Elecciones en Argentina


Por Gabriel Boragina ©

No suelo ser afecto a tratar temas coyunturales, no porque no los considere importantes sino porque creo que la coyuntura es consecuencia y no causa de las cosas que nos suceden. Pero opino que la ocasión amerita que, por una vez más, me aboque a la coyuntura. El caso es en el dia de mañana los argentinos saldrán a votar en circunstancias políticas e históricas muy especiales, en las que están en juego dos maneras de gobernar bien marcadas y diferentes entre sí.
Por un lado, tenemos el actual gobierno de “Juntos por el Cambio” encabezado por el actual presidente Mauricio Macri, y por lado de enfrente, la principal fuerza opositora ahora denominada "Frente de todos" eufemismo para encubrir aquel otro eufemismo que se dio en llamar el "Frente para la victoria" creado por el matrimonio Kirchner, que no es más (como siempre lo he dicho) que una secta del sempiterno partido peronista gestado por J. D. Perón.
Mas que dos modelos de país, como se dice, considero que se tratan de dos maneras de gobernar. Se podrá estar muy en desacuerdo con la gestión del actual presidente Macri, sin embargo, me parece que es claro que más allá de los posibles y muchos errores cometidos, hay un rasgo que lo distingue y que es la honestidad.
No se puede decir lo mismo del peronismo en su conjunto, si bien hay cierta heterodoxia en algunos que se llaman "peronistas", pero han adoptado un discurso alejado de esa ideología (un ejemplo podría ser el actual candidato a la vicepresidencia por el partido JxC, que -si no es un oportunista- no se puede decir de él que siga siendo "peronista", aunque le guste personalmente seguirse llamando así).
Pero, fuera de cualquier caso excepcional, el peronismo nació de un golpe de estado militar en 1943 perpetrado por un grupo de oficiales (el "grupo de oficiales unidos" más conocido por sus siglas G.O.U.) que adherían a la ideología filo nazi-fascista, y cuyo máximo exponente fue precisamente el entonces coronel J. D. Perón.
Mucho hemos escrito sobre que la ideología nazi-fascista fue el fundamento del peronismo y lo que determinó y sigue determinando su destino, ayer y hoy (del mañana obviamente no hablamos, pero es nuestro deseo que -tal como sucediera en los países de Europa- el nazi fascismo desaparezca también en Sudamérica, lo que de momento no sucede así, habida cuenta que para prueba tenemos entre nosotros al peronismo del cual precisamente estamos hablando y que mañana una vez más protagonizará una nueva elección con sus candidatos a todos los niveles de gobierno).
De su origen nazi-fascista el peronismo derivó -con el tiempo- en fascismo puro, caracterizado por un culto al líder en el cual se concentra todo el poder y a quien (como aquel tristemente célebre "Rey-Sol", Luis XIV de Francia) se lo identifica con el "estado" mismo. Pero el fascismo implica, asimismo, la negación del individuo y -por consiguiente- de todos sus atributos esenciales, tales como la libertad, la propiedad, e incluso la vida misma, en subordinación a un "estado" corporativo donde todas las actividades económicas se concentran en corporaciones, creadas y digitalizadas por ese mismo "estado" fascista (léase su líder humano) al cual deben rendirse y someterse todas las demás personas, sacrificando sus intereses particulares. Bien lo sintetizó Mussolini cuando proclamó "Todo dentro del estado, nada fuera del estado" sin decir -obviamente- que ese "estado" era él (no tuvo el coraje ni la valentía de Luis XIV que, quizás -un tanto ingenuamente- admitió su identificación propia con el estado).
Lo que está en disputa, entonces, entendemos son estas dos concepciones distintas de concebir la política, y más que ella, la filosofía de vida que debe animar a una sociedad.
La posición que adoptan ambas agrupaciones políticas de cara a sus relaciones con el exterior también cuenta. No puede extrañar a nadie que el "Frente de todos" se alinee con dictaduras como la cubana, la venezolana y las de los países del Medio Oriente. Ni que, asimismo, vea con agrado las acciones terroristas que a la fecha suceden en algunos países de la región, como su apoyo indisimulado a movimientos subversivos y a todos aquellos que atentan contra el orden establecido, la paz y la convivencia entre las personas.
Esto es lo que se juega en las elecciones que se van a llevar a cabo en Argentina: dos estilos de vida diametralmente contrapuestos.
La apetencia del poder por el poder mismo hace que el peronismo mute sus formas. Lo que jamás cambia es su esencia y lo ha demostrado ampliamente, porque excepto los gobiernos militares, el peronismo fue la fuerza política que más gobernó la Argentina desde 1945 a la fecha. Por eso, podemos decir que los conocemos bien porque han dominado buena parte de la historia política de ambos siglos.
Entonces, más allá de los posibles errores del actual gobierno, pienso que debemos de tener presente que todos los gobiernos han errado el camino, pero la diferencia la marca la honestidad. El peronismo jamás ha hecho una autocrítica profunda y sincera a sus métodos. La candidata a vicepresidente, actual legisladora, ha repetido desde su banca en el Congreso que ella no se arrepiente de nada de lo que ha hecho durante sus doce años de gobierno. Su actual candidato a presidente (Alberto Fernández) dice que ella y el son lo mismo. El actual gobierno de Cambiemos -en todos sus niveles- no sólo hace autocritica, sino que pone continuamente de manifiesto su voluntad de corregir lo que se haya hecho mal.
El peronismo hace apología de sus delitos, es decir, no sólo no hay autocritica alguna, sino que hay una escandalosa exaltación de lo que se hizo mal. Asimismo, hablan de derogar la Constitución de la Nación Argentina y reemplazarla por otra (recordar que ya lo había hecho Perón en 1949) en otras palabras, no han cambiado nada en todos estos años.
Juzgo que esto debe ser decisivo a la hora de ir a votar. Por todo esto, y por mucho que nos desagrade la situación actual, la única opción viable y realista es votar por “Juntos por el Cambio”.

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