Industrialización

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El salario ¿‘’no es ganancia’’?

                                                                                                                                              Por Gabriel Boragina ©

 

El jueves último fui honrado con la invitación del admirable economista Roberto Cachanosky para participar de su programa por Radio Cultura con motivo de mi libro titulado Argentina, historia de un drama.

Antes de mi tema, uno de los tópicos de debate con el resto de los invitados fue el del impuesto a las ganancias, su aplicación a los jueces, y si se debe o no gravar con dicho impuesto los salarios.

Se analizaron –en rasgos generales y en formato de radio- las aristas constitucionales de la cuestión y las económicas. Aquí quiero detenerme brevemente sobre estas últimas.

La problemática de fondo giraba sobre si el salario es una ganancia o no lo es, porque dirimir ese concepto definía (de algún modo) el punto sobre la procedencia de su gravamen o no a los salarios.

Mi postura (expuesta apretadamente en el lógico límite de la falta de espacio temporal que el medio radiofónico impone) es que el salario puede o no ser ganancia dependiendo de otros factores coadyuvantes que concurren con él.

Quizás un ejemplo sirva, como suele ocurrir, para aclarar el tópico. Veamos esquemáticamente:

CUADRO 1


CASO 1

CASO 2

CASO 3

TRABAJO

10

10

10

PRODUCCIÓN

10

20

5

SALARIO

10

10

10

En el caso 1 estamos suponiendo un trabajador cualquiera que trabaja –digamos- unas 10 horas. En esas 10 horas produce 10 (con los ceros a la derecha que se quieran) tornillos, y que por esa producción recibe un salario de $ 10 (también con los ceros que se quieran a la derecha).

En este supuesto, el salario compensa el trabajo invertido, por lo que manifiestamente no representa ni ganancia ni pérdida para el trabajador sino que sencillamente sale compensado. Pasemos al segundo escenario.

En el caso 2 el mismo (u otro) trabajador también dedica 10 horas al trabajo pero (a diferencia del empleado anterior) produce 20 tornillos (o lo que fuera). De todos modos, a fin de mes o de la quincena o del día (como fuere) también recibe $ 10 por esa mayor producción.

En este ejemplo, resulta muy claro que está teniendo una pérdida de 10, por cuanto está recibiendo lo mismo que por su anterior producción de 10 o -en otros términos- está cobrando menos por haber producido más. En este caso –y en el balance total- resulta compensado por 10 y desfavorecido en otros 10, siendo claro que aquí el salario no es ganancia sino pérdida.

Yendo ahora al último ejemplo (el número 3). El trabajador (siempre el mismo u otro) sigue trabajando 10 horas, pero (a diferencia de los casos 1 y 2) produce 5 tornillos (quizás por lo que le pasó en el momento 2, aunque también podría ser porque la máquina de hacer tornillos no andaba bien ese día, o porque él mismo se impuso ese límite) pese a lo cual el empleador le sigue pagando $ 10.

En este caso, resulta claro que hay una ganancia de 5 para el empleado, porque cobra exactamente lo mismo que si produjera más de 5 (10 o 20). Estamos suponiendo una relación constante entre horas de trabajo y producción, porque las conclusiones serían las mismas si ajustáramos en más o en menos las horas de trabajo. Si cobro lo mismo por menor producción es evidente que estoy ganando más que si la situación fuera la inversa.

Es decir, sólo en este último caso se puede expresar que el salario es ganancia pero no en los dos anteriores, donde, o es compensación o es pura pérdida.

Lo mismo seguirá sucediendo si, en lugar de modificar los valores del renglón producción, cambiamos los de los renglones TRABAJO y SALARIO.

CUADRO 2


CASO 1

CASO 2

CASO 3

TRABAJO

10

10

10

PRODUCCIÓN

10

20

5

SALARIO

10

25

10

En el cuadro anterior (2) hay ganancia en los Casos 2 y 3 y compensación en el 1, en donde las respectivas producciones siguen siendo las mismas que en el CUADRO 1, pero el empleador paga más en el Caso 2.

Ahora bien, si dejamos de lado el aspecto producción y sólo tomamos el tiempo de trabajo, vemos otra vez que los resultados vuelven a ser distintos.

En este supuesto, conjeturando que la relación es de $ 1 por 1 hora, sólo en el Caso 2 el salario es ganancia, en los Casos 1 y 3 no es ganancia, ni pérdida sino pura compensación.

CUADRO 3


CASO 1

CASO 2

CASO 3

TRABAJO

10

10

20

PRODUCCIÓN

10

20

5

SALARIO

20

25

10

En el cuadro 3, siguiendo la misma relación (hora/salario) hay ganancia en C-1 y C-2 y pérdida en C-3. Pero si la relación es producción/salario hay ganancia en los tres casos.

Todo lo cual muestra la relatividad del concepto y evita caer en soluciones simplistas y generales.

Se dejan deliberadamente de lado otros factores no menos importantes, como la habilidad del trabajador para fabricar tornillos, o el empleo de la maquinaria, la calidad de esta última, etc.

Si introducimos esos componentes adicionales, la relatividad del tema es mucho mayor aun, y determinar si hay ganancia, pérdida o compensación se complejiza todavía más.

En suma, lo único que se puede indicar del salario es que se trata de un ingreso que también denominamos el precio del trabajo. Si ese ingreso compensa, beneficia o perjudica a su titular sólo puede establecerse relacionándolo con las restantes variables de donde ese ingreso surgió. Pero no se puede señalar a priori si es o no es ganancia. La respuesta correcta es que, depende del resto de esas variables.

Esta es una nueva demostración que los salarios funcionan exactamente de la misma manera que cualquier otro precio de bienes o servicios cualesquiera.

Entonces, el debate subsecuente sobre si debe ser gravado o no, no presenta diferencias tampoco con el relacionado al del resto de los ingresos de todos los demás bienes y servicios de la economía, cuestión que hemos abordado nosotros en varios libros[1].

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