¿Benefician a la gente las reelecciones?

Por Gabriel Boragina ©

A esta altura de los hechos, parece quedar claro que el famoso "modelo" político tan pregonado por el matrimonio Kirchner, consistió y sigue consistiendo en la eternización en el poder. A ser honestos, no han sido los primeros en aspirar a perpetuarse al mando. El fundador de su partido y ex-presidente, J. D. Perón, impulsó la reforma constitucional (que finalmente logró) con ese mismo propósito en 1949. Más tarde, otro presidente (Raúl Alfonsín) de otro partido (Unión Cívica Radical) intentó reformar nuevamente la constitución con el mismo objetivo (reelegirse indefinidamente). Felizmente, su intentona no prosperó. Sin embargo, algunos años más tarde, un nuevo presidente (Carlos Menem, del mismo partido peronista, en alianza con Alfonsín para tal propósito) logró la tan ansiada reforma, la que le permitió haber sido reelegido por un segundo periodo consecutivo. La Sra. Kirchner, siguiendo esta misma línea de sus predecesores, intenta, como ellos, eternizarse en el poder. Aunque el caso de esta mujer ofrece diferencias notables con las de los anteriores.
En efecto, la Sra. Kirchner sucede en el gobierno a su esposo, Néstor Kirchner, sin embargo, durante el gobierno de este, sólo a algún despistado pudo habérsele escapado que su esposa co-ejercía el mando con aquel, naturalmente en un segundo plano, pero a nadie se le podría escapar que esta señora se desempeñaba como una vicepresidente de facto, ya que se necesita ser extremadamente distraído para creer que un pusilánime como Daniel Scioli (el entonces vicepresidente formal) tuvo algún tipo de influencia sobre Néstor Kirchner o su consejo fuera requerido por este para algún acto de gobierno. Todo lo cual, indica a las claras que, lo correcto es hablar de tres gobiernos "Kirchner". Primero, el iniciado en 2003 del matrimonio en forma conjunta (el marido como presidente legal y su mujer como vicepresidente de facto, con un vicepresidente formal (Scioli) pero en los hechos, políticamente inoperante) y un segundo gobierno de la Sra. Kirchner sucediendo al de su esposo. Por lo tanto, si esta mujer fuera reelecta en las próximas elecciones, el venidero vendría a ser su tercer gobierno (aunque formalmente se le considere el "segundo").
La constante en todos los casos mencionados es que los anhelos reeleccionistas intentan justificarse invocando repetitivamente la palabra "democracia", tan bastardeada ésta como lo está. Entonces, cabe preguntarse ¿es de la esencia de la democracia la perpetuación de los mismos personajes o de sus cónyuges, familiares o amigos, indefinidamente en la cúspide del poder? Y desde un punto de vista práctico, si no fuera así, ¿es de todos modos conveniente permitir que así ocurriera? Creemos, como tuvimos oportunidad de exponer en otra parte, que la respuesta no puede ser sino negativa. Desde una perspectiva de una democracia de tipo republicano, que vendría a ser, más o menos, la que pretendería tener la Argentina (a juzgar -al menos- por lo que dice su actual texto constitucional), consideramos que la esencia de la misma es (debería serlo, mejor dicho) la limitación del poder, limitación que no solamente entendemos como la típica división horizontal de poderes, la que estimamos necesaria pero insuficiente, sino que juzgamos indispensable la limitación temporal del poder. Claro que, mencionarles la palabra limitación a los déspotas que hemos citado más arriba, es objeto de anatema para ellos y sus seguidores. Sin embargo, si lo que pretendemos es seguir declamando por una democracia republicana (que pensamos- ya no tenemos desde larga data), consideramos que debemos aceptar el concepto de limitación temporal del poder e integrarlo al de división del poder.
¿Obtienen alguna ventaja los pueblos con las reelecciones indefinidas? Indudablemente tampoco. ¿Por qué? Por varias razones. Entre ellas: el poder político no es otra cosa que un medio o trampolín por el cual se llega al poder económico. El acceso al gobierno otorga al gobernante la facultad de dictar leyes impositivas o regulatorias de la economía, de las cuales la fundamental es la de crear dinero, mediante la emisión monetaria, lo que le otorga un control casi omnicomprensivo sobre el total de las vidas de los ciudadanos que, a partir de allí, pasan a convertirse en súbditos. Los impuestos y la inflación (que es otro impuesto encubierto) no son otra cosa que transferencias de dinero de los bolsillos de la gente a los de los burócratas. El o la presidente de un país, no es otra cosa que un Gran Burócrata, o en otras palabras, El Jefe de Todos los Burócratas de un país. Sus ingresos son los egresos que sufren sus súbditos. En la medida que un presidente es reelegido indefinidamente siente en su interior que su poder se expande también indefinidamente, y en ese sentido tenderá a comportarse como tal, ampliando su poder todo lo que le sea posible. Como la política es un juego de suma cero (lo que gana A, lo pierde B) todo poder que gana un presidente es un poder que pierde el que lo vota (si *B* vota a *A*, en realidad *B* esta cediéndole parte su poder a *A*. El voto de B será una cuota del poder de A. El poder de A será el resultado de la sumatoria de todos los votos que obtenga). Esto es así porque partir de ese momento el poder cedido no será ejercido por el cedente sino por el cesionario, de tal suerte que toda cesión de poder implica una pérdida para quien lo cede y una ganancia para quien lo recibe. El candidato ganador lo sabe y -a no dudarlo- estará dispuesto a utilizar todo ese poder ganado y cedido por sus votantes en su propio favor, porque sabe que sus votantes ya no tienen ese poder (al menos hasta los próximos comicios).
En este punto, recordemos la sentencia de Lord Acton: "El poder tiende a corromper. El poder absoluto corrompe absolutamente". Esta sentencia, según nos enseña la historia, se ha cumplido en todo tiempo y lugar en forma inexorable. La experiencia histórica también nos ha instruido que todo político que aspira al poder, una vez que lo logra se fija como meta siguiente a obtener precisamente ese poder absoluto, pero ¿por qué? Porque recordemos que el poder político sólo es un medio que utilizan los políticos para obtener poder económico. Y existe un axioma básico de la economía que nos informa que "los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas". Las reelecciones indefinidas potencian superlativamente todo este proceso. El juego de suma cero se repite en cada reelección: los reelectos ganan cada vez más y los votantes cada vez menos. Y así ad infinutum.

No hay comentarios.:

Gobierno, economía y educación

Por Gabriel Boragina © Es casi un lugar común considerar que la educación debe prioritariamente estar a cargo del gobierno. Existe u...