Industrialización

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Educación y vouchers (su factibilidad en Argentina)

 


Por Gabriel Boragina ©

 

Milton Friedman, premio Nobel de Economía 1976, propuso hace años una reforma del sistema educativo mediante un sistema de vales (o vouchers).

La idea está expuesta en varios de sus escritos y condensada en el capítulo 6 de su libro (publicado juntamente con su esposa Rose Friedman) que lleva el muy sugestivo título ''¿Qué falla en nuestras escuelas?''.[1]

De su lectura surge de inmediato que Friedman elabora su propuesta en torno al sistema educativo de su país (EE.UU.) lo que queda en evidencia desde el comienzo mismo de su capítulo y se ve confirmado durante todo el transcurso del este hasta su final.

Luego de una interesantísima reseña histórica del proceso educativo desde sus comienzos en los EE.UU., conforme a su clásico método, parte de estudios estadísticos (también de su país) elaborados a la fecha de composición de su libro.

Resulta de importancia destacar que, conforme se va leyendo, no se advierte que la intención de los autores sea la de suprimir por completo el sistema estatal de educación sino más bien introducir una reforma al mismo con el objetivo de dotar de mayor libertad de elección a los padres de los alumnos. De allí que, el mayor espacio se dedica a la escuela primaria y secundaria, y sólo hacia el final del capítulo aporta algunas ideas (también muy provechosas) para la educación superior o universitaria.

Hay que poner de relieve que, más que una privatización completa del sistema educativo, Friedman deja muy en claro que la meta final es dotar de mayor posibilidad de elección a los padres en cuanto a qué escuela o instituto enviar a sus hijos a estudiar.

Básicamente, la idea consiste en destinar parte del presupuesto educativo estatal y convertirlo en vales (vouchers) y entregarlos a los padres de los alumnos en edad escolar, y que con ellos acudan al colegio de su preferencia para inscribir a sus hijos.

La apuesta reside en que los padres puedan, además de recibir los vales, suplementar el valor de los mismos.

Friedman dedica mucho énfasis a destacar que los padres de los alumnos estarán muy interesados en la educación de sus hijos, y harán esfuerzos reconocidos importantes para mejorar la calidad de la enseñanza que vayan a recibir.

Desde lo económico la propuesta nos parece extraordinaria, impecable y completamente factible. No hay nada que objetarle desde ese ángulo. Pero, la gran pregunta que nos hacemos es ¿resulta adaptable al caso latinoamericano? O sin ir tan lejos ¿es factible en el caso concreto argentino? Es aquí donde surgen nuestras dudas. Obviamente, como anticipamos, es un tema que el matrimonio Friedman no trata (al menos en esa obra). Ellos sólo se refieren a los EE.UU., y limitado a la época en que escriben.

Aun así, se explayan sobre las resistencias que la idea encontró en los mismos EE.UU. y la imposibilidad (a ese momento) de poner en marcha de manera integral el sistema de vales.

Pero volviendo al contexto argentino (de aquí y ahora) ¿es realizable?.

Económicamente creemos que sí, pero al análisis económico (generalmente el único que tienen en cuenta los economistas) creemos que hay que agregarle el sociológico, e incluso, el psicológico.

Dijimos antes que, Friedman piensa en la familia típica norteamericana, heredera de una cultura individualista que, como sabemos, con el tiempo, se ha ido perdiendo. Desde la composición de su libro hasta la actualidad, los Estados Unidos se han ido latinonamericanizando, más de lo que ya lo estaban entonces.

Ese cuadro parece que poco tiene que ver con la familia típica argentina, cuya cultura colectivista viene desde la fundación del Virreinato del Rio de la Plata y (salvo un breve interregno que podemos fechar entre 1850 hasta la primera veintena del siglo XX) se fue volviendo más y más estatista hasta la fecha en que escribimos.

No discutimos con Friedman que todos los padres (americanos o argentinos) pueden estar -y de hecho están- vivamente interesados en la educación de sus hijos, aun cuando ellos mismos reconocían en el libro que podría haber excepciones.

Pero, mientras no nos parece dudoso que un padre estadounidense está dispuesto a suplementar los vales con dinero adicional de su propio bolsillo, es bastante más incierto que un padre argentino hiciera lo mismo de su propio peculio. En este último caso, lo más probable es que buscara que el estado/gobierno le proporcionara más y más vales educativos.

 

Legislación y burocracia

Hasta Friedman destaca y dedica bastante espacio de su capítulo 6 al problema que representó a su proyecto las trabas burocráticas y legales en su país. Y que, en definitiva, terminaron con los pocos ensayos que se hicieron en algunos estados americanos para poner en funcionamiento experimentos con vales educativos. ¿Qué decir, entonces, de nuestra legislación y burocracias sudamericana de hoy?

Para comenzar, en Argentina, la Constitución de la Nación Argentina es muy clara en cuanto a la imposición en todo el país de la educación universal, gratuita y obligatoria.

Varios artículos de la Constitución estatuyen la educación estatal. Por ejemplo, el art. 5, el art. 75 inc. 17 que obliga a educar a los indígenas, el inc. 18, el 19, el art. 41, segundo párrafo, el art. 42 también en su segundo párrafo, el 125 en forma expresa. Y en manera implícita, el resto de las cláusulas constitucionales.

A ello, hay que añadirle todas las leyes sobre educación estatal obligatoria, universal y gratuita que llenan los anaqueles legislativos.

Por no decir nada de la gruesa burocracia sindical educativa, con los consabidos paros frecuentes de clases y demás actividades educativas.

Pero, por difícil que fuera remover todos estos obstáculos, hay algo que no se si Friedman conocía o no, que es la mentalidad estatista y colectivista del argentino promedio. Un ser que no se mueve si no es manada y que, a veces plenamente consciente, prefiere vivir a costa del estado/gobierno que a la de sí mismo.

Es bastante factible que, suponiendo la casi utopía de eludir todos los impedimentos legales y burocráticos que paralizan las actividades productivas argentinas (y también, por supuesto, las educativas) y que al final de todo ese camino, fuera a implantarse un sistema de vales como el que nos proponen el matrimonio Friedman, aun así y todo, lejos de poner plata de su bolsillo suplementando los vales (como quería Friedman), el padre argentino exigiera más y más vales al gobierno, lo que, en buen romance, significa pretender que los otros padres financiaran la educación de sus hijos.

Por lo demás, y siguiendo las directrices de esa mentalidad, es bastante irrealizable que el estado/gobierno dejara de cobrar impuestos para dedicarlos a la educación, que (y está instalado en la mentalidad publica) es una función ‘’indelegable e irreemplazable del estado.’’


[1] Milton y Rose Friedman. Libertad De Elegir ''Hacia Un Nuevo Liberalismo Económico''. Editorial Planeta Argentina, S.A.I.C. Depósito Legal: B-10 350/92

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