El Derecho (9° parte)


Por Gabriel Boragina ©

"Partiendo de esa distinción, no es posible desconocer que pueda haber ciertos actos lícitos en el sentido de que la ley no los prohíbe, pese a que puedan ser inmorales: todos los actos que no excedan de la esfera del pensamiento son lícitos, aun cuando no todos los pensamientos son morales."[1]
Sin embargo, hay actos que exceden la esfera del pensamiento que también son lícitos, aunque no guarden relación con el orden jurídico en sí mismo. Cuando una persona -por ejemplo- trabaja o hace una donación a otra persona o institución, ejerce una acción que excede al mero acto de pensar, aun cuando esa acción ha sido, sin duda, fruto de una idea suya o de otra persona. Hay actos, pues, que excediendo a la esfera del pensamiento son lícitos y morales. Se entiende que la licitud que menciona la cita se refiere a la jurídica porque de eso es precisamente de lo que trata el tema.
En cuanto a que "todos los actos que no excedan de la esfera del pensamiento son lícitos" es una expresión extraña que estaría aludiendo a la imaginación o a actos imaginados. Porque nosotros creemos que todo acto nace de un pensamiento consciente o inconsciente. El acto o la acción, siempre es fruto de un pensamiento, de un tipo o del otro.  El acto que no excede la esfera del pensamiento no llega a ser propiamente acto alguno. En este sentido, no hay pensamientos lícitos o ilícitos porque ni la ley ni el Derecho pueden juzgar el acto de pensar, aunque lo intenten. Lo serán morales o inmorales, malos o buenos, pero difícilmente lícitos o ilícitos.
"H. La órbita jurídica. De cuanto queda expuesto se deduce que las relaciones objetivamente reguladas por el Derecho y los derechos subjetivos que afectan a las personas físicas o jurídicas ofrecen diversos matices: regularán unas veces las relaciones entre personas particulares; otras, las de éstas con el Estado; otras, se derivaran de las infracciones punibles a la norma jurídica; otras, en fin, señalaran el procedimiento judicial para dirimir las discordias."[2]
En materia de Derecho, ya hemos expuesto -en alguna oportunidad anterior- que, lo objetivo, a nuestro juicio, se refiere a todo aquello (hechos, personas, objetos, etc.) que son externos a nosotros o, más precisamente, a nuestro pensamiento. No le damos otro alcance que el indicado. Lo contrario a lo objetivo (entendido de la manera indicada) lo llamamos subjetivo. Pero en la cita, lo objetivo se refiere a otra cosa: a lo que la ley regula positivamente, en tanto y en cuanto para la corriente positivista -que es la dominante en el terreno científico-jurídico- lo "objetivo" es exclusivamente la ley positiva. La cita alude lo que en la jerga jurídica se denominan leyes de forma y de fondo. Nosotros resumimos todo lo dicho en cuanto el Derecho tiene una misión instrumental, que es mantener la convivencia civilizada entre las personas. Pero no ha sido siempre la idea de Derecho que se ha tenido en todas las épocas. Muchas veces -en la historia el Derecho- ha sido un arma peligrosa en manos de los gobernantes. Será oportuno señalar aquí que, por convivencia civilizada, entendemos el respeto mutuo a los Derechos de libertad, propiedad y de todos aquellos que se derivan de estos. Este concepto, si bien formalmente es declarado en muchas legislaciones y en la letra, no siempre se pone en práctica, ni se respeta en los hechos.
"Todavía todos esos aspectos pueden contener otras muchas subdivisiones, impuestas en ocasiones por la creciente complejidad de la vida, y otras por un excesivo prurito de especialización entre los juristas. A continuación, y no por orden de importancia sino alfabéticamente, se definen las ramas principales del Derecho y sus aspectos subjetivos capitales."[3]
El segundo de los motivos dado aparece -para nosotros- como el más evidente. Los juristas poseen una tendencia a crear ramas y subramas dentro de las mismas disciplinas que cultivan. Cuando esta manía se traslada a los legisladores el resultado es lo que se ha denominado inflación legislativa que se traduce como una proliferación desenfrenada de leyes de todo tipo y color con el objetivo de solucionar todos los males del mundo. Pero de la misma manera que sucede en el ámbito de la economía, en el campo del Derecho la inflación y aun la hiperinflación legislativa genera más problemas que los que con su propagación intenta solucionar. La prudencia indica que pocas leyes generales son suficientes para garantizar el orden y la convivencia civilizada de los individuos, objetivo supremo -en nuestra opinión- de lo que verdaderamente merece el nombre de Derecho.
La inflación legislativa da lugar al nacimiento de muchas leyes, con el riesgo de continua contradicción de unas contra otras. Ello da pie a la elaboración y reelaboración de la doctrina judicial, fallos encontrados en el ámbito de los tribunales y, a lo que -en definitiva- merece la apropiada calificación de caos jurídico o judicial, expresión que preferimos, por ser más gráfica, que la habitual de inseguridad jurídica que se presta a muchas confusiones conceptuales. En los últimos tiempos el fenómeno ha adquirido tales dimensiones en países como Argentina que muchos jueces llegan a desconocer las normas más recientes, y cuando son conocidas, los fallos se dilatan, por cuanto los conflictos de leyes son tan frecuentes que los jueces se enfrentan con el dilema -casi diario- de la duda en torno a cuál es la norma que se debería aplicar al caso concreto. 
Tal como dice la cita, siguen una cantidad numerosa de voces que dan buena cuenta de esa obsesión clasificatoria y sub-clasificatoria de muchos juristas. No será nuestro propósito -de momento- examinarlas todas. Quizás lo sea en alguna ocasión ulterior. Por lo que atiende a las nociones básicas del Derecho que era nuestro objetivo actual damos con lo dicho por concluido nuestro provisorio examen de la cuestión.

[1] Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales. -Editorial Heliasta-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553 pág. 294 y sigtes.
[2] Ossorio, Ibidem, p. 294 y sigtes.
[3] Ossorio, Ibidem, p. 294 y sigtes.

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