La situación general actual

Por Gabriel Boragina ©

Argentina continua deslizándose en el tobogán de la podredumbre política, tal como se dice del movimiento de la estrella, sin prisa pero sin pausa. No creo en crisis irreversibles (en realidad no creo en nada irreversible) sin embargo, dada la constancia en la debacle de la dirigencia política y de las ideas políticas del pueblo que ha creado y sostiene a dicha dirigencia, muchas veces parece ser que la persistencia en lo que ya asemeja ser una vocación de decadencia, no tuviera final visible.
Opinar sobre Argentina da pena, observar a un país que otrora fuera tan rico (fines del siglo XIX y principios del siglo XX) como se ha ido degradando en calidad humana, moral y política, y -naturalmente- como consecuencia de todo ello, en lo económico y social, no puede mover mas que a la amargura y la compasión, y en el caso de los argentinos, de la autocompasión.
Presa los argentinos de un colectivismo que confunden con lo que ellos llaman su contrario, "individualismo", (mal entendido gruesísimo) en tanto no se fuguen de esta trampa, de esta alucinación y enorme equivocación de enfoque que tienen, los argentinos no tienen salida. Pero han de romper con muchas de sus más caras tradiciones, si, porque no forma parte de las tradiciones argentinas el individualismo que reprochan a los demás argentinos (como sí el que se queja de los otros "individualistas" fuera él mismo la "excepción") sino su contrario, el caciquismo, el caudillismo, el clasismo, y por sobre todo, su infantil-paternalismo (modo abreviado de referirme al infantilismo paternalista del que ya he hablado muchas veces antes de ahora y en muchas partes diferentes).
Es la inmadurez del argentino adulto promedio lo que lo lleva de un extremo al otro, del infantilismo al paternalismo y de este directo hacia el autoritarismo, sin término medio, sin medias tintas. Adicto a enamorarse de sus propias fantasías y delirios, el argentino promedio se cree "democrático", cuando -ya sea de izquierda o de derecha- es, en promedio, no mas que un fascista mediocre, que ni siquiera puede saber qué es en realidad el fascismo, del que tanto habla, tanto condena, sin saber que es eso, y sin tener conciencia que el primer fascista del cono sur es él mismo, ese argentino promedio.
Por lo pronto, en su abrumadora ignorancia y prepotencia, el siempre predispuesto a interpretar mal todo lo que se le dice, el argentino promedio, impone el sambenito de "fascista" a todo aquel que no esté de acuerdo con alguno de sus puntos de vista. A quien lo esté, le llamará democrático. El absurdo es evidente porque una persona democrática no es aquella que está de acuerdo con otra, sino que es aquélla persona que puede exponer su disidencia en libertad y aceptar a su vez puntos de vista opuestos al suyo. Como se ve, el argentino es propenso de dar vuelta todo y entender todo al revés, siempre y cuando ese revés, le favorezca primero a él en todo o en parte.
Y luego, claro está, están los otros argentinos, los tipos derechos y de derecho, los de alta moral, los responsables, los que poseen y defienden -donde pueden y como pueden- los valores republicanos, auténticamente democráticos, los verdaderos patriotas, que no se notan, no se ven, porque son una muy reducida y escasa minoría, casi podría decirse, una suerte de especie en extinción. Estos auténticos hombres y mujeres íntegros –que los hay y muchos- no cuentan en la praxis política, no llegan y cuando trabajosamente llegan, con mucha lucha y esfuerzo, son literalmente "barridos" por los otros, por los dominantes, por los aparatos partidarios, sindicales y los burocráticos que los terminan aplastando como a hormigas. Existen esos argentinos de bien, de íntegra y alta moral, que valoran una buena educación y una elevada cultura, que buscan involucrarse en los asuntos públicos y que sufren por su país, pero son tan pocos (aun siendo muchos) que sus esfuerzos no solamente son vanos, sino que hasta incluso, corren riesgos personales por querer difundir las doctrinas sanas de los valores de bien que son los que imperiosamente necesita el país para salir del pozo en donde día a día, en manos de la actual clase política, no hace mas que hundirse cada vez a mayor velocidad.

El panorama argentino no puede ser más grotesco al momento de redactar estas líneas. A pesar de tener una Constitución que consagra la forma representativa republicana y federal como forma de gobierno, ello solo sucedió muy brevemente durante un periodo posterior a la sanción de la carta magna lo cual -téngase en cuenta- aconteció allá por el año 1853.
Desde entonces, y al margen de cualquier cláusula constitucional, la Argentina vino teniendo formas de gobiernos que oscilaron entre la dictadura, la oligarquía, y -marcadamente a partir de 1945 hasta la fecha- la KAKISTOCRACIA (gobierno de los peores) (1) con breves interregnos hasta llegar a lo que algunos llaman DIARQUÍA, definida por el diccionario de la Real Academia Española como:
f. Gobierno simultáneo de dos reyes.
f. Autoridad dividida y ejercida simultáneamente entre dos personas, dos instituciones o dos poderes.
Con ello se alude al matrimonio kirchner que se alterna en el mando político y en el cual, al gobierno del marido le sucede el gobierno de su mujer.
Si bien esta forma de gobierno es claramente de corte nepotista y monárquico, no creo que cumpla con la definición de diarquía, habida cuenta que no son marido y mujer quienes ejercen simultáneamente la autoridad, sino que resulta claramente ser el esposo quien lo hace, a pesar de que la esposa pose frente a las cámaras y que preste consentimiento formal a los actos de gobierno, que en las sombras, ejecuta su marido. De modo que aun así y todo, hay un solo poder, que en lo formal, simula ser ejercido por la mujer, y en lo informal, su verdadero ejecutor es su marido. Por ello, la figura política argentina de gobierno, se asemeja mas al nepotismo que a la diarquía, aunque es innegable que tiene toda la apariencia de una verdadera diarquía.
El país se maneja por parte del matrimonio como si fuera un auténtico y enorme bien ganancial, lo que incluye la administración de los bienes gananciales por parte del esposo, aun cuando la titularidad del bien (la ex república Argentina) se encuentra a nombre de la esposa, por revestir esta (al menos formalmente) el cargo de presidente de la república.
Cómo puede darse este escenario grotesco en un país que -en algún momento- fue respetuoso de sus instituciones –o al menos, intentó serlo- ha merecido de nuestra parte varios análisis. Mantenemos todo cuanto dijimos en ellos y que el lector que nos sigue seguramente recordará.
Ciertamente, nos encontramos frente a un proceso de monarquización del país. Los tradicionales tres poderes de la república han sido fundidos (literalmente fundidos) en uno solo: un poder ejecutivo que hace y deshace a su antojo, donde solamente se realiza la voluntad del déspota, a la sazón y en el caso que venimos analizando, del matrimonio real patagónico que se alterna en el poder. Otro signo de ello es que el matrimonio reinante (ya podemos hablar propiamente de un reino) tiene como amigo político y personal al principal y más amenazante déspota de la región (el cabecilla venezolano Chávez, que lucha por implantar una dictadura castro-comunista en su propio país) y que ha hecho grandes "avances" en la consolidación de su proyecto autoritario.
La reversión de este proceso resulta sumamente complicada, por todos los factores que hemos enunciado al comienzo, pero aun hay motivos para ser optimistas, tal como lo he explicado en mis otros trabajos, de modo tal, que la lucha y la resistencia a la opresión, sigue teniendo sentido, solo es menester que esos argentinos de bien no se desalienten y no se dejen vencer por enemigo sin presentar batalla.
Notas : (1) En el “Dictionary of Sociology”, primera edición en inglés año 1944, registrada en New York, N.Y., U.S.A. por Philosophical Library, Inc., se incorpora la definición del término “Kakistocracia” por Frederick M. Lumley, que reza más o menos así:
“Gobierno de los peores; estado de degeneración de las relaciones humanas en que la organización gubernativa está controlada y dirigida por gobernantes que ofrecen toda la gama, desde ignorantes y matones electoreros hasta bandas y camarillas sagaces, pero sin escrúpulos”.
dicen que fue un término acuñado por Michelangelo Bovero (profesor de la cátedra de Filosofía Política de la Universidad de Turín). Esta versión esta reforzada por lo que se dice en: http://www.prensalibre.com/pl/2007/octubre/17/185242.html
donde se lo cita a Bovero de este modo : "La combinación de la tiranía, la oligarquía y la demagogia es lo que Bovero llama “kakistocracia”: el pésimo gobierno, la república de los peores".

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