¿Quién gobierna la Argentina?

Por  Gabriel Boragina ©

Adelanto que la pregunta de mi título no tiene una respuesta segura. No se sabe bien quien gobierna a la Argentina. Más de uno se sorprenderá con esta afirmación y me responderá que ¿cómo puedo dudar de ello? Y me agregarán que la Sra. Kirchner es la que lo hace. Pero si hay algo que tengo por seguro es que no es esta mujer la que gobierna el país. Cualquier estudiante de ciencia política sabrá (y de no saberlo tendrá que estudiarlo donde corresponda) que el poder político (cualquier poder político) se divide en dos partes: el poder formal (aparente) y el informal (real). El común de la gente parte de la base que ambos tipos de poderes generalmente coinciden y que lo hacen en una misma persona. Pero esta última suposición no siempre se condice con la realidad, y la Argentina es buena prueba de ello. En numerosos casos históricos (tanto de la historia reciente como la de la no reciente) el poder formal no ha coincidido con el informal. Y se ha dado el caso de que, en tanto el poder formal estaba revestido por una persona, el poder informal pasaba por otra (o -frecuentemente- por otras personas diferentes).
Esa fue la situación por la que atravesó la Argentina en muchas épocas anteriores. Por ejemplo, es sabido que después del derrocamiento de J. D. Perón, si bien el poder formal y el informal -en un primer momento- coincidieron en quienes lo habían derrocado, poco tiempo después la tendencia se modificó y a medida que se sobrevenían los desaciertos de los gobiernos que se iban sucediendo, el poder informal volvió a pasar a J. D. Perón (a la sazón exiliado en España) mientras el formal se mantenía en los gobiernos locales. Dicha situación se prolongó hasta el regreso de J. D. Perón al país y su elevación a la presidencia por tercera vez.
Otro tanto ocurrió cuando la mujer de J. D. Perón, Estela Martínez, se vio obligada a asumir el gobierno. Si bien lo hizo formalmente, nunca ejerció el poder informal (real), sino meramente el formal, es decir, solo en su nombre y presencia figuraba como presidente, pero ella nunca ejerció ninguna clase de poder efectivo. Era claro (y evidentemente para todo el mundo) que José López Rega era quien -en los hechos- gobernaba el país y no ella, es decir, era el detentador del poder informal.
Una situación similar (por no decir exactamente igual) se presenta con el caso de la Sra. Kirchner. Lo que resulta claro que nunca gobernó, ni puede hacerlo, porque resaltan evidentes sus ostensibles incapacidades para cualquier clase de función. No sólo hablo de la función pública, sino que luce evidente su incapacidad para ejercer, con la mínima idoneidad, cualquier clase de función, siquiera las domésticas. Siempre fue explícito que el marido de C. Kirchner era el que ostentaba el poder informal, el verdadero poder, que siempre pasa por quien -en los hechos- lo ejerce de facto. No resulta del todo claro ahora quien lo hace, es decir, quien realmente gobierna. Solo es claro que la mujer de Kirchner no lo hace, porque no posee ninguna calidad, cualidad ni condición para hacerlo. Y que de ser ella la que gobernase, la situación sería mil veces peor que la actual. De tal suerte que, la conclusión es que no es ella la que gobierna. Lo que, de cierto modo, es un leve alivio.
     El papel de la mujer de Kirchner se limita simplemente a dar un espectáculo televisivo y radial repetitivo. Espectáculos a los que son tan afectos los argentinos y que tanto los impresiona. Esto es suficiente para crear en el argentino medio la sensación de que el político "gobierna". Pero esto es puro ilusionismo. 
Ahora bien, quién gobierna en realidad, y al fin de cuentas, viene a ser una cuestión secundaria. Sea quien sea el que gobierne la Argentina hoy, lo cierto es que lo está haciendo mal, muy mal. Pésimamente mal, podríamos decir. Y como expresamos antes, C.F. Kirchner no podría hacerlo menos mal que lo mal que, quien sea el que gobierne realmente, lo está haciendo. Si esa mujer gobernara realmente, repetimos, los resultados serian mil veces peores a los actuales. Si esta señora tuviera rienda suelta para desplegar todas sus incapacidades, las consecuencias para el país serían imprevisibles. Si la Argentina no se ha hundido por completo en el fango, es porque "alguien" está evitando que esta mujer tenga mayor injerencia en los destinos de la nación. Los que realmente gobiernan se limitan a mantener y enaltecer su figura y nada más. Algo muy similar (por no decir idéntico) a lo que hizo López Rega con Isabelita. 
Por eso, deseo insistir en la absoluta intrascendencia de quien sea el que gobierne, lo importante es que tenga capacidad para hacerlo y que haga lo que se debe de hacer. Que no es, en modo alguno, lo que se hace en la Argentina. No basta tener el poder, ni importa quien realmente lo tenga, sino que lo relevante es que se lo use bien, y no como en el periodo que será tristemente recordado como la era "Kirchner", una era nefasta por cierto.
A la pregunta inicial de ¿quién gobierna la Argentina? Le agrego ahora "quien deberá", y mi respuesta es: la Argentina debe ser gobernada por ideas y doctrinas sanas, no importando quien las porte, sino que interesa que, una vez llegado al poder, las ejecute (y tenga el poder –formal e informal-  para hacerlo). Lo demás es irrelevante. Lo único lamentable es la enorme tarea de reconstrucción que le queda por delante al próximo gobierno, ya que la labor de gobernar se complica enormemente cuando quien llega al poder debe primero revertir todo lo mal que hizo quien le precedió, para luego recién empezar a administrar la cosa pública decentemente. Ojala este sea el caso.

2 comentarios:

Horacio Aldo Cingolani dijo...

Tu postura coincide con la mía en tu parte final en la que explicás claramente como debiera gobernar el siguiente gobierno, aunque es un tema para profundizar mucho más.
En cuanto al poder informal creo que no es algo tan clarmaente separado del formal. Por ejemplo, diría que si el presidente de la República busca asesoriamiento adecuado para consultar y lo hace bien, no está cediendo a ningún poder informal. Coincido en que no queda nada claro en este momento quienes son los que más influyen en ella.
-Puedo estar de acuerdo que no tiene una idea unificadora de sus posturas, pero no le veo una incapacidad tan nítida de tomar decisiones.

Gabriel Boragina dijo...

Gracias Horacio por tus comentarios. Mirá, yo creo que el poder (o la acción política mejor dicho) pasa por tres niveles:
1. El que define las políticas a ejecutar.
2. El que las formaliza
3. Y el que las ejecuta.
1-2 y 3 pueden coincidir en la misma persona. Pero el acto de gobernar se concreta en 1.
Si 1,2 y 3 se concentran–digamos- en A, entonces no hay duda de que el que gobierna es A.
Ahora, si tenemos tres personas A, B y C, siendo que A realiza 1, B realiza 2 y C realiza 3, el poder sigue pasando por A, porque el acto de gobernar esta en 1 (y no en 2 ni en 3).
Ahora bien. Si A es un asesor y B es el (o la) presidente, siendo que A realiza 1 y B formaliza 1, el que gobierna es A y no B.
Ergo, el poder material pasa por A y no por B.
Todo lo cual demuestra la conclusión de mi artículo: ella no gobierna.

Te mando un abrazo,
Gaby
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