En torno a la "desocupación tecnológica"



Por Gabriel Boragina ©

Se ha dicho que, en materia laboral, el problema es que el empleo será un bien cada vez más escaso en una sociedad con un progreso tecnológico que suplanta la mano de obra intensiva, sobre todo en la industria, aunque también en la agricultura como se ha visto con los "pooles" de siembra en Argentina. Pero la experiencia y la observación más simple desmienten por completo todo lo anterior, ya que es precisamente en las sociedades donde existe mayor progreso tecnológico donde el empleo aumenta y no al revés. Es el progreso tecnológico el que hace que hoy existan más industrias (ejemplo típico el de la gran industria informática, inexistente hace pocos decenios atrás). También es falso que aumente el desempleo en la agricultura, ya que este sector está cada vez más ligado al de la industria, lo que hace hoy en día una categoría obsoleta la antigua división entre "industria y agricultura". Este último sector depende cada vez más del primero. Y al aumentar el empleo -por las razones señaladas antes- en el sector industrial también, por lógica consecuencia, aumenta el empleo en el sector agropecuario.

Pero se insiste que, frente a un empleo escaso, ¿como conseguir que toda la población posea un standard de vida aceptable? En el punto anterior demostramos ser falso que el empleo fuera más "escaso por causa del progreso tecnológico". Ahora diremos que el empleo no crea riqueza sino que es al revés: la riqueza crea empleo. Si de repente compro un campo que -sin saberlo yo antes- tenía un enorme yacimiento de oro, me volveré rico de la noche a la mañana sin haber trabajado ni un segundo. Que el trabajo "crearía riqueza" es la antigua y ya descartada "teoría laboral del valor" que propulsaran los tristemente célebres K. Marx y F. Engels. Sólo los ignorantes siguen propagando dicha "teoría" tantas veces refutada, especialmente por la Escuela Austriaca de Economía. Ninguna persona que posea mínimos conocimientos de economía cree ya en dicha falacia. El nivel de vida aceptable no viene dado por empleo, sino por la tecnología. Si un empleado de cocina hace una hamburguesa por día cuando una máquina hace 10 hamburguesas por día, la gente estará mejor alimentada en el caso de la máquina que en el del cocinero manual. En el segundo caso (el de la máquina) el estándar de vida de la gente es más aceptable con 10 hamburguesas diarias hechas por un aparato, que con una hecha por un hombre. Lo que prueba que es la tecnología y no el empleo lo que eleva el nivel de vida de la población.

También se dice que el área de servicios ha crecido en todos los países desarrollados, en detrimento de la industria y el campo. Pero es un error. El área de servicios si ha crecido, pero NO en "detrimento" de la industria y el campo, sino ACOMPAÑANDO a ambos en su crecimiento, tal como quedó explicado más arriba. Y este crecimiento fue puramente debido al progreso tecnológico más que a ninguna otra razón.

Pero –se afirma- aún en dichos países existe desempleo y subsidio a los desempleados. Existe sí, porque el subsidio a los desempleados es el que origina el desempleo, y no al revés. Si recibo un subsidio al desempleo ¿por qué me voy a molestar en buscar un empleo si puedo cobrar lo mismo o -al menos- algo sin hacer absolutamente nada? El subsidio al desempleo alienta el desempleo y no al revés. A mayor subsidio al desempleo, mayor desempleo. Es una regla que se cumple casi matemáticamente.

No se cree, en ocasiones, que una desregulación total de la economía asegure el pleno empleo. Pero la historia ha demostrado lo contrario, y lo sigue demostrando. Históricamente, las economías más desreguladas tienen mayores tasas de empleo. Donde la economía esta mas regulada el desempleo crece. Es cuestión de estudiar un poco mínimamente las estadísticas. La conclusión de estos estudios es muy clara: si la desregulación fuese total el desempleo caería a niveles cercanos a cero o a cero directamente. Se trata simplemente de aplicar la lógica a las comprobaciones estadísticas.

          ¿Qué sucedería –se pregunta- con los desempleados en el lapso de tiempo que lleve pasar de una economía dirigista a una economía en que el gobierno no estorbe "con regulaciones, leyes, y desde luego impuestos"? Los desempleados se irían reacomodando en nuevos puestos de trabajo, porque al irse abandonando el dirigismo el mercado empezaría a crear nuevas fuentes de empleo, además de las fuentes de trabajo que se irían liberando de la tutela dirigista, y los cambios se operarían en el sentido apuntado. Lo relevante es que en la actual economía dirigista mundial el desempleo crece y no baja. Acá es donde debemos centrar el foco de atención, y no en cuestiones anecdóticas. Sólo el mercado libre puede crear empleos. Ningún gobierno puede reemplazar al mercado ni en esto ni en nada. El gobierno sólo puede obstruirlo, anularlo o intentar aniquilarlo. Pero ni siquiera esto último puede lograr el gobierno (dirigista o no).

En el caso –se cuestiona- de que al lograr una desregulación total de la economía persista el desempleo: ¿Que se hace con los desempleados?. No es esto lo que ha sucedido nunca en ninguna parte donde se hayan realizado desregulaciones económicas. La experiencia histórica, la teoría y la estadística han demostrado (y siguen demostrando) que: a toda desregulación el empleo ha crecido. Y en sentido inverso: a mayor regulación el empleo ha disminuido. Tenemos que regirnos por los datos históricos y experimentales en este aspecto, y no a meras hipótesis o pareceres personales que, por muy respetables que sean (y lo son), no dejan de ser eso: meros pareceres personales. En suma, se plantea una hipótesis ("desregulación + desempleo") que jamás se ha dado en ninguna parte. No existen razones ni lógicas ni de otro tipo como para que tengamos que suponer que ese escenario apareciera. En el plano de la realidad, estamos lejos de una desregulación total de la economía. No porque no sea deseable (lo es y mucho), sino por dos motivos fundamentales: ignorancia o mala fe en quienes deberían implementarla.

Intervencionismo, impuestos y productividad


Por Gabriel Boragina ©

Las creencias populares sobre economía continúan siendo bastante disparatadas, a pesar de la cantidad de aportes que ha hecho la Escuela Austriaca de Economía en pos de la cordura económica. Los dislates más difundidos en la materia vienen de la mano de "economistas" (algunos inclusive renombrados premios Nobel) que son entusiastamente propagados por la prensa internacional como portadores de "recetas mágicas" que siempre incluyen a los gobiernos en su papel de artífices "insustituibles" de la política económica.
En este lugar, volveremos a examinar algunas de las falacias y absurdos más creídos aun hoy en día en temática económica. En primer término, la estúpida idea (contraria al más elemental sentido común) de que "cobrándole más impuestos a los ricos se mejora la condición de los pobres". Al respecto se citan -equivocada y aburridamente- los casos de los países nórdicos, Alemania, Francia y los llamados "tigres asiáticos".
Esos países, no son "mas" productivos porque tienen más impuestos sino al revés. Serian más productivos si tuvieran menos impuestos. No debemos poner "la carreta delante del caballo". Dado que la ignorancia sobre este punto es tan grande (incluso -como decimos- entre destacados profesionales), explicaremos el tema como si lo hiciéramos a un niño de corta edad, usando el ejemplo típico que se da en las escuelas para enseñar aritmética, que es el de las manzanas (los lectores podrán usar la fruta que prefieran si no les gustan las manzanas, ya que vale tanto para naranjas, peras, como para dólares o euros). Es una cuestión de simple lógica que si tengo una manzana hoy, y mañana paso a tener dos, eso significa que he sido más productivo en términos de manzanas. Si al día siguiente paso a tener tres manzanas implica que mi productividad se ha multiplicado por tres, desde una situación original en la cual no tenía ninguna manzana. Esto es tan simple que hasta el niño más atrasado en la escuela puede entenderlo a la perfección.
Ahora bien, si tengo dos manzanas y el gobierno me cobra una de impuesto, me queda una manzana, no dos ni menos aun tres!!. No soy "mas" productivo después del impuesto .sino menos! La cuestión no cambia en nada si en lugar de dos manzanas estuviéramos hablando -por ejemplo- de dos millones de dólares. La aritmética funciona igual en este último caso, de tal suerte que si tengo dos millones de dólares y el gobierno me cobra un millón en impuestos, me queda un millón, no los dos, ni menos aun tres millones como dicen los gobernantes nórdicos o europeos para justificar sus políticas de expoliación al sector productivo de la economía. Porque, después de todo, de esto se trata el impuesto: de expoliar al sector productivo de la economía que se vuelve cada vez mas improductivo en la medida que la expoliación continúe, y dejará de ser productivo en la exacta medida en que la expoliación del gobierno no sólo se perpetúe sino que se acreciente.
En suma, cobrar más a los ricos empobrece más a los pobres. Esto lo vemos por todas partes. Vale el ejemplo de las manzanas.... y toda la estadística e historia económica del mundo. Ningún país se ha "desarrollado" en base a impuestos. Si no todo lo contrario. Lo que resta no puede sumar!
Hoy en día es frecuente citar el caso de China como país que "progresa" en base a un sistema intervencionista, mixto o hibrido, que combina "políticas" capitalistas con socialistas. Pero es un gravísimo error suponer que China haya prosperado "por aplicar una mezcla" de políticas capitalistas/socialistas, es decir, aplicando intervencionismo. La lectura correcta del caso chino es que ese país hoy mejora "A PESAR" de la "mezcla" y no "POR", o "DEBIDO A" ella. Son cosas diferentes.
Primero, porque -vuelvo a repetir- el capitalismo no es una "política". Es un sistema económico. Son  cosas diferentes. China "adelanta" porque aplica algunas pocas medidas capitalistas (tímidas aperturas al comercio exterior por sobre todo). Y no por su "mezcla" con otras socialistas. Y ese "prosperar" es muy pobre en comparación a lo que lo sería si hubiera más capitalismo en China (lo que en otras palabras implicaría: más libertad, más propiedad privada, más economía libre, etc.).
Por lo demás, a nosotros no nos interesan los "países" como entelequias. Nos importan los pueblos, la gente, las personas, los seres humanos en una palabra. Los "países" en rigor no existen. Son ficciones, hipóstasis, entidades -en última instancia- mentales. Las que existen son las personas, los seres humanos reales y concretos. Esto es lo que nos concierne a los pro-capitalista como yo. No los estados-nación. Aclaro esto porque (más allá de las diferencias conceptuales en materia política-jurídica) entre los vocablos "país", "estado", "nación", etc. con estas expresiones vulgarmente se aluden a los gobiernos exclusivamente. Lo que sucede aun cuando se utilice el nombre específico de un determinado país. Así, cuando la gente dice cosas como por ejemplo "Francia arribó a un acuerdo comercial con Alemania", lo que en realidad se está queriendo decir es que "El gobierno francés llegó a un acuerdo comercial con el gobierno alemán" que -por otra parte- designa correctamente el hecho real enunciarlo de este último modo. Formularlo así deja abierta la posibilidad a pensar que, tanto el pueblo alemán como el francés podrían -en realidad- estar en contra del mentado "acuerdo" entre sus dos gobiernos (cuestión que -por lo general- se da con harta frecuencia).
Es crucial en este último sentido que la propiedad privada pertenezca al pueblo y no al estado-nación.
           Tanto desde el relativismo epistemológico (que tan bien refutara Ludwig von Mises) como desde el constructivismo (hecho trizas a su turno por el Premio Nobel, Friedrich A. von Hayek) se quieren relativizar los hallazgos notables de la Escuela Austriaca de Economía, parte de los cuales consisten en lo que hemos venido enumerando en los párrafos precedentes. Pero el mérito de esta escuela ha residido justamente en dar por tierra con los sofismas relativistas y de la pléyade de ingenieros sociales que pueblan las cátedras y gobiernos del mundo.

Economía, teorías e impuestos



Por Gabriel Boragina ©

La economía es una ciencia social, y como tal se funda en teorías. Pero todas las ciencias (llamémoslas como deseemos llamarlas, sea "exactas", "humanísticas", "sociales", etc.) se basan en teorías y doctrinas. Por lo que recusar a la economía diciendo que los datos que brinda "no son exactos" denota nuevamente la ignorancia más supina. En primer lugar, la economía no proporciona "datos" y "a partir" de estos elabora sus teorías, sino que su tarea consiste en el procedimiento inverso: en analizar los datos de la realidad a la luz de previas teorías ya elaboradas, lo que en praxeología se denomina el método axiomático deductivo.
Pero lo más gracioso o curioso del caso es que, los detractores de la praxeología tampoco nos dan datos, ni comprobables, ni inequívocos, ni irrefutables de sus "afirmaciones" antojadizas y hechas "al aire". Es más, no nos dan dato alguno. El quid de la cuestión es que la verdad no se encuentra en los datos en sí mismos, sino en las teorías bajo la óptica de las cuales esos hechos vayan a ser analizados y estudiados. Y resulta indudable que no todas las teorías que han existido y existen son verdaderas (lo propio cabe inferir de las teorías futuras). En tanto unas lo son, otras no lo son en absoluto. Si dos teorías opuestas intentan explicar un idéntico fenómeno, ambas no pueden estar en lo cierto al mismo tiempo y en igual sentido, en tanto y en cuanto se contrapongan entre sí. Por ello, es un error garrafal, típico del ignaro más completo, creer que la economía funciona en base a "encuestas, censos, entrevistas", etc. Esto es "poner el carro delante del caballo". Ya que "encuestas, censos, entrevistas", etc. serán diferentemente interpretados a la luz de las disímiles teorías que sustenten las personas que -en definitiva- examinen los datos recopilados. Inclusive la selección de antecedentes estará condicionada enteramente por las teorías de los encuestadores, entrevistadores, etc. cuyas conclusiones contrastarán de acuerdo al distinto criterio de cada uno.
La economía comprende todas las variables observables en el mundo real, porque tiene un enfoque auténticamente totalizador, ya que al partir su análisis de la acción humana, considera todas las conductas que se derivan de este último presupuesto, y que reciben el nombre de implicaciones lógicas de la acción. En este sentido, la economía no es el estudio de "variables escasas" como repiten los incompetentes en la materia (los que abundan). Ni aplica el supuesto ceteris paribus, salvo para explicar teoremas, pero siempre asumiendo que el hipotético ceteris paribus jamás se da en el mundo real.
Estas son las razones por las cuales los estatistas no pueden comprender ciertas cuestiones básicas de la economía, ni tienen las herramientas conceptuales necesarias como para conseguir interpretar los datos de la realidad, lo que les impide intuir como funcionan ciertos mecanismos, como el fiscal en contra de los que menos tienen.
Por tales motivos, es que los anticapitalistas no logran entender que -en términos relativos- el pobre paga más impuestos que el rico en nuestro sistema estatista de hoy. En principio, es cierto que los ricos tributan cuantitativamente más impuestos que los pobres en términos nominales, pero cuando se analiza el tema desde el punto de vista de la economía real la cuestión cambia dando un giro de 180º, y la conclusión a la que se arriba es exactamente la inversa. La explicación a esto último reside en la teoría de la utilidad marginal, cuyo funcionamiento sigue siendo un misterio para los estatistas (y eso, por supuesto, cuando alguno de ellos la oyó nombrar, lo que no es frecuente).
Particularmente, causa cierta ternura la "ingenuidad" de muchos anticapitalistas cuando declaran "convencidos" que "mayores alícuotas impositivas harán que los pobres se capaciten". Más allá que jamás definen lo que entienden por un "pobre", uno diría que les faltaría experiencia de vida al no haberse enterado que hay pobres que no desean capacitarse. Otra posibilidad es que, los estatistas que aquello afirman, sean genuinamente hipócritas al desconocer la realidad. Una tercera hipótesis es que deseen que los pobres se capaciten "a punta de bayoneta". Si este fuera el caso, obligarlos sería hacer lo que hizo Stalin en la URSS...trabajos forzados o...marchar al campo de concentración.
Las mismas reflexiones caben hacer cuando dicen que "mayores impuestos crearán más trabajo para los pobres". También parecen omitir que hay pobres que no quieren trabajar. Máxime cuando es política de la mayor parte de los gobiernos mundiales otorgar subsidios, ayudas, transferencias directas, subvenciones, auxilios, planes "sociales", etc. a personas sin empleo, lo que, al tiempo que incentiva el ocio, desincentiva la voluntad de trabajar y, como tercer efecto, estimula la demanda de mas y mayores subsidios y ayudas económicas, con lo cual las filas de las personas que evitarán buscar trabajo o que dejarán de trabajar para recibir el dinero del subsidio serán cada vez más largas y concurridas. Pero ignorantes recalcitrantes en economía, tampoco pueden dilucidar que los impuestos destruyen fuentes de trabajo, jamás las crean.
A lo anterior, corresponde agregar que también prescinden que no todos los trabajos son productivos. Los hay improductivos, y son muchos. El mercado libre de injerencias estatales es la única fuente genuina de trabajo productivo, que lo que necesita para funcionar es que el gobierno no lo estorbe con regulaciones, leyes, y desde luego, tampoco impuestos.
El problema, no es sólo el dato cierto que los impuestos van en su mayor cuantía a los bolsillos de los funcionarios, burócratas y, sobre todo, gobernantes de turno. Ese siempre es su destino entre un 55% a un 95% de los casos, en tanto que entre un 45% a un 5% de los impuestos se distribuye. Aunque la parte de impuestos que efectivamente retienen burócratas y gobernantes fuera inferior a estos porcentajes que indica la diaria experiencia, de todas maneras los impuestos ni "crean" riqueza, ni "generan progreso" y mucho menos "equidad". En el mejor de los casos, producen estancamiento económico (nunca "progreso") y en el peor profundizan la pobreza, conforme ya se ha explicado en forma reiterada.

Individualismo vs. Solidaridad



Por Gabriel Boragina ©

Existe un reclamo generalizado en cuanto a que los problemas sociales se deben a un "excesivo" egoísmo de la gente y a una escasez de solidaridad, insistiéndose sobre la necesidad de incrementar esta última sobre el primero.
Pero ¿qué tenemos que entender realmente por solidaridad?
Según el diccionario nos da la siguiente definición:
solidaridad.[1]
(De solidario).
1. f. Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros.
2. f. Der. Modo de derecho u obligación in sólidum.
Si analizamos el significado de la palabra advertiremos que la acepción que nos interesa es la primera, y -en esta inteligencia- no puede en modo alguno decirse que vivimos en una sociedad poco o nulamente solidaria, sino todo lo contrario, atento que prácticamente por todas partes y en todos los sentidos vemos esa "Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros". Esto se refuerza mas si tenemos en cuenta que esa adhesión que caracteriza la solidaridad es circunstancial, es decir, es meramente temporal, no permanente. Y esa adhesión temporal o provisoria no es hacia una persona (como ordinariamente se cree) sino que es "a la causa o a la empresa de otros".
Por ejemplo, cuando una persona apoya a un partido político dicho acto es un típico acto de solidaridad, ya que cumple con todas las condiciones de la definición usual del término (circunstancialidad y causa, en el ejemplo).
Nótese que esto no supone ninguna clase de "entrega" o "dación" a la causa o empresa a la que se adhiere, y menos aun a las demás personas que también adhieran a la misma causa o empresa. Para lo cual, será útil examinar ahora el significado de "adherir", del cual el diccionario nos informa:
adherir.[2]
(Del lat. adhaerēre).
1. tr. Pegar algo a otra cosa. Adhiero el sello al sobre. Adhirió el cartel a la pared.
2. intr. Dicho de una cosa: Pegarse con otra. U. m. c. prnl.
3. intr. Convenir en un dictamen o partido y abrazarlo. U. m. c. prnl.
4. prnl. Der. Dicho de quien no lo había interpuesto: Sumarse al recurso formulado por otra parte.
Por supuesto que, en lo que en este tema nos interesa no es a la adhesión física o literalmente pegamento (que es al que aluden las acepciones 1 y 2 del diccionario) tampoco -en el caso- nos interesa el significado legal (que viene dado por la cuarta significación), sino que el sentido relevante para nuestro estudio es el del la tercera designación, de donde se deduce que la solidaridad consiste -en definitiva- en estar de acuerdo con un dictamen o partido (lo que resulta de las palabras "convenir" y "abrazarlo").
Nuevamente observamos que esto no implica ningún tipo de dación, entrega, pago, etc. por parte del sujeto que adhiere a la causa o empresa objeto de la misma. Por supuesto, esto no quita que el que adhiere también pudiera hacerlo –eventualmente- aportando bienes, servicios, o ambos a la causa o empresa. Pero este no es el rasgo característico de la solidaridad, porque dicha adhesión puede ser meramente verbal, retórica o mental. Quien simplemente simpatiza con una causa o empresa pero no realiza ningún acto de desembolso a estas también es solidario, tan solidario como el que contribuye con dinero o en especie a aquellas. La solidaridad puede, de tal suerte, ser tácita o expresa, sin que implique necesariamente ninguna entrega a la causa o empresa con la cual el sujeto se solidariza.
Quien sencillamente no hace algo que podría haber hecho para cambiar un determinado estado de cosas, se está solidarizando con dicho estado de cosas o situación. O, en otros términos, el que pudiendo rebelarse a una determinada realidad creada por una causa o empresa que es perjudicial a uno o muchos, simplemente se queda de brazos cruzados mirando o esperando que los acontecimientos sigan su curso, es perfectamente solidario con los causantes de dicho contexto perjudicial. Es decir, se puede ser solidario tanto por acción como por omisión.
En esta orientación, insistimos, resulta absurdo afirmar que no vivimos en una sociedad solidaria, ya que podemos observar, por todas partes y en diversos lugares del planeta, situaciones de solidaridad, tanto individual como colectiva, en el sentido apuntado antes.
Pero hay una forma más general y más particular de entender la "solidaridad", y es cuando se espera que otro u otros hagan algo por nosotros sin necesidad de que nosotros demos nada a cambio de ello. Digamos que esta es la noción más extendida, difundida y aceptada del vocablo solidaridad. A nivel político, es la situación más frecuente, dado que ese "otro" u "otros" de los que se espera que resuelvan todos nuestros problemas (es decir, que sean solidarios con nosotros) son el gobernante o los gobiernos en general (cualquiera sea el partido que este en el poder).
Pero no sólo se manifiesta en el plano político, sino -y principalmente- en el social en general. Es mayoría la gente que vive esperando que sea "el otro" (el vecino, el amigo, el esposo, la esposa, el jefe, el empleado, etc.) quien de o haga algo para cada uno de los que forman parte de esa mayoría. Es decir, la solidaridad -que de ordinario se declama- es la demanda para que los demás sean solidarios, en el sentido de que sean los demás los que nos solucionen todas nuestras dificultades (grandes o pequeñas).
Esto contrasta violentamente con todos aquellos que quieren convencernos que la sociedad es "individualista". Nada más lejos de la realidad. Un individualista no espera que nadie le remedie sus contrariedades. Las resuelve por sí mismo o -llegado el caso- contratando a otras personas a cambio de una retribución para que lo ayuden a resolverlas. Pero un individualista no vive esperando -y menos aun exigiendo- que los demás sean "solidarios" con él, sino que se las arregla por las suyas del modo indicado. Lo que en manera alguna implica que el individualista sea un "antisocial" (otro mito falso, harto difundido). Por el contrario, resulta ser -que como venimos explicando- el que deviene ser un auténtico antisocial es aquel que posa de solidario, en tanto que el comportamiento verdaderamente social cae en cabeza del tildado como individualista.


[1] Real Academia Española © Todos los derechos reservados.
[2] Ídem. Nota anterior.

El Derecho (7° parte)

Por Gabriel Boragina © “F. La coerción jurídica en la práctica. Saliendo ahora del aspecto puramente filosófico y emplazando el tema...