Políticas y "derechos sociales"



Por Gabriel Boragina ©

A veces se denomina "el estado social" a aquel estado-nación donde su política legislativa se orienta al establecimiento y jerarquización de los llamados "derechos sociales" instituyendo esta categoría como de rango superior a la de los clásicos derechos individuales. En alguna época ya pasada, aproximadamente entre los siglos XVIII y comienzos del XX, la noción de derecho se identificaba casi plenamente con la de los derechos individuales. No se concebía que la palabra "derecho" se refiriera a otra cosa. Fue cuando surgió la de los "derechos sociales" -que buscaban distinguirse de los individuales- cuando se hizo necesario aclarar, a todo instante, de qué clase de derechos se estaba hablando.
La expresión "derechos sociales" se impuso como una categoría que, no sólo pretendía separarse de la de los análogos individuales, sino que procuraba -por sobre todas las cosas- mostrarse como una "etapa evolutiva" desde estos hacia aquellos y –al mismo tempo- subordinar (y con el tiempo eliminar o suprimir) tales derechos individuales en pos de los "sociales" para siempre. Esta y no otra fue la pretensión del socialismo desde su aparición con los utópicos -como K. Marx los tildó- pasando por los socialistas "científicos" de este, hasta los actuales "socialistas del siglo XXI".
Es por esta misma razón que, los países donde se ensaya el sistema comunista se declaran los "campeones" de los "derechos sociales". Un buen ejemplo es el de Cuba, de la que se nos dice:
"Los mal llamados derechos sociales, se vinculan con la satisfacción de ciertos requerimientos propios de la vida humana, tales como salud, vivienda, educación, etc.....Quizás los dos ámbitos donde resulte más claro sean el educativo y el laboral. En el primer caso, el castrismo se jacta de un alto porcentaje de niños en las escuelas. Pero la realidad es que dichos establecimientos escolares son en primer lugar, instrumentos para controlar las ideas que estarán al alcance de los ciudadanos, e impedir que tengan acceso a otras, consideradas peligrosas. En el segundo caso, la estatización de la propiedad y el monopolio de la actividad económica, convierten al régimen en el único empleador, permitiéndole invocar el “pleno empleo” como una conquista social. Sin embargo, la dependencia de todos los ciudadanos de un único empleador y la consideración del desempleo o vagancia como manifestaciones de un estado de peligrosidad que se castiga con la prisión, buscan colocar a los ciudadanos bajo la dependencia económica absoluta del Estado."[1]
Pero no ha de creerse que el concepto de "derechos sociales" exclusivamente triunfa en países de claro signo comunista. También lo hace mas solapadamente aunque en proporciones menores en otros lugares que se jactan orgullosamente de ser naciones "libres". Algunos autores hacen una distinción importante entre las llamadas "políticas sociales" y los "derechos sociales". El criterio de demarcación consiste en que una "política social" es una cuestión -en el fondo- meramente coyuntural. Confluye finalmente en una ayuda a personas o grupos que se catalogan como "necesitados" por parte de una autoridad. Pero este socorro es limitado, tanto en el tiempo, en el espacio, como en la cuantía de los recursos que se le otorgan a quienes se encuentran nominados para recibirlo.
La significación de "derechos sociales", en cambio, tiene la misma base o motivación que las "políticas sociales", pero con la muy importante diferencia que ya no se trata de una medida coyuntural limitada en el tiempo, en el espacio y en la cuantía de la ayuda a brindar. Sino que se plasma en una legislación que -por sus propias características- se halla destinada a pervivir en el tiempo y en el espacio, ofreciendo diversos tipos de ayudas -monetarias y en especie- a aquellos quienes, según la misma legislación tipifique, se encontraren cualificados para hacerse acreedores de los regímenes asistenciales que esas mismas leyes fundan:
"A comienzos del siglo XXI, en especial en el último gobierno de esta coalición, las políticas sociales tuvieron un matiz distinto teniendo un foco en la protección social. Con ello, varios subsidios y programas tendieron a entenderse como derechos sociales, incrementándose no sólo el nivel de asistencialismo sino también la cobertura de los programas y los montos de los subsidios, explicado principalmente por la reforma de pensiones. Las transferencias monetarias promedio por hogar para el primer decil entre el 2006 y 2009 pasaron de aproximadamente $55 a $105 dólares en el año 2011 (Henoch, Troncoso y Valdivieso, 2010)."[2]
A diferencia de las "políticas sociales", los "derechos sociales" dan precisamente un "derecho" al reclamo por parte de aquellos que, no sólo se consideran sus beneficiarios sino que exigen que se los incluya en las nóminas de calificados para recibir los recursos del estado. Hay, pues, un giro cultural que hizo y hace que lo que anteriormente se tuviera como algo excepcional, limitado en tiempo, espacio y cuantía respecto de personas puntuales, se convirtiera y ampliara bajo el paraguas del rótulo "derechos sociales" en "otra cosa", con el mismo fin, pero apuntando ya a un destinatario que aparece universalizado. Este nuevo enfoque cultural, que se ha apoderado de la mayoría de los países del mundo, hace que sean cada vez más las personas y los grupos sociales que se auto atribuyan la potestad de demandar su inserción dentro del amplio abanico de prestaciones asistenciales que -cada día más- ofrecen los gobiernos del mal llamado "mundo libre". Como bien ha asentado de diversas ocasiones el profesor Alberto Benegas Lynch (h), los mal llamados "derechos sociales" o, como también se los designa a menudo, "conquistas sociales", no son otra cosa, en realidad, más que pseudoderechos, que confunden (de manera deliberada o no) las que son simples necesidades con los verdaderos derechos.  Es hora de poner las cosas en claro de una vez y para siempre.

[1] Eneas Andrés Biglione "El embargo norteamericano al régimen castrista: Una perspectiva de Law & Economics". Corporate Training. George Mason University. Diciembre 2009. Pág. 15-16
[2] Paulina Henoch I. y Rodrigo Troncoso O. "Transferencias Condicionadas en Chile: Una Positiva Evaluación al Programa Ingreso Ético Familiar" en Desarrollo económico y pobreza en América Latina. El rol de los Planes Sociales. Pág. 167-168

¿Hacia dónde va el gobierno?


Por Gabriel Boragina ©

Decíamos algunos días atrás que la política económica del presidente Mauricio Macri se ve claramente orientada hacia un modelo desarrollista de la economía, lo que ha sorprendido y de alguna manera viene desilusionando al grupo de liberales que lo apoyan y que le dieron su voto en las elecciones en las que el presidente se alzó con el triunfo.
Con todo, seguimos sosteniendo que el conjunto de liberales mencionado, no ha sido un caudal de mayor importancia en el cómputo final de los votos obtenidos por el presidente. La superior proporción de electores de Macri provienen de los seguidores de la alianza que lo catapultó al poder, es decir el sector de la UCR liderado por Ernesto Sanz y la Coalición Cívica cuya referente es Elisa Carrió. Si analizamos el perfil de estos votantes nos daremos cuenta que su eje de pensamiento se encuentra más bien distante del liberalismo. Es por eso que, en aquella ocasión anterior, entendíamos que, si bien los liberales -ya sea se encontraran enrolados en los partidos mencionados, ya sea se hallaran fuera de ellos- que votaron a Macri se sentían extraviados ante la política económica que viene desplegando el actual gobierno, no sucedía de manera análoga con el grueso de los electores de Macri, que tuvieron en mira lo que visualizaron como un proyecto desarrollista, si bien no fue explícitamente descripto por el entonces candidato de Cambiemos con esa exacta denominación.
Hay un interesante paralelismo que puede hacerse entre los partidos y personas que conforman el Frente "Cambiemos" y el pasado del desarrollismo argentino. Como es sabido, el Frente Cambiemos está constituido por el PRO (espacio político del actual presidente Macri) la UCR presidida por Sanz, y el ARI de Carrió. Esta última proviene de la filas del radicalismo al que perteneció antes de componer su propio partido político. Y retrotrayéndonos más aun al pasado, el ex presidente Frondizi antes de fundar su propio partido que fuera conocido con las siglas MID que significaban "Movimiento de Integración y Desarrollo", también había estado afiliado a la UCR, que en su época se había escindido en dos ramas o subpartidos: la UCRI ("Unión Cívica Radical Intransigente") y UCRP ("Unión Cívica Radical del Pueblo"). Frondizi llegó a la presidencia liderando la UCRI, para luego pasar a encabezar su propio partido (el MID).
Con esto, podemos visualizar que -al menos en Argentina- el desarrollismo (modelo económico que, en los hechos aunque no tanto en el discurso, viene desplegando el presidente Macri, ha tenido un origen indudablemente radical, que -en lo económico y a través del tiempo- siempre ha sido intervencionista, condenando por igual tanto al liberalismo como al socialismo. No ha de llamar la atención el rumbo tomado por Cambiemos, si tenemos en cuenta los orígenes ideológicos de las agrupaciones que lo constituyen.
Será oportuno insistir, una vez más, en algo que a menudo se olvida: y es que la Argentina nunca tuvo gobiernos liberales o partidos liberales al frente del gobierno. Lo que -a su turno- se explica porque el componente ideológico que constituye el sustrato de la sociedad argentina es nítidamente intervencionista, con una muy fuerte tendencia hacia el estatismo más exacerbado.
Y existe otro elemento, que es el de la confusión que esos mismos gobiernos han sembrado entre sus electores:
"Otra valla para la fluidez del mensaje liberal son gobiernos que usan desaprensivamente la etiqueta liberal pero se abocan a la corrupción escandalosa, al aumento del gasto estatal y la deuda pública en el contexto de severos incrementos impositivos, manejo discrecional del tipo de cambio, la dispersión arancelaria y la ausencia más palmaria de la división de poderes. En esa situación no son pocos los que terminan desconfiando seriamente (y muy injustamente) del liberalismo que en verdad es inexistente en esos climas tóxicos."[1]
En alguna medida, es debido a esto mismo que muchos macristas y antimacristas piensen que su gobierno es "liberal", y pese a que varios funcionarios del mismo (incluido el propio presidente Macri) han renegado públicamente del liberalismo. No son pocos los casos en que, muchas personas están convencidas  que el liberalismo tiene que ver con lo anterior. Precisamente, el desarrollismo del MID, que en suma, se emparienta con el más rancio keynesianismo, creía en las políticas activas del estado, en las que justamente un elevado gasto estatal, más impuestos, arancelamientos, tarifas, controles, etc. son tenidos por los medios "idóneos" para lograr la ansiada meta del tan anhelado "desarrollo". Y muchos son los que confunden "esto" con "liberalismo".
Por eso, decíamos días atrás que, los electores de Macri querían realmente este tipo de política, y fueron coherentes en la elección del candidato "ideal" para llevarla a cabo. Nosotros como liberales, sabemos que están equivocados, que muchas veces se han ensayado todo tipo de políticas activas y que -en definitiva- fueron las que condujeron al país al estado calamitoso en el que hoy se encuentra. Pero, lamentablemente, el plafón cultural del argentino promedio no ha sido modificado en décadas, desde el primer peronismo hacia aquí. Y aun vemos lejos, muy lejos el atisbo apenas de alguna lucecita "liberal" al final del túnel.
Prueba de todo lo dicho es que, en los seguidores del presidente Macri, no hay ningún reclamo visible ni generalizado por disminuir el gasto estatal, ni bajar impuestos, etc. sino que las "críticas" que se le hacen al presidente son situadas para que distribuya de la manera más "equitativa" posible todo ese caudal de dinero compuesto por impuestos, subsidios, aranceles, etc. y que no se eliminen los subsidios, sino que se los dirija a quienes "realmente" los "necesitan". En estos puntos consisten las mayores objeciones que los macristas le hacen al presidente.
En definitiva, no se reprueba una política económica dirigista o intervencionista. Se pide continuar con el dirigismo, pero que el dirigismo se dedique a dirigir el dinero de unos otorgándoselo a otros. Camino ya probado y fracasado.

[1] Alberto Benegas Lynch (h)"¿Es efectivo el mensaje liberal?" publicado originariamente y tomado del


Acerca del “deterioro de los términos de intercambio”



Por Gabriel Boragina ©

"Otro canal a través del que se filtra el complejo de culpa es por medio del llamado deterioro en los términos de intercambio. Con esto se quiere decir que los países pobres reciben cada vez menos a cambio de entregar cada vez más de lo que ellos producen. Es decir, habría un deterioro en la relación de cambio de productos manufacturados frente a los no-manufacturados en detrimento de estos últimos, con lo que tendría lugar una explotación sistemática.
Hay varias observaciones que hacer a este esquema. En primer lugar, término de intercambio quiere decir precio relativo, lo cual, en sí mismo, no significa nada respecto de mejoras o empeoramientos. Por ejemplo, en la época en que aparecieron los primeros automotores, éstos tenían cierta relación de cambio (términos de intercambio) con la cebada, hoy esa relación comparada con aquella época le es desfavorable al automotor ya que se ha convertido en un bien de uso popular y, sin embargo, los resultados operativos y los patrimonios de la industria automotriz son más favorables que en el período anterior."[1]
Los primeros automóviles eran muchísimo más caros, no sólo en relación a la cebada sino también en la de muchos otros bienes de producción y de consumo. En consecuencia, si siguiéramos la absurda teoría del deterioro de los términos del intercambio (en adelante DTI) tendríamos que llegar a la también no menos irrazonable conclusión de que los bienes industriales estaban en una posición económica y patrimonial inicial muchísimo más ventajosa que la de los bienes no-industriales, precisamente la situación inversa que pretenden querer demostrar los defensores de esta desatinada tesis. En el ejemplo dado por el autor que ahora citamos, los coches eran mucho más caros que la cebada, pero como no hace falta demostrar más que por medio del sentido común y la simple observación de nuestro entorno, que con el tiempo, el progreso tecnológico y –fundamentalmente- la producción en serie, los automotores se han multiplicado y difundido de tal modo que se operó un fenómeno de masificación que, a su turno, determinó la paulatina baja del precio de adquisición de cada unidad automotriz, lo que a la luz de la teoría del DTI debería haber implicado una situación muy desfavorable para aquella industria, sin embargo –y como es evidente a todas luces- la realidad es que ha ocurrido todo lo contrario, empeoraron los términos de intercambio para el automotor, pero la situación patrimonial de las industrias automotrices mejoró cuantiosísimo.
"En las series estadísticas del “deterioro de los términos de intercambio” muchas veces se suelen comparar cosas distintas. Por ejemplo, en una columna se pone “trigo” y en otra “tractores” pero los tractores van cambiando de características según sean los cambiantes modelos, mientras que el trigo es el mismo y producido en mejores condiciones, en buena parte debido a los mejores tractores. Por último, si observamos la alta proporción de bienes no-manufacturados que comercian entre sí los países “desarrollados”, deberíamos concluir que los países más ricos se estarían explotando entre sí."[2]
 No se pueden comparar términos de intercambio entre bienes de características heterogéneas, el cotejo -para que adquiera alguna validez- debería hacerse entre productos homogéneos. Pero los partidarios de la "teoría de la dependencia" y del DTI no proceden de dicha manera lógica, sino que van por la vía ilógica. El ejemplo es altamente categórico en cuanto nos ilustra de qué manera ciertos tipo de bienes industriales (en el caso tractores) no solamente van cambiando a diferencia de productos como el trigo, sino que, a la par que los términos de intercambio se van deteriorando respecto de los tractores en la medida que sus costos se abaratan en función de mejoras tecnológicas y las señaladas también en el párrafo anterior de acuerdo a su mayor demanda, pese a todas dichas aparentes desventajas respecto del DTI, contribuyen a que productos de características muy diferentes (como la cebada del ejemplo anterior o el trigo del actual) respecto de los bienes que incorporan innovaciones tecnológicas, sean elaborados en mayor cantidad y en mejores condiciones que nunca antes, con lo que nuevamente se desmorona la tesis del DTI.
"Generalmente se sostiene que el deterioro de los términos de intercambio es especialmente alarmante en los casos de las ex-colonias ya que han sido, en todos los órdenes, las víctimas principales de la explotación. Pero esto último tampoco es cierto. No puede afirmarse que siempre las colonias se han retrasado por estar en esa condición. Pensemos en los casos de miseria de lugares tales como Nepal, Etiopía, Liberia, Tíbet y Afganistán que nunca fueron colonias frente a los casos, por ejemplo, de Hong-Kong y los Estados Unidos como colonias británicas. Por esto es que la entrega coactiva de recursos, principalmente por parte de los Estados Unidos, frecuentemente se han destinado a ex-colonias “para compensar” y de ese modo “ganar amigos” en las zonas más sensibles."[3]
No son los "términos de intercambio", sino la filosofía y política económica imperantes las que determinan la riqueza o pobreza de las naciones tal como bien instruyen los casos que se nos ofrecen anteriormente. Para comenzar, ha quedado bien refutada en los párrafos precedentes la tesis o teoría del deterioro de los términos del intercambio (DTI). No hay tal. Y, por lo tanto, difícilmente pueda achacarse a dicha falacia la diferente suerte económica de un lugar respecto de otros. Como se comenzó diciendo, las paridades, precios o términos de intercambio –que, al fin de cuentas, vienen a ser todos, la misma cosa- varían en función de los diferentes intercambios, estados y procesos que se desarrollan en el mercado. Si el mercado es totalmente libre, todas las partes implicadas en la transacción van a salir beneficiadas. En contraposición, si el mercado está adulterado por el gobierno, los resultados serán más negativos. Por lo demás, y como bien lo recuerda el autor citado, la alta tasa de productos no-manufacturados que comercian "entre sí los países “desarrollados”, nos llevaría a que "deberíamos concluir que los países más ricos se estarían explotando entre sí".

[1] Alberto Benegas Lynch (h) Las oligarquías reinantes. Discurso sobre el doble discurso. Editorial Atlántida. Pág. 191 a 193.
[2] Alberto Benegas Lynch (h) Las oligarquías...ob. cit. Pág. 191 a 193.
[3] Alberto Benegas Lynch (h) Las oligarquías...ob. cit. Pág. 191 a 193.

El derecho de propiedad y su violación

Por Gabriel Boragina © Desde todos los ángulos imaginables se reclaman con urgencia "políticas públicas" como supuesta y ú...