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Política, elecciones y liberalismo.

 Por Gabriel Boragina ©

 

Una nueva jornada electoral ha pasado en la Argentina y es hora de sumar nuestra reflexión sobre los resultados, y el rol de las ideas liberales y su desempeño en el plano político.

Cómo hemos advertido en otras ocasiones, no han faltado entre las filas antiperonistas quienes hayan aventurado que esta derrota en las P.A.S.O. del oficialismo peronista (en el caso, el peronismo k del Frente de Todos) sellaba la suerte definitiva de este partido que viene marcando el destino trágico de la Argentina desde 1945 hasta la fecha.

Por supuesto, se trata de un enfoque ingenuo que supone que el populismo se elimina desde las urnas, lo que revela un desconocimiento completo de lo que es el populismo, algo que trasciende al peronismo y que ha sido practicado en la Argentina por otras expresiones partidarias. Faltará ver todavía que depararán las elecciones legislativas de noviembre.

El triunfo de Cambiemos (ahora Juntos por el Cambio) es el resultado lógico de los dos años de desgobierno del FdT, al que debe agregársele el pésimo manejo de la pandemia (la cuarentena "eterna" dispuesta por el oficialismo). En Argentina se vota por reacción más que por convicción, y siempre se usa el voto como un castigo al vencido, más que como un premio al vencedor. Falta de cultura cívica y desconocimiento de la ciencia política son -a nuestro juicio- las causas principales de estos cambiantes humores electorales, que dan la victoria a "A" y se la quitan a "B" para (un par de años más tarde) dársela a "B" sólo para quitársela a "A". Cada vez que hay elecciones en la Argentina se asiste al mismo ciclo.

Los candidatos liberales han mostrado un resultado muy modesto si lo comparamos con la altísima exposición mediática que han tenido (y no desde ahora) y la profusa publicidad que se les dieran en las redes sociales, quizás mayor -en muchos casos- que la del resto de los candidatos de los partidos tradicionales del oficialismo y la oposición.

Pocos o ninguno de los derrotados admiten abiertamente la derrota, o tratan de ocultarla tras eufemismos poco convincentes.

Me ha sorprendido conocer la opinión de algunos liberales de nota que --desbordando un optimismo exagerado (y poco prudente) hasta han afirmado que alguno de esos candidatos habría "corrido el eje del debate” e instalado el ideario liberal en la sociedad. Pero la realidad en materia electoral la dan los números y –nuevamente- si los contrastamos con la altísima exposición mediática de esos candidatos liberales, el fruto de la urnas debió ser tan o más espectacular que esa exhibición mediática que tuvieron, y los magros resultados (siempre en comparación con el resto de los contendientes) difícilmente pueden leerse o interpretarse como una "victoria".

¿Cómo leer estos resultados entonces? Desde mi punto de vista, hay algunas de las siguientes cosas que están fallando en el liberalismo argentino:

1.                  La comunicación de las ideas no es buena ni es la adecuada.

2.                  La comunicación es buena y adecuada, pero simplemente la gente no comparte la idea liberal o libertaria.

3.                  Ambas anteriores combinadas.

Esto es lo que reflejan los resultados electorales. Queda para el análisis determinar cuál de las tres variantes es la que se está dando y cómo corregirla.

Visto en perspectiva, el último partido liberal que fue capaz de correr el eje del debate en cuanto a l ideario liberal fue la UCeDe (Unión del Centro Democrático) durante los años `80 y principios de los `90 gracias al impulso de su artífice y líder indiscutido, el Ingeniero Álvaro Alsogaray, que supo aglutinar a gente de todas las edades y comunicar eficazmente por primera vez en la Argentina de manera política las ideas liberales, dando cauce a todas las expresiones que caben dentro de ella, las que incluían a conservadores, austriacos, liberales clásicos, libertarios e, incluso, anarcocapitalistas. Hasta tal punto, de que luego de constituir por primera vez la tercera fuerza política en las elecciones de 1989, forzó al presidente peronista Carlos Menem a adoptar algunos de sus principios y nombrar a referentes del partido en puestos del gobierno. La UCeDe tenía presencia en el entonces Concejo Deliberante (actual legislatura de la Ciudad de Buenos Aires) y por primera vez en la historia varios legisladores en el Congreso, incluyendo al jefe del partido, Alsogaray.

Dicha experiencia no volvió a repetirse en el país. Su fracaso obedeció a múltiples factores, entre los cuales, quizás el de mayor peso, fue el que la mala implementación de medidas de inspiración liberal (o ausencia por completo de ellas) por parte de Menem, sumados a varios hechos de corrupción de su gobierno enviaron una señal falseada a la ciudadanía sobre lo que se promocionaba como un gobierno "neoliberal".

El resultado fue que "el eje del debate" volvió a correrse hacia la izquierda, y las ideas socialdemócratas volvieron a resurgir, poniendo en el gobierno al radical Fernando de la Rúa, para -tras un anunciado fracaso estrepitoso- dar paso nuevamente al populismo más abyecto, que fue lo que se volvió a instalar en el escenario político con la llegada de los Kirchner y de allí hasta el momento de escribir estas líneas.

La reacción a todo esto no fue liberal sino que fue Cambiemos, un partido de corte desarrollista -a la usanza del MID que en los años 50/60 llevara al gobierno al Dr. Arturo Frondizi-, lo que (desde un punto de vista liberal) promueve el desarrollo a través de un programa de inversiones en infraestructura urbana, vial e industrial fundamentalmente, con alguna promoción a las PyMES, pero con importante presencia estatal. La nota distintiva de Cambiemos fue el combate a la corrupción como bandera, pero al mantenerse políticas de corte populista -en especial los subsidios a través de la figura del asistencialismo que se tradujo en el mantenimiento de los planes sociales que fueron el sostén del populismo al que sucedieron- le quitó margen de maniobra, agravado por la ausencia casi completa en el Congreso, donde Cambiemos fue minoría durante toda su gestión.

En este marco histórico las ideas liberales no tienen prácticamente cabida, excepto en una minoría que es la de siempre. Habrá que examinar cuál de los tres factores que señalamos (o cuales otros que se le añadan o los suplanten) son los que hacen que –políticamente- el liberalismo no haya retornado a aquel efímero brote que se vivió y que -por sobre todo- la legislación habida desde entonces hasta ahora en lugar de liberalizar más a la gente cada día la oprima más, y por qué el populismo tiene tan amplia aceptación entre los argentinos.

2 comentarios:

Gabriel Zanotti dijo...

Mm, creés que el triunfo de Alsogaray en diputados "forzó a Menem"? Yo creo que fue obra de la impredecible y casual cabeza de Menem................

Gabriel S. Boragina dijo...

Hola Gabriel.
Quizás la palabra a "forzó" esté mal empleada. Era difícil "forzar" a Menem jaja.
Puede haber una redacción defectuosa en el párrafo.
Quizás ahí correspondería reemplazarla por "influyó".
Creo que el hecho de que María Julia Alsogaray, Adelina Dalessio de Viola y otros jerarcas del partido hayan ocupado altos cargos públicos hablan claramente de esa influencia..
Menem era muy hábil. Un político muy astuto. No le quito mérito. Hizo una campaña prometiendo más populismo y llegado al poder hizo lo contrario.
Gracias por comentar.
Abrazo.

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