Las importaciones y el problema de los aranceles



Por Gabriel Boragina© 

"Todos los aranceles y tarifas aduaneras disminuyen el nivel de vida de la población receptora de los bienes que se deseaba ingresar puesto que, como queda dicho, la prohibición provoca un uso mayor de los siempre escasos recursos disponibles"[1]
Mayores bienes implican, consiguientemente, un más elevado nivel de vida. Aranceles altos involucran una virtual prohibición al ingreso de los bienes afectados al arancel, aunque también es posible que aunque los aranceles no sean tan onerosos en realidad, constituyan una verdadera "prohibición" en el sentido del impedimento que significa comerciar libremente, es decir -en este contexto- prohibición de un libre comercio. En tal caso, el arancel hace que la gente deba gastar más por el producto que desea adquirir y, lógicamente, un mayor gasto –a ingresos constantes- equivale a un menor nivel de vida, ya que las compras totales de los bienes que se podrán conseguir serán mucho menores.
"Respecto al tema laboral, se piensa equivocadamente que la completa eliminación de aranceles provocará desempleo. Muy por el contrario, la desaparición de las trabas al comercio exterior libera trabajo para desempeñarse en otras tareas inconcebibles hasta el momento puesto que estaba esterilizado en otras faenas. Esto es lo que ocurrió con el hombre de la barra de hielo cuando apareció el refrigerador o con el fogonero cuando se fabricó la locomotora diesel."[2]
De la misma manera que el progreso tecnológico libera mano de obra para la satisfacción de necesidades de los consumidores que hasta ese momento estaban insatisfechas, la baja o directamente la supresión de los aranceles opera un efecto similar. La clave para entender este punto es internalizar que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas, razón por la cual no hay una cuantía dada de trabajo para realizar. Eliminar aranceles hará que ingresen al mercado local nuevos productos que en muchos casos provocarán la misma reconversión laboral que la aparición de una nueva tecnología en el mercado local. Pero adicionalmente, a la par que se generarán nuevos puestos de trabajos en áreas que hasta ese momento no los requerían, el ingreso de nuevos productos tendrá como efecto una elevación de los ingresos de la ciudadanía, y un descenso en los precios.
"la abrogación de aranceles permite que los recursos humanos se empleen en otros campos que no era posible considerar mientras los aranceles congelaban la productividad"[3]
Como dejamos dicho, la eliminación del arancel libera mano de obra que antes estaba ocupada en actividades que -en rigor- eran antieconómicas debido a que por efecto del arancel debía destinarse a ellas una mayor erogación por unidad de producto. El arancel eleva los costos del artículo importado, obligando a que este se fabrique localmente (cuando ello es posible), demandado para tal fin mano de obra que -en caso contrario- estaría dedicada a otros rubros más necesarios que la sociedad demanda. Es decir, produce distorsiones en la distribución del empleo quedando necesidades insatisfechas. Suprimiendo el arancel la situación se reacomoda y vuelve a su cauce natural, en el que la demanda de empleo se ajustará a las reales necesidades de los consumidores.
Un efecto típico del arancel es el contrabando:
"El contrabando, en última instancia, subroga el librecambio. Sin aranceles no tendría lugar ni sentido alguno este comercio clandestino y no se trata de suscribir la peregrina idea de gradualmente liberar aranceles al efecto de “proteger la industria incipiente” que en las primeras etapas “puede no ser rentable”."[4]
El contrabando aparece precisamente porque el gobierno impone trabas al libre comercio o directamente lo obstruye por completo contrariando los deseos de la gente que quiere comerciar e intercambiar al precio que el consumidor decide y no al que es del fruto del burócrata de turno. El mercado opera de cualquier modo, a pesar de los impedimentos que el gobierno de ordinario le pone en el camino, y si la gente se ve impedida de intercambiar por la vía legal lo haría de cualquier manera por otras vías alterativas, por mucho que el gobierno las declare ilegales. Es de esta manera que surge la figura denominada como contrabando. De no existir aranceles y los demás obstáculos que el gobierno crea, el contrabando dejaría de existir.
"Kenneth E. Boulding en su texto clásico sugiere que “para estudiar adecuadamente los aranceles debemos considerarlos como aumentos artificiales en el coste de transporte […] Lo mismo que los ferrocarriles son un dispositivo para disminuir el coste de transporte entre dos lugares, los aranceles son un dispositivo para aumentarlo. Así pues, un defensor razonable de los aranceles debe demostrar su lógica estando también dispuesto a defender el retorno a los tiempos del caballo y la diligencia” (Análisis económico, Madrid, Revista de Occidente, 1941/1947, p. 157)."[5]
El efecto del arancel es similar al de un impuesto al transporte, cuya consecuencia será la elevación del costo del mismo y, en definitiva, dicho costo se sumará al precio final del producto en cuestión, lo que encarecerá su adquisición, produciéndose los efectos señalados en la cita, más los que ya hemos enumerado antes. En suma, lo que se desea significar con todo el acierto que corresponde a la idea, es que lo que se ha ganado por el lado del desarrollo y crecimiento de los medios de transporte (lo que lleva implicada una notable disminución en los costos del mismo) se pierde -total o parcialmente- por efecto del arancel. Todo lo cual, implica retrotraerse a una situación muy anterior al del progreso tecnológico habido en los medios de transporte. Por lo que, el arancel representa retraso, además de un menor nivel de vida para el conjunto de la población que sufre el arancel.

[1] Alberto Benegas Lynch (h) "Homenaje a Juan Bautista Alberdi". (Discurso pronunciado ante la Academia Nacional de Ciencias). Pág. 1
[2] Alberto Benegas Lynch (h) "Homenaje a Juan Bautista Alberdi "...Op. Cit. p. 2/3
[3] Alberto Benegas Lynch (h) "Homenaje a Juan Bautista Alberdi "...Op. Cit. p. 1
[4] Alberto Benegas Lynch (h) "Homenaje a Juan Bautista Alberdi "...Op. Cit. p. 1
[5] Alberto Benegas Lynch (h) "Homenaje a Juan Bautista Alberdi p. 2

Alberdi y el gasto público (III)



Por Gabriel Boragina ©

En el excelente comentario que el prócer argentino Juan Bautista Alberdi hace de la Constitución de su país, que en rigor constituye una explicación de la filosofía económica que inspira a dicha Carta Magna, se destacan ideas de gran valor. En muchos casos de gran actualidad. En otros, como es lógico imaginar, ciertos pasajes tienen en mira la situación histórica concreta en la que el insigne letrado se desenvolvía. Alberdi dedica gran atención al gasto público, al que le asigna diferentes finalidades, algunas válidas para su tiempo y otras para el suyo y el nuestro.
"La Unión nacional, es decir, la reinstalación constitucional de la integridad nacional del pueblo argentino, y la paz y el orden interiores de la República, son con razón, a los ojos de la Constitución, el primero y más grande objeto del gasto público, Ese interés representa hoy toda la causa política de la Nación Argentina, como en otra época consistió en la de su independencia de la España."[1]
Este es un pasaje eminentemente histórico. Alberdi tiene en mente la situación de anarquía que vivía la Argentina durante la tiranía rosista, y el desmembramiento que el país sufría y que dieran origen a las luchas fratricidas entre "unitarios" y "federales", alentadas por el mismo Juan Manuel de Rosas durante su larguísimo gobierno. Lograda la independencia, Alberdi pensaba que la primera prioridad del país era su unificación, y en cierto modo no le faltaba razón. El mismo Preámbulo de la Constitución que comenta así lo establecía, muestra de la vital importancia que para aquellos hombres tenía el proyecto.
"La obligación del gobierno general de destinar una parte del gasto público interior a las obras y trabajos de utilidad nacional, no debe medirse por la grande necesidad que el país tiene de esas obras. La Constitución anduvo muy acertada en hacerlas depender más bien de las facilidades estimulantes ofrecidas al espíritu particular de empresa, que de los recursos de un Erario naciente y desprovisto de medios actuales."[2]
En los albores de la organización del país, las arcas del estado eran muy reducidas como no podía ser de otro modo, de la misma manera que cualquier emprendimiento nuevo nace con escasos recursos materiales. También así era la situación de la flamante Argentina. En este lúcido pasaje, Alberdi juiciosamente pone el acento en la necesidad de dejar –al menos en parte- en manos de la actividad privada el emprendimiento y financiamiento "a las obras y trabajos de utilidad nacional", no tanto por razones de que el estado no debiera ocuparse de ellas, sino porque en aquella etapa, los recursos del Tesoro eran escasos, dado el carácter incipiente de la nación en gestación.
"Otro medio de economizar gastos en sueldos de empleados, es emplear pocos agentes, hábiles y honrados, en lugar de muchos ineptos y sospechosos. Y como no se consigue el servicio de hombres de capacidad notable y de respetabilidad acreditada sino por compensaciones dignas de tales prendas, los sueldos crecidos pagados a la aptitud son un medio de disminuir el gasto público en empleados de hacienda."[3]
Párrafo en extremo juicioso, completamente ignorado en nuestros días y -podríamos decir- tanto en nuestro siglo como en el anterior. Parece que ya en la época del Alberdi esto era un problema, de otro modo no hubiera reparado en el asunto como para darle importancia. Lo cierto es que el consejo no fue atendido, excepto por esos tiempos y, como decimos, desde el siglo pasado hasta el presente el procedimiento seguido ha sido por completo el inverso al aconsejado por Alberdi. No es difícil imaginar cómo se escandalizaría nuestro autor si contemplara el derroche presente, ya en empleos públicos inútiles y superfluos, sino en la dilapidación sistemática de dineros públicos en prebendas y privilegios a sectores que directamente no trabajan, ni en el sector publico ni en el privado, viviendo de subsidios, planes sociales, transferencias directas y demás dádivas otorgadas por el estado asistencialista. Veamos que pensaba del gasto público aplicado a la educación:
"Si la dirección del gasto público es un medio de reglar la educación, las arcas del Tesoro deberían abrirse con doble facilidad cada vez que se trate de pagar la enseñanza de artes y oficios, de lenguas vivas, de materias exactas, de conocimientos positivos para el pueblo, en lugar de gastar dinero en difundir la metafísica, que conviene más a las épocas de demolición que a las de creación y organización."[4]
Evidentemente, Alberdi parecía opinar que la educación era asunto estatal antes que privado. Nuevamente hay que tener en cuenta el contexto histórico en el que escribía: una nación de gran extensión territorial, prácticamente desértica y con una elevadísima cuota de analfabetismo. Como vemos, Alberdi era patrocinador de lo que hoy en día podríamos llamar las carreras de "índole práctica". Escribía para un país en donde casi todo estaba por hacerse. Había que construirlo culturalmente. No deja de llamar la atención su alusión a la metafísica como más propia de "épocas de demolición". Hay un cierto dirigismo educativo en el párrafo, que denota las preferencias personales del autor en materia educacional.
"A propósito de este ramo del gasto público, convendrá no olvidar que la Constitución argentina hace depender la cultura del país de la educación que dan las cosas por sí mismas, de esa educación que se opera por la acción de la cultura extranjera venida en las poblaciones civilizadas de la Europa, y en los demás elementos de prosperidad y cultura que ella nos envía ya formados, al favor de las sabias franquicias que le abre la Constitución moderna argentina."[5]
Una nueva referencia a un tipo de educación de orden práctico ("la educación que dan las cosas por sí mismas") y –naturalmente- esa educación, atento las necesidades del momento que vivía la naciente nación, debería provenir casi enteramente del exterior, en particular de Europa, sin lugar a dudas el centro cultural por antonomasia de la época en la que nuestro autor escribe su obra. Hoy diríamos -frente a eta cita- que Alberdi estaba proponiendo que el estado importara la educación del exterior. Teniendo en cuenta el contexto, la idea era altamente plausible. Veía en ella una acción necesaria por parte del estado.

[1] Alberdi, Juan Bautista. Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853.
p. 199
[2] Alberdi....Ob. cit. pág. 199-200
[3] Alberdi....Ob. cit. pág. 201
[4] Alberdi....Ob. cit. pág. 204
[5] Alberdi....Ob. cit. pág. 205

La igualdad en la antigua Grecia (2)



Por Gabriel Boragina ©

"En Atenas, los pequeños labradores abrumados de deudas pugnaban por variar su situación y la inminencia del movimiento social se hizo palpable en la época de Solón y favorecida por las divergencias existentes entre las clases privilegiadas. Los derechos políticos fueron graduados según la fortuna, y la elegibilidad para los cargos más elevados se reservó para aquellos poseedores de una importante extensión de tierra que le produjera una renta anual considerable (500 fanegas de grano o su. equivalente en vino y aceite). Concretamente, una serie de medidas hicieron disminuir "la omnipotencia de los eupátridas y permitió a los pobres defenderse con iguales armas, por procedimientos legales. "Eso es lo que se conoce como la Constitución de Solón y fue corno la carta fundamental de la democracia ateniense, destinada en virtud de los principios mismos que estableció a determinar nuevos progresos en el sentido democrático"; aunque hay que reconocer que dicha Constitución era en parte plutócrata, porque sólo permitía a los más ricos ocupar los cargos públicos, y en parte aristócrata, porque sólo podían desempeñar funciones ejecutivas judiciales los hombres de reconocida experiencia."[1]
Al parecer, Solón quiso introducir algo parecido a lo que hoy conocemos como la igualdad ante la ley. Con la salvedad que esa igualdad se limitaría a la igualdad política y no a otra, y sería bastante relativa, habida cuenta que -conforme nos explica el autor en comentario- su "Constitución era en parte plutócrata, porque sólo permitía a los más ricos ocupar los cargos públicos, y en parte aristócrata, porque sólo podían desempeñar funciones ejecutivas judiciales los hombres de reconocida experiencia". Se puede inferir que esas deudas que afligían a los labradores eran ocasionadas por abusivos impuestos, lo que demuestra la temprana voracidad fiscal del estado, que -en rigor- fue una constante, no exclusivamente en la antigua Grecia sino en todas partes del mundo desde los tiempos prebíblicos hasta el presente. Este es un rasgo en que la humanidad no ha parecido avanzar demasiado, excepto en el periodo de la revolución liberal entre los siglos XVIII y comienzos del siglo XX. Desde esta última fecha hasta el momento en que escribirnos se ha producido un severo retroceso en materia fiscal. Hoy como ayer, el ciudadano esta posicionado frente al fisco tal como lo estaban aquellos antiguos labradores griegos agobiados de deudas.
"Hay que reconocer, no obstante, que Solón prepara el movimiento democrático ateniense, y es con la obra de Pericles que se llega al apogeo de la evolución, consolidándose el principio del gobierno del pueblo y ejercido por los ciudadanos, pero con la observación de que el pueblo sólo estaba integrado por el conjunto de ciudadanos atenienses cuyos padres también lo fueron y tanto es así que aparte de ellos, existían los metecos y por último los esclavos que eran considerados sin personalidad, como un instrumento animado, una cosa con vida (y tal vez con alma). La esclavitud constituía el motivo principal de las luchas políticas y sociales de la Grecia antigua y dividía a la sociedad en dos partes: ricos y pobres. "Esta polarización antitética dice Corrado Barbagallo entre la riqueza, o mejor aún, entre la fortuna, y la indigencia, provocaba efectos políticos igualmente malos, dentro de la nobleza y del bajo pueblo"."[2]
Tenemos que inferir de este texto que los pobres eran los esclavos y los ricos sus dueños. Sin embargo, se menciona a los metecos, que únicamente se diferenciarían de los esclavos en que serían hombres libres, pero sin derechos políticos de ninguna clase dado que no se les consideraba ciudadanos, y sólo estos gozaban de derechos políticos. No es difícil imaginar que estos metecos entrarían también dentro de la categoría de pobres (aunque no esclavos) ya que -conforme venimos viendo- el poder político los ricos se lo reservaban para sí mismos. Del contexto se infiere que, de la igualdad que se sigue tratando es de la igualdad política que aquí el autor identifica con la democracia. Ese "gobierno del pueblo" de Pericles era bastante peculiar, dado que estaba reservado a una parte minoritaria de la sociedad ateniense. La circunstancia que no se les concedieran derechos políticos a los metecos y esclavos es muy fácil de deducir. Estos constituían la base económica de la clase gobernante (ciudadanos), de conferírseles igualdad de derechos políticos a la de estos, cómodamente se convertirían en clase gobernante y terminarían desplazando a los ciudadanos de su condición privilegiada.
"Del concepto de democracia expuesto por los historiadores y políticos griegos surgen principios de una doctrina moral y política, adquiriendo la democracia un significado humano. Tucídices, en su relato de la guerra del Peloponeso, hace decir a Pericles, en su discurso en homenaje a los atenienses muertos, que "nuestro régimen político es la democracia y se llama así porque busca la utilidad del mayor número y no la ventaja de algunos. Todos somos iguales ante la ley, y cuando la república otorga honores lo hace para, recompensar virtudes y no para consagrar el privilegio. Todos somos llamados a exponer nuestras opiniones sobre los asuntos públicos".[3]
No obstante, ya hemos visto que ese "todos" en realidad era bastante restringido en los hechos. Se limitaba a los ciudadanos, excluyendo a metecos y esclavos que constituían la mayor parte de la población y servían de sustento económico a aquellos. Sin embargo, el concepto -como ideal en sí mismo- resulta brillante, aunque fuera puesto en práctica efectiva muchísimos siglos más tarde con el advenimiento del liberalismo, momento en que el vocablo "todos" adquirió su verdadera significación y se extendió a todos los individuos por igual, y no a los miembros de una determinada casta o clase social. Por lo demás, qué es lo que pretendió decir el autor al expresar "adquiriendo la democracia un significado humano" queda en la más completa de las nebulosas, ya que resulta dificultoso concebir un sentido inhumano de la democracia. Lo cierto es que, en las palabras de Pericles, resulta claro que entendía la democracia como el gobierno de la mayoría ("busca la utilidad del mayor número y no la ventaja de algunos") recordando que en la concepción clasista griega (y del mundo antiguo en general) ese "mayor número" incluía a la nobleza, excluyendo todas las otras demás clases.

[1] Dr. Antonio Castagno. Enciclopedia Jurídica OMEBA Tomo 14 letra I Grupo 02. Voz "igualdad"
[2] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad"
[3] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad"

El derecho de propiedad y su violación

Por Gabriel Boragina © Desde todos los ángulos imaginables se reclaman con urgencia "políticas públicas" como supuesta y ú...