La política de los políticos

Por Gabriel Boragina ©

 

Puede resultar extraño el titulo del encabezado y preguntarse el lector ¿Por qué "la política de los políticos"? ¿No es una sola la política? La respuesta a dar es relativa, ya sea que se la conteste desde lo académico o desde lo fáctico. Desde lo académico, es posible citar muchas definiciones de "política". Pero desde lo fáctico, cabe hablar de diferentes clases de política o, si se prefiere, de hacer política.

Un fenómeno que parece ser mundial es el de la profesionalización de la política. Proliferan quejas de que la política ha dejado de ser una vocación para pasar a ser una profesión. Mejor es decir -opinamos- la profesionalización de los políticos y no de la política.

Por eso, me parece que ya es posible hablar -entre las muchas clasificaciones que existen- de dos grandes tipos de política: "la política del pueblo" y "la política de los políticos".

Y ¿en qué consisten? A grandes rasgos, digamos que en las "democracias" (al menos la Argentina) "la política del pueblo" se limita a votar, en tanto que "la política de los políticos" se circunscribe a lucrar. Entonces, en esta nefasta ecuación, los políticos conforman una clase parasitaria que se mantiene de los votantes.

El ciudadano común, nutre a la casta política con dos tipos de "alimentos":

1.                  El voto: que posiciona al político dentro de la esfera del poder.

2.                  Los impuestos: que fagocita el gobierno durante su permanencia en el poder.

Por supuesto que, dentro de la clase parasitaria no todos los parásitos son iguales. Están los grandes parásitos, que son los que detentan el gobierno de turno, y los pequeños parásitos que aspiran a convertirse algún día (más pronto que más tarde) en los grandes, reemplazando a aquellos.

Y ¿Cómo es posible esto? Muy simple: a través de un mecanismo institucional que establece un sistema de regulaciones legales que -en suma- maniobran como una enorme maquinaria destinada a transferir ingresos desde el ciudadano común hacia la clase política. La legislación fiscal, comercial, económica e incluso la civil y la penal, operan en esta dirección, cuando pretenden avanzar sobre los derechos de propiedad de la ciudadanía. En el mismo punto en que esta masa legislativa empieza a colisionar con la Constitución de la Nación Argentina, (en su primera parte sobre todo), es donde comienza a forjarse la tiranía.

Esta es "la política de los políticos" contraria a la política "a secas".

Siguiendo con el caso argentino: el gobierno de FPV (Frente para la Victoria del matrimonio Kirchner) ha llevado al paroxismo "la política de los políticos" excluyendo a todos los políticos que no formen parte de su círculo de genuflexos, transformando "la política" en "la política K".

Hay, no obstante, una buena dosis de ingenuidad en una parte abrumadoramente mayoritaria de la población, que sigue creyendo que "la política del pueblo" tiene alguna influencia sobre "la política de los políticos", y es dable observar que, en el caso de la política del gobernante FPV, los intereses de los gobernados no ocupan ningún lugar en la consideración de los ejecutores del poder opresivo que ejerce excepto, claro está, en lo que se refiere a sus partidarios (sean estos por convicción o por conveniencia).

Si es cierto que los gobiernos son el reflejo de sus pueblos, el estado de degradación alcanzado por la Argentina es verdaderamente alarmante y cabe preguntarse qué más bajo puede caerse en lo sucesivo de mantener gobernantes como los Kirchner y sus irresponsables e inmorales secuaces enquistados en el poder, quienes se han reservado la denominación del vocablo "política" exclusivamente para lo que hacen, piensan y diseñan ellos en exclusividad. La reversión de este estado de decadencia se dificulta notablemente, si es que la ciudadanía no advierte el problema y no ejecuta acciones en la dirección contraria a la destrucción política, moral y económica del país.

Pero también es verdad, -como tantas veces hemos señalado-, que existe una suerte de retroalimentación entre gobernantes y gobernados y que, en definitiva, lo que la mayoría acepte y tolere será astuta y ampliamente capitalizado por los mandamases en su favor. Cada milímetro que el pueblo ceda a sus tiranos, será un milímetro más que la tiranía aprovechará para ocupar el lugar libre dejado por los que retroceden ante su avance.

La aberrante idea de que en una "democracia" debe permitirse absolutamente todo al poder de turno, es una noción letal, germen de un autoritarismo que se hace cada vez más grande a pasos agigantados, y en donde campea el relativismo moral, que sume a las masas en un sopor que impulsa a la inacción. Esta idea funesta de democracia ilimitada, como ya lo advirtiera Friedrich A. von Hayek en su Camino de Servidumbre y demás obras, es -por desgracia- la que predomina hoy entre gobernantes y la mayoría de los gobernados.

En todo caso, ha de comprenderse que la política no se limita ni se circunscribe a lo que los políticos hagan o dejen de hacer, ni mucho menos a lo que permitan o no permitan hacer a los ciudadanos. La política incluye a gobernados y gobernantes, y en las repúblicas, el poder reside en la soberanía popular, que viene a ser como una pirámide invertida en el que el poder soberano del pueblo lo delega provisoriamente en otros ciudadanos, que deben desempeñarse como mandatarios de los primeros y no a la inversa como sucede de ordinario en buena parte del mundo y con gran énfasis en la Argentina de hoy.

Lo dicho, por supuesto, no descalifica a los políticos de vocación que, aunque en número escaso, hay que reconocer que -con todo-, aun existen.  No obstante, si no se produce un cambio de mentalidad en la forma en que gobernantes y gobernados entienden actualmente la palabra "política", no son esperables grandes modificaciones en el escenario de la política nacional y en muchos casos, mundial.

 

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