Socialismo y progresividad fiscal

 Por Gabriel Boragina ©

"… así como Seligman y Wagner, partidarios todos por su justicia intrínseca del impuesto progresivo, representan la teoría socialista que propicia dicha política fiscal que, por otra parte, no está defendida solamente por los socialistas sino por autores y tratadistas que pertenecen a otras alas de las corrientes ideológicas."[1]

Si el robo es injusto no vemos porque el impuesto que es robo "legal" podría ser "justo" sin violar el principio de no contradicción. Si es proporcional será un robo proporcional, si es progresivo será un robo progresivo. Esa es toda la diferencia. Y eso es en esencia el socialismo: un robo, no sólo a la inteligencia sino al patrimonio, el socialismo sólo sabe robar. Hay muchos socialismos, no un sólo tipo del mismo. Y esas distintas variantes de socialismos -con frecuencia- niegan ser socialistas cambiándose rótulos y etiquetas para evitar ser confundidos con el socialismo único. Algo así está intentando el autor examinado desde el comienzo mismo de su trabajo cuando juguetea con diversas denominaciones y etiquetas para disfrazar su ideología, llegando al extremo de hacerse pasar por "liberal-demócrata", cuando podría tener mucho de demócrata, pero de "liberal" queda claro que Goldstein no tiene absolutamente nada. Se trata de otro impostor intelectual como tantos de los que pululan entre nosotros. En cambio, quienes nos hemos abocado seriamente al estudio del liberalismo estamos en condiciones de afirmar tajantemente que todos estos autores son unos farsantes.

"Hay así una corriente que responde a la denominación de teoría compensadora, sostenida principalmente por el presidente Walker, de los Estados Unidos de Norteamérica, en 1883, fundada "en el hecho de que la diferencia de capital y renta se debe, en pequeña escala, al descuido por parte del Estado, en proteger a los hombres contra la violencia y el fraude", y además en que "las diferencias de fortunas son debidas, en cierto modo, a los actos del Estado que no tienen una finalidad política, como tratados de comercio, tarifa, legislación monetaria, embargos, guerras, etcétera". Estas dos consideraciones fundamentales para explicar la "teoría compensadora", hacen pensar al autor de que ha habido una creación artificiosa de riqueza y bienestar individual, atribuible únicamente a la legislación. Siendo esto así, sostiene Walker, "si la más alta sabiduría humana, con perfecto desinterés, hubiera de forjar un plan contributivo, estoy perfectamente persuadido de que el principio progresivo seria admitido en cierto grado"."[2]

Existe un punto en el que Walker tiene razón, y es que si "la violencia y el fraude" las comete el "estado" entonces la consecuencia inevitable de eso será "la diferencia de capital y renta". No sabemos exactamente en qué sentido pronuncia Walker su frase, pero el que dimos es el más correcto de todos, porque es el gobierno el que practica violencia y fraude contra sus gobernados mediante sus leyes opresivas y violatorias de la propiedad. Pero si también quiso referirse a que el gobierno no atiende a la seguridad y justicia protegiendo la propiedad de los particulares asimismo le asistiría razón. Pero es incierto el significado preciso de sus palabras.

El segundo entrecomillado de la cita (también atribuido a Walker) es totalmente cierto y alude claramente a actos del gobierno que interfieren con los negocios privados y los perjudican de manera notable generando inmensas diferencias de rentas y de patrimonios por lo que ya hemos explicado en detalle: toda intromisión del gobierno en los negocios de los particulares ocasiona siempre y en todo lugar pobreza. A mayor intervención mayor índice de pobreza. La historia atestigua en cada una de sus páginas esta realidad. También es absolutamente correcto que "ha habido una creación artificiosa de riqueza y bienestar individual, atribuible únicamente a la legislación".

Pero la conclusión de Walker va en contra de sus propias y anteriores afirmaciones, con lo cual denota que no les da el mismo sentido que le damos nosotros. Y llega a un desenlace errado que, en lugar de solucionar los problemas que el mismo Walker plantea, los agravaría, ya que "el principio progresivo" perturbaría en mayor medida los efectos que correctamente ha previamente señalado, y los agudizaría en lugar de eliminarlos o siquiera reducirlos. En su remate, Walker está totalmente errado. Además, hay un cierto misticismo y alguna pizca de megalomanía en su afirmación acerca de "la más alta sabiduría humana, con perfecto desinterés" donde pareciera atribuirse a sí mismo estas cualidades. No luce verdaderamente demasiado modesto en tal aseveración.

"Con anterioridad al nombrado mandatario americano, y sobre bases muy similares, en 1860, Mlle Royer, con motivo de la Conferencia Internacional sobre el impuesto celebrada en Laussane, defendió el principio de la progresividad, sosteniendo que es deber del Estado compensar a los individuos por los "resultados acumulados de iniquidades legales", y que "el presente debe reparar la herencia de injusticia legada por el pasado"."[3]

Cabría la hipótesis de que esas "iniquidades legales" aludan al hecho que la intervención del gobierno -como decía Walker- hizo injustamente ricas a unas personas a costa de otras que -por tal motivo- resultaron empobrecidas. Si es así, esto es absolutamente cierto como dijimos en el párrafo anterior y, en ese sentido, tanto Walker como Royer tendrían razón. Ahora bien, lo que uno y otro proponen para "solucionar" esas iniquidades es aplicarles a esos ricos (fruto de esas intervenciones del gobierno) un impuesto progresivo con el cual prevén "compensar" a los pobres creados a partir de aquellas mismas intervenciones. Es decir, intervenir nuevamente en el mercado, pero en sentido contrario o inverso, quitándoles a los injustamente enriquecidos para darles de allí a los injustamente empobrecidos. La intención es loable, pero no es esa la manera de solucionar el problema. Un error no justifica otro error igual o mayor que el primero.

La única solución viable en dichas situaciones (que son muy frecuentes y generales) es bajar o -mejor- eliminar impuestos y demás intervenciones del gobierno en la economía, dejar en libertad a los agentes económicos, y permitir operar a sus anchas al libre mercado y no profundizar las anteriores intervenciones con mayores intervenciones aún. La experiencia histórica demuestra que, cuando un gobierno trata de solucionar los problemas creados por ese mismo gobierno los termina agravando.


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

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