Cobos ¿presidente?

Por Gabriel Boragina ©
El voto adverso de desempate del Vicepresidente de la Nación Argentina, Julio César Cleto Cobos, en la sesión del Senado en la que se definía la suerte de un fuerte impuestazo contra una de las mayores actividades productivas del país –posiblemente la mayor de todas- negativo a la pretensión del poder ejecutivo nacional –a la sazón, monopolizado por el matrimonio Kirchner- debió haber configurado un hecho natural e intrascendente, si se hubiera dado en un contexto institucional democrático. Como dicho marco es inexistente en la Argentina, la oposición del vicepresidente Cobos, representó -casi- un acto revolucionario, visto por muchos, como un evento de verdadera resistencia a la tiranía.
La oposición política partidaria en la Argentina, desde el arribo de los Kirchner al poder, sufrió dos tipos de procesos destructivos: externo e interno. El externo fue decididamente encarado por el propio matrimonio gobernante desde el primer día de su gobierno, mediante distintos mecanismos, donde destacó -y sigue destacando- el soborno, mediante dinero, cargos o puestos políticos, como procedimiento principal. Podemos llamar a este primer proceso de "liquidación". El segundo, fue de "auto-liquidación"; donde los partidos opositores se "licuan" a sí mismos, se opacan o se entibian (sea por propias carencias o por efectos del primer procedimiento, y/o por combinación de ambos), todo lo cual, los tornan inoperantes como oposición. Ha de sumarse a ello la falta de apoyo de la ciudadanía, por desinterés, producto –en cierta medida- del hartazgo producido por varias décadas de prácticas políticas corruptas, causantes de la indiferencia de la mayor parte de la población. El último presidente con un significativo respaldo electoral fue -sin duda- Carlos Menem (sin abrir con ello, juicio personal respecto de su gobierno en sí mismo). De Menem hacia aquí, resulta evidente que los diferentes personajes que pasaron por el gobierno hasta el presente ocuparon el poder ejecutivo por abstención.
La sociología (y psicología) política argentina es caudillista en primer orden, y corporativista en segundo lugar; esto hace que se valore la figura personal del político por encima de la estructura partidaria a la que pertenece, que pasa a un segundo plano. Caudillismo y populismo son primos hermanos, y en esta disposición socio-política, el carisma del líder es fundamental. En Argentina, los personajes que reunieron estas características (que pueden verse como defectos o virtudes, de acuerdo a la posición política del lector) fueron los que más tiempo detentaron el poder político. El caso paradigmático fue J. D. Perón quien desde 1946 hasta 1974, aun derrocado y exiliado en el ínterin, mantuvo su liderazgo y su gravitación política, producto –meramente- de su alta popularidad, consecuencia –a su vez- del carisma del que hablamos.
En menor medida, -y salvando las consabidas distancias- Alfonsín y Menem lograron sus ascensos y permanencias en el poder por razones análogas. El matrimonio Kirchner nunca consiguió -ni siquiera mínimamente- las mismas cotas de popularidad que los nombrados antes. Kirchner era un virtual desconocido en el ámbito nacional antes de 2003, pese a su larga gobernación en la provincia de Santa Cruz y su subida al poder fue mediante una oscura elección –producto de menos claras maquinaciones- donde, "compitiendo" contra cuatro candidatos de su mismo partido, obtuvo apenas el 22 % (oficial) de los votos (extraoficialmente se supo –mas tarde- que apenas rozaron el 16 %).
Esta contundente falta de apoyo popular, lo obligó a crearse -y crear en la sociedad- una imagen de "poder" entendido como "fortaleza". En lugar de hacerse "popular" (como lo fueron sus antecesores) eligió hacerse "fuerte" articulando una figura de "dureza", para lo cual echó mano a los recursos de la nación financiando dudosas encuestas y sondeos de opinión (que lo daban siempre en "positivo"). Pero, como dicen que dijo Lincoln, (no sé sí exactamente en este orden) : "se puede mentir a pocos mucho tiempo, o mentir a muchos poco tiempo, lo que no se puede es mentir a todos, todo el tiempo".
Como Kirchner no pudo, no supo o no quiso hacerse popular, intentó hacerse "fuerte", y el resultado fue que terminó convirtiéndose en un déspota, y el poder -como la violencia- engendra mas y mas poder. Las medidas de su gobierno se fueron tornando mas y más opresivas, sin oposición partidaria política organizada, y sin limites aparentes, hasta que llegó el famoso voto de Cobos (vicepresidente de su propio gobierno, o el del títere de su mujer K, lo mismo da para el caso).
Como le sucede a todo impopular aspirante a tirano, a medida que se hace más abusivo, su poder va menguando, porque la resistencia que genera en los oprimidos es cada vez mayor. En el caso de los argentinos, los sojuzgados carecían de una oposición política partidaria que los represente y que le diera cauce a esa repulsa –desorganizada, pero creciente-, hasta el voto negativo de Cobos, donde la reacción civil -ampliamente mayoritaria- luego del gesto del mendocino, vio en él la oportunidad para el surgimiento de una verdadera oposición política partidaria y orgánica.
Sin embargo, nadie sabe, excepto el mismo Cobos (o quizás ni él mismo), si se decidirá a asumir ese papel protagónico a fondo. A juzgar por sus dichos y actitudes posteriores al acto de su voto, no esta en sus intenciones asumir el rol opositor dentro del gobierno del que forma parte. Y posiblemente sea sincero cuando lo dice. Es muy probable que la ciudadanía haya depositado falsas expectativas en su persona, producto de la tensión que vivió el país durante los meses en que el conflicto entre el gobierno y el sector agropecuario argentino no cesaba de aumentar.
Ideológicamente J. C. Cobos comparte las premisas estatistas e intervencionistas del matrimonio Kirchner, y –aparentemente- su primera gran diferencia con estos últimos fue en cuanto a los métodos toscos, violentos y rústicos con los que la pareja gobernante intenta -a toda costa y a todo trance- imponer sus manías políticas. Ese parece haber sido el único sentido de su voto negativo en el senado. No se advierte en él una clara actitud rupturista con el gobierno, la que por lo demás, la niega en forma permanente.
Probablemente, los acontecimientos se precipiten en contra de los deseos de los tres (Cobos y los Kirchner) y quizá -en breve- Cobos sea vea obligado a asumir la presidencia de la nación hasta completar el mandato de la presidencia vacante. Qué hará en ese caso, es –naturalmente- imposible saberlo hoy. Lo único que parece bastante probable es que -al menos inicialmente- ascendería al poder con un apoyo popular muchísimo mas grande que el de los desgastados Kirchner, lo que no sería nada despreciable frente al caótico escenario en el que le tocaría gobernar hasta la próxima elección.

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