Industrialización

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Equidad y división del trabajo

Por Gabriel Boragina ©

‘’Una forma frecuente de justificar la re-distribución es pretender que, aunque la adquisición de los bienes haya sido legítima, puede no haber sido equitativa o justa. Más adelante aprenderemos, con un ejemplo sencillo de la teoría general del intercambio, que no hay manera objetiva de medir lo que es una ganancia equitativa, porque no podemos saber el costo de oportunidad de las personas, 11 ni tampoco tenemos otra definición de justicia que, a fin de cuentas, no sea la de dar a cada quien lo que le corresponde, de acuerdo con los intercambios contractuales legítimos, libres y voluntarios’’’[1]

Las apreciaciones son siempre subjetivas, no objetivas. Lo que es equitativo para Juan puede no serlo para Pedro. Es imposible obtener un parámetro de equidad universal que sea válido para todos.

Contrariamente a lo que se piensa, la búsqueda de un parámetro universal de equidad ha conducido a las guerras que tanto sufrimiento han causado a la humanidad.

La lucha por la equidad lleva a la destrucción del ser humano. Porque quien se considera a sí mismo en una posición ‘’no equitativa’’ tiende a obtener su nivelación por el medio que fuere y -en el extremo- ese medio es la violencia. En cambio, la lucha por la libertad conduce al extremo opuesto: a la equidad natural de las cosas. Por eso, paradójicamente, la lucha por la equidad y por la libertad es contrapuesta y lleva a resultados que se diferencian entre sí.

‘’La ganancia mutua no es simplemente subjetiva. Es real y tangible, porque ambas partes pueden disponer de mayor cantidad de lo que desean tener y porque la división del trabajo en sí aumenta la cantidad de bienes disponibles. ’’[2]

Puede decirse entonces que la ganancia tiene dos aspectos, uno subjetivo y otro objetivo. Ambos no necesariamente van juntos sin embargo.

Pero resulta claro que el autor se está refiriendo aquí a bienes tangibles. Cuando tengo un par de zapatos y quiero comprar otro par, es evidente que, si logro la adquisición, he obtenido una ganancia subjetiva, porque he satisfecho mi deseo de tener cuatro pares de zapatos. Es fácil deducir de ello que, mi ganancia se traduce (además de esa satisfacción interna) en otra material: al par de zapatos original que poseía se agregado otro par más.

‘’Una crítica adicional, frecuentemente aducida, es que quienes tienen pocas oportunidades de trabajo se ven forzados por esta circunstancia a aceptar condiciones "injustas’'. Pero seguramente esas condiciones no pueden ser imputadas a las personas que les ofrecen las mejores oportunidades. Al contrario, cuando una oferta de intercambio es aceptada, la aceptación es un signo de que las condiciones han sido ponderadas por los participantes y de que ellos mismos las consideran mejores que otras que les ofrecen. (Desde luego, mejores que las que ofrecen los críticos, si es que ofrecen alguna). ’’[3]

Esta crítica es habitual escucharla en el campo de las relaciones laborales sobre el cual tanto hemos desarrollado en forma escrita y oral.

Así, se habla de salarios ‘’injustos’’ o indignos, indecentes, u otros epítetos de que no consignan más que connotaciones emocionales.

Quien acepta un trabajo a un salario dado que un tercero puede pensar injusto o vergonzoso, lo hace porque prefiere trabajar a ese salario ‘deshonroso’’ a no trabajar en absoluto.

Y es cierta la aguda observación del autor que comentamos: difícilmente quienes se quejan de las condiciones ‘’desesperantes’’ de trabajo que otros ‘’sufren’’ no suelen ofrecerles a esos ‘’desgraciados’’ contextos mejores de trabajo, ni (mucho menos) salarios más elevados. Algo frecuente entre sindicalistas y abogados laboralistas que, con una suma hipocresía, no están dispuestos a mejorar por si mismos los que llaman ‘’injustos’’ o ‘‘escandalosos’’ ambientes de trabajo. El propio aceptante de la oferta la puede creer injusta, pero lo cierto es que la ha aceptado, y la concreción del intercambio es un hecho objetivo.

‘’La ganancia mutua del intercambio es real y tangible, y no sólo una apreciación subjetiva de los participantes, en el sentido de que subjetivamente "prefiero lo que recibo a lo que doy a cambio". La ganancia mutua se debe a un aumento de la cantidad disponible de los bienes deseados por ambas partes. Este es el excepcional descubrimiento y contribución de David Ricardo 12 que espero se comprenda mejor con los ejemplos que pondré más adelante. ’’[4]

Como expresamos anteriormente, esto es cierto y válido en ambos aspectos, es decir, tanto cuando estamos evaluando un intercambio de bienes o de servicios.

En el caso de servicios, jurídicamente suele denominárselos como bienes intangibles. Este título (útil en el campo legal) sin embargo, es ambiguo en el económico, porque en el mundo real (y ahora desde un punto de vista objetivo) los servicios son también bienes tangibles o quizás mejor expresados visibles.

Es cierto que un servicio no se puede tocar, pero si puede ser apreciado por el resto de los sentidos que no sean el tacto. No es lo mismo quien contrata un empleado a quien contrata dos. Está claro que este dispone de un número mayor de servicios que el primero. En este sentido, es posible una apreciación cuantitativa tanto por parte de los sujetos que intercambian como por un tercero observador ajeno a la contratación. Seguidamente el autor en examen pasa a ocuparse sobre la división del trabajo, y dice así:

‘’Muchos textos que tratan sobre la división del trabajo se limitan a explicar cómo la misma conduce a la especialización y cómo, en consecuencia, incrementa la productividad individual. Adam Smith comparó la exigua producción que se lograba antes de la división del trabajo con la abundante que resulta de dividirse y especializar las tareas. 13’ ‘’[5]

Básicamente, aún sigue siendo así. Los autores que se ocuparon del tema han resaltado este aspecto del incremento de la productividad individual.

En rigor, es cierto que, la especialización sobre la cual han puesto el acento permite que quien divide tareas con otro u otros disponga de más tiempo material para ocuparse de lo que mejor sabe hacer, o para lo cual está mejor dotado, a la vez que aumenta la cantidad de bienes y servicios que tenga a su disposición provenientes del intercambio. Pero como bien apunta nuestro autor, es solamente un aspecto del tema que normalmente descuida otras aristas de igual o quizás mayor importancia.


[1] Manuel F. Ayau Cordón Un juego que no suma cero La lógica del intercambio y los derechos de propiedad Biblioteca Ludwig von Mises. Universidad Francisco Marroquín. Edición. ISBN: 99922-50-03-8. Centro de Estudios Económico-Sociales. Impreso en Guatemala. Pág. 20

[2] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 20

[3] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 20

[4] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 21

[5] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 21

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