El poder y los precios

Por Gabriel Boragina ©

 

En el interminable debate "inflación-control de precios" siempre se perfilan dos versiones claramente definidas: la del gobierno -por un lado- y la de los empresarios, productores y comerciantes (en adelante EPC) -por el otro- por las cuales se atribuyen distintos "culpables" del aumento de los precios. En realidad, el segundo grupo (EPC) se divide -a su vez- en dos subgrupos: uno que acusa al gobierno de la inflación y el otro que acusa a otros EPC de la misma (este subgrupo parece más numeroso que el anterior).

Todos los mencionados anteriormente concuerdan -sin embargo- en que la inflación es un mal y que debe ser suprimido, o por lo menos reducido. También coinciden -en general- en que la inflación es "el aumento generalizado de los precios" (lo que es un error).

Un gobierno se caracteriza por detentar el poder político, y en ese poder encuentra la base de su legitimación como gobierno. Ahora bien, posicionados momentáneamente en el punto de vista del gobierno, si este no se considera responsable de la inflación e insiste que son los EPC los causantes de ella, se supone que debería tener el poder suficiente como para suprimirla o reducirla ("para eso" es gobierno según los estatistas) en el caso que los EPC se negaran a bajar los precios por su propia cuenta. Es más, en realidad, el supuesto implica que debería haber tenido el poder de evitar que la inflación apareciera en escena.

Siempre analizando el caso desde esta óptica (estatista), si la inflación no pudo ser sorteada, apareció y se mantiene, es evidente que el gobierno no tuvo el alegado poder de impedirla, reducirla o suprimirla. Si el gobierno no tiene ese poder, o -si lo tiene- no lo ejerce, no queda duda que es falso que tenga ese poder que dice poseer. El poder -a su turno-, se basa en el presunto "consenso" de los gobernados. Si no tiene poder significa que no tiene ese consenso. Ergo, si no tiene poder para bajar los precios (o al menos frenar que sigan subiendo) es porque carece de tal consenso.

Entonces ¿para qué nos sirve un gobierno que carece de poder para algo tan en apariencia "sencillo" como es inmovilizar los precios? Y si tuvo ese poder antes, y ahora no lo ejerce es porque lo ha perdido y ya no lo tiene. Conclusión: el gobierno es impopular (por haber perdido el consenso para ejercer su poder).

Aquellos que se posicionan en la falsa teoría de que los "acuerdos de precios" serían "cumplidos" simplemente porque lo pide o lo exhorta el gobierno, admiten indirectamente -y sin casi quererlo- que el gobierno carece de poder para detener el aumento de precios (porque depende de que los empresarios, productores y comerciantes -EPC- "deseen" cumplir con aquellos acuerdos). El verdadero "poder" del gobierno sale a luz cuando los acuerdos de precios son "violados" y el gobierno no puede hacer nada por imposibilitarlo.

Si contener la suba de precios dependiera exclusiva y sencillamente de un acuerdo voluntario entre los EPC ¿para qué se necesita al gobierno como "parte" de ese pacto? Los empresarios se habrían puesto de concierto antes entre ellos. Ergo: no es esa la razón por la cual los precios suben.

Si los "especuladores" (como gusta llamarlos el gobierno) logran aumentar siempre los precios sin que el gobierno pueda hacer nada para conjurarlo (más que acusar de ello a esos "especuladores") es evidente que no tiene ningún poder para evitarlo. Y un gobierno sin poder (sin consenso) no es gobierno alguno. Significa que ese "gobierno" no está gobernando nada en rigor. Lo que en esa situación -en los hechos y desde el propio punto de vista del "argumento" estatista- estarían gobernando son aquellos denominados "especuladores". Y si los "especuladores" son los que "gobiernan" eso no significa otra cosa que el fracaso del gobierno político (formal) por pérdida de consenso (pasado a los "especuladores"). Porque, dado que no se puede gobernar sin el apoyo del pueblo, si los que realmente "gobiernan" son los "especuladores" es porque son ellos los que tienen el verdadero apoyo del pueblo (consenso) y no lo tiene el gobierno formal. Ergo –nuevamente- quiere decir que el gobierno es impopular.

Hasta aquí, el análisis suponiéndonos posicionados en la propia "versión" del gobierno acerca de "quién" seria "el culpable" por la inflación. Desde el propio punto de vista del gobierno se llega a la conclusión de que el gobierno no sirve para nada, porque no tendría (ni tiene) el poder (por falta de consenso) de evitar un mal social como es la inflación. Ya que significaría que los EPC tienen más poder que el gobierno, por lo que el gobierno debería renunciar e irse, ya que un gobierno sin poder por falta de consenso ha perdido legitimidad y fácticamente no está gobernando nada y a nadie. No cambia esta conclusión suponer que la inflación es un problema grave o leve. Lo que analizamos aquí es el poder (o la falta de él) del gobierno.

Por supuesto que sabemos que la inflación es siempre causada por el mismo gobierno, y jamás es originada ni por los EPC ni por los "especuladores". Estos son víctimas de la inflación y no victimarios. Y el único poder real que si, posee el gobierno, es el de dejar de causar inflación, de donde se deduce que ningún gobierno puede (ni pudo) nunca "controlar" ni "congelar" precio alguno (salvo por muy breve lapso), pero si poseyó y posee un poder que no suele ejercer: el de evitar la creación primaria y secundaria de dinero, que es la verdadera y única causa del fenómeno inflacionario.

Desde nuestro propio punto de vista, si un gobierno no puede dejar de crear dinero fiduciario (que es un mal social) es que ha "perdido" ese poder, porque -en rigor- lo ha cambiado por otro: el poder de enriquecerse a costa de la sociedad, ya que la inflación es un impuesto encubierto, que pagamos todos, menos los gobernantes que se prosperan a costa del pueblo mediante la inflación.

 

 

Un país "en llamas"

Por Gabriel Boragina ©

Siempre que he podido he tratado de eludir hablar de Argentina por haber tantos que lo han hecho y lo siguen haciendo -con acierto o con error- y porque más de una vez he confesado que, en las circunstancias actuales, me ha resultado y me sigue resultando penoso hacerlo. Sin embargo, ocasionalmente me he visto obligado a ello. Y el grado de descalabro al que ha llegado el país a la fecha, me exige otra vez más a tener que decir algo al respecto, aunque lamentablemente tenga que repetir cosas que ya he dicho otras veces antes.
El estado de degradación política, económica, institucional, jurídica y moral del país al que lo ha llevado el régimen cuasi-despótico instaurado por el FpV (Frente para la Victoria) de los dos Kirchner no encuentra antecedentes en la historia política argentina desde el segundo gobierno de Perón hasta el día de la fecha, como tantas veces lo he manifestado. Ni siquiera el pésimo gobierno de Alfonsín, plagado de errores económicos de tremenda magnitud, puede ya a estas alturas superarlo.
Por supuesto que, no voy a caer en la ligereza tan frecuente de creer que el pueblo argentino es "víctima" de sus "victimarios" gobernantes. Es absolutamente cierto que el FpV está destruyendo el país con un empeño, dedicación y énfasis pocas veces puesto por ningún otro gobierno anterior, pero también lo es que, la mayoría del pueblo argentino ha sido -en buena medida, y por un tiempo desmesuradamente largo- cómplice de dicha desolación.
Lo que subyace en el fondo es ignorancia. Ignorancia de las leyes económicas, cuyo cumplimento inexorable es lo que, tanto gobernados como gobernantes han querido y persisten siempre en querer desconocer, y por ende violar.
Del lado de los gobernados, la ignorancia de seguir creyendo en la idiotez de que los gobiernos pueden "crear riqueza" y que "su función" sólo consiste en repartirla, ("de todo para todos" o "para los que menos tienen" lo que es otra tremenda estupidez) y del lado de los gobernantes la ignorancia de que podrán "eternamente" exprimir a "la gallina que pone los hueros de oro" mediante impuestos, regulaciones de todo tipo y clase, sin llegar nunca a exterminarla. Por supuesto que, esta ignorancia no deja de lado los casos tan frecuentes de mala fe de quienes positivamente saben que ninguna de las dos creencias es verdadera y, sin embargo, siguen robando en consecuencia de ambas. Pero digamos que, la enorme mayoría de los dos bandos se mueve dentro de ese círculo de ignorancia. En suma, la que se puede sintetizar-tanto para un caso como para el otro- en que, se puede conseguir "un beneficio sin costo alguno".
Los gobernados están convencidos que pueden obtener dadivas, prebendas, privilegios y riqueza "a granel" por parte del gobierno sin "nada" que sacrificar por ello (en esta "fe" reside el "valor" de sus votos), y los gobernantes creen exactamente lo mismo... pero a la inversa: que pueden enriquecerse "indefinidamente" a costa de los gobernados. Ambos grupos obran en consecuencia bajo estas dos premisas. Ninguno de los dos sectores parece comprender que se trata de un juego de suma cero: lo que gana uno lo está perdiendo la otra parte. La gente -en general- no parece percibir que lo que recibe del gobierno no es otra cosa que lo que ese mismo gobierno le ha sacado previamente (a otra como a ella o a ella misma).
En la mayoría de los casos, las personas están de acuerdo en que el gobierno sustraiga a "los ricos" para darle a "los pobres", sin entender que los gobiernos despojan a todos : a ricos y a pobres, y sin importar el orden en que comiencen a hacerlo, para luego proceder a apropiarse de la mayor parte del botín obtenido, del cual arrojan sólo algunas migajas a la gente de menores recursos, únicamente con el objeto de mantenerlos sujetos como manadas obedientes y sumisas a la hora de emitir su voto, clientela política que -a su turno- cree que podrá vivir eternamente de subsidios, trasferencias directas, exenciones impositivas, créditos baratos, etc.. y que ven al gobierno como encarnación de un enorme Santa Claus o Papá Noel, que dispensa sus "obsequios" las "24 horas del día los 365 días del año".
Pero, cuando los recursos -que siempre son escasos como dice una primer ley económica fundamental- empiezan a mostrar signos de agotamiento (como sucede en la Argentina del FpV), es cuando se inician los malestares de ambos bandos, y principian los primeros conflictos que se prolongan en el tiempo, ya que ninguna de las dos partes en pugna modifica sus paradigmas, sino que refuerzan sus reclamos : los gobernados piden "mas" al gobierno y los gobernantes hacen lo propio con los gobernados en un mutuo y simultáneo "pase de facturas" y demandas cruzadas. La tendencia se acrecienta y ninguno de los dos sectores cejan en sus exigencias al otro, y los enfrentamientos se multiplican: el gobierno reprime y el pueblo se defiende y contraataca. Y de la represión económica se pasa a la física, y la situación se descompone más aun.
En este fase del ciclo descripto, el pueblo no se da cuenta que el gobierno no puede darle más de lo que pide, en tanto el gobierno -del lado de enfrente- no comprende que no puede robarle al pueblo más de lo que ya lo ha expoliado. El triunfo en esta puja, estará del lado de la mayoría siempre, y esta mayoría invariablemente está del lado de los gobernados y no de los gobernantes (y ello, aun cuando esta mayoría no tenga conciencia de su propia condición de mayoría, lo que -aunque parezca paradójico- es harto frecuente). Porque todo gobierno, por muy "poderoso" que luzca a los ojos de sus gobernados (y aun a los de los mismos gobernantes) no deja de ser una minoría en comparación con estos. Y el poder -en última instancia- siempre residirá en aquel a quien le cedemos nuestro poder, ya sea gustosa o desagradablemente, consciente o inconscientemente.

¿Qué es la globalización?

Por Gabriel Boragina ©

Se escucha decir por doquier que vivimos en un mundo "globalizado", pero ¿qué se quiere expresar exactamente con esto? ¿Cómo se define y que alcances tiene el término "globalización"? Los autores no se han puesto totalmente de acuerdo al respecto, posicionándose desde diferentes puntos de vista sobre el particular. Trataremos a continuación de examinar algunas de las posturas que nos parecen las más interesantes.
"Lo que actualmente llamamos “globalización” es un fenómeno producido por la mayor movilidad de los recursos como resultado de los avances tecnológicos y la remoción de las barreras regulatorias que reducían esa movilidad. La globalización somete a los países a la competencia, y éstos compiten ofreciendo “marcos institucionales” para atraer los recursos cuya movilidad ha acelerado la globalización. Tanto sea para atraer recursos externos como para retener a los propios. Los países que pueden ofrecer esas condiciones reciben recursos, los que no, los expulsan (personas, capitales, ideas, innovaciones, tecnologías)."[1]
 Para este autor, la globalización es consecuencia entonces de dos factores: 1) avances tecnológicos y 2) remoción de barreras regulatorias, y el término puede sintetizarse como una "mayor movilidad de recursos". La primera condición es privada y la segunda es estatal. En realidad, la mayor movilidad de los recursos no depende tanto del primer factor como del segundo o, podemos decir que, enteramente de este último. Por supuesto que dichos avances tecnológicos no han llegado a todas partes del mundo, y que mucho tiene que ver con esto último que tampoco ha sido constante ni total "la remoción de las barreras regulatorias que reducían esa movilidad". Por otra parte, no podemos dejar de señalar que el mantenimiento de tales barreras (aunque sea en forma parcial) impide -en no pocas ocasiones- la difusión de aquellos avances tecnológicos. No obstante, el proteccionismo (antiglobalización) también procura retener recursos.
Otros, ven en la globalización "una extensión de la economía de mercado clásica":
"Si, como lo sostengo, la globalización es una extensión de la economía de mercado clásica, con su especialización y competencia, entonces los países deben contar con instituciones básicas de mercado para estar en condiciones de participar completamente. Y, por lo tanto, la gente necesita mayor libertad y liberalización, no menos."[2]
Este es un criterio bastante coincidente con el de la primer cita, especialmente en cuanto hace hincapié en la necesidad de instituciones (lo que el Dr. Krause designa –en un sentido algo más amplio- como “marcos institucionales”).
El profesor Alberto Benegas Lynch (h), con la agudeza que siempre lo caracteriza, ensaya una noción parecida:
"dirijamos la atención hacia la tan cacareada globalización. Por este concepto se entiende convertir en realidad la metáfora de “la aldea global” a través de la eliminación de obstáculos por parte de los gobiernos para el tráfico de bienes y servicios y, asimismo, para los movimientos migratorios. Si esta es la definición, la humanidad estaba más globalizada durante el período que va desde el Congreso de Viena hasta la Primera Guerra Mundial. En esa época los aranceles eran mínimos, no existía tal cosa como pasaportes y no se producían las manifestaciones xenófobas y racistas que hoy se observan a raíz del movimiento de personas a través de las fronteras." [3]
La globalización, en efecto, no es un fenómeno nuevo, e indubitablemente, en términos relativos hoy existe en menor medida en que aquella época. Y si enfocamos nuestra atención en lo que va del siglo XXI en países como Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia, con sus "políticas" populistas proteccionistas, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que estos países se han alejado a pasos acelerados de cualquier clase de globalización (en el sentido en que manejan el término los autores examinados hasta el presente).
"Hoy la parte de globalización que existe es a pesar de los gobiernos y no debida a resoluciones gubernamentales, especialmente esta globalización parcial tiene lugar a raíz de la revolución en curso en el área de las telecomunicaciones. Se observan fusiones y adquisiciones debido a la tendencia natural a consolidar posiciones, sacando partida de la economía de escala y evitando la duplicación de actividades. Si nos despertáramos una mañana en un pueblo en el que la gente súbitamente percibe que hay ocho farmacias en la cuadra, habrá una tendencia a unificar posiciones para evitar que se sobrepongan actividades. Esto es lo que ocurre en “la aldea global” en la medida de la globalización. Y no debemos confundir la concentración de capital con la cantidad de administradores, ya cuando en realidad se produce gran dispersión patrimonial a través de un creciente número de accionistas, especialmente cuando los mercados de capitales son abiertos."[4]
En suma, -y conforme lo que venimos analizando en los autores citados- la globalización es un fenómeno altamente deseable, pero al que se llega a pesar de los gobiernos y no por causa ni -mucho menos- deseo de estos. Los gobiernos se "globalizan" únicamente cuando ya no les queda más alternativa, caso contrario han siempre preferido el proteccionismo al libre comercio ("globalización", a nuestro modo de ver, no sería más que un neologismo utilizado para reemplazar el tradicional de "libre comercio" o librecambio que nosotros preferimos por ser este último mucho más claro y mas explicativo que el de "globalización". Ciertamente -como apuntaba el Dr. Krause en la primera cita- "La globalización somete a los países a la competencia" y es esta competencia precisamente lo que a los países les desagrada. Y sólo en caso de que no les quede otra opción comienzan a abrir sus fronteras. No es la situación, como registramos anteriormente, de los nefastos populismos latinoamericanos del siglo XXI: de Argentina con los Kirchner, Ecuador con Correa, Bolivia con Morales y el comunismo castrochavista venezolano, gobiernos claramente antiglobalizadores, proteccionistas y retrógrados.



[1] Martín Krause. Índice de Calidad Institucional 2012, pág. 9
[2] Johan Norberg. "La Globalización y los Pobres"-Fundación Friedrich Naumann (FFN)-Oficina Regional América Latina-pág. 16
[3] "Economía y globalización". Conferencia pronunciada para los socios del Círculo de Armas, Buenos Aires, agosto 16 de 2000. Pág. 3-4.
[4] Alberto Benegas Lynch (h), "Economía...." op. cit. pag. 4

Las expectativas en la economía

Por Gabriel Boragina ©

 

¿Qué rol juegan las expectativas en la economía? Y ¿qué clases de expectativas encontramos en ella? Lo primero que debemos despejar es el concepto económico de expectativa, que se deriva de su significación general, mucho más amplia por supuesto:

"expectativa. Aquella previsión o suposición sobre el futuro que afecta el comportamiento presente. Las decisiones económicas raramente se toman sobre la base exclusiva de los datos del presente: todo agente tiene, por lo general, alguna idea de cómo evolucionarán los precios en el futuro, y de acuerdo a ella decide su conducta. Sobre la base de las expectativas es que se realiza la especulación, se efectúan inversiones, se solicitan y otorgan préstamos y se desarrollan muchas otras acciones básicas de la vida económica."[1]

Desde luego que, esa "idea de cómo evolucionarán los precios en el futuro" no significa -automáticamente- que sea correcta, que se ajuste a la verdad, o que se condiga con la realidad. Es decir, dicha idea no reviste ningún tipo de infalibilidad.  A este aspecto, de alguna manera, alude la segunda parte de la definición que estamos comentando:

"Las expectativas, por otra parte, no deben ser entendidas como una previsión científica deducible a partir de una ley, sino como estimaciones que tratan de reducir en lo posible el nivel de incertidumbre propio de toda actividad económica: el hecho de que un agente económico tenga expectativas definidas no es suficiente para determinar por completo el curso de acción que se seguirá; es preciso tener en cuenta que los otros agentes con los que el primero interactúa también tienen expectativas, por lo que la resultante puede ser diferente según tales expectativas coincidan o discrepen en mayor o menor proporción."[2]

Sin embargo, las expectativas como tales, poco valor tendrán si no existe ese "curso de acción" que –forzosamente- ha de seguirles para que adquieran alguna relevancia en el campo de la economía. En otras palabras, si bien puede decirse que la expectativa es -sin duda- un componente de la acción humana, no equivale a la acción humana en sí misma, sino que, en cierto modo, es un prerrequisito de esta última. Se puede actuar conforme a una determinada expectativa, o bien puede dejarse de actuar por un cambio de expectativa.

A veces se ha hecho uso en economía del concepto de expectativas racionales:

"expectativas racionales. Formulación de previsiones sobre el comportamiento futuro de la economía sobre la base de la adquisición y uso racional de la información. La teoría de las expectativas racionales supone que los actores económicos ajustan su conducta no sólo a los datos de la realidad presente, sino también a las expectativas de evolución que pueden inferirse a partir de ella. De ese modo los inversionistas, compradores y vendedores, estiman el comportamiento a futuro de diversas variables macroeconómicas de importancia -crecimiento, inflación, tasa de cambio, etc.- tratando de maximizar sus beneficios ante la situación que racionalmente calculan que existirá. El hecho de que los actores económicos procedan de esta manera, lo cual se comprueba casi siempre en la práctica, resta poder de maniobra a las políticas económicas de los gobiernos, pues los efectos de las mismas son anticipados y contrarrestados por quienes intervienen en el proceso económico."[3]

El tenor de la definición parecería indicar una expectativa a más largo plazo que la definida en primer lugar, y por otro lado da por implícita la acción consecuente a la que hacíamos referencia más arriba.

M. N. Rothbard también se refiere a las expectativas (sin calificarlas) cuando explica el mecanismo en el que opera la inflación:

"Al igual que en el caso de los billetes “asignados” que sirvieron de papel moneda durante la Revolución Francesa, tenemos aquí una panacea mágica para resolver las dificultades del gobierno: ¡inyectemos más dinero en la economía, y los precios subirán sólo un poco! Envalentonadas por el aparente éxito del plan, las autoridades aplican más de lo que presuntamente ha funcionado tan bien, y la inflación monetaria avanza a pasos acelerados. Con el tiempo, sin embargo, las expectativas y opiniones del público respecto del presente y el futuro económico sufren un cambio de vital importancia. La gente empieza a comprender que no habrá ningún retorno a la pauta de preguerra, que la nueva norma es la persistente inflación de los precios, que éstos continuarán subiendo en lugar de bajar. Se inicia entonces la segunda fase del proceso inflacionario, con la continuada caída de la demanda de saldos de caja sobre la base de la siguiente composición de lugar: “Será mejor que gaste mi dinero en X, Y y Z ahora, porque sé muy bien que el año próximo los precios serán más altos”. Los precios empiezan a aumentar más que el incremento de la oferta monetaria. El crítico punto de inflexión ha llegado."[4]

La primera fase a la que alude M. N. Rothbard se refiere a la expectativa de que los precios bajen (se apunta a los precios de los bienes y servicios que se compran con dinero y no al precio del dinero en sí mismo, el que se llama poder adquisitivo y sobre el cual ya nos hemos explayado). La continuidad de las políticas inflacionarias operan en tal sentido en dirección a un cambio de expectativas de la gente que, en virtud del mismo, deja de esperar que los precios bajen y se lanza a comprar cualquier cosa tangible con tal de desprenderse del dinero envilecido lo más rápido posible, que sólo ve depreciarse a pasos agigantados, mientras su poder adquisitivo se derrite entre sus dedos.

Como ya se ha hecho notar, las expectativas en sí mismas no aportan ningún dato concreto si no se traducen en una efectiva acción por parte del agente económico específico.

 

 

 

 



[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Ver voz respectiva.

[2] C. Sabino. Diccionario... Op. Cit. Ídem. 

[3] C. Sabino. Diccionario... Op. Cit. Voz respectiva.

[4] Murray N. Rothbard, "La teoría austriaca del dinero", Revista Libertas Nº 13 (Octubre 1990) Instituto Universitario ESEADE, pág. 14

Gobierno, economía y educación

Por Gabriel Boragina © Es casi un lugar común considerar que la educación debe prioritariamente estar a cargo del gobierno. Existe u...