¿Y ahora, como sigue esta historia?

Por mucho que trate de disimularlo, la crisis ha llegado al gobierno. Digo que ha llegado al gobierno porque el país hace rato que esta en crisis, el gobierno Kirchner no hizo mas que profundizarla y hasta el conflicto con el campo, no se vio alcanzado por ella. Ahora la situación es diferente, porque la crisis del país -que el gobierno contribuyó a agravar-, luego del enfrentamiento con el campo y la ciudad, llegó -finalmente- al gobierno mismo.
Sin embargo, hay que tener mucho cuidado de no confundir la crisis del gobierno con la de los dos personajes que lo usurparon, me refiero, por supuesto, al matrimonio Kirchner. Ellos están fuera de toda crisis, habida cuenta que, durante muchos años, han acumulado una fortuna suficiente como para pasar el resto de sus vidas a cubierto y a seguro de cualquier crisis que pueda imaginarse. De allí que, insisto, no debe mezclarse la suerte del gobierno con la de estos dos personajes. El gobierno puede fracasar sin que queden afectadas sus riquezas personales, seguramente ya a salvo en destinos extranjeros.
Recurrentemente en estos días, se ha comparado la situación de la Argentina como semejante a la del Titanic. Adelanto a mis queridos lectores que no soy un experto en la historia del Titanic, pero hasta donde pude saber, se trataba de un gran trasatlántico, aparentemente el mas moderno y grande de su época, que se suponía (y se proclamaba repetidamente) inhundible y que apenas en su viaje inaugural chocó contra un iceberg y se hundió rápidamente.
La analogía tiene sus puntos débiles, porque la Argentina no es, ni la más grande ni la más moderna nación, ahora, si con esa comparación se quiere ilustrar que su rumbo es ir directo al iceberg para chocar contra él, en ese caso, es plenamente aceptable, pero con una pequeña diferencia; que entre tanto los pasajeros siguen al borde del barco, sus dos capitanes (la pareja K) controlan y dirigen el navío a control remoto, pero cómodamente ubicados a corta distancia del buque, en un bote salvavidas, bote que, sin embargo, es lo suficientemente grande y espacioso como para que en él quepan –cómodamente- todo el gabinete ministerial, gobernadores, legisladores y empresarios amigos. Y los pasajeros en desgracia están compuestos –claro esta- por los millones de habitantes que, entre argentinos y extranjeros, residen en esa "nave-país" llamada "Argentina" . Es decir, que cuando llegué el momento de la fatal colisión contra el "iceberg" de la realidad, los que se hundirán irremediablemente serán los ocupantes del buque y no los capitanes K ni la tripulación a salvo en la distante, pero -a la vez- medianamente cercana, lancha salvavidas de la impunidad, la prebenda y el privilegio en el que -de antemano- se han cuidado muy bien de refugiar.
Los dos capitanes K y la tripulación de ministros, legisladores, gobernadores y empresarios adictos, posiblemente no vean el "iceberg" de la realidad hacia el cual, mediante control remoto dirigen a la nave mayor, o quizás lo vean cuando ya sea demasiado tarde, es decir, puede ser que produzcan el choque, ya sea por su podría impericia en materia de pilotaje, tanto como, por su propia maldad, ya que es visible que los capitanes Kirchner y los tripulantes (por ejemplo D´Elía, Bonafini, Verbitzky, etc.) odian a buena parte de los viajeros del trasatlántico. Pero desde el punto de vista de estos últimos, las motivaciones e intenciones de los tripulantes son indiferentes, de lo que se trata para ellos es de evitar el escollo y llevar la nave a buen puerto.
Con todo, lo cierto es que, de producirse el encontronazo con el duro hielo marino, la tripulación (el gobierno) saldrá ilesa, y el resto de los pasajeros (la nación) se hundirán irremediablemente. La única manera de evitar este desenlace es que los pasajeros ocupen prestamente el bote salvavidas, le quiten el control remoto a los dos capitanes K y nombren -en su lugar- a un nuevo capitán, que dirigiendo la nave con la maestría propia de los grandes navegantes, la aleje del peligro de la embestida contra el "iceberg" de la realidad.
Mi deseo es, claro esta, que la nación no se estrelle, por culpa de los capitanes K y su séquito de adulones tripulantes, que ningún daño sufrirían si ello ocurre. En todo caso, lo deseable que es que se hunda el mismo bote salvavidas con la tripulación completa, pero difícilmente ello sucederá. Los capitanes K saltaron hace tiempo del barco que aun intentan "controlar" por cuanto desde la misma cubierta de la nave hay quienes todavía los aprovisionan de alimentos y víveres. Es cierto que tienen lo suficiente para vivir tranquilos en el bote salvavidas lo sobradamente grande como para que no padezcan de ningún sobresalto por el resto de sus vidas, pero la ambición de los Kirchner es tan infinita que lucrarán hasta donde les sea posible y les sea permitido, proveyéndose de las mismas existencias del barco "madre" hasta el final, del que ya tienen casi certeza que se va a hundir.
Tal es –creo- la situación en la que se encuentra la Argentina al día de hoy. De entre los pasajeros de tal hipotético "Titanic" ha de surgir el nuevo capitán que le quite el control remoto a los Kirchner y salve al "buque-nación" del irremediable colapso al que la pareja patagónica lo conduce fatalmente. Ese es, precisamente, el rol de la oposición, arrebatar el liderazgo al capitán y -sin duda- creo que este es un buen momento para ello. ¿Qué partido o figura podría surgir de la oposición política para tal fin?. Es muy difícil, hoy por hoy, contestar esta pregunta, porque la primera respuesta que se me ocurría es: ninguno. Algunas encuestas –las que nunca gozaron de mi confianza- indican a Cobos y Carrió, entre los posibles. No importa mucho el nombre de quien sea, lo importante es que capte claramente la señal de la sociedad y se de cuenta que hay que cambiar el curso de navegación para que el buque no se destruya contra el "iceberg" de la realidad. Y es deseable que ello –el surgimiento de una oposición fuerte, valiente y decidida- aparezca pronto, antes que la distancia con el iceberg se haga cada vez mas corta y el desenlace parezca inevitable.
Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros : La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo.

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