Industrialización

Industrialización

Incremento de la productividad

Por Gabriel Boragina ©

‘’• Ejemplo 1: Personal. A pesar de que he sido un hombre de negocios relativamente exitoso, tengo amigos que podrían manejar mi negocio mejor que yo. ¿Por qué no me desplazan del mercado con sus habilidades gerenciales superiores? La razón es que la ventaja que tienen manejando sus propios negocios es mayor que la que tendrían manejando el mío’’[1]

A medida que las habilidades en determinado rubro se van acrecentando gracias a la especialización, las ventajas y los réditos obtenidos también van en aumento, y como este mismo autor lo ha dicho, ello en forma exponencial.

Esa es la razón por la cual uno debería ser siempre mejor en lo suyo propio que conoce bien, que en lo ajeno que conoce de manera remota y no en los detalles.

Por lo demás, la característica de cada negocio siempre es diferente, por más que se refieren a un mismo ramo. No hay dos vendedores iguales, ni dos albañiles idénticos, por más que los primeros vendan ambos coches y los segundos sólo se dediquen a levantar muros.

‘’Asimismo, yo sé que podría manejar el negocio de algunos de mis clientes mejor de lo que lo hacen ellos. Pero, como mi ventaja es mayor en el negocio que manejo de lo que sería manejando el suyo, me ocupo del mío’’[2]

Pese a la simplificación que hace el autor, da por supuesto una serie de factores que entran en juego en la conclusión a la que llega.

Sin embargo, ya se han mencionado antes: la especialización es la clave, la que lleva a conocer cada detalle de aquello en lo que uno ha desarrollado personales habilidades. El conocimiento del cliente, del mercado, etc. son otros tantos factores que están implícitos, tanto en la premisa como en la conclusión del razonamiento.

‘’Por consiguiente, el mercado está siempre moviéndose hacia la optimización del producto social, induciendo a una división de las habilidades gerenciales de acuerdo con los costos comparados. ’’[3]

Es así, pero siempre y cuando opere en libertad, lo que raramente sucede en el mundo de nuestros días. La intervención del gobierno en las operaciones mercantiles lleva inexorablemente a la distorsión de esos costos comparados y -por lo tanto- falsean el tablero de señales -como F. A. v. Hayek llamó al sistema de precios-. En este último caso, los efectos son los contrarios, porque el producto social se des-optimiza, provocando derroche de recursos.

‘’No solamente los clientes y amigos, sino todos en la sociedad se benefician del aumento de la productividad de los demás miembros de la misma, como consecuencia de la asignación eficiente de los talentos, y del consiguiente intercambio de los productos del esfuerzo y del ingenio de todos: no es un juego de suma cero sino uno gana-gana. ’’[4]

Por definición, como tantas veces dijimos, todo intercambio llevado a cabo en un marco de libertad y voluntariedad siempre será beneficioso para las partes contratantes al menos al momento de llevarse a cabo. Pero la ventaja del mercado libre es que eternamente brinda la oportunidad de reparar errores cuando se aprecia que alguna operación en particular no fue del todo óptima.

Ahora bien, el incremento de la productividad generado por el mercado libre y su división del trabajo en todo tiempo y lugar significarán una gran mejora para la totalidad de la sociedad.

Luego de poner un largo ejemplo en que un agricultor que, tras de rechazar una primer oferta, a la segunda finalmente vende su propiedad a otro, llega a la siguiente conclusión:

‘’Es así como la tenencia de la tierra siempre tiende -aunque imperfectamente en un mundo imperfecto- hacia quienes están en mejor condición (pág. 35) de absorber el costo de oportunidad de tenerla, costo que es equivalente a la renta que se deja de percibir si se invierte el precio de la tierra en otra cosa. Como vemos, aunque no lo parezca, la tenencia de la tierra no es caprichosa. ’’[5]

Se puede decir lo mismo de la tenencia de cualquier otro bien. Quizás por provenir de un país donde la tierra es tal vez más escasa, el autor haya elegido este ejemplo.

Recordemos que la escasez relativa eleva el precio del bien demandado que reviste dicha condición, y que con la abundancia ocurre el fenómeno inverso. En esa línea se puede decir que ninguna tenencia es ‘’caprichosa’’. En el mercado libre nunca existen recursos ‘’ociosos’’ (o no por mucho tiempo) ya que el sistema de precios revela de inmediato qué aprovechamiento se le está dado a cada uno de ellos. Sin embargo, los recursos ociosos si aparecen cuando los mercados son interferidos gubernamentalmente.

 ‘’• Ejemplo 3: La secretaria o la enfermera. La secretaria de un fabricante de fotocopiadoras se encuentra en su camino hacia la fotocopiadora con el administrador técnico, a quien le ofrece sacarle sus fotocopias. Cuando él le recuerda que sabe sacar las fotocopias mejor que ella, la secretaria le da la razón, pero añade que él gana más que ella y que, por tanto, si él saca las copias, lo que él deja de hacer, el costo de oportunidad para la empresa, es mayor’’[6]

Si la persona que está calificada para dos tareas -una mayor y otra menor- ocupa su tiempo para dedicarse a la menor cuando la podría delegar en otra persona, está incurriendo en costos de oportunidad mayores que en el caso contrario, lo que se traduce en derroche de recursos. El arquitecto, sin duda, conoce la tarea del maestro mayor de obras, pero será mucho más productivo si, en lugar de realizar la actividad de este último se dedica a la suya específica.


[1] Manuel F. Ayau Cordón Un juego que no suma cero La lógica del intercambio y los derechos de propiedad Biblioteca Ludwig von Mises. Universidad Francisco Marroquín. Edición. ISBN: 99922-50-03-8. Centro de Estudios Económico-Sociales. Impreso en Guatemala. Pág. 33)

[2] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 33

[3] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 33

[4] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 33

[5] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 33

[6] Ayau Cordón M. F. Un juego que…ibídem pág. 33

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