Accion Humana

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Revista Digital

El populismo argentino

 


Por Gabriel Boragina ©

 

Frente a una nueva elección entre populismos como la que se avecina, será útil hacer un repaso acerca del rasgo populista del argentino promedio. 

Se puede fechar el comienzo del populismo en Argentina en la década del 40 con el advenimiento de Perón al poder.

Lenta pero progresivamente este se fue impregnando en todas las demás instituciones, no solamente políticas sino educativas, hasta terminar transformándose en una cultura que se extendió a todas las expresiones sociales (educativas, periodísticas, familiares, etc.).

Inclusive hasta los gobiernos militares que sucedieron a Perón tuvieron que reconocer el fenómeno populista, y si bien no adhirieron a él expresamente, lo respetaron implícitamente, al punto que la legislación peronista -luego de la caída de Perón- fue sustancialmente mantenida, y sólo se le dio otra cosmética, de la cual existen muchos ejemplos, comenzando con la Constitución de la Nación Argentina.

Perón había derogado la Constitución alberdiana, y la había reemplazado por otra hecha a su medida en 1949. Cuando, posteriormente, Perón fue derrocado (algunos años más tarde) los militares que lo desplazaron del poder restituyeron la Constitución histórica vigente antes de 1949, pero condensaron las reformas que Perón introdujo en la anterior en un artículo (el actual art. 14 bis) lo que solamente puede interpretarse como una abdicación hecha por los militares a esa cultura populista que Perón supo arraigar en el pueblo.

El populismo posterior tuvo diversas figuras, algunas más populistas que otras, hasta el punto que se empezó a distinguir entre populismo de bajo grado, intermedio y otros más extremos. Y (como decimos) con indiferencia si los que gobernaban eran militares o civiles.

El populismo posterior a esa época se dividió entre las figuras de los partidos UCR y PJ.

Los programas y las plataformas partidarias no mostraban grandes discrepancias entre sus propuestas básicas, ya que todas marcaban, más o menos, los mismos objetivos, pero si, resaltaban los contrastes personales entre los principales candidatos. Ya que una de las características fundamentales del populismo, tanto de izquierda como de derecha, reside en la personalidad de su líder. Un populismo sin jefe no es populismo (se podría sintetizar).

En esta línea de ideas, Alfonsín y Menem representaron, entre ambos, un populismo moderado si se lo compara con el de Perón, y puede encuadrarse en la categoría de un populismo democrático moderado. Había un cierto consenso en que la constitución debía respetarse un poco más que antes. Igualmente hubo excepciones a este acuerdo implícito.

 La disimilitud estribó en lo que algunos periodistas y ‘’analistas’’ políticos definen como centro izquierda y centro derecha, terminología harto defectuosa desde el punto de vista de la ciencia política, pero de gran raigambre entre la gente común.

Es necesario insistir que, no es forzoso que el líder aspire deliberadamente a dirigir un movimiento populista sino que es suficiente que el seguidor de ese guía tenga ese objetivo y así lo vea a su dirigente. Lo que no quita, por supuesto, que haya caudillos que sean conscientes de ese sentimiento de la gente y asuman ese rol de manera deliberada. Después de todo, quien desea dirigir a otros debe adaptarse a lo que esos otros que anhelan ser guiados les demanden.

El populismo adoptó un contorno más izquierdista con la llegada del matrimonio Kirchner al poder. Y esta faceta fue la que prevaleció durante muy largo tempo hasta nuestros días. Pero lo destacable (a los fines de esta reflexión) es que no dejó de ser populismo, a la vez que volvió a probar la completa compatibilidad entre el populismo y la democracia, la que sólo es una vía o un canal por medio del cual el populismo puede acceder al poder máximo.

Mauricio Macri fue visto por sus seguidores (y el resto de las personas que lo votaron) como un líder populista, muy a pesar de que él mismo siempre negó serlo y su discurso fue claramente anti populista. Ponderó constantemente el trabajo en equipo, la ausencia de figuras más relevantes sobre otras dentro de su partido, etc.

Pero lo notable en el populismo no es tanto el discurso de sus lideres sino como estos son vistos por sus seguidores y electores. Si estos lo perciben como un líder populista sólo muy difícilmente cambiarían esa percepción. Y, si dejan de percibirlo como un director de masas no pasará mucho sin que le quiten su apoyo. A esto atribuyo gran parte de su declive posterior.

La gente al votar toma en cuenta el perfil del candidato y su filiación ideológica aparente (si el jefe cambia su afiliación ideológica igualmente continuarán siguiéndolo, sin importar qué nueva ideología adquiera). Lo mismo ocurre cuando designa a su sucesor.

Es por eso que el populismo que, en sí mismo, carece de una ideología precisa (que no significa que prescinda por completo de ella) puede apadrinar cualquier ideología que se acomode a las expectativas que en ese momento tengan los ciudadanos. En esto funciona igual que el proceso de oferta y demanda de un mercado cualquiera.

Por eso mismo, hubo populistas como Hitler, Perón y Chávez que pudieron acceder al poder utilizando las instituciones democráticas, y otros populistas como Mussolini, Lenin, Stalin, etc. que llegaron al mismo por vías de hecho.

Hablar de un populismo estatal es errado, como si pudiera existir en su opuesto un populismo privado. Es un grave error. El populismo siempre es estatal, incluso desde lo cultural.

Como ya he señalado otras veces, he podido advertir un ciclo por el cual, a un populismo de izquierda le suele seguir otro de derecha y hemos dado varios ejemplos del pasado reciente en diversos países de Latinoamérica. Si bien puede haber excepciones a esta observación esta parece haber sido la tendencia.

Hoy la Argentina nuevamente se ve en la alternativa de volcarse por otro populismo aunque de diferente signo (izquierda y derecha). Hay lamentablemente una continuidad en esta grave deformación política que perjudica el progreso de los pueblos.

Y hemos resaltado (en nuestros libros y artículos) las oposiciones entre populismo y liberalismo. Hoy por hoy, no existe ninguna expresión política de este último en el país.

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