Capitales, rentas, progreso e impuestos

 Por Gabriel Boragina ©

"Cabe consignar, […] que los partidarios del impuesto físico, discípulos de Henry George, son los más decididos partidarios del impuesto sobre el capital. Evidentemente, está en la base de la doctrina georgista la idea de simplificar hasta el máximo la multiplicidad de las fuentes impositivas, que hoy se caracterizan por las tremendas injusticias que infieren a las clases más humildes y a la vez, las más productivas de los países."[1]

El impuesto -ya de por si- es, en sí mismo, un problema, y si encima se multiplica es evidente que ese problema se multiplica tantas veces como lo haga el impuesto. Pero un solo impuesto -por baja que sea su alícuota- representa una trasferencia de ingresos de quien supo producir a quien no supo ni jamás produjo nada y probablemente sea incapaz jamás de producir nada.

El impuesto físico es ridículo, porque el capital no es un concepto físico sino psíquico: es capital lo que el mercado considera capital, de tal suerte que, en realidad, todo el capital se reduce a una idea sobre algo que se piensa va a beneficiar no solo al autor de la idea sino a otras personas.

Así nació lo que se conoce como la civilización actual y todos los progresos tecnológicos y la mejora en el nivel de vida de los pueblos surgió de esta única manera: con una idea brillante de una o más personas que terminaron favoreciendo al resto de sus congéneres. Pero resulta evidente que los autores de la cita no pueden concebir nada semejante a esto. y concentran todas sus esperanzas en los impuestos que creen son la fuente "divina" de la cual derivará todo el progreso, cuando en realidad los impuestos solo se traducen en pobreza y miseria. ¿Qué otra cosa es la estatización de toda la economía como sucedió en el URSS, China, Cuba, Venezuela y otros países que la imposición a las propiedades en un ciento por ciento de ellas? ¿ignoran acaso estos autores que la propiedad es también parte del concepto de capital?

"2" Los adversarios del impuesto sobre el capital. Los opositores de la corriente esbozada precedentemente, afirman — y no les falta razón—, que el capital no debe ser nunca una fuente "normal" del impuesto y que sólo "excepcionalmente" y de un modo "transitorio" debe recurrirse a esta fuente de imposición. Bien entendido que se debe obtener una concepción clara del objeto de la imposición y la fuente del impuesto. Esto puede tener por objeto el capital, apunta un economista patrio, siendo su medida y razón de establecimiento; pero, el recurso del contribuyente para su pago debe provenir de la renta, porque de lo contrario el gravamen sería prácticamente destructor de la riqueza. En este sentido y alcance, el impuesto al capital tiene aún extensa aplicación."[2]

En medio de tanto marasmo que venimos analizando, atisba una pizca de lucidez en el párrafo que transcribimos arriba. Reiteremos nuestra postura: el capital nunca debe ser fuente de imposición, ni normal, ni anormal ("excepcionalmente" tampoco). Porque cualquier grado de imposición al capital atenta contras su productividad, ya que es de el de donde nacen el trabajo y los salarios. No hay manera de gravar al capital sin perjudicar el trabajo asalariado. No existe ninguna forma de evitarlo que no sea eliminando los impuestos al capital (directos e indirectos) y a todos sus frutos (rentas, beneficios, etc.).

Todo lo que una persona tiene (psicológica o materialmente) no lo posee porque "le sobra" sino que lo retiene porque alguna utilidad le reporta en este sentido.

Si le sobrara lo sabríamos al instante, porque la veríamos despojarse del objeto en cuestión. Resulta irrelevante lo que pueda opinar un tercero (léase el fisco o cualquier otra persona) sobre lo que los demás poseen en propiedad. Todo juicio de valor que hagamos sobre algo de un tercero es nada más que eso: algo relativo a nosotros que puede o no coincidir con el juicio de valor de ese tercero.

Psicológicamente, para el poseedor, lo que tiene bajo su posesión es capital. Por eso decimos que el capital es -en última instancia- una idea personal y no más que eso. Aunque tampoco consiste en cualquier tipo de idea. Debe ser una idea productiva, y -si lo es- se convierte en capital del autor de la idea.

La renta es inseparable del capital (aunque sean cosas distintas, que lo son) porque aquella depende de este. Y al gravarse la renta se está gravando el capital futuro.

"Así, Nitti considera que hay "que tener presente que un impuesto al capital implica realmente una extracción al mismo, pues cuando afecta al rédito estimándolo y calculándolo sobre el capital, no es un verdadero impuesto al capital"."[3]

Supongamos la siguiente situación:

CAPITAL

RENTA

$1.000,00

$500,00

$700,00

$350,00

En el primer renglón, tenemos un capital que -antes de impuestos- generaba una renta del 50 % (es decir $ 500).

En el segundo renglón, a ese capital se le ha aplicado un tributo del 30%, con lo cual la renta que producirá será de $ 350.-

¿Queda entonces claro la falacia de estos expositores?

El tributo al capital ha disminuido la renta. Y si se sostiene -como se ha mantenido- que esto se soluciona gravando la renta y no el capital tenemos que la base imponible ha disminuido de $ 500 a $ 350. A cualquier escolar le queda claro que se recaudará menos sobre $ 350.- que si se lo hiciera sobre $ 500.- Pero a los señores tributaristas que estudiamos parece que no les queda claro que gravando -de uno u otro lado de la ecuación (capital o renta) disminuye la base imponible y, lo que es peor, cae la capitalización. Por lo demás, volvamos a decir que parte de la renta tiene como misión reinvertirse, con lo que se formará el futuro capital.

Supongamos que, de ese capital el capitalista reinvertía el 30% de la renta para la formación del nuevo capital:

CAPITAL

RENTA

REINVERSIÓN

$1.000,00

$500,00

$ 150

$700,00

$350,00

$ 105

Si antes del impuesto la parte de la renta destinada a futuras inversiones era de $ 150, después del impuesto (para mantener el mismo nivel de reinversión que venía sosteniendo el capitalista) será de $ 105. La causa de que la inversión caiga, decline la renta y por consiguiente el capital es el impuesto, que produce este verdadero efecto dominó. Ergo, no es cierto que el impuesto a la renta "no afecta" al capital. Todo impuesto es un verdadero impuesto al capital.

Y para hacer este análisis hemos dejado de lado todos los demás costos que tienen los empresarios para sostener sus empresas.


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05. 

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

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