Superposición, utilidades e impuesto justo

 Por Gabriel Boragina ©

"3. La renta como fuente de imposición. Esta forma de obtener recursos, aunque ha podido ser objeto de discusión doctrinaria, se ha universalizado de tal modo que toda controversia resulta obvia. El problema se ha desplazado desde el punto de origen, de si conviene o no imponer la renta, hasta las diversas formas y proporciones que debe alcanzar tal imposición. Otro aspecto de la polémica suscitada entre los autores y estadistas radica en las cuestiones que se promueven por la superposición de este gravamen sobre otros que responden a otras fuentes de imposición, por ejemplo, el impuesto sobre el capital. Y debe establecerse que, si bien este tributo elimina los inconvenientes atribuibles a otras formas impositivas, no se descarta de que los argumentos de los opositores al impuesto sobre la renta, están justificados en determinadas circunstancias. Desde luego, cabe subrayar, que el concepto de renta no está claramente definido y se confunde con frecuencia, ya que existe una serie de bienes que pertenecen a las personas físicas o a las personas jurídicas y legales que si bien proporcionan beneficios materiales, resulta difícil establecer su avaluación. En primer término, debe tenerse en cuenta que la renta, como utilidad o beneficio, jamás debe llegar a destruir el capital."[1]

Arriba el autor a un punto interesante: el de la superposición de tributos "por ejemplo, el impuesto sobre el capital". Lo que le preocupa a aquel son los inconvenientes que tiene el fisco en cobrar el tributo, es decir, las molestias que le ocasiona al recaudador el hecho de que la gente trabajadora quiera defenderse de la voracidad fiscal y proteger sus patrimonios de los garfios fiscales. Basa su interés en la burocracia y sus corifeos y desprecia la violación de la que es objeto el expoliado. Realmente el comentario que hace la cita en este apartado es, desde todo punto de vista, detestable. Pero concede algo de razón (no mucha) a los que se quejan de la doble imposición.

Admite que el concepto de renta no está "claramente definido y se confunde con frecuencia" porque "resulta difícil establecer su avaluación" sobre "una serie de bienes que pertenecen a las personas físicas o a las personas jurídicas y legales", pero omite que el fisco ha inventado la forma de solventar esta nuevamente, y ha creado "mágicamente" al teoría de la renta presunta que brevemente podríamos explicar que consiste en decirse el fisco a sí mismo: "Bien, si no tengo forma de determinar la renta de ciertos bienes, me la imagino y le impongo el gravamen de todas maneras a esa cifra que estimo ha de ganar el contribuyente". Es decir, la renta -en dicho caso- queda al libre arbitrio, imaginación y capacidad de fantasía del recaudador, y sobre eso se grava, aunque -en los hechos- no exista renta alguna, o esta sea negativa.

Y finaliza su párrafo con esta declaración de ignorancia económica: "debe tenerse en cuenta que la renta, como utilidad o beneficio, jamás debe llegar a destruir el capital", cuando la renta jamás puede destruir al capital ya que es su fruto. Lo que destruye tanto al capital como a la renta y -a la larga- a toda la economía es el impuesto.

"Además, la renta se produce generalmente en periodos determinados, siéndole atribuibles las características de regularidad y periodicidad. Las leyes se refieren casi siempre, señala un autor, a la renta anual, pero del punto de vista financiero el concepto de la renta anual difiere del económico. Las leyes de impuesto hacen objeto del gravamen, no sólo a la utilidad, que se repite todos los años, sino al total de los ingresos, inclusive las entradas eventuales, porque ésta es la forma de que el impuesto resulte realmente justo y consulte la capacidad contributiva del sujeto. Es también la forma de compensar las rebajas, para llevar a la práctica los principios de la discriminación."[2]

¿A qué se refiere el autor con la palabra utilidad y como sabe que se repite todos los años? Veamos la definición del término: "utilidad. En economía se llama utilidad a la capacidad que tiene una mercancía o servicio de dar satisfacción a una necesidad. La ciencia económica hace abstracción de consideraciones éticas o morales en cuanto a definir lo que es una necesidad: se considera por tal cualquier deseo de bienes o servicios que tenga de hecho el consumidor. En un sentido más amplio utilidad es equivalente a bienestar, satisfacción, etc. Se dice que un bien o servicio tiene utilidad para alguien si esta persona prefiere poseerlo a no poseerlo. A partir de esta idea se construye la llamada función de utilidad que indica que la utilidad total de un individuo depende de los bienes que consume y de las cantidades consumidas de cada uno."[3]

La definición nos confirma, de paso, que una necesidad solo puede ser experimentada por un ser humano, nunca por el "estado". Pero sigue en pie nuestra pregunta anterior ¿Cómo cuantifica el fisco esa satisfacción? y ¿cómo sabe que ese bienestar se repite "todos los años”? Por la parte final de la definición parece que se refiere a la función de utilidad "que indica que la utilidad total de un individuo depende de los bienes que consume y de las cantidades consumidas de cada uno". Pero si es así, entonces se estaría hablando de un impuesto al consumo y no a la renta. Todo parece indicar que Goldstein tiene los conceptos bastante mezclados y confusos.

Si realmente cabria hablar de algún impuesto "justo" lo cual es difícil porque sería como querer aludir al "robo justo" (cuando -por definición- toda exacción es injusta) aquel no debería ser el que más puede quitarle a la víctima sino el que menos. Si la "capacidad contributiva" de un sujeto es de 1000.- difícilmente podría aceptarse que el impuesto "justo" a cobrarle debe ser igual a su capacidad contributiva, porque en este caso el impuesto -conforme a esta "regla"- debería ser igual a 1000.- con lo cual después del impuesto su capacidad contributiva quedará reducida a cero.

Luego ¿cómo se mide la "justicia" del impuesto? Resultará imposible llegar a un acuerdo entre ambas partes, porque, para el fisco el impuesto "justo" será aquel que más y mejor llene sus arcas, en tanto que para el expoliado será exactamente lo contrario. Y dado que los únicos que producen riquezas son los expoliados, no cabe duda que objetivamente el impuesto más justo es el que menos riqueza confisca.



[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela.

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