Chávez y los Kirchner

Por Gabriel Boragina ©

En este artículo analizaremos las razones por las cuales –a nuestro humilde saber y entender- los Kirchner no han hecho más daño que el que hasta el momento hicieron. Se trata de que su incapacidad, ignorancia y torpeza son tan grandes, que son incapaces de aspirar a una dictadura plena, razón por la cual admiran tanto al déspota venezolano Hugo Chávez, que -en dicho sentido- despliega una capacidad de daño mucho mayor y tiene un proyecto hegemónico que -paulatinamente- lleva a cabo con una fría y bien calculada determinación.
Tal como Chávez, los Kirchner quisieran quedarse en el gobierno argentino para siempre. Para la energúmena pareja, el dictador venezolano es un modelo y ejemplo a seguir en dicho sentido, de allí la admiración y amistad que le profesan, además de los buenos negocios y la ayuda financiera que -hasta no hace mucho- Chávez brindó a los Kirchner, entre los cuales, el caso más sonado mediáticamente –y ya casi olvidado, por no decir olvidado del todo- fue el famoso de la valija "voladora" de los dólares de Guido Antonini Wilson.
Sin embargo, existen diferencias notables entre los Kirchner y Chávez. Entre ellas sobresalen tres:

1º.               Chávez ha consolidado su poder fortaleciendo y dominando por completo las fuerzas armadas de su país, las que le responden –al momento- de manera férrea.
2º.               El ansia de poder absoluto de Chávez va unido a una correspondiente capacidad y voluntad para hacerse de todos los resortes del mismo existente en Venezuela.
3º.               Chávez tiene un plan totalitario y hegemónico en mente que ha programado y que viene cumpliendo con un éxito que cualquier dictador, que se precie de tal, envidiaría.

El contraste es evidente, el matrimonio Kirchner carece de estos tres factores determinantes, que -no obstante- envidiarían poseer. Nótese que en el punto 1º señalado antes, han hecho precisamente todo lo contrario a lo que realizara Chávez en Venezuela. Mientras este cooptó y captó a sus fuerzas armadas, los Kirchner en la Argentina hicieron todo lo contrario, fruto del resentimiento Kirchner contra lo militar, por haber pertenecido ambos ideológicamente a la facción terrorista Montoneros, que fuera combatida por las fuerzas armadas argentinas en su hora.
 En otros términos, si bien los Kirchner anhelan ejercer un despotismo similar al que Chávez está desplegando a sus anchas en la desgraciada y querida Venezuela, aquellos carecen de los atributos necesarios y básicos para convertirse en dictadores al estilo del tirano venezolano. Esta es -en el fondo- la diferencia entre unos y el otro. Y es -en suma- lo que ha impedido que, hasta el presente, los Kirchner hayan podido hacer más daño en la Argentina que el que llevan hecho. Sencillamente, son demasiado torpes, inhábiles e ignorantes como para lograrlo.
 A pesar de estas diferencias, hay dos elementos en común (además de su amistad, negocios y admiración) entre Chávez y los Kirchner, ambos carecen de una oposición política y partidaria firme, fuerte, consistente y desafiante. Pero en este punto, la habilidad devastadora de Chávez también superó la de los Kirchner. El venezolano se las bastó por si solo para reducir a su oposición política "a polvo". La pareja gobernante argentina hizo lo suyo en este sentido, pero –además- contó con la inestimable colaboración de los mismos partidos y políticos opositores, que se neutralizaron a sí mismos hasta su mas mínima expresión. Algunos colegas venezolanos me comentan que esto también se ha dado en su país, sin embargo, no creo –personalmente- que lo haya sido con el grado de profundidad que se presentó en la Argentina.
Sin embargo, a pesar de las diferencias y similitudes apuntadas -que de ningún modo son todas las existentes- los efectos de ambos gobiernos pueden ser igual de ruinosos; unos tiranos torpes (los Kirchner, por ejemplo) pueden hacer tanto daño o más que otro tirano diestro (Chávez)[1]. La diferencia consiste en que el tirano torpe hace mal creyendo hacer el bien, en tanto que el dictador diestro[2] sabe perfectamente que es lo que está haciendo, por qué lo hace y para qué lo hace, esta me parece otra diferencia importante entre Chávez y los Kirchner, diferencia de forma, de métodos y de estilo que, como dejo señalado, puede -de todos modos-, tener idénticos fines nefastos.
La verdadera "habilidad" demostrada por los Kirchner no ha sido política -por cierto- sino económica a nivel personal, mas definidamente financiera; en efecto, no se registran antecedentes de gobernantes argentinos que se hayan enriquecido personalmente en forma tan desmesurada, gigantesca y acelerada como el par de consortes patagónicos. Entre tanto Chávez parece convencido que la base de su poder se encuentra en dos pilares: la renta petrolera y el control absoluto de las fuerzas armadas, los Kirchner han demostrado estar persuadidos que con solo obtener todo el dinero que les sea posible, de donde les sea posible, y siempre que les sea posible, tienen el poder "asegurado de por vida". Este es otro punto que marca la diferencia entre el poder absoluto de Chávez y el de los Kirchner, o mejor dicho, el que los Kirchner aspiran a obtener. También en este aspecto, el proyecto totalitario del venezolano es más sólido que el de la parejita argentina.
La dictadura chavista tiene más posibilidades de consolidación que la kirchnerista, debido, a mi modo de ver, a los factores que he señalado, de manera muy rápida y resumida. Claro que –insisto- esto de ningún modo implica minimizar ni subestimar, ni por un instante los efectos catastróficos que ambos regímenes, con claras orientaciones y aspiraciones totalitarias, uno y otro, el venezolano más ambicioso y avanzado en dicho sentido que el del par de argentinos sureños, tuvieron y tienen sobre sus sufridos pueblos.

Gabriel Boragina es autor –entre otros- de los siguientes libros: La Credulidad, La Democracia, Socialismo y Capitalismo , etc.


[1] Cuando digo diestro me refiero a la destreza para consolidar su tiranía. Algo así como una especial habilidad para el mal.
[2] Con la frase dictador diestro me refiero a alguien hábil para ejercer una dictadura. Ver nota anterior.

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