La caja menguante

Por Gabriel Boragina ©

El fracaso temporal del gobierno en su esfuerzo por imponer un fuerte, duro y progresivo impuesto al sector agropecuario, motivó que los Kirchner tuvieran que pensar –rápidamente- en fuentes de financiamiento alternativas para paliar la dificilísima situación económica en la que se encuentra la administración nacional.

Son varios los frentes económicos que el gobierno debe resolver ante el agotamiento de "la caja" y -todos ellos- de la mayor urgencia; al mantenimiento de la enorme estructura burocrática que han sabido crear y acrecentar mediante un descomunal gasto público, ha de sumársele el vencimiento inminente de la deuda pública y pago de otras obligaciones internacionales, subsidios comprometidos con los punteros políticos para conservar el clientelismo que fue –como ya es sabido- su base de operaciones estratégicas, y –desde luego- la voracidad y avidez personal, propia y característica del matrimonio patagónico reinante, por engordar sus alforjas, hasta donde la inmensa paciencia y parsimonia de los argentinos se los permitan.

Esta latente (como el propio gobierno lo ha anunciado) el replanteo y -llegado el caso- la imposición como fuere, del frustrado proyecto fiscal que recibió el eufemístico nombre de "retenciones" y que fuera rechazado por el senado de la nación, mediante el voto negativo del vicepresidente Julio C. Cobos. Pero hasta que las condiciones políticas se vuelvan a presentar favorables (léase: hasta que el gobierno constate que el pueblo se haya olvidado definitivamente del tema, como ha ocurrido -repetidamente- con tantas otras cuestiones y escándalos hasta hace poco sonados y ya olvidados) los Kirchner se ven impelidos a obtener recursos dinerarios de otras fuentes. El problema consiste, justamente, en que la mayoría de tales fuentes están agotadas.

Cerrado el financiamiento internacional, tanto por el repudio de la deuda externa e interna, como por el progresivo desmantelamiento de las instituciones, desalentando las inversiones extranjeras llevado a cabo por los K, han debido recurrir -una vez mas- al aliado político e ideológico venezolano, el socialista Hugo Chávez, quien ha adquirido bonos argentinos a tasas de usura, al son que el índice del riesgo-país crece a niveles acelerados y mas que preocupantes por las erradas políticas económicas y diplomáticas de la pareja "imperial".

Consecuentemente –y aquí de conformidad a sus presupuestos ideológicos- el matrimonio K ha emprendido un proyecto de re-estatización de varias empresas –otrora a cargo del estado- que habían sido "privatizadas" en la década anterior. En realidad, por mucho que jurídicamente se mantenga una estructura formal de orden y apariencia "privado", lo cierto es que, en términos reales, la economía -en general- se encuentra fuertemente estatizada, primordialmente mediante los tristemente célebres controles de precios impuestos desde la secretaria de comercio de la nación, lo que implica que muchas empresas que el vulgo considera "privadas" (simplemente porque sus titulares estarían fuera de la órbita burocrática), en realidad se encuentran estatizadas por la vía de los precios políticos fijados desde esa misma órbita.

En otro orden, la fuga de divisas, sea por falta de inversiones o por su erradicación –producto de muchas de las medidas antes enumeradas- obliga al banco central a incrementar la tasa de emisión monetaria, en otros términos, a aumentar la inflación, con el consabido efecto de distorsión de los precios relativos, causa principal del descalabro económico que -por todos los sectores- evidencia el país.

Todos estos hechos -que solo el gobierno y sus socios niegan en tanto el resto del mundo dentro y fuera de la Argentina observa con sorpresa y pasmo-, son producto de las políticas que, desde el arribo mismo al poder del matrimonio Kirchner, no han hecho otra cosa que llevar al país de un fracaso al siguiente. Las excusas esgrimidas para justificar el aumento de la presión fiscal han sido tragicómicas, porque -bien vistas- han representado una cabal confesión de la pareja tiránica respecto de cómo le han mentido al pueblo durante toda su larga gestión.

En efecto, dijeron los K que las retenciones irían destinadas a mejorar la distribución del ingreso y evitarían -al mismo tiempo sostenían- el incremento de la inflación que, -hasta hace poco- negaban. Ahora bien; la pregunta lógica que cualquier persona de escasas luces se haría en este caso es la siguiente: si hoy es necesario –según los K- imponer retenciones para mejorar la distribución del ingreso, ello implica que hasta el presente, esa distribución no se hizo en modo alguno, o si se hizo, no se hizo bien, lo que -a la vez- nos lleva de la mano a la conclusión de que el propio gobierno esta admitiendo –por esta vía- que la pobreza no se ha reducido en su gestión, como en contrario asegura desde hace años atrás.

Por lo demás -y siguiendo la extraña gama de absurdos expuestos por los K repetidamente- cabría (siempre con escasas luces) volver a preguntarnos lo siguiente: si durante un lustro no pudieron evitar ni reducir la inflación ¿cuál es la garantía de que podrán hacerlo en el lustro siguiente? ¿No han pagado ya los argentinos un alto costo social, lo suficientemente gravoso como para seguir confiando en la impericia de dos facinerosos usurpando el poder político?. No creo que haya una lectura más clara de la patente confesión de incompetencia efectuada por el par de siniestros gobernantes argentinos.

Si a la pareja Kirchner se les pudiera aplicar el célebre aforismo jurídico por el cual "nadie puede alegar su propia torpeza", estos dos personajes serían los campeones mundiales de la hipocresía y los eternos derrotados en todos los fueros jurídicos donde –efectivamente- se aplicara el apotegma citado.

En una palabra, con la medida de las retenciones han admitido -en los hechos- que lo que dogmatizaron en el discurso durante toda su gestión fue -descarada e hipócritamente- falso. En todos los casos, se trata la admisión del fracaso de su gestión de gobierno, con lo cual, lo más honesto que podrían -hoy por hoy- hacer, sería que renunciaran y que convocaran –anticipadamente- a unas prontas elecciones.

Para los Kirchner el dinero es poder y el dinero se acabó. Vano es esperar que sacrifiquen algunos centavos de su enorme fortuna para poder mantenerse en el poder; como socialistas que son no están ideológicamente preparados para ello. Y en el mismo carácter, solo conocen un medio de hacer dinero: esquilmando y saqueando a los demás.

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros : La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo.

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