Industrialización

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Fútbol, ‘’pasión de multitudes’’ (1º parte)


Por Gabriel Boragina ©

 Siempre me produjo una profunda perplejidad el tipo de pasión devastadora que en la mayoría de la gente produce el fútbol. Deporte que dejo de ser tal a partir de su profesionalización.

Primero tratemos de definir de qué hablamos cuando nos referimos a una pasión. Y para ello, acudamos al DRAE: 

  pasión

Del lat. passio, -ōnis, y este calco del gr. πάθος páthos.

1. f. Acción de padecer.

2. f. por antonom. pasión de Jesucristo.

3. f. Lo contrario a la acción.

4. f. Estado pasivo en el sujeto.

5. f. Perturbación o afecto desordenado del ánimo.

6. f. Inclinación o preferencia muy vivas de alguien a otra persona.

7. f. Apetito de algo o afición vehemente a ello.

8. f. Sermón sobre los tormentos y muerte de Jesucristo que se predica el Jueves y el Viernes Santo.

9. f. Parte de cada uno de los cuatro Evangelios que describe la pasión de Cristo.

pasión de ánimo

1. f. Tristeza, depresión, abatimiento, desconsuelo.

 Desde <https://dle.rae.es/pasi%C3%B3n%20?m=form>

 Fuera de las connotaciones que aluden al Señor Jesucristo, lo primero que notamos es que en cualquiera de sus acepciones el término implica una patología, o al menos un desorden, algo que está fuera de lo normal y habitual.

 Desde la vocación a la profesionalización

Como es sabido, en sus orígenes el fútbol era un juego que, tanto para jugadores como para sus espectadores, tenía motivaciones puramente recreativas, no monetarias. Era la famosa época en que se jugaba por ''amor a la camiseta'' del club al que se representaba. La única retribución que recibía el equipo ganador era la alegría y la satisfacción por haber superado en goles al adversario al finalizar el partido. Esta misma era la remuneración que recibían los aficionados al equipo triunfador.

Luego de los partidos, los jugadores volvían cada uno a sus ocupaciones habituales que poco o nada tenían que ver con el deporte en sí mismo.

No había sospechas sobre los resultados de los partidos como las ha habido y aun las hay, desde la profesionalización del fútbol.

La misma palabra ''deporte'' supone la antítesis de lo monetario. Volvamos a diccionario DRAE:

 

Deporte

Calco del ingl. sport, a partir del desus. deporte 'diversión', y este der. de deportarse 'divertirse'.

1. m. Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas.

2. m. Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre.

deporte de aventura

1. m. deporte que consiste en la práctica de una actividad física, a veces arriesgada, desarrollada en espacios naturales.

deporte de riesgo

1. m. deporte que consiste en la práctica de una actividad física que supone un gran peligro. El montañismo es un deporte de riesgo.

por deporte

1. loc. adv. Por gusto, desinteresadamente. U. t. en sent. irón.

 Desde <https://dle.rae.es/deporte?m=form>

 Está clarísimo que hoy el fútbol ya no es un deporte.

La motivación de los jugadores necesariamente cambia desde el jugar por aquel ''amor a la camiseta del club que se representa'' a hacerlo por el amor a los billetes y premios en especie que se recibirán simplemente por hacerlo, con independencia del resultados del juego.

Creo que ha de estar claro para todos que, no es lo mismo el trabajador ad honorem (hoy en día se le llama a menudo voluntariado) que el otro retribuido por un estipendio mensual. Necesariamente las motivaciones de uno y otro serán diferentes y -a mi juicio- más meritorias las del primero que las del segundo.

Que el fútbol no es un deporte se demuestra por otros hechos, como que los futbolistas ya hace mucho tiempo que están agremiados. Si tienen sindicatos está claro que no son ''jugadores'' sino trabajadores, que hacen huelgas si no reciben los salarios que marca el sindicato como ‘‘justos''.

Dejaron de ser ‘’jugadores’’ cuando abandonaron de ser amateurs y se convirtieron en trabajadores profesionales. ¿qué hubiera pasado si en este último campeonato (como en todos los anteriores) la FIFA hubiera pedido a los ''jugadores'' de las diversas selecciones jugaran sin cobrar?

Los hinchas habrían sufrido una gran decepción, porque se hubiera cancelado el certamen, lisa y llanamente.

Pero volvamos al tema de la pasión del hincha y tratemos de rastrear en lo posible su origen.

 Las facetas de las guerras hasta su reemplazo por el deporte y -en particular- por el fútbol

En nuestra opinión, el fútbol es una moderna expresión civilizada de la guerra, pero para justificar este punto vayamos paso por paso:

A grandes rasgos, podemos describir tres facetas históricas de las guerras:

1.                  Las monárquicas.

2.                  Las religiosas.

3.                  Las ideológicas.

La guerra en las antiguas monarquías tenía en general su origen en cuestiones domésticas entre las distintas y numerosas familias reales. La Biblia y -en particular- el Antiguo Testamento dan numerosos ejemplos de ello. También registros históricos extrabíblicos son contestes en el mismo sentido.

Las poblaciones en general no participaban de ella (mayormente las libraban los esclavos, o diversos grupos mercenarios, o combinaciones de ambos) y, en nutridos casos, no sólo no les interesaba sino que a menudo ni siquiera se enteraban de su ocurrencia durante el combate. Recibían frecuentemente la noticia de quien había ganado y quien perdido al final de la contienda.

Las guerras de los siglos XIX y XX poco tuvieron que ver con las de siglos anteriores, porque aquellas ya adquieren un tinte nacionalista. No eran disputas de familias reales por tomar unas posesiones que pertenecían a otras familias reales rivales.

Las guerras anteriores eran trifulcas domésticas entre nobles y entre reyes. A veces mezclados.

Empalmadas con esta causa aparecen, simultánea o sucesivamente, las religiosas.

Las conflagraciones de religión paulatinamente van dejando de ser escaramuzas entre realezas sino que ya impregnan no sólo a estas sino a los súbditos que adhieren o repugnan ciertas confesiones. La guerra va ampliando de a poco su espectro.

En el tiempo, la guerra de inspiración ideológica desplaza a las religiosas y monárquicas. Temporalmente, podemos ubicarlas desde mediados a fines del siglo XIX y durante la mayor parte del siglo XX.

Las ideologías comunista y nazi fascista hacen participes a los habitantes personalmente de las contiendas bélicas.

Hoy es costumbre mostrar al pueblo alemán, que levantó electoralmente a Hitler, como una víctima de este, pero eso vino bastante después de su triunfo electoral.

El odio nacionalista no se reducía solamente a los líderes políticos. Ese sentimiento nacionalista logró prevalecer aun después de que las guerras concluyen por sus consecuencias devastadoras en lo humano y lo económico.

Pero el sentimiento nacionalista no se extinguió con las guerras, necesitó y necesita todavía de otras vías de escape. La mejor, la aparentemente más inofensiva, indolora e incruenta es el fútbol, ámbito ideal para desplegar y descargar un nacionalismo que no cuenta ya con otras vías de expresión.

 

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