Menger: bienes económicos y propiedad



Por Gabriel Boragina ©

"No es tarea fácil imaginarse hoy que Menger haya sido el primer autor que basó la distinción entre bienes libres y bienes económicos en el concepto de la escasez. Como él mismo dice (Ver Capítulo II, nota 7), todos los autores alemanes que ya habían utilizado estos conceptos con anterioridad —y muy concretamente Harmann— intentaron explicar la diferencia por la presencia o ausencia de costes, en el sentido de esfuerzos, mientras que la literatura inglesa ni siquiera conocía esta expresión. Es un hecho muy característico que en la obra de Menger no figure ni una sola vez la sencilla palabra de “escasez”, aunque fundamentó todo su análisis en esta idea. “Cantidad insuficiente” o “relación económica de las cantidades” son las equivalencias más exactas y aproximadas —aunque ciertamente mucho más pesadas— utilizadas en sus escritos."[1]
Antes de Menger, no era desconocida la expresión bienes económicos y libres, como dice la cita. Pero la diferencia se radicaba en lo que llamaríamos la "teoría del valor-costo" (o "costo-valor"), que -a su vez- se hacía afincar en la del "valor-trabajo" o también conocida como "teoría laboral del valor". Para aquellos autores, un "bien económico" merecía recibir dicho nombre siempre y cuando se hubiera demandado incurrir en costos para obtenerlo, caso contrario no alcanzaría dársele ese nombre, y -en su lugar- denominarlos como bienes no económicos, o más sencillamente, bienes libres. Es recién con Menger que esta apreciación cambia de enfoque, haciéndola recaer nuestro autor, ya no en el concepto de "costo" sino en el de escasez. Respecto a la observación de F. A. v. Hayek en cuanto a que Menger en su obra no emplearía "ni una sola vez" la palabra "escasez", hemos de hacer notar que, con toda seguridad, ha de estarse refiriendo al original alemán de tales escritos, habida cuenta que en la traducción española, en la que nos hemos basado para las consideraciones que seguirán, la palabra escasez aparece en un sinfín de lugares, probablemente –a estar a lo que F. A. v. Hayek ha advertido- por obra del traductor a este último idioma, y en busca de una mejor comprensión y síntesis de esas fórmulas "mucho más pesadas" empleadas por Menger. Pasemos ahora directamente al análisis de las elaboraciones que Menger ha hecho sobre el concepto de "bienes económicos".
"respecto de la relación cuantitativa de los bienes, los hombres pretenden con su actividad previsora, encaminada a la satisfacción de sus necesidades, los siguientes fines
3. Hacer una elección entre las necesidades más importantes, que satisfacen con las cantidades de bienes de que disponen, y aquellas otras que tienen que resignarse a dejar insatisfechas.
4. Alcanzar con una cantidad parcial dada dentro de la relación cuantitativa de bienes, y mediante un empleo racional, el mayor éxito posible, o bien, un éxito determinado con la menor cantidad posible. Dicho con otras palabras, utilizar las cantidades de bienes de consumo directo y sobre todo las cantidades de medios de producción de que disponen de una manera objetiva y racional, para satisfacer sus necesidades del mejor modo posible.
A la actividad humana encaminada a la consecución de los mencionados fines la denominamos, considerada en su conjunto, economía. A los bienes que se hallan en la relación cuantitativa antes descrita, y que constituyen su objeto exclusivo, los llamamos bienes económicos, en contraposición a aquellos otros de los que los hombres no tienen ninguna necesidad para su actividad económica y ello debido a razones que, como veremos más adelante, se explican de lleno en virtud de la relación cuantitativa tomada en su sentido más estricto, como acabamos de indicar a propósito de los bienes económicos."[2]
Encontramos aquí una manera verdaderamente magistral con la cual Menger llega a su definición de economía. Lo hace en forma descriptiva, mediante una conclusión final que contiene la esencia del concepto. Como se observa, todas sus nociones giran en torno a lo que Menger llama "la relación cuantitativa de los bienes", es decir, y como F. A. v. Hayek apuntaba en su Introducción, la manera en que Menger aludía a lo que hoy expresaríamos bienes escasos. Esos son los "bienes de que disponen" los hombres. Esos bienes por sí mismos, carecen de significación alguna si no se los relaciona con "la satisfacción de sus necesidades", pero no es esta última característica la que define a un bien económico, porque los bienes libres también satisfacen necesidades humanas. Sólo la efectiva disposición en una determinada cuantía es la que determina el carácter económico o no económico de un bien. Llega pues a su definición de economía a través de dos pasos:
Por el primero, considera, teniendo en cuenta cierta cantidad de bienes disponibles, la selección de necesidades que hacen los hombres para determinar cuáles de ellas merecen ser satisfechas con prioridad a las subsiguientes. Por el segundo, y esta vez desde el ángulo cuantitativo o -en otros términos- dada la escasez de esos mismos bienes, fijar el objetivo a cumplir con estos, que puede estar entre la atención del mayor éxito posible, o bien un éxito dado (se sobreentiende inferior al mayor posible) con la menor cuantía también posible de esos bienes, englobando en este último punto tanto los bienes de consumo como los de producción. Es a la actividad encaminada a obtener estos propósitos a lo que Menger llama economía. Y es a los bienes escasos a los que llama bienes económicos, destacando que son estos el objeto exclusivo de la economía, diferenciándolos de los bienes libres a los que alude con la expresión "aquellos otros de los que los hombres no tienen ninguna necesidad para su actividad económica". Seguidamente, traza la indisoluble relación entre economía y propiedad:
"Así pues, la economía humana y la propiedad tienen un mismo y común origen económico, ya que ambos se fundamentan, en definitiva, en el hecho de que la cantidad disponible de algunos bienes es inferior a la necesidad humana. Por consiguiente, la propiedad, al igual que la economía humana, no es una invención caprichosa, sino más bien la única solución práctica posible del problema con que nos enfrenta la naturaleza misma de las cosas, es decir, la antes mencionada defectuosa relación entre necesidad y masa de bienes disponibles en el ámbito de los bienes económicos."[3]


[1] Carl Menger. Principios de economía política. Introducción de F. A. v. Hayek. Ediciones Orbis. Hyspamerica. Tomo I. pág. 7
[2] Menger Carl. Principios…ob. cit.  pág. 67 tomo I
[3] Menger Carl. Principios…ob. cit.  pág. 69

Empleo y salario mínimo


Por Gabriel Boragina ©

Reiteradamente hemos expuesto que las populares leyes de "salario mínimo" generan desempleo, manifestándonos abiertamente partidarios de la más absoluta e irrestricta libertad contractual en materia laboral, tesis esta que continuamos manteniendo en la actualidad. Seguidamente, vamos a analizar algunas "objeciones" que se han intentado (vanamente a nuestro juicio) oponer a esta proposición.
Se ha dicho que tal esquema "sería ideal en una sociedad de pleno empleo, en la que el trabajador pueda cambiar de trabajo a voluntad, sin temor a quedar desempleado".
Lo anterior es exacto. A eso me refiero. A una sociedad de pleno empleo, es decir, a una sociedad capitalista. Efectivamente, a este tipo de sociedad apunto. Hoy por hoy, NO EXISTE tal tipo de sociedad. Es la meta a lograr, el fin deseable. Es más, la libertad de contratación laboral, bajo el régimen salarial que sea libremente acordado entre empleadores y empleados, es consustancial y exclusivo de tal tipo de sociedad capitalista, y no con nuestras actuales sociedades estatistas y dirigistas.
Se dice que "en una sociedad en la que existe desempleo y subempleo, el trabajo es un bien escaso".
Esta última manifestación es una confesión implícita de la más absoluta ignorancia económica. Habida cuenta que, en cualquier tipo de sociedad, sea en las actuales dirigistas, estatistas, sea en la capitalista por la cual abogamos, el trabajo SIEMPRE es un bien escaso, en cualquier clase de sociedad, capitalista (o no, como las nuestras). Esto es así porque, el trabajo es un recurso, y las necesidades humanas son ilimitadas, lo que implica que, las necesidades superarán siempre la cantidad de recursos disponibles. Ergo, el más escaso de dichos recursos es el trabajo, como tal escasea en sociedades intervencionistas como en sus antagónicas, las sociedades capitalistas.
Se objeta también que, como consecuencia de dicha escasez el trabajo "se encuentra sujeto a los vaivenes de la oferta y la demanda".
Pero, todo recurso, y no solamente el trabajo se encuentra sujeto a dichos vaivenes. No obstante, aquí hay que hacer una importante distinción. Una cosa es referirse a la "oferta y la demanda" y otra muy diferente es hacerlo respecto de "la ley de la oferta y la demanda". El postulado básico de esta ley, es que, al precio de mercado oferta y demanda siempre se igualan, lo que es lo mismo a decir que, a ese precio (el de mercado, recordemos) el mercado "se limpia". Esto solamente sucede en los mercados libres, o de economía capitalista. No sucede en ningún otro mercado no capitalista.
Ergo, en una sociedad en la que existe desempleo y subempleo NO rige esta ley de la oferta y la demanda. Esta ley SÓLO rige en las sociedades CAPITALISTAS. En nuestras sociedades, la ley de la oferta y demanda es REEMPLAZADA por las regulaciones del "estado". He precisamente aquí el problema y el nudo de la cuestión. Es porque NO rige la ley de oferta y demanda que hay desempleo y subempleo.
Esto sucede porque el salario mínimo tiene los efectos de cualquier precio mínimo, a saber: se expande la oferta y se contrae la demanda, lo que implica que aparecerá un sobrante artificial que, en materia laboral, se llama mano de obra desocupada, paro o desempleo, directamente.
Se dice que: "Si muchos desempleados buscan trabajar, el empresario podrá optar por ofrecerles trabajo por un sueldo bajo".
En la sociedad INTERVENCIONISTA como la nuestra, claro. Es así. Precisamente porque NO rige la ley de la oferta y la demanda. En una sociedad CAPITALISTA sería lo contrario: pleno empleo y salarios altos, por efecto de la ley de la oferta y la demanda, que no rige en nuestras sociedades ANTICAPITALISTAS.
Las leyes de salario mínimo acotan la competencia entre los potenciales empleadores al extremo de que cuanto más alto sea el salario mínimo menor va a ser el número de posibles empleadores que salgan a competir por mano de obra desocupada o subocupada. En el esquema vigente, oferta y demanda están fuertemente distorsionadas, al punto que sobra gente buscando empleo y se reduce la cantidad de empleo ofrecido, fruto de la dislocación que las leyes de salario mínimo provocan en el mercado de trabajo. Se perjudican empleados y empleadores, pero los primeros en una medida muchísimo mayor que los segundos.
Se dice: "Siempre habrá algún desesperado que "agarre viaje".
Pero esto es lo que sucede actualmente en nuestra sociedad ANTICAPITALISTA. No ocurriría en una sociedad capitalista. No podría ocurrir, por lo dicho "ut supra". La manera de evitar "desesperados" que acepten trabajos mal remunerados es abriendo la competencia laboral, permitiendo que los empleadores compitan entre sí por mano de obra. Sólo en ausencia de competencia los compradores de trabajo (llamados "empleadores") pueden bajar salarios, porque la misma ley laboral los pone en situación monopolística.
Se indica que: "El salario mínimo evita que se produzcan estos abusos".
Esto es completamente falso por todo lo que venimos exponiendo, y por muchísimas razones más. En el actual sistema económico intervencionista, es falso que todos los salarios actuales sean "altos". Es inexistente que todos los actuales empleados vivan "dignamente". Los salarios de ciertas regiones geográficas -o del interior- son paupérrimos. O sin ir tan lejos, así son los salarios en los conurbanos de las grandes capitales del mundo. E incluso, en muchos lugares de las grandes capitales lo son. En nuestro mundo actual, vanamente orgulloso de sus prolíficas legislaciones laborales, hay gente que gana muy poco, y apenas llega a fin de mes. En realidad, ninguno de los ardientes defensores del salario mínimo viviría ni se podría mantener a sí mismo con un salario mínimo. En nuestra sociedad ANTICAPITALISTA de hoy, los abusos ABUNDAN, y cada vez son más. El salario mínimo JAMÁS evitó esos abusos. Al contrario, los profundiza. Esto es praxis, no teorías abstractas.
La quizás más graciosa de todas las "objeciones" recibidas es esta: "Mas allá de que se trata de una película, la situación descripta en "Viñas de ira" de John Ford, en la que se ofrecen sueldos miserables por trabajos de recolección, fue y sigue siendo real."
Aunque pudiera perfectamente ponerse en duda, nosotros no negamos que esta película narre una situación "real". Pero aun suponiendo que fuera "real", lo que en realidad esta describiendo esa película es nuestra actual sociedad anticapitalista, y no una sociedad capitalista de libre mercado laboral.
El problema reside en que, quienes hacen el tipo de "objeciones" analizadas, no tienen ni la más remota idea en qué tipo de sociedad están viviendo, o mejor dicho, confunden nuestras actuales sociedades dirigistas, intervencionistas, estatistas y socialdemócratas, con una sociedad "capitalista". El capitalismo no está -desde las primeras décadas del siglo pasado- vigente en plenitud en ninguna parte del mundo. Pese a todo, sigue siendo moda atacar al capitalismo de "males" que el estatismo vigente provoca y seguirá ocasionando, en tanto la gente porfíe en confundir este intervencionismo con un inexistente "capitalismo".

El derecho de propiedad y su violación

Por Gabriel Boragina © Desde todos los ángulos imaginables se reclaman con urgencia "políticas públicas" como supuesta y ú...