Tasas e impuestos

 Por Gabriel Boragina ©

Juristas y tributaristas suelen distinguir entre tasas e impuestos:  

"Por lo demás, agrega, el impuesto es general; la tasa no lo es. El impuesto debe ser pagado por todos los que se encuentran en la condición que la ley contempla al ser sancionada; así, el impuesto territorial debe ser pagado por todas las personas que poseen bienes inmuebles; los impuestos aduaneros deben ser oblados por los que exportan e importan mercaderías y los impuestos sobre las rentas por los titulares de aquellos que la ley grava, provengan del trabajo o de los capitales, salvo las excepciones que la misma ley establece. En las tasas no es general el pago: debe satisfacerlas quien se beneficia del servicio o mejora"."[1]

Si esto se limita a ser una descripción de lo que sucede en la vida real no hay nada que objetar. Efectivamente, todas esas personas pagan impuestos por una o más leyes que así lo decretan. Ahora bien, lo que nos interesa en el núcleo a nosotros son los efectos de estos actos desde lo económico, es decir, desde el punto de vista del bienestar y prosperidad de la gente, y en este aspecto ya explicamos que son antieconómicos, atentatorios a la libertad de las personas, perjudiciales para su bienestar, y barreras casi infranqueables para la prosperidad general. Vamos más allá de una mera descripción de lo que pasa, y no nos preocupan los inútiles tecnicismos a los que son tan afectos los juristas como los que aquí estamos comentando. Ellos, como observamos, se conforman con navegar por la superficie, nosotros -en cambio- preferimos bucear y estudiar causas y efectos concretos, tanto particulares como generales.

Por lo demás, los impuestos son inmorales, aunque jurídicamente se los considere "legales". Obviamente las leyes fiscales no son las únicas leyes inmorales que existen. Recordemos que una institución que perduró desde los comienzos de la historia hasta el advenimiento del liberalismo (tardíamente hacia fines del siglo XVIII) como lo fue la esclavitud estaba fundada en leyes que así la permitían. Las leyes de la esclavitud fueron perfectamente legales en la antigüedad, hasta el advenimiento del liberalismo (siglo XVIII) pero su intrínseca legalidad no las privaba de su manifiesta inmoralidad.

Sin embargo, a nivel popular hoy en día se consideran ilegales e inmorales por desconocimiento histórico y poco estudio de las materias implicadas. Naturalmente, siempre fueron inmorales. Pero, así como el ejemplo de la esclavitud hoy derogada (al menos formal y legalmente) muchas otras leyes "modernas" son igual de inmorales como los fue la legislación de esclavos que regulaba la vida de personas como si fueran cosas.

Si todos pagan impuestos, y solo algunos pagan tasas, entonces hay un doble gravamen para los que pagan tasas, lo cual es doblemente inmoral. Esto es lo que importa, y no los tecnicismos y refinamientos "legales" para justificar lo injustificable.

"Algunos otros autores distinguen los impuestos de las tasas alegando que, con les impuestos se paga el conjunto de los servicios que el Estado presta; con la tasa se paga el servicio o un beneficio especial. Los impuestos se refieren, sostienen algunos, al pago de un servicio indeterminado o del conjunto de los servicios que el Estado presta; otra diferencia emana de que el impuesto es siempre coactivo y la tasa lo es sólo en ocasiones excepcionales especificadas por ley."[2]

El "estado" no existe y como tal le es imposible "prestar servicios". Se tratan de servicios que prestan unas personas encaramadas en el poder bajo la etiqueta de "gobierno" y que para dar esos servicios primero han tenido que despojar -brutal o delicadamente, no tiene mayor relevancia- de dineros a ciudadanos pacíficos que trabajaron para ganárselos y que se ven obligados a ser victimas indefensas del gobierno ladrón de turno. El ladrón estable es el gobierno, porque esta así dispuesto en las leyes que lo han "creado"; los ladrones circunstanciales o temporarios son los diferentes partidos o personajes que ocupan puestos de gobierno, conforme se van sucediendo unos tras otros. Es decir, es la institución la que exige que quienes la ocupen tengan para cumplir con sus funciones de robarle a la gente. Y el que medien leyes que así lo habilitan no va en mengua de su injusticia y su inmoralidad como expusimos.

Pero, en fin, la cuestión de este asunto entre tasas e impuestos es que el que paga la tasa sufre un doble gravamen, porque además del impuesto que debe sufragar sin haber recibido ningún servicio, debe por encima de ello, oblar otro más por un servicio que no demandó y el cual está obligado a recibir por deficiente que sea y por caro que resulte. Al no tener opción al respecto, su posición real es análoga a la del esclavo que no era dueño del fruto de su trabajo.

"Reconoce la doctrina en general que estos son los rasgos caracterizantes de una y otra contribución. En general, los elementos más importantes son: a) La prestación pecuniaria del individuo no va acompañada de una contraprestación especial e inmediata por parte del Estado; b) No hay una relación entre las dos nociones "impuestos", "gastos";"[3]

Lo más importante es hacer hincapié que los "servicios" que "prestan" los burócratas (gobierno) son servicios que se ven impedidos de prestar sujetos privados que están verdaderamente preparados y capacitados para ofrecerlos al mercado si el gobierno no los hubiera captado antes vía fiscal. Los burócratas que deseen explotar, por ejemplo, petróleo, siempre lo harán en condiciones más gravosas y menos ventajosas que cualquier empresa petrolera privada especializada en la tarea. La burocracia deberá contratar a esos especialistas del sector privado y pagarles salarios que también deberán salir de los bolsillos de la gente del lugar previa expoliación fiscal, cuando la verdadera prioridad en esa región quizás sea la de producción de alimentos y no la de petróleo. Todo se traduce en un dispendio fenomenal: el gobierno gasta en lo que quiere y no debe, los recursos se desvían hacia tareas menos prioritarias y menos productivas, y las necesidades reales de la gente quedan sin satisfacer. Sean tasas o impuestos los efectos son análogos: negativos.


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

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