Pobreza, moral y religión

Por Gabriel Boragina ©
En el debate sobre la pobreza existen muchos ángulos de opinión que enfrentan a distintos sectores sociales. No obstante, suele existir un consenso generalizado sobre que la pobreza es un estado indeseable de cosas que debe ser suprimido, eliminado o al menos reducido, a cualquier costo y mediante la implementación de medidas de cualquier género. Hay, con todo, posturas que no son del todo claras como sería de querer y, en ese marco, podemos encuadrar la posición de políticos, periodistas, analistas sociales, religiosos y teólogos. Veamos seguidamente un punto de vista católico sobre el tema, que por supuesto, no lo agota:
"Al igual que sucede con la idea de “justicia social”, la expresión “opción preferencial por los pobres” es parte del lexicon católico. Algunos utilizan la frase para insistir en la aplicación de políticas económicas de corte intervencionista. El Magisterio Social de la Iglesia católica, sin embargo, conduce a conclusiones más matizadas –tanto a nivel económico como teológico."[1]
Lo expuesto en el párrafo anterior podría llevar a la apresurada suposición de algún lector de que la Iglesia católica no ha sido o no es partidaria de adoptar "políticas económicas de corte intervencionista", pero quien esto concluyera de la cita del autor comentado estaría cayendo en un gran error. La Iglesia ha sido y lo sigue siendo en alguna medida favorable a la adopción de tales políticas como instrumento para suprimir o -al menos- reducir la pobreza, lo que la conduce a posiciones más que ambiguas en torno a la cuestión. La Iglesia a menudo ha exhortado (y aun lo hace) con mucho mayor énfasis a que los estados-nación patrocinen políticas intervencionistas en favor de los pobres.
"La expresión "opción por los pobres" cobró fuerza en el pensamiento católico hacia finales de la década del ‘60 y durante los ‘70. El término sirvió de inspiración para varias formas de teología de la liberación durante esa época, pero afirmaciones de este tipo tienden a restar importancia al hecho de que la Iglesia siempre ha mantenido una especial predilección por los pobres."[2]
Esto ha hecho pensar en muchos que la Iglesia ha presentado a la pobreza como una virtud, como un ejemplo de conducta, como algo a seguir, a imitar, una preferencia o forma de vida. Y ciertamente no han sido pocos los representantes de la Iglesia católica que se han manifestado en tal sentido y han condenado la riqueza como pecaminosa y merecedora del infierno, fuente de toda culpabilidad y el peor de los pecados. Esa predilección se ha interpretado como una preferencia por una forma de vida querible. Cuanto más miserable la condición económica de las personas más elevados se encuentran espiritualmente ante los ojos de la Iglesia. Naturalmente no compartimos esa exégesis. Solo la exponemos.
"Los profetas del Antiguo Testamento se expresaron rotundamente contra la opresión de los pobres, por no mencionar las palabras de Cristo, donde Él mismo enseña que se le puede reconocer entre los pobres y los que sufren persecución. Más aún, el amor por los pobres y los marginados se puso en práctica desde los mismos inicios de la Iglesia. En tiempos del Imperio Romano, por ejemplo, los paganos –griegos y romanos– quedaban asombrados ante el afán que manifestaban los católicos por ayudar a los enfermos y discapacitados, los ancianos y los abandonados, independientemente de que estos fueran cristianos o no."[3]
Aquí se mezclan varias cuestiones diferentes. Una es la opresión de los pobres, y otra distinta el amor por ellos. Serían opuestos. Se podría decir que la distinción es obvia, pero no es clara entonces cual sería la opción o preferencia. La lógica indica que la opción será optar por la no opresión de los pobres, pero ¿Qué tipo de opresión debería evitarse contra ellos? Suponemos que la económica. Esto definiría, pues, la opción o predilección como aquella conducta que no oprima a los pobres y amarlos. Ese amor se expresaría con no oprimirlos. Pero hay una cuestión que se omite en todo lo visto hasta aquí y lo que queda por verse del tema y de la que nos hemos ocupado en otras partes. Y es aquella que muchos pobres optan voluntariamente por su estado de pobreza y se niegan a salir del mismo. Ergo, desde nuestro propio punto de vista, la opción debería ser, no por no oprimir a los pobres sino por la de la libertad de estos ¿Qué tipo de libertad? La libertad de permitirles ejercer su propia opción por permanecer pobres o por salir de su pobreza. Este último análisis suele estar ausente en textos como el que ahora nos encontramos examinando. No obstante, a nosotros esta última cuestión nos parece de mayor importancia que la primera.
"La comprensión católica de la pobreza, sin embargo, no comete el error de imaginar que la pobreza se reduce al problema de la privación de bienes materiales. Durante los años ‘80, en medio de la más aguda crítica a la Iglesia hecha por la teología de la liberación, bajo influencia del marxismo, la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) recordó a los católicos que la pobreza tiene un significado bastante más amplio en el contexto de la fe, el pensamiento y la praxis cristianas."[4]
La principal dificultad reside -a nuestro juicio- en no haber entendido que el Señor Jesús exaltó la pobreza en espíritu (conforme enseña Mateo) y no la pobreza material. Textualmente: "Mat 5:3 Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos". No hay pues una referencia concreta y directa a la pobreza material:
"los pobres en espíritu. La frase en espíritu modifica a pobres, que normalmente se refiere a los que no tienen posesiones materiales ni para las necesidades de la vida. Aquí los pobres, lo que no tienen es el egoísmo y la arrogancia de los fariseos que creían que sus esfuerzos y méritos les habían concedido una posición especial delante de Dios (cp. Lc 18:9–14)."[5]
En suma, la palabra "pobres" ha de aplicárseles a los humildes de corazón y no a los carentes de recursos materiales. La pobreza material no es pues una virtud, ni un estado óptimo para los seres humanos como se ha querido interpretar. Sino que lo ambicionado es la pobreza entendida como actitud como disposición de ánimo.

[1]Samuel Gregg. "LA EMPRESA Y LA OPCIÓN POR LOS POBRES". Fuente: Legatus Magazine http://www.legatusmagazine.org/business-and-the-option-for-the-poor 1 de febrero de 2014
[2] Gregg S. ibidem
[3] Gregg S. ibidem
[4] Gregg S. ibidem
[5] LA BIBLIA DE LAS AMÉRICAS. Copyright © 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation. Comentario a Mateo 5:3

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