"Vamos a volver"


Por Gabriel Boragina ©

"Vamos a volver" es el cántico de los adherentes al partido peronista. Es una adaptación más reciente del creado a fines de los sesenta y comienzos de los setenta que decía "Luche y vuelve" en alusión al General Juan D. Perón entonces confinado en su exilio en España. Es decir, el "Vamos a volver" no es una creación reciente, ni se aplica solamente a la actual coyuntura política, sino que es más una declaración de principios del peronismo. Y podría decirse que les ha ido bien con esa muletilla constante y tediosa, porque siempre han vuelto. Volvió Perón de su largo exilio y fue ungido con una tercera presidencia, y luego de Perón volvieron sus "muchachos peronistas" una y otra vez al gobierno.
Pero más allá de sus vueltas al gobierno argentino, todas ellas para quedarse largos años disfrutando del poder, el "Vamos a volver" tiene un significado más profundo todavía, porque es una fe de dogmas que ya se han hecho parte de la historia política del país. Es volver al pasado. En Argentina no es un "Vamos hacia el futuro", "vayamos hacia adelante", "al porvenir". No. Es "Vamos a volver" ¿a "volver" adonde?
Sólo se puede volver al pasado, a la década fascista del 40 cuando el peronismo trepa al poder y comienza una obra destructiva que llega hasta nuestros días. Es esta Argentina, la Argentina que siempre está diciendo "Vamos a volver"… hacia atrás, hacia el atraso, hacia la pobreza, hacia la miseria, hacia lo que nunca funcionó en ninguna parte del mundo.
Por eso Argentina no crece, no se levanta, no asciende, porque siempre está volviendo, ayer como hoy volver hacia el único punto donde se puede volver… hacia atrás. Todo eso está plasmado y queda representado por el famoso cantito "Vamos a volver", que entonan hoy con alegría los de ayer y hoy "muchachos peronistas".
Entonces, la filosofía política argentina es un eterno retroceder que está representado por la facción peronista. Y siempre me he negado a los distintos "ismos" que se han querido formar con los apellidos de sus dos últimos personajes (Menem y Kirchner) porque el único "ismo" válido es el del fundador del partido (J. D. Perón) y que los discípulos no sólo han dicho profesar lealtad a su líder, sino que han querido "adaptar" sus ideas dirigistas a épocas "modernas" y a las coyunturas en las que les tocó gobernar.
Como acertadamente se ha dicho muchas veces, la "lógica" del peronismo ha sido y es la del poder por el poder mismo. Por eso Perón fue fascista durante sus dos primeros gobiernos (donde gritaba “¡Ni yankees ni marxistas, peronistas!”) pero debió "tolerar" a la izquierda dentro de su movimiento durante su tercer periodo.
Por análogos motivos y para mantenerse en el dominio, Menem se vio forzado a autorizar medidas económicas (por caso privatizaciones monopólicas y oligopólicas) que jamás había aceptado antes de llegar a la presidencia de la nación, pero la coyuntura económica existente al momento de su arribo al gobierno no le dejaban margen alguno para aplicar el populismo abiertamente fascista del fundador de su partido y en el cual él verdaderamente creía. Debió ser pragmático. Y también, por el mismo motivo el matrimonio Kirchner tuvo -para conseguir mantenerse en el gobierno- que aplicar las recetas contrarias a las que había tomado su predecesor partidario quien -a ese tiempo- había ganado alguna creciente impopularidad.
De la misma manera que Menem debió dar cierto giro hacia la "centro-derecha" como se decía, los Kirchner tuvieron que hacerlo hacia la "centro-izquierda" conforme se discutía entonces. Todo (para tanto en un caso como en el otro) no perder ni un gramo de autoridad. Es decir, siguiendo la lógica del líder y fundador del partido.
La constante en el peronismo y de estos personajes siempre fue la de "El fin justifica los medios" (Maquiavelo) y como "el fin" es fue y es el poderío, los medios han de adaptarse a esos fines, si es necesario se habla de "Economía popular de mercado" (Menem) o de su contrario (Kirchner y "Sra."). Todo vale en y dentro del peronismo cuando de lograr y mantenerse en la cúspide del poder se trata.
Y desde luego, la democracia cae dentro de la misma "lógica"; es para ellos sólo un mecanismo formal para acceder a esa cima política que tanto anhelan, por la cual luchan en forma constante sean gobierno u oposición. Y esta última palabra es clave: el peronismo esta tan acostumbrado a gobernar (a su antojo) que siendo la primera vez que debió ser oposición en el gobierno de Macri, no supo serlo más que de la manera en que ellos siempre han accedido y permanecido en el mando: conspirando y saboteando cualquier medida que tome alguien que no perteneciera al "movimiento" y al que circunstancialmente le toque gobernar. Prescindiendo de las torpezas, errores y desconocimientos propios de los gobiernos de Alfonsín y de De la Rúa también lo hicieron con estos anteriormente, si bien con mayor éxito que con el presidente Macri.
Pero regresando al punto inicial, el "Vamos a volver" es ya casi como una "filosofía" de toda la Argentina. Es como un compromiso con el pasado, con todo lo retrogrado, con todo lo que paraliza e inmoviliza, con una actitud sociológica que impide a los argentinos crecer. Una visión psico-filosófica de un constante mirar hacia atrás y ambicionar un pasado de autoritarismo, de pobreza, de estancamiento.
Una actitud enfermiza de una sociedad enferma en lo más profundo de su ser. Todo eso la Argentina lo sintetiza en el "Vamos a volver" peronista, porque el peronismo se ha infiltrado hasta en las fibras más íntimas del ser nacional, se milite en el partido que se milite, todo está impregnado de peronismo, es decir de retraso, anacronismo, primitivismo, tribalidad en su más áspera expresión. Eso es -hoy por hoy- la Argentina en la que se vive. ¿Qué futuro le espera a una nación que en lugar de aspirar al porvenir sólo repite y ansia el "Vamos a volver”? Y -paradójicamente- quienes corean como loros "Vamos a volver" se llaman a sí mismos progresistas ¿alguna vez se ha visto incoherencia mayor?

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