Poder político y económico (una introducción)

Por Gabriel Boragina ©

El poder económico es, básicamente, el poder de compra que tiene alguien. En consecuencia, todo aquel que tiene poder de compra sin importar su cuantía tiene poder económico. En este caso, hablamos del poder económico en sentido amplio para diferenciarlo del sentido restringido, que tiene que ver con la cuantía financiera. Designaremos al poder económico en sentido amplio con las iniciales PEA y el restringido con PER
El poder político también admite una subdivisión en sentido amplio y otro restringido. En sentido amplio, se correlaciona enteramente con el poder económico amplio. En sentido restringido, se asimila al poder económico restringido.
El poder económico restringido (PER) puede servir -a veces- para obtener ciertos favores del poder político restringido (PPR), pero el PPR -que es el que faculta a dictar leyes y ejecutarlas- sigue en manos de los burócratas a cargo del gobierno, no se trasfiere al PER.
Para mayor claridad, en lo que sigue de la exposición llamaremos "gobierno" o "estado" al que detenta el PPR. Luego, designaremos con las palabras "pueblo" o "ciudadanía" al PEA y "ricos" a los que detentan un PER
Puede quizás sorprender que aludamos al poder económico de los ricos como "restringido". Deberá entenderse que nos referimos al restringido número de ricos con relación al conjunto de la masa mundial o de la población de un país cualquiera, donde los muy ricos o adinerados, son –relativamente- pocos en esa relación. En realidad, en todos los casos que usemos el término "restringido" siempre el lector deberá tener presente que hacemos referencia a restringido en número de personas que forman parte del grupo que estemos estudiando. Será pues "restringido" en cantidad de personas, pero no en cuantía de recursos monetarios o jurídicos.
Los ricos pueden "comprar" el favor de burócratas de bajo rango, es decir, para temas puntuales que interesan a quienes intentan sobornar, pero jamás pueden "comprar" el favor del jefe absoluto de todos los burócratas o burócrata mayor del país, llámesele presidente, jefe de gobierno, jefe de estado, rey, etc. porque este detenta el ejercicio del mayor poder político de todos. Y como dejamos sentado antes, el gobierno puede adquirir para sí poder económico.
Entonces el PER podrá adquirir pequeñas cuotas de PPR, pero nunca mucho o todo PPR y además el PER tampoco podrá adquirir nada de PPA ni menos aun PEA.
¿Cómo adquiere el gobierno poder económico?. Comencemos diciendo que solo los gobiernos pueden obtener PEA y PER; en rigor, el PEA incluye al PER, con lo que obteniendo los gobiernos PEA al mismo tiempo adquieren PER. Desde que el mundo es mundo, los gobiernos del mundo lo han venido haciendo interviniendo y dirigiendo la economía, gracias a la facultad de promulgar leyes, ordenanzas, decretos, reglamentos, etc. que podemos resumir con la expresión legislación económica y en la que incluimos la que técnicamente (desde un punto de vista estrictamente legal) no sería "económica", pero que en forma indudable, tendría, podría tener o tendrá, certeramente, efectos económicos.
Como ya advirtiera F. Bastiat (hacia los años 1800), el poder reside en la ley, o más precisamente, en quien tiene el poder de ejecutar la ley, aunque no haya sido su autor original.
No hay poder más grande que el que puede concentrar en sus manos quien tiene la facultad de hacer las leyes, es decir, los gobiernos, en cualquiera de sus dos ramas: el poder ejecutivo o el legislativo. Las mas aceptadas de todas las leyes (la de imponer tributos o impuestos), es el arma más poderosa para que los gobiernos del mundo concentren la riqueza particular (sea PEA o PER) y la repartan discrecionalmente entre los propios burócratas primero, sus familias luego, amigos en lo siguiente, y demás sectores afines, de los cuales puedan esperar votos o apoyos políticos de cualquier otra índole.
En materia económica, las leyes son las armas (en el sentido más literal posible del término) de las que dispone el gobierno para apropiarse de PEA y PER)
El gobierno entonces como vemos, puede expoliar. El PPR esta en manos de quien puede ejecutar la ley, aunque no sea la misma persona (o grupo) que la haya hecho. El PPA no reside en la ley, sino en aquel que puede ejecutarla y para ello es indistinto que la ley sea formal o informal. En este caso, el PPR será restringido a quien (o quienes) pueda ejecutar la ley. En los regímenes totalitarios, la voluntad del déspota es la ley, y es este el que puede ejecutarla además, por mucho de que ella no se encuentre formalizada ni escrita en parte alguna. Ejemplos en la historia de esto han sobrado y siguen sobrando.
Los grupos económicos y monopolios más poderosos del mundo son, han sido y serán los gobiernos, porque ellos hacen y ejecutan la ley, y la ley puede expoliar PEA y PER (de ellos hablaremos mas extensamente cuando nos refirmamos al corporativismo) sin ningún tipo de compensación a cambio.
Es sumamente probable -y posible- que empresarios de todo tamaño, destinen dinero (mucho o poco, según se mire) a las campañas políticas de candidatos a elecciones que les prometan favores y privilegios si acceden al gobierno. Ahora bien, aun suponiendo que el candidato así favorecido por determinado empresario o grupo empresario, finalmente gane las elecciones y acceda al primer mando del país, no existe ninguna garantía a partir de su asunción, de que vaya a cumplir con sus promesas preelectorales. De hecho, y como dato de la realidad, normalmente las incumplen, en sacrificio tanto del pueblo que les votó como de aquellos empresarios o grupos empresarios que financiaron la campaña electoral, y en el solo beneficio del o de los candidatos triunfantes.
Lo normal es que los políticos -una vez victoriosos y ya al frente del mando- traicionen a sus electores y sponsors.
Como consecuencia de ello, resulta muy probable que el escenario pos electoral no tenga absolutamente nada que ver con el que los candidatos políticos triunfantes habían prometido antes de la victoria, porque la experiencia indica que -en la mayoría de los hechos-, esos mismos gobiernos se inclinan a aumentar las tasas y alícuotas impositivas, afectando -en muchos casos- a los mismos empresarios que les habían ayudado a ganar las elecciones.
En la mejor de las circunstancias, los empresarios y financistas "amigos" son beneficiados con exenciones fiscales, desgravaciones, mercados cautivos (monopolios) y toda gama de privilegios y prebendas imaginables, que en rigor, no le cuestan un céntimo al gobierno, y que son financiadas enteramente con impuestos que se le cobran al pueblo trabajador y al mismo sector empresarial (lo que en definitiva, estaría licuando cualquier beneficio que se le pretendiera otorgar a este último).
Si el gobierno otorga subsidios, subvenciones, etc. ellos no salen, desde luego, del bolsillo de los funcionarios, sino del pueblo trabajador, incluyendo a empresarios "enemigos" que no aportaron a la campaña o manifiestamente apoyaron al candidato opositor finalmente derrotado.
El único momento en el que podría sospecharse que el sector empresarial -o parte del mismo- destinó dineros a los políticos, es cuando estos se encontraban fuera del poder, como candidatos y en campaña. Pero es absurdo suponer (como se hace habitualmente) que esos mismos empresarios sigan aportando voluntariamente fondos al gobierno, porque presumir tal cosa implicaría dar por sentado que tales empresarios serían estúpidos; lo que no quita que existiera alguno que otro que efectivamente fuera un disminuido, pero forzosamente debería ser una excepción, pues no puede generalizarse que el empresariado en su conjunto este conformado por retrasados mentales que se comporten de manera suicida o buscando generarse repetidas y crónicas pérdidas financieras.
Al menos en las democracias, por mucho dinero que las empresas destinen (suponiendo que lo hagan) a las campañas políticas y a los candidatos en particular o en conjunto, los que definen las elecciones políticas son los votos, los cuales -en su inmensa mayoría- pertenecen a personas que, ya sea individual o familiarmente, manejan escasos recursos (comparativamente –claro- con relación a las multinacionales). Si se desea seguir hablando del "poder político" como poder "económico" o viceversa, no hay duda alguna que este, en ultima instancia, en una democracia , pertenece pura y exclusivamente al pueblo sufragante, y a nadie mas que a este. A esto es a lo que hemos denominado PEA.
Por ejemplo, si Microsoft Corporation deseara –hipotéticamente- "de todo corazón" que ganara la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica el partido X (demócrata, republicano o cualquier otro de allí, lo mismo da para el ejemplo) y en tal sentido, le destinara el 99,99 % de su fortuna para financiar su campaña, ello -en modo alguno- afectaría en lo mas mínimo los votos que el partido X, al final del escrutinio en las urnas, hubiera recibido, y si de ese escrutinio resultara que el partido X finalmente perdió las votaciones, eso implicaría -lisa y llanamente- que Microsoft Corporation perdió, asimismo, el 99,99 % de su fortuna (excepto que el candidato derrotado X, fuera tan bondadoso de devolver la donación, pero ya sabemos que las donaciones no se reintegran, generalmente, y menos aun, si los encargados de "reintegrar" cosa alguna son políticos). Ergo, las multinacionales no gobiernan...a nadie.
Solo la enfermiza mentalidad colectivista puede creer -infantilmente-, que el 99,99 % de los millones de dólares de Microsoft Co. equivalen (o podrían equivaler) "exactamente" al 99,99 % de los votos de millones y millones de electores norteamericanos (o de cualquier otra nacionalidad, si el ejemplo se traslada a cualquier otro país del mundo con sus propios políticos y sus propias empresas) que nada tienen que ver con Microsoft Co.
Pero es que ni aun repartiendo Microsoft Co. esos millones de dólares del 99,99 % de su fortuna entre todos los votantes de Norteamérica, ni así tampoco tendría -de ninguna manera- garantizado por ello, que esos millones de votantes elegirían al partido X por el que "apostó" Microsoft Co. Los votantes recibirán gustosos el dinero del "pulpo" –en el ejemplo- claro que sí (¿quién se negaría a ello?) Y luego, ya en el cuarto oscuro, votarían como les viniera en gana, incluso en contra del partido X por el que recibieron la donación de la multinacional y por el cual -supuestamente- tendrían que haber votado. ¿Conclusión? la misma: el poder político reside en el pueblo y no en las empresas, cualquiera sea el tamaño de estas ultimas, así se llamen Microsoft o Macrosoft, no importa.
y si pagándole a los votantes –en el ejemplo hipotético- la multinacional no se asegura que se elija finalmente a un gobierno que podría favorecerle, menos imaginable es que sin pago alguno y sólo a base de pura propaganda podría llegar a un resultado diferente. Con publicidad, Coca Cola podría –claro esta- aumentar sus ventas de bebida considerablemente, pero difícilmente lograría que se votara a un político que le prometiera grandes beneficios, en caso de ganar las elecciones.
Elegí ex profeso el ejemplo de Microsoft Co. por ser una típica empresa multinacional -de moda- y el ejemplo mas odiado por los colectivistas -autodenominados de "izquierda"-, a la que consideran –risueñamente para mí- el "paradigma" del capitalismo (de lo que ellos entienden por capitalismo, es decir, nada de nada).
Pero ¿y si ganara el partido X después de todo?. Bueno, ya nos ha quedado claro que en ello nada tuvo que ver que Microsoft Co. le hubiera donado el 99,99 % de su fortuna para la campaña al candidato oficial, sino que el resultado final de la votación fue determinado por los millones de votos necesarios que la constitución americana establece para que un partido gane una elección gubernamental. El resultado -sin duda- habría sido afortunado para Microsoft Co. Pero nada le garantiza aun así, a la empresa, que el gobierno de su partido favorito X, vaya a "reintegrarle" algo de ese generoso 99,99 % recibido para la campaña, sea ya en dinero en efectivo, o en especie. Con lo cual, la conclusión es idéntica.... que "el poder" sigue estando fuera de la empresa y no dentro de ella, en este caso el poder pasaría del lado del partido triunfante X, ya en el gobierno, gracias a los votos del pueblo y en nada a Microsoft Co..
En ultima instancia –otra vez mas- como puede observarse, el poder reside en los votos y no en el dinero, cualquiera sea la cantidad de este último.

El sistema actual

Por Gabriel Boragina ©

Le propongo al lector el siguiente ejercicio: que lea atentamente los siguientes puntos y que al finalizar la lectura me diga quien o quienes podrían ser el o los autores de los mismos:

1. Suprimir la propiedad agraria, cuyas rentas se destinarán a fines de interés público.

2. Imponer un duro y progresivo impuesto general sobre la renta de las personas físicas.

3. Abolir toda institución hereditaria.

4. Confiscar los bienes de oponentes internos y exiliados políticos.

5. Nacionalizar el crédito, mediante la implantación de una banca enteramente dirigida por el Estado.

6. Estatificar asimismo los medios de transporte y comunicación.

7. Ampliar la esfera de actuación de las industrias estatales.

8. Imponer a todos la obligación de trabajar.

9. Asimilar campo y ciudad, mediante el oportuno control de los movimientos migratorios.

10.. Implantar la instrucción pública obligatoria, a través de escuelas y establecimientos exclusivamente regidos por el Estado.

Narra A. Benegas Lynch (h) que solía proponer este mismo ejercicio en clase a sus alumnos haciéndoles la misma pregunta. Las respuestas no dejaban de ser sumamente interesantes, todas ellas giraban en torno a que el posible autor de los diez puntos precedentes -probablemente- podría ser el programa de algún partido político de tendencia moderada de cualquiera de los actualmente existentes en el mundo.

Cuenta también el profesor A. Benegas Lynch (h) que sus alumnos apenas podían salir de su estupor cuando aquel les revelaba –finalmente- que los autores de los 10 temas enumerados no eran otros que los mismísimos K. Marx y F. Engels y que aquellos postulados formaban parte del programa central del Partido Comunista que los propios K. Marx y F. Engels plasmaron en el documento que se conoció como el Manifiesto Comunista[1].

Mucha gente cree –actualmente- que el comunismo, era "algo" que existía en Rusia y que "terminó" con la caída del Muro de Berlín en 1989; un buen número de personas que esto sostienen se consideran "cultas"; incluso llegué a escuchar a estas personas mantener que la caída del Muro fue lo que "provocó" el derrumbe del comunismo, cosa que equivale a algo así como pensar que la danza de una tribu en medio de una selva africana es la que –indefectiblemente- provoca la lluvia en New York o en París, lo que de paso nos revela el nivel "intelectual" de nuestras llamadas clases "cultas" (yo diría mas bien, aspirantes a "cultas" que necesitan clases pero... en fin)

Pensemos que si las clases cultas creen en "eso", podemos imaginarnos que es lo que pueden llegar a pensar sobre el tema aquellos que no tienen la "suerte" de formar parte de semejante "cultura".

Lo cierto es, que los alumnos del profesor A. Benegas Lynch (h) tenían razón -al menos- en un aspecto: todos los partidos políticos -de cualquier parte del mundo actual- en algún grado, en mucho o en poco, han adoptado los 10 puntos del Manifiesto Comunista de K. Marx y F. Engels, y muchos mas de esos partidos políticos contemporáneos, estuvieron o están al frente de los gobiernos de la mayor parte de las naciones del mundo. Un breve repaso del programa comunista elaborado por K. Marx y F. Engels y una superficial mirada a cualquiera de las medidas adoptadas por el gobierno del país al que el lector pertenezca, le permitirá verificar la veracidad del aserto.

Nótese -leyendo el Manifiesto Comunista- que la palabra "toda" y "todos", solo aparece en el punto 3º y 8º del programa marxista; esto implica que los padres del comunismo entendieron que bastaba aplicar en algún grado mínimo; los ocho puntos remanentes, para que ya estuviéramos hablando -con rigor- de una sociedad comunista. Por ejemplo, véase que el punto 1º NO dice "Suprimir TODA la propiedad...", sino que dice "Suprimir la propiedad..." lo que significa que suprimiendo algo de ella ya hemos adoptado una genuina medida comunista. Y así, del mismo modo, el resto de los ocho puntos programáticos, exceptuando los 3º y 8º que nos dicen que deberán ser aplicados a "todos" sin excepción.

Un análisis del resto del documento, también nos permite advertir que K. Marx y F. Engels consideraron con mucha menor importancia los ítem 3º y 8º que los otros ocho, lo cual es lógico si se tiene en consideración el contenido de esos ocho puntos parciales, que involucran áreas de mayor relevancia, alcance y profundidad, de manera tal, que adoptando cualquiera de ellas, aunque mas no fuera en un grado muy pequeño, ya se estaba en presencia de una sociedad comunista, por el enorme efecto que la admisión -en cualquier grado- iba a tener en las consecuencias mediatas e inmediatas –incluso- sobre las demás disposiciones contempladas en el Manifiesto Comunista.

La abolición de la herencia era –claro esta- una medida a futuro, con miras al largo plazo y no inmediata ni urgente para adoptar de inmediato la revolución, de modo tal, que resulta claro que su importancia era considerablemente menor al del resto de sus compañeras. Lo propio cabe decirse del ítem 8º el que -en realidad- bien visto, sería mas bien, una consecuencia necesaria de la incorporación -aun en grado pequeño- del resto de los nueve puntos. Porque también les era lógico y evidente a sus ojos, que implementándose -aun en menuda medida- cualquiera de los nueve otros renglones, los incentivos por trabajar iban a caer tanto que -naturalmente- su tendencia sería hacia la desaparición absoluta del interés por el trabajo, de modo que -como corolario de la adopción de las nueve medidas colaterales- se devendría, hacia el final de todas ellas, imponer el trabajo forzado, -nuevamente- como resultado indefectible de la puesta en marcha de las nueve medidas que la acompañaban.

Naturalmente, los 10 puntos no están ordenados cronológicamente, pero del resto de la lectura del documento, se derivan sin dificultad las conclusiones que dejamos asentadas.

Y ahora bien, tal y como habían advertido los alumnos del profesor A. Benegas Lynch (h) que citamos al comienzo, los gobiernos de sus países (que ellos hasta ese momento creían "no- comunistas") habían puesto en marcha -y desde mucho tiempo atrás, inclusive desde antes que ellos nacieran-, todos los ocho puntos del Manifiesto Comunista y en parte, los dos puntos menores que K. Marx y F. Engels dispusieron que se les aplicara a toda persona.

Tomemos por caso un país que se considera el paradigma del "capitalismo" (sistema contra el cual K. Marx y F. Engels lucharon durante todas sus vidas y contra el cual erigieron sus escritos, tanto El capital como El manifiesto comunista que estamos considerando) ese país al que nos referimos no es otro que los Estados Unidos de Norteamérica.

¿Puede el lector identificar alguno de los 10 puntos del Manifiesto Comunista que NO se haya implementado o que NO se aplique actualmente en los Estados Unidos de Norteamérica? Si el lector es una persona psíquicamente sana (lo que doy por sentado) y honesta (lo que también daré por supuesto) la respuesta será rotundamente negativa. Una vez mas, repasemos los 10 puntos; menos los ítem 3º y 8º todos los demás, en algún grado, se instrumentan –incluso- en el país del norte, entonces ¿quiere esto decir que los Estados Unidos de Norteamérica son un país comunista? No exactamente, por cuanto hay dos puntos que no se emplean en absoluto y los ocho restantes se dan en grados diferentes, pero en escala mucho menor al del resto de los países, entonces, si bien no podemos decir que los Estados Unidos de Norteamérica sean un país comunista tampoco podemos afirmar lo contrario, esto es –y como erróneamente afirma casi todo el mundo- que sean un país capitalista.

¿Y entonces que clase de país son los Estados Unidos de Norteamérica? Se trata –económicamente hablando- de una nación intervencionista del tipo mercantilista, sistemas estos mas próximos al socialismo que al capitalismo, y ya sabemos que el socialismo no es otra cosa que un comunismo "moderado", o más técnicamente, la primer etapa del comunismo (en la escala evolutiva del socialismo "científico"), si el lector realmente leyó algo de K. Marx y F. Engels (aun, en mi prolongada búsqueda, no he encontrado a quien realmente lo hiciera y quisiera discutirlos conmigo) sabrá perfectamente que nada de lo que digo es ocurrencia mía, sino que en esto, no hago mas que repetir a los profetas de la revolución "social": los inefables K. Marx y F. Engels.

No voy a ocuparme aquí del pequeño grupo de imbéciles que -aunque "adultos"- creen que el comunismo (o el capitalismo, etc,) son y solo pueden ser "partidos políticos" o "exclusivamente" actuar en política; estos infelices creen (posiblemente de verdad) que "basta" que un partido se auto-coloque el rótulo de "comunista" "capitalista" "anarquista" "socialista" "socialdemócrata" "feminista" "ecologista" etc. para que "automáticamente" sea lo que el titulo del partido estaría indicando que debería "ser". Esta pueril idea ha sido desmentida una y otra vez, no solo por los hechos y la historia, sino por la misma lógica más elemental. De la misma manera, que aunque cambie mi nombre e insista que -de aquí en mas- el lector deberá llamarme Superman, simplemente porque sostengo empecinadamente que lo soy, de igual modo, aunque un partido se auto-bautice como "comunista" o de otro modo, no por ello queda ya demostrado que "sea" lo que "dice" ser, como tampoco, en el caso inverso, un partido que se auto-titule "liberal" o "capitalista", no por ello ha de suponerse -sin mas- que sostiene tales tesis, aun cuando sus miembros lo juren y perjuren por los santos del cielo y los demonios del infierno. Ocuparse de discutir con semejantes energúmenos que creen en esas cosas, es una soberana pérdida de tiempo (tiempo que he perdido haciéndolo hace bastante, antes de descubrir esta verdad, y que me he prometido a mí mismo no volverlo a hacer).


[1] (Vid. Manifiesto Comunista (1848), Marx y Engels, págs. 74 y 75 (Progress Publishers), Moscú, 1975, edición en lengua inglesa.)

El Derecho (7° parte)

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