque lo que se mitifica en él es el o la líder. En el populismo todo se hace depender del carisma providencial del jefe o caudillo a quien se supone poseedor de poderes cuasi sobrenaturales e inteligencia infinita. En consecuencia, los "teóricos" afines al populismo solo recomiendan el obediente e incondicional culto al líder "supremo", y piden de sus súbditos religiosa devoción y fe en que el/la jefe populista solucionará como por arte de magia todos los problemas sociales existentes. No es erróneo pues afirmar que el populismo no constituye más que una simple y vulgar secta, con la única particularidad que actúa dentro del plano político, y que se agota en el dogma de la pura idolatría a sus jefes.

Por ello "El populismo,... más apegado a las grandes fórmulas vacías que a programas claros de gestión económica,.... se acercó en muchas de sus manifestaciones, indudablemente, al fascismo"[5]

 



[1] Alberto Benegas Lynch (h). El juicio crítico como progreso. Editorial Sudamericana. Pág. 165

[2] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz "populismo"

[3] C. Sabino,  Diccionario...ob. cit. voz "populismo"

[4] K. R. Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. Paidos. Surcos 20. pág. 456

[5] C. Sabino,  Diccionario...ob. cit. voz "populismo"

Algunas reflexiones sobre el último "paro"

Por Gabriel Boragina ©

 

El último "paro" nacional argentino ha suscitado mucha discusión a todo nivel. A la misma queremos agregar nuestras reflexiones sobre el particular.

La particularidad de la última "medida de fuerza" adoptada por los trabajadores (o si se quiere por los sindicatos que dicen "representarlos") es que la misma pretendió ser dirigida contra el gobierno (no faltaron los que dijeron que -en rigor- la medida tuvo como destinatario a políticos presuntamente "opositores", lo que en relación a lo que pretendemos expresar ahora, no viene al caso, y no hace diferencia alguna si la "huelga" o "paro" fue dirigida contra "el gobierno" o contra "la oposición" o contra "la clase política" en su conjunto. Si se quiere, puede decirse que fue contra estos tres grupos, por separado o en forma conjunta. Repetimos que, no viene al caso para lo que vamos a comentar seguidamente).

Desde el oficialismo ha habido muchos que han pretendido criticar la medida diciendo que los paros "no son" legales, sino que sólo las huelgas lo serian. Por lo que será interesante examinar cuál sería la presunta "diferencia" entre los términos "paro" y "huelga", tarea a la que nos abocamos a continuación:

El art. 14 bis de la Constitución de la Nación Argentina dice: "Queda garantizado a los gremios:...el derecho de huelga", pero no explica qué debe entenderse por el término "huelga", ni tampoco explica cual sería la supuesta diferencia con "el paro", por lo que deberemos recurrir a expertos juristas que nos lo expliquen. De esta suerte leemos:

"Desde el punto de vista de los trabajadores, paro, según la definición de Nápoli, es el medio más parecido a la huelga, pero se distingue de ella por la brevedad de su duración y por la forma de manifestarse, pues “mientras la huelga puede traducirse en la inasistencia al trabajo, el paro, no”, porque constituye siempre un “alto” en su curso, concertado por los trabajadores para protestar."[1]

Según otro experto en Derecho Laboral: "paro voluntario, individual o colectivo, como la huelga, en que existe un concierto para no trabajar, pero directamente encaminado a la consecución de un fin preciso"[2]

Según el primer criterio, el paro es una forma de la huelga, no algo distinto, ni tampoco contrario a esta, sino más bien una especie (paro) dentro del género (huelga). Pero, según el segundo razonamiento, la huelga sería un paro colectivo, en el que el género pasa a ser el paro, y la especie pasa a ser la huelga, es decir, se invierte la relación "género/especie".

De lo que no cabe duda, luego del examen de la opinión de los expertos juristas en derecho del trabajo, es que no existe la pretendida "antítesis" entre paro y huelga, como para decir -como falazmente lo hacen los oficialistas- que el paro "no" es legal y la huelga "si" lo es. Indudablemente, y conforme las opiniones de los expertos juristas, no hay diferencia -ni de fondo ni de forma- entre paros y huelgas. Ambos términos describen un único fenómeno: el cese de la actividad laboral, y punto.

Otros oficialistas se quejaron de que "la medida" no tuvo por efecto beneficiar a los trabajadores. Si analizamos las consignas bajo las cuales el "paro/huelga" fue convocado, observamos que estas fueron: "No a la inflación, No a la inseguridad, No al ajuste". Desde el estricto ángulo de las tres consignas, no puede caber ninguna duda que las tres SI perjudican el nivel de vida de los trabajadores, y siempre teniendo en cuenta que trabajadores somos todos los que trabajamos, sea manual o intelectualmente. Muchas veces se ha explicado que la inflación perjudica principalmente a los asalariados, ya que ese flagelo, originado pura y exclusivamente por los gobiernos, derrite el poder adquisitivo del salario. Otro tanto cabe decir respecto de la segunda consigna ("No a la inseguridad"). Sólo a desprevenidos, distraídos o aviesamente perversos se les puede "escapar" el incremento del delito que trajo el advenimiento del gobierno del nefasto matrimonio Kirchner (FpV) desde la llegada del primero al poder. Y sólo también a esos tres grupos (desprevenidos, distraídos o aviesamente perversos) les podría parecer que la inseguridad "no" afecta el derecho de los trabajadores. Parece absurdo tener que explicarles que, las principales víctimas de la creciente ola de delitos que asola la Argentina son justamente los asalariados, ya que cuando en un país la delincuencia crece, lo hace en todos los estratos sociales, desde los más altos hasta los más bajos, y el target de sus víctimas también crece indefectiblemente en todos los niveles sociales. Por supuesto, los asalariados no son excluidos como posibles víctimas por parte de los malvivientes. Al contrario, son las víctimas más simples de atacar.

Por último, la tercer consigna enarbolada por los huelguistas ("No al ajuste") innegablemente también perjudica a los asalariados, habida cuenta que las cargas que el gobierno impone a la masa asalariada, (impositivas; menor oferta de bienes y servicios por la fijación de precios políticos a bienes de "primera necesidad"; incrementos de costos laborales que ocasionan mayor desocupación; ajuste a jubilaciones y pensiones; precios más altos por la inflación; y un largo etc.) obviamente perjudican -y mucho- a los asalariados. En consecuencia, como podemos observar, es calumniosamente falso también, que el "paro/huelga" no haya tenido la finalidad de beneficiar a los asalariados. Al menos, desde el punto de vista formal, no puede decirse que el reclamo no haya sido legítimo, como tampoco puede afirmarse que no haya estado bien formulado en sus tres consignas principales.

Despejado pues el aspecto terminológico que indica la legalidad (o mejor dicho la constitucionalidad) del paro/huelga, pasemos ahora a las reflexiones que anticipamos hacer sobre el tema.

Por supuesto sabemos que toda "medida de fuerza" (se la llame como se la quiera llamar y se la defina como se la quiera definir) no es el método más idóneo para solucionar conflictos. Por lo general, en lugar de resolver el entuerto, lo termina agravando, sobre todo si el destinatario de la medida (en este caso el gobierno) hace caso omiso a la misma y reacciona en sentido contrario "redoblando la apuesta" como suele haber hecho el gobierno del FPV.

 



[1] Dr. OSSORIO MANUEL-Diccionario de ciencias jurídicas políticas y sociales-Editorial Heliasta-1008 páginas- Edición Número 30-ISBN 9789508850553. pág. 691.

[2] Dr. LEÓN SCHUSTEE en Enciclopedia Jurídica OMEBA -TOMO 8 letra D Grupo 32. Voz "Huelga"

 

Los partidos políticos

Por Gabriel Boragina ©

 

Vamos a continuación a efectuar un muy somero análisis de la actuación de los partidos políticos, vistos desde diferentes ángulos de opinión y en circunstancias bastante disimiles en la historia.

Existen antecedentes de que los partidos políticos han intentado interferir con la justicia e influir en las decisiones judiciales, tal como por ejemplo se consigna en la siguiente cita:

"La Comisión Internacional de Juristas de La Haya (ahora en Ginebra), en un congreso celebrado en Atenas en junio de 1955, aprobó la siguiente resolución, que de modo solemne declara: “1. El estado queda sometido al derecho. 2. Los gobiernos deben respetar los derechos de los individuos bajo el imperio de la ley y adoptar medidas eficaces para su protección. 3. Los jueces se atendrán al principio del imperio de la ley, que defenderán y harán respetar sin dejarse intimidar por el temor ni seducir por el halago, resistiendo cualquier intromisión proveniente del poder público o de los partidos políticos que atente a la independencia judicial. 4. Los juristas de todo el mundo mantendrán la independencia de su profesión; defenderán los derechos de los individuos bajo el imperio de la ley y proclamarán siempre el derecho de todo acusado en un juicio imparcial.” Véase el Report of the International Congress of Jurists, La Haya, 1956, pág. 9"[1]

 

Apuntamos -observando lo descripto en el tiempo- de que manera poco efectiva se cumplieron los puntos de aquella brillante resolución, si es que en algún país del mundo llegaron a practicarse. En lo que a nosotros nos interesa de momento, resulta llamativo el punto 3 de la resolución, que indica a las claras que, ya en aquella época, los partidos políticos intentaban por todos los medios "intimidar por el temor ... seducir por el halago" a los jueces, echando mano para ello dichos partidos políticos de "cualquier intromisión" con los jueces.

Lo anterior parece tener un punto de conexión con lo siguiente:

"La forma de ser que distingue a los americanos frente a la Europa de los prejuicios sociales y políticos les permite incluso gozar de esos derechos que Tocqueville contempla con la desconfianza propia del liberal decimonónico: los partidos políticos («un mal inherente a los gobiernos libres») y la libertad de prensa («la amo mucho más por la consideración de los males que impide que por los bienes que produce»)."[2]

Significativo pues el pensamiento de Tocqueville en cuanto a los partidos políticos como un mal necesario, es más, la palabra "inherente" implica algo mucho más allá de la simple "necesidad", dado que lo necesario puede no estar presente, pero lo inherente indefectiblemente formará parte inescindible de aquello a lo que esta adherido de modo inseparable.

Veamos ahora el comportamiento de los partidos políticos en la Alemania de posguerra:

"Las críticas de Röpke a los programas de bienestar aumentaron en los años siguientes. Así, censuró duramente la decisión del Gobierno Erhard (1957) de ajustar el programa de pensiones al costo de la vida: a su juicio, era un paso para convertir el sistema de bienestar en “una muleta para la sociedad”.

Esa muleta sigue estando ahí. Hoy, los partidos políticos alemanes ofrecen rebajar los impuestos al tiempo que prometen más gastos sociales. Eso no es financieramente responsable, pero los políticos saben que muchos alemanes no votarán por quien diga que va a reducir el Estado de Bienestar"[3]

Es decir, conforme venimos observando, los partidos políticos se han comportado de manera bastante diferente a lo que la mayoría de las personas parece -al día de hoy- suponer. También se advierte que se han caracterizado (en el mejor de los casos) por prometer verdaderos imposibles, ofrecer utopías y -en suma- limitarse a actuar como grupos de poder. A este último aspecto se alude en la cita siguiente:

"...las manifestaciones de corporativismo fascista irrumpieron con claridad durante el gobierno del General Uriburu. Después de intentos de reforma constitucional para introducir las ideas fascistoides, en su discurso con motivo de la trasmisión del mando al General Justo, aquel dijo que... Estimamos indispensable para la defensa efectiva de los intereses reales del pueblo, la organización de las profesiones y de los gremios y la modificación de la estructura actual de los partidos políticos para que los intereses sociales tengan una representación auténtica y directa. A partir de Perón el corporativismo llegó a su máxima expresión y con ello la máxima expresión de la demolición de las estructuras jurídicas, económicas y sociales del país. Se estableció la Confederación General Económica con la intención de reunir coactivamente a los empresarios y la Confederación General del Trabajo para afiliar obligatoriamente a los empleados y obreros.".[4]

 

De nuestro lado, observamos que la nefasta reforma incorporada a la Constitución de la Nación Argentina en 1994, implantó definitivamente el corporativismo fascista en materia de partidos políticos, en cuanto a que determina en su artículo 38 párrafo tercero que será el estado argentino el que financiará las actividades de los partidos y la capacitación de sus dirigentes. Es decir, resulta –en suma- la consagración constitucional y formalmente legal del corporativismo fascista partidocrático.

Según otro calificado autor, en los últimos tiempos:

"...fueron desapareciendo los partidos políticos históricos. Y dieron paso a sociedades tipo club, donde se escoge a alguien que esté dispuesto a mentir, que no sepa mucho, pronto a pactar con tirios y troyanos, a extender la mano y financiarse de criminales, para finalmente llegar a la primera magistratura, y desde la presidencia del ejecutivo, desde el congreso y en cada alto puesto, “reponerse”.[5]

 

 



[1] Friedrich A. von Hayek. Los fundamentos de la libertad. Pág. 11

[2] Benigno Pendás. Capítulo titulado "TOCQUEVILLE, EN EL ESPACIO Y EL TIEMPO", incluido en Alexis de Tocqueville. Libertad, igualdad, despotismo (varios autores) -FAES Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales ISBN: 978-84-89633-44-5. Pág. 355.

[3] Sam Gregg -No hubo milagro alemán-Publicado el 2 de Julio de 2008-Fuente: http://www.fundacionburke.org/2008/07/02/no-hubo-milagro-aleman/

 

[4] Alberto Benegas Lynch (h) "GRUPOS DE PODER VS. ESTADO DE DERECHO". Página 3.

[5] Alberto Mansueti. Las leyes malas (y el camino de salida). Guatemala, 2009. Pág. 16

 

¿Qué es el capitalismo "de estado"?

Por Gabriel Boragina ©

La palabra "capitalismo" se ha prestado, y desde épocas posteriores a K. Marx (quien habría sido el más prolífico divulgador del término) a interpretaciones de las más variadas y contrapuestas en su significado. A continuación, vamos a examinar someramente algunos de los distintos sentidos que se le han dado a la fórmula compuesta por las expresiones "capitalismo", por un lado, y "estado", por el opuesto, y que es lo que han pretendido obtener los autores que emplearon este enunciado con la fusión de ambos vocablos.

 Comencemos con la visión de un socialista al respecto:

"En los países de capitalismo privado monopolista la clase obrera dispone de un mínimo de libertades democráticas… y que son, aunque limitadas, suficientes no sólo para tomar conciencia de la explotación a que es sometida, sino también para organizarse y luchar contra ella. En cambio, en los países de capitalismo de estado burocrático, mal llamados ‘socialistas’, la clase obrera no dispone de esas posibilidades. No puede hacer huelga. Sólo puede organizarse en sindicatos que son meras correas de transmisión del aparato estatal y del partido único, y comparados con los cuales eran auténticos paraísos democráticos los sindicatos verticales de la dictadura franquista (AFS: 156)."[1]

Estas palabras de Semprún revelan con total claridad el grado de confusión conceptual y terminológica que tienen todos los socialistas (marxistas o no marxistas) sobre el verdadero significado de la palabra capitalismo. El capitalismo, desde luego, es privado si se entiende desde el punto de vista de los derechos de propiedad. Pero es público en tanto y en cuanto se visualizan los extraordinarios y enormes beneficios del sistema para el conjunto de la sociedad donde se aplique. Esto último es lo que descarta por completo la calificación de "monopolista" (que no es más que un mito). Recordemos que los monopolios, si bien escasamente posibles, son extremadamente raros en un sistema capitalista.

Por lo demás, el "capitalismo privado" -como lo llama Semprún- (dicho sea de paso, locución más que redundante), es la antítesis de la "explotación" de la "clase obrera", a la que si, es sometida en los sistemas socialistas. Parece que, a lo que dicho autor quiere referirse bajo el rótulo de "capitalismo de estado burocrático", no es más que -lisa y llanamente- socialismo y comunismo, sólo que no desea reconocer que el socialismo no es otra cosa diferente a un paso previo al comunismo. Y todo esto, sin entrar a cuestionar lo inexacto de pensar en los obreros como una "clase social". Lo que indudablemente está mal es llamar a los países socialistas con la rebuscada fórmula "capitalismo de estado burocrático", que no es más que una contradicción en términos, donde la primer palabra "capitalismo" es la antinomia del estado burocrático. Sirva pues la cita transcripta para revelar el grado de desconcierto y mezcolanza que anida en la mente de un socialista y/o comunista, (pese a que Semprún, posteriormente, modificó en algo su manera de ver el tema).

Los alemanes de posguerra padecían de la misma confusión:

"Los sindicatos alemanes reunidos en la Conferencia de las Cuatro Zonas (Viertel Zonenkonferenz), en mayo de 1947, reclamaban la instauración de “una economía planificada y dirigida”. La propia Democracia Cristiana (CDU) de la zona ocupada por las fuerzas británicas señalaba en su plan de agosto de 1947 que “la planificación y el dirigismo en la economía parece que serán indispensables por un largo período”, aunque también reconocía “los peligros de un capitalismo de estado para la libertad política y económica de los individuos”. En contraposición, el Partido Liberal (FDP) declaraba que “las necesidades de la población serán mejor satisfechas por medio de un sistema que incentive la producción mediante un sistema que dé prioridad a la libre iniciativa y elimine el sistema económico en poder de la burocracia (Wirtschaftsbürokratie)”."[2]

Parece que los sindicatos y la CDU añoraban el nazismo del cual terminaban de salir (si bien la CDU se mostraba algo más prudente), lo que contrasta con la afirmación de muchos, que dicen que Hitler no contaba con demasiados seguidores hacia el final de su caída (y hasta hay liberales que afirman que fue un "error" combatir a Hitler). Más allá de esto último, la cita denota nuevamente el empleo de la expresión "capitalismo de estado" como sinónimo de comunismo y/o socialismo.

Otros autores, enfatizan la sinonimia de la fórmula en estudio con lo que se llama estado totalitario, en palabras como las siguientes: 

"En cualquier caso, si es que las revoluciones modernas son concebibles, hay una presunción de que por las mismas razones que le obligan a ser totalitario, el capitalismo de Estado corre mayo­res riesgos y necesita defensas más poderosas contra la revuelta que los Estados que no poseen, sino que meramente distribuyen lo que otros poseen."[3]

L. v. Mises, a nuestro juicio con gran acierto, ironiza sobre la alocución:

"En años recientes se descubrió un nuevo término para aquello que quedaba encubierto por la expresión “economía planificada”: Capitalismo de Estado, y no pueden caber dudas que en el futuro todavía surgirán muchas otras proposiciones para el salvataje del socialismo. Aprenderemos muchos nombres nuevos para la misma cosa. Pero lo que importa es la cosa, no sus nombres, y todos los esquemas de este tipo no lograrán alterar la naturaleza del socialismo."[4]

 



[1]Samuel Amaral. "El largo viaje de un rojo español: del marxismo a la libertad en Jorge Semprún" RIIM Revista de Instituciones, Ideas y Mercados-Nº 51| Octubre 2009 | pp. 147-200 | ISSN 1852-5970. pág. 180-181.

[2]Enrique Cerdá Omiste. "La reforma económica alemana de 1948" - Revista Libertas IV: 6 (Mayo 1987) Instituto Universitario ESEADE pág. 5

[3] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 306.

[4]Ludwig von Mises. "SOCIALISMOS Y PSEUDOSOCIALISMOS" Extractado de Von Mises, Socialism: An Economic and Sociological Analysis, capítulos 14 y 15. La traducción ha tenido como base la versión inglesa publicada por Liberty Classics, Indianápolis, 1981. Traducido y publicado con la debida autorización. Estudios Públicos, 15. Pág. 25 a 28

 

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