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Populismo ¿de derecha o izquierda?

 


Por Gabriel Boragina ©

 

Si bien no hay muchas novedades en la región en cuanto al tema al que volveremos en la ocasión, cada tanto es saludable repasar algunos conceptos estudiados y hacer tentativamente ciertas proyecciones que, como toda hipótesis, puede o no darse.

Ya hemos tratado in extenso que, en nuestro continente, el populismo (político y económico) se ha convertido casi en una constante.[1]

Esa parece que seguirá siendo la tendencia, a juzgar por los últimos resultados electorales.

En países como Venezuela, se consolida el populismo de izquierda al que se han sumado primero Perú, luego Chile, Argentina, Colombia, y recientemente Brasil.

Es interesante notar que estos populismos han sucedido a gobiernos que, en la jerga diaria del hombre común, suele tildar ‘’de derecha’’.

Las expresiones ''derecha'' e ''izquierda'' no tienen un sentido unívoco, ni mucho menos preciso, ya que -según quien las use- pueden significar cosas diferentes. Pero, en general, se acepta que en la ''izquierda'' se posicionan el socialismo, el comunismo, el progresismo, y ciertos tipos de socialdemocracias. Y en la derecha, el fascismo, el nazismo y el neoliberalismo. Aunque nosotros rechazamos el uso indiscriminado de las palabras derecha e izquierda, no obstante, las emplearemos en el sentido popular que la usanza les ha dado y todavía les da.

También antes hemos observado que en la conciencia ciudadana se advierte cierta tendencia a creer que para lograr una especie de ''balance'' en las políticas a largo plazo, de ser posible en cada elección política debe alternarse un gobierno de izquierda con otro de derecha y así sucesivamente. Lo cual es un claro error, pero solamente estamos haciendo una descripción de lo que nosotros observamos.

Esta es la razón que explica, a mi modo de ver, cómo es posible que la misma persona (elector) que una elección vota a un candidato de derecha, en la siguiente lo haga por su contrario de la izquierda. Y en otra subsiguiente, vuelva a elegir a otro (o el mismo) de derecha.

En el caso argentino también parece darse está equivocada creencia y consiguiente conducta ambigua y contradictoria. Así, por ejemplo, al gobierno peronista de los Kirchner (quienes se consideran a sí mismos como de izquierda) le sucedió el de Macri (a quienes sus adversarios lo han tildado ‘’de derecha’’) y a este -a su turno- le volvió a suceder otro gobierno peronista ‘’K’’.

Pareciera que ahora se estaría (siguiendo el ciclo que dimos) quererse volver a ''la derecha''.

La diferencia reside en que, mientras Macri no fue populista, y quien sería su sucesora por el cargo en ''Juntos por el Cambio'' tampoco lo es, los restantes candidatos en pugna si lo son.

Esto significa que, de ganar cualquiera de las dos tendencias populistas que están en danza, no se quiebra con el paradigma del populismo, sino que sólo se pasa de un populismo a otro, es decir, que se conservan las características en común que tienen todos los populismos entre sí, y que los hacen precisamente caer dentro de esa categoría: la de populismo.

Es decir, se cambia de signo, pero no de sistema.

 

Populismo de derecha vs liberalismo

Muchos han confundido estos dos conceptos que son completamente disimiles. El populismo de derecha es un combinado heterogéneo, una especie de mixtura, que pretende fundir tesis opuestas entre si e inconciliables. Aunque dedicamos una obra completa[2] al tema hagamos una síntesis.

Es esencial al populismo un líder que no admita ser discutido, ni rivalizado por otro u otros. Es decir, es imprescindible que este encabezado por un demagogo que adule constantemente a las masas y les prometa cosas que el líder sepa que son imposibles de conseguir en el corto, mediano y largo plazo. Aunque también es posible la aparición de un líder ignorante, que realmente no sepa que lo que promete (de buena fe) es inverosímil obtenerlo. Pero es más frecuente el primer tipo.

El liberalismo, por el contrario, no admite líderes únicos e indiscutidos. El liberal, cada persona individual, es su propio líder, toma sus decisiones y gobierna su propia vida. No se deja gobernar por otros, revistan el cargo que ostenten. No forma parte de una manada. En cambio, el populista (del signo que sea) necesita de un rebaño, en el mismo momento que aspira a dirigir a otros.

El populista de derecha simula defender la libertad, pero, en realidad, la desconoce, desde el idéntico instante que asume posiciones de mando, porque quien aspira mandar (y manda) al hacerlo esta (con ese mismo acto) coartando la liberad de otro, porque quien tiene que obedecer una orden está siendo privado de su libertad en el mismo acto de obediencia, o cuando el líder reprime la desobediencia, o amenaza con hacerlo.

En esto, no se diferencia del populismo de izquierda que opera en idéntico sentido, pero más explícitamente que el de derecha.

Argentina es un país propicio para este tipo de populismos. El argentino promedio se ilusiona con que es libre mientras acepta mansamente el sometimiento que le imponen sus gobernantes a quienes justifica, de una u otra manera.

No cuenta la manera en que el populismo llega al poder. Puede ser por medios democráticos o de facto. Por ello, en Argentina, los gobiernos militares fueron mansamente aceptados por el pueblo. Todos alegaron defender las libertades individuales. El mero hecho de haber sido tolerados, y hasta explícitamente apoyados, implica el espíritu populista del argentino promedio.

Pero las elecciones democráticas también han sido vía idónea para lideres populistas. Los ejemplos de Hitler, Perón y Chávez todos accedidos al poder por el voto popular y largos años conservando el mismo son altamente significativos, pero no son los únicos sino los más conocidos a nivel popular. Hitler y Perón, populistas de derecha, y Chávez y Maduro de izquierda. Todos dictadores.

El populismo crea ilusiones políticas y económicas, y es un mal para las naciones de todos los tiempos y lugares. Sin embargo, su embrujo y encanto permanece en las más. Porque la gente común y corriente tiene necesidad de milagros, y que estos sean instantáneos y los canallas populistas es justamente lo que prometen: soluciones mágicas y rápidas. En esto es en lo que basan su admiración. Pero en el fondo son falsos, calumniadores mentirosos.



[1] Ver nuestro libro ¿Qué es el populismo?

[2] Ver la nota anterior.

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